El cangrejo

21 enero 2009

Mucha gente lo cree;

el cangrejo camina hacia atrás.

Mucha gente lo sabe;

el cangrejo, realmente, camina de lado.

Muchas veces lo hace;

el cangrejo se queda quieto por joderlos a todos.


Fue un día cualquiera, entre semana. La gente corría de aquí para allá. En busca del coche, la moto, autobús o metro para no llegar tarde al trabajo. También Juan dejaba atrás los últimos jirones del sueño, caminando deprisa. Su automóvil se quedo en el taller y por primera vez en su vida el olor a transporte público anegaría su trayecto. Durante trece paradas sentiría agarrotarse su cuerpo oprimido por la marabunta que no deja moverse si no es en una misma dirección. Pasando, al fin y al cabo, desapercibido hasta que la megafonía anunció su parada y el lucho por salir.

Al conseguirlo, cuando subió a nivel de suelo, no fue consciente del revuelo que había formado.

Pasmados, intentando comprender lo que sucedía, los que se habían bajado en aquella misma estación y todo aquel que entraba en el metro, miraron a un hombre desafiar las leyes universales. Juan, anodina mota de polvo, subía las escaleras, como si tal cosa, por propio pie. No usaba las eléctricas, algún ascensor !!!. Se limitaba a apoyar un pie tras otro en las frías baldosas que recubrían los peldaños grises y salio al aire libre, ante el estupor de los que allí se habían congregado.

Cuando por fin, alguien, reacciono gritando- ¡ Mirad es un hombre cangrejo! – el ya estaba oculto en el deambular errático de los transeúntes y no pudieron distinguirlo, actuando como actuaba, como uno más.

-¿¡ Qué sucede!?- dijo el jefe de estación al ver que se iban acumulando viajeros ante las escaleras- ¿¡ Por qué nadie se mueve!?
-El,… el hombre cangrejo- parecía ser la única respuesta- un ser que subia bajando- logro articular alguna voz balbuceante- desapareció, mágicamente, al dejar atrás las escaleras- sentencio una tercera.

Lívido, sin poder asimilar aquel hecho extraordinario, corrió a su garita, para dar, nervioso, el parte de lo sucedido a sus superiores- Como nuestro señor Jesus, al caminar sobre las aguas, se ha obrado un milagro; en mi estación. ¡ Ha de ser el nuevo mesías! Y su gracia a tocado mí estación.
-Corte la corriente de las escaleras mecánicas- fue la orden tajante- Diga que hay una avería, que todos han de subir caminando. Llame a las demás estaciones, diga que hagan lo mismo- añadiendo, más tarde para si mismo- lo que menos necesitamos ahora es un loco con ideas propias sobre como subir unos escalones, podría hacer pensar a los demás y eso sería terrible para el orden establecido, terrible. La única solución sera instalar ascensores. Que no tengan otra vía de acceso. Nadie se quejara por tener que caminar y a la vez no podrán desviarse por otros caminos.

Al volver a casa, al día siguiente, y todas las veces que volvió a coger el metro, Juan no varío su itinerario, aunque nunca más lo miraron.

LaRataGris.


Al final del día

15 enero 2009

La habitación está totalmente a oscuras. O lo estaría de no ser por el leve chisporroteo de un cigarrillo. Juan, sentado en una vieja silla de madera, juega nervioso con las volutas de humo. Se levanta, dos pasos a la izquierda hasta chocar con la pared, cinco a la derecha esquivando la silla y lo detiene una de las largas mesas del comedor. Regresa a su silla, la aparta, se sienta en el suelo, apaga el cigarrillo, enciende otro, … muy nervioso. Durante treinta y cuatro años esperó aquel día, para después no tenía nada pensado y ahora todos quieren que decida, ¿cómo se dejo arrastrar?:

“Hoy a las 12:02 h. se acababa el mundo, la gente moriría en las calles mientras Los Verdaderos Adoradores del Nuevo Milenio se salvarían en el bunker de la comunidad. A la hora predicha se miraron unos a otros, sonriendo, llorando… ¡Habían sobrevivido! Una plegaria a Milenius Y abrazos fraternales.

