Recuerdos salvajes

7 mayo 2018

Frágil, como una muñeca de porcelana demasiadas veces reconstruida, su mente sobrevivía colgada de un fino hilo a punto de romperse.

Cualquier cambio era, para Oscar, un choque de trenes sin supervivientes.

Se había machacado durante tantos años, hasta convertir su cabeza en una gelatinosa papilla que a duras penas servia para mantenerlo con vida.

Su mejor amigo, Alberto, le había acompañado por el mismo camino de autodestrucción. Sorprendentemente aún podía articular alguna palabra.

Él, Oscar, intentaba ser su apoyo, aunque también estaba para que le diesen una muleta.

Los días pasaban recordando los años salvajes; repletos de inmortalidad, los buenos viejos tiempos a los que no había forma de regresar.

-Somos una carga que no se divierte. Se decían con la mirada- ¿qué sentido tiene la vida estando muertos?

Oscar limpió los labios agrietados de saliva seca. Esta vez esperaba acertar con la dosis, desde luego la comida sabía a rayos, una buena señal para dejar de ser un peso muerto.

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cucarachas salvajes

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Fugaces

18 abril 2016

La muerte es una palmada en la espalda, un abrazo acompañado de un lo siento, no somos nada. Frases hechas para cuando no hay nada que decir y el silencio es una losa demasiado pesada.

La muerte es un mero trámite burocrático para saber en que sala dejan el cuerpo y donde han de llorar los que sobreviven.

Es un llanto plañidero, un reencuentro de la familia. El explicarse viejos chistes y nuevas anécdotas que estuvieron años olvidadas. -¿quién sera el siguiente!?- se buscan candidatos.

La muerte es un segundo de tristeza para los que pierden un trocito de corazón, un compromiso para los que se pasearon sin roce y poco o nada para una gran mayoría.

seguimos Restando en paz

Me quedo con la última vez que fui a verla. Parecía que tenía mejor cara y nos pidió que le diéramos a su bebe. Le acercamos una almohada que empezó a abrazar y acunar como si fuera su hijo. De repente se puso a gritar: Se le esta cayendo la oreja, se le esta cayendo la oreja. Dejo caer la almohada contra el suelo con violencia. Se la recogí y le dije- tenga, no se preocupe. La Victoria la ha recogido y se la ha enroscado.

Nos tenemos que quedar con esos momentos buenos, si no la vida no te sirve para nada. Ella volvió a acunar a su niño y dos días venimos a verla maquillada, con su mejor traje.

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Tradición familiar

3 diciembre 2015

-La incisión ha de ser limpia, elegante, una sutileza casi invisible. Si lo haces bien la víctima ira perdiendo su sangre de una forma suave, su musculatura dejara de responderle y la angustia de morir sera peor que la propia muerte.

Papa era un poeta extraño, siempre tan amable con los vivos. Cuando se cruzaba con mama, él, le tendía la mano y bailaban como en una de esas películas en las que todos saben donde colocarse para que los pasos sumen una coreografía perfecta.- Nunca- me decía con la mirada- debes dejar que vean que llevas un cuchillo en la otra mano- y bromeaba pasándole la hoja por la espalda, sin que ella se diese cuenta.

Por las noches me despertaba con el indice apoyado en los labios y un siseo casi inaudible para no levantar a mama- Vístete,- me susurraba- nos vamos de cacería.

Jamás repetíamos el tipo de víctima. Aunque a veces podían coincidir, aleatoriamente, varios rasgos, ningún patrón debía apuntarnos.-¿qué te enseñe con la última chica?

– A ser sutil- entonces asentía para luego contradecirme

– Bien, pero así ya hemos matado y no queremos un asesino en serie que sea reconocible. Queremos que puedan tener tantos sospechosos como muertes a nuestras espaldas, que diversifiquen sus acciones- y fuimos tan diferentes en cada uno de nuestros crímenes que no tuvieron recursos suficientes para encontrar a tantos sospechosos.

