En mayo, 1886, los obreros fueron a la huelga y cambiaron el mundo. Feliz día internacional del trabajador
En mayo, 1886, los obreros fueron a la huelga y cambiaron el mundo. Feliz día internacional del trabajador

Las que pasais habitualmente por mi madriguera ya sabeis que para Sant Jordi me gusta regalarle a mis cachorros algo que he hecho especialmente para la ocasión. Siempre me embarco en más de lo que puedo y cada hora de las que le dedico a estos proyectos valen más cualquier otra hora perdida. Disfruto pensando en que es lo que les puede gustar, poniendo mimo en cada detalle, aunque luego piensen que soy raro, ya tendrán tiempo de los normales.
Aquí te lo puedes leer dragones_libros_y_juegos
y aquí el de otros años: 2018, 2017, 2016
Y por si quieres regalar cosicas digitales, apoyando así este proyecto, luchando contra los acaros del polvo y la tala de árboles, pues puedes pasarte por aquí
Paseo tranquilo entre palabras secas y crujientes. Recuerdos del pasado reciente, frases que van más allá de su significado, son serpientes dibujando collares estrechos. Cadenas y martillos para liberarse.
Movimientos pausados, baile desgarbado, sincopado, como espasmos de vida diluyéndose, suave y abrupto a la vez
Diversión, alegría a tope, se acaba un suspiro y los recuerdos desaparecen como se va la estación. Momento de olvido, de paseo por palabras secas y crujientes.
LaRataGris
Salúdame negra noche, pasa por mi rincón tristemente iluminado y hazme compañía mientras parpadea el fluorescente.
Acaricia mis miedos más pueriles, dame a probar tu misticismo irracional. Deja que mi corazón palpite como la luna llena sobre los cuerpos fríos.
Abrázame mi amante incorpórea; idea de libertad, de dolor, de atadura. Contradicción y realidad, salvajismo…nocturnidad, sueño sin final, vida, tristeza, felicidad.
LaRataGris
En su interior habitaba un monstruo terrible, casi invisible tras la piel fina y delicada.
Por fuera sus movimientos eran directos, pero elegantes, cariñosos incluso. Siempre sonreía aunque un día podía cansarse, todos tenemos nuestros límites.
Entonces me agarraba con fuerza del pelo y me lanzaba con furia hacia sus fauces descubiertas, me arrancaba de la vida porque era la única forma que tenía de enseñarme.
-¡Ves, puta!-me gritaba.
No tenía argumentos para hacerme suya. Me decía que yo le sacaba de quicio, que le hacía sentir nervioso en su huésped y, por eso, necesitaba explicármelo a golpes. Me corregía, intentaba hacerme mejor persona porque el ya se daba por perdido. Para él, es algo que yo le podía enseñar, solo quedaba la muerte.
LaRataGris