El padre McAnna, salió con todo su dinero. En la nueva era ya no lo necesitarían, así que era mejor esconderlo antes de que sembrase desconfianzas infundadas en el grupo. Mientras, la comunidad esperaría hasta que volviese con la buena nueva del fin del antiguo caos.

A los dos días hartos de esperarle fueron al comedor, porque ya tenían hambre. A más de uno, mientras preparaba los piemientos le hubiera gustado decir qué pensaba, qué le parecía la situación; más sin un guia espiritual no podían más que realizar actos cotidianos, esquemáticos. Nadie les enseñó las palabras a pronunciar.

Cuatro días entre el comedor y el bunker, cuatro largos días de silencio, hasta que al fin- ¿ Y si volvió mientras ibamos a comer?, ¿ y si no se puede vivir fuera?, ¿ y si ha muerto en el cataclismo? – explotó Juan, provocando con su muestra de lucidez que los demás se arrodillaran a su alrededor, extendiéndole los brazos, susurrándole- Líder, líder, líder- y lo entendió en seguida.

– He de pensar, dejadme sólo. Mientras, adorad a Milenius – Y se quedó sólo, en el comedor, donde bajo luz apagada encendió un cigarrillo o dos, cabiló sobre este asunto y se dio cuenta de que, sin saber cómo, se había dejado arrastrar. Decidió que sus discipulos tendrían que trabajar para hacer más fuerte la secta, para construir un refugio mayor, para estar preparados para el próximo desastre, para que, a pesar de esas obras, sobrase dinero, para el ir a esconderlo, para que ellos viviesen mejor. Y dejó de estar nervioso porque él estaría bien.

LaRataGris.


La marca del hambre

24 diciembre 2008

Como si fuesen la luna y el sol, hay un pueblo africano en el que las mujeres viven un tiempo diferente al de los hombres. Ellas han escogido la noche, alumbran sus grandes ojos con tenues candiles y cosen durante las horas nocturnas por que su pena tiene que pasar desapercibida. Al menos así lo aprendieron de los lechosos principes de lejanos continentes.

– Que verguenza- les dijeron nada más llegar a sus tierras- Las madres africanas dejan morir de hambre a todxs sus hijos, ante las camaras. Cuando lo vemos se nos remueve el estomago.

Además habían esculpido la misma frase en una plaquita, a las puertas de la fábrica de camisetas, en la lengua del lugar, para que nadie pudiese decir que no la entendía.

Fue facil hacerlas sentir mal, al fin y al cabo era cierto que escaseaban los alimentos, y el orgullo las llevo a tejer para la factoria. Escondian las barrigas desnutridas con cada prenda que acababan, eran del tallaje ideal, justo el tamaño de un europeo medio servia para ocultar sus carencias.

Cuando ni astro, ni satelite coronan el cielo, justo en el momento en que se cambia la noche por día estan lxs niñxs en fila india. A duras penas se aguantan en pie, esperan frente a las puertas de las costureras el regalo prometido.

Solo una camiseta – ojala se pudiese comer- piensa más de unx. Aún así no dicen nada, recogen su premio y se marchan arrastrando los pies, cayendose siempre, a medio camino de la nada, donde se dirigian con poca decision. Sin fuerzas para levantarse, se quedan tumbados, como dormidos sobre el duro colchon de tierra. Al pasar las madres, viendolos allí tiradxs, los arropan o más bien esconden sus cuerpos bajo los pliegues de la ropa. Así nadie explica que mueren de hambre, ¿quien ha de morir jugando al escondite bajo el obsequio de las mujeres?