A veces eramos precisos, en ocasiones nos volvíamos tan torpes que teníamos que golpearles mil veces antes de acertar en un punto vital. Troceábamos, triturábamos, quemábamos o invocábamos a satan para degustar el opíparo festín.

El día en que murió papa yo ya tenía ocho años de experiencia y estaba dispuesto a continuar su legado. Aproveché el momento para que diversas pistas apuntasen hacía él y tracé mi propio plan. Antes repase todas nuestras obras, sin estar empujado por la nostalgia, busque algún pequeño error, los matices que la hacían tan grande. Fue en ese instante cuando descubrí el patrón. Aún con el cuidado extremo que había puesto mi padre en que fueran obras inconexas, todas seguían una idea común: dos seres humanos mataban a otro. Esta vez tenía que pensar más a lo grande, poder matar una ciudad de golpe.

– Perfecto- el fantasma de mi padre asintió complacido. Me acompaño en todos los preparativos, guiando mis manos entre sus papeles, me enseño los secretos de su diario de guerra y lo fácil que eran las bombas de fabricación casera.

En cierta manera era demasiado sencillo, con ingredientes excesivamente comunes. Cualquier idiota sin una visión artística podría hacer mucho daño para nada.

Las siguientes semanas las dedique a dejar los artefactos esparcidos por toda la ciudad. Sólo el tictac incesante delataban sus perfectos escondites, pero nadie estaba atento como para descubrirlas. Yo mismo llevaba sobre mi la última, esta dispuesta para estallar en cinco minutos, provocando un efecto domino y un silencio. No quedara nadie para inculparme- ¿verdad papa?

-claro, hijo. Nuestra obra más completa- y una emocionada lágrima cae en los últimos segundos, cuando se da cuenta de que borrar los recuerdos es la única forma de matar a un fantasma, una de las pocas muertes que aún no hemos hecho.

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La narración desde el punto de vista de un villano carismático, sin dobleces, es malo sin más: ni un antiheroe, ni un incomprendido.- Esta era la premisa para este reto de Insectos comunes ¿Crees que lo he conseguido? ¿Crees que lo han conseguido el resto de insectos?

El juicio de Manu LF

Cazar de Daniel Centeno

Discurso y castigo de Luis Ernesto Molina Carrillo

David Vine de Jean Rush


Recuerdos

1 diciembre 2011

Recuerdos


Recuerdos por olvidar

4 septiembre 2011

La vida de Alberto era muy sencilla. Levantarse, ir a trabajar y volver a casa a dormir. No hacía mucho más y tampoco notaba que le faltase algo a sus monotonías. Se había acostumbrado a ser su trabajo y en el se perdía para no tener que pensar demasiado, al menos no en el. Se dedicaba a encontrar imbéciles. Le contrataban para llevar clientes a los sitios y los ignorantes eran más fáciles de convencer.

Les prometía un cielo, una pequeña satisfacción y un souvenir para que pudiesen recordar la aventura de la compra durante toda una vida por un módico precio. No tenía que insistir mucho entre los que necesitaban sentirse un poco más queridos.

Su mundo construido de carencias reflejaba una vida de lujos, un gran apartamento en el que no vivía, siete coches por conducir y ropa que no combinaba con el uniforme que usaba de lunes a sábado. Le ahogaba la abundancia sin que el pudiese hacer nada. Cada vez que caía muerto frente al televisor se convertía en su carnaza favorita, sus propios anuncios lo hipnotizaban y secaban su autonomía.

Lucia siempre llegaba un poco más tarde, con más cosas por olvidar. Abrazaba su vegetal y le susurraba como consuelo para ambos- Tuvimos suerte de sobrevivir.- Luego suele caer rendida a sus pies y juntos esperan que la alarma del móvil les obligue a levantarse. A la vez sueñan la época en la que resistieron, echan de menos sus excesos y la vitalidad de no arrepentirse. Cómo si sobrevivir no hubiese sido suficiente.

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Pasados

22 abril 2011

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