Recuerdos salvajes

7 mayo 2018

Frágil, como una muñeca de porcelana demasiadas veces reconstruida, su mente sobrevivía colgada de un fino hilo a punto de romperse.

Cualquier cambio era, para Oscar, un choque de trenes sin supervivientes.

Se había machacado durante tantos años, hasta convertir su cabeza en una gelatinosa papilla que a duras penas servia para mantenerlo con vida.

Su mejor amigo, Alberto, le había acompañado por el mismo camino de autodestrucción. Sorprendentemente aún podía articular alguna palabra.

Él, Oscar, intentaba ser su apoyo, aunque también estaba para que le diesen una muleta.

Los días pasaban recordando los años salvajes; repletos de inmortalidad, los buenos viejos tiempos a los que no había forma de regresar.

-Somos una carga que no se divierte. Se decían con la mirada- ¿qué sentido tiene la vida estando muertos?

Oscar limpió los labios agrietados de saliva seca. Esta vez esperaba acertar con la dosis, desde luego la comida sabía a rayos, una buena señal para dejar de ser un peso muerto.

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Jovenes salvajes

1 septiembre 2017

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Años salvajes

20 febrero 2017

Al día siguiente apareció Marco. Seguía vistiendo la misma sonrisa de derrotas y su camisa blanca se había manchado de vomito y barro.

Dejó cuatro dientes ensangrentados sobre la mesa del desayuno. Maite Corrió a revisarle la boca, abriendosela fuertemente con las pinzas de sus manos.

-”jon fe Farfosa”

-¿Qué?- preguntó sin soltar su presa.

-Que son de Barbosa-. Consiguió Zafarse- El se dedico a cosas menos visibles, más dolorosas

-No se por que sigues yendo con esa bestia- cogió una servilleta y con suma delicadeza empezó a limpiarle las heridas con agua.

-Vamos, mamá, estoy bien. Es que este es mi rollo.

-¿Tu rollo es ser un cafre?- Sonó al desdén de siempre, al que ya se había impermeabilizado- Anda, metete en la ducha. Te preparare un buen desayuno antes de que te caigas redondo al suelo.

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La niebla

19 septiembre 2016

Todo había desaparecido engullido por una niebla espesa. Parecía viva, dispuesta a tragarse a cualquier incauto que se moviese ante ella. Al principio, una pretensión estúpida, quiso que nos buscásemos. Se escuchaba como todo el mundo gritaba el nombre de alguien que había perdido. Voceaban hasta quedarse afónicos y perder la esperanza.

-Si alguien puede escucharme- comenzó a oírse en susurros más espesos y pesados que la propia bruma- Me rindo, soy parte de la niebla.

Entonces retiraron el intangible velo. Apareció la figura de Don Amo, altivo, acariciando la cabeza de dos cachorros salvajes.

-Bien- aplaudió nuestra derrota, sus objetos humanos- Ahora a trabajar sino queréis que me vuelva a enfadar.

Los cuerpos, casi esqueletos tras varios días perdidos, sin comer, parecían moverse con el vaivén del viento. Finalmente conseguimos levantarnos con dificultad. Demasiado débiles hicimos un último esfuerzo por sonreír. Vi como brillaban los ojos de mis compañeros y, sin previo aviso, nos abalanzamos como habíamos acordado dentro de nuestra prisión, nos lo comimos.

– El engaño ha funcionado- gritó una voz desesperada. Ahora buscad sus máquinas, que no puedan volver a ocultarnos bajo su niebla prefabricada. Juntos somos mas fuertes.

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El juego de las sillas

30 julio 2012

Cada noche la ciudad enemiga enviaba varios hombres, de lo más común posible, disfrazados de vándalos. Destrozaban nuestras sillas atadas a vallas y arboles para que la ciudad, mas inhumana que nunca, pudiese decir que tenia razón. Después se iban a su escondite para nada secreto, lleno de secretas.

Cada noche volvíamos a sacar nuestras sillas a la calle para tomar el fresco y vernos las caras mientras dentro, las televisiones, prohibían revoluciones. Veíamos pasar a los salvajes y, sin miedo, hablábamos y hablábamos hasta que era el sueño el que nos derrotaba. Rendidos dejábamos el mobiliario por el que nos habían quitado, para que lo pudiesen destrozar a su antojo.

Cada noche, casi desde que llego el nuevo alcalde, nos sentábamos a construir estrellas. Fue al poco de entrar en el gobierno; retiro los bancos de los parques para que no nos juntásemos la mala gente, nos tuvimos que sentar en el suelo y en los escalones por que los veranos son imposibles en nuestras casas-horno. Luego, como somos de la peor calaña que existe, nos cansamos del duro cemento y salimos a los portales en un clamor de cotidianidad por recuperar nuestras calles pero,…

Cada noche la ciudad enemiga….

 

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