Amanace y el sol es tan apabullante que parecen ser dos los que brillan. La gente, acostumbrada, no le da importancia. Salen descalzos a la arena de la sabana, donde les espera el trabajo.

Esta tierra yerma en otro tiempo, florece hoy con una extraña planta hecha de tela. Como surgidas de las entraña más profundas del planeta, se esparcen montañitas de camisetas aquí y alla, sin orden aparente. Los recolectores comienzan su recogida con la tranquilidad de saberse poseedores de todo el tiempo del mundo.

Bajo cada montoncito aparecen los huesos de niñxs pequeñxs, como si se tratase de las semillas que el viento trajo. Tan normal como la vida nadie les hace caso hasta que un novato grita en un dialecto que pronto desaparecera- este aún esta vivo.

– Tapalo y deja que se seque- le contesta el resto. El hombre les hace caso y tapa lo más feo de su pueblo para que nadie sufra con su vision. Los lamentos del niño son ahogados por el santo sudario de marca.

Como un cuento que no tiene un final feliz, todo signo infantil se va desvaneciendo, como polvo esparcido. Las costureras dejan de coser. Lloran sus perdidas secando las lágrimas en la tela que les dio el hombre blanco. Sin nada que esconder, su trabajo se vuelve inutil y dejan de hacerlo sin más ya no reporta beneficios y la fábrica se traslada al pueblo de al lado, donde aún quedan niñxs pequeñxs a lxs que explotar, aunque sea de forma colateral.

LaRataGris.

Ropa de marca


Tiempo perdido

18 diciembre 2008

Hoy hace seis años que comencé a medir el tiempo, 23:54. Fue casi un juego, me aburría empecé a mirar mi reloj de pulsera. Las agujas me dejaron prendado, moviéndose siempre hacia el mismo lado al ritmillo monótono del Tic-Tac, debían ser muy felices sin conocer otros caminos entre los que elegir.

Al principio me gustaron los segundos pero corrían demasiado: un segundo, dos segundos, tres… no podía parar a respirar, beber o comer. Así que a las tres horas cuatro minutos, seis segundos, siete y ocho decidí solo contar a partir del minuto.

Antes de seguir, me disculpo por haceros leer tan rápido, (aunque más lento que el desliz de un segundo, he de escribir veloz). Tengo menos de un minuto para decir esto y ya se me esta acabando así que: cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta. Ya llevo seis años y un minuto midiendo el tiempo, 23:55.

La gente me ve garabatear sobre el papel y se acerca para saber la hora exacta. Ya no necesito ni un reloj, noto cambios en el espacio que influyen en el tiempo. Por ejemplo durante uno de los siete solsticios que realmente existen, todo se ralentiza y se pierde una hora que con el tiempo se recupera.

Ahora debo beber agua y seguir midiendo, volved cuando queráis que os diga un momento exacto, pero antes de iros sabed que esto lo habéis leido en uno de vuestros minutos veinte segundos, que no es el mismo espacio temporal que cuando conoces los entresijos reales del tiempo: cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta. Seis años y dos minutos viendo pasar horas y sus múltiplos menores, 23:56.

LaRataGris.


Haz deporte

10 diciembre 2008

Leí la frase en un vagón de metro. Rascada en uno de sus asientos de plástico negro. Haz deporte. Era una obligación. Aquella orden quería que yo corriese, lanzase a canasta o practicase halterofilia… Quizá otra actividad, siempre deportiva, sin ton ni son, supongo que por el bien de mi salud.

Intenté levantar mil quinientos kilos de peso, flexioné las piernas para tocar el cielo de un salto y corrí hacia el agua para que mi rapidez me hiciera caminar por encima. No conseguí ni uno solo de mis objetivos y dejé pasar una semana.

Transcurridos los siete días, en aquel vagón, la misma letra, bajo la primera frase, sigue intentándolo. Renové mi esfuerzo con aquel aliento. Reintenté elevar las pesas, saltar un poco más alto o correr con más intensidad, con idéntico resultado.

Desanimado, busqué una tercera respuesta en los asientos del metro. ¿ Te has planteado alguna vez por qué haces todo lo que te mandan? Fue la señal que leí y me lo pregunté…

LaRataGris.


Historia del primer diccionario enciclopedico o vida obra y milagros de vivaldi

21 noviembre 2008

Vivaldi, Antonio (1678- 1741). Violinista y compositor ital. Director de orquesta y compositor titular del conservatorio de la Pietá de Venecia. Creador prolífico, compuso más de 470 conciertos. Destacan su concerti grossi; 75 sonatas; 43 arias; 23 sinfonías, y 47 óperas. Son particularmente célebres los poemas descriptivos que forman sus Quattro Staggioni.
Diccionario Enciclopédico Salvat Alfa.

Historia Del Primer Diccionario Enciclopédico

O

Vida, Obra Y Milagros De Vivaldi.

El señor Albert Todredi estaba preocupado; no hacía ni dos años había decidido montar una próspera editorial sin pensar que en mil setecientos cincuenta y uno ya no sería tan solvente como imaginó en un principio.

Todos sus libros acumulaban polvo en la sección de saldos de cualquier librería. La Física Para Químicos, La Grandeza Del Insignificante, El Álgebra Del Pintor, Los Sueños Del Insomne,… de ninguno había conseguido vender más de diez ejemplares. Ni tan siquiera unos pingües beneficios que le ayudasen a olvidar la idea de que su próxima publicación, posiblemente, sería la última.

***

En todas las épocas han existido trabajos grises como el de Antonio Nadie. Un hombre bajito e inseguro para quien el único legado de su padre había supuesto una influencia imposible de esquivar. Así, a la edad de treinta y nueve años, no había pasado de ser el chico de los recados en una empresa de segunda. Sus horas se consumían en un horario de oficina y una vieja silleta de madera donde descansar de vez en cuando. Una persona vacía, la carcasa de un ser humano que años atrás alguien abandonó por inservible. Se había personificado la infelicidad en un hombre sin porvenir que añadió una consonante entre nombre y apellido para darse un prestigio negado.

– Antonio V. de Nadie- decía llamarse- descendiente directo de un gran linaje. – Hijo de mendigos- le recordaban sus compañeros, entre risas, cada vez que alguien nuevo en la pequeña compañia entablaba conversación con el, venido a más, ordenanza.

***

Aquel, en el que esperaba Albert, era el único cuarto de la casa en el que aún se podía estar. El resto, repletos de ejemplares que ni las liquidaciones querían, se habían convertido en inexpugnables fortalezas a las que la inaccesibilidad había obligado al desuso. Todredi, sentado en una de las treinta sillas que había dispuesto por la sala, se daba cuenta que su nuevo lanzamiento moría por momentos sin aún haber nacido. Miraba el reloj intranquilo- sólo se retrasan una hora- intentaba consolarse sin éxito- Porque a quién voy a engañar, Sorbil ediciones no ha sido más que un espejismo, un negocio con futuro que nunca funcionó. Cuando me devolvían volúmenes y volúmenes, desde donde se hubieran tenido que vender, intentaba ser optimista, ir de casa en casa hablando a la gente de un producto que, supuse, no conocían demasiado. Volviendo a llamar a la puerta de enfrente si me cerraban en la que estaba. Consiguiendo que pocos se interesaran, pero unos pocos que compensaban a la mayoría. ¡ Qué gran desengaño!- gritaba mientras se llevaba las manos al rostro escondiendo una cara abatida por el cansancio, ocultándose una habitación vacía a la que no habían acudido ninguno de sus clientes con la respuesta deseada- ¿Cuál es el libro que todos ellos hubieran comprado?- sollozaba finalmente dejando que el eco fuera una contestación insatisfactoria.

***

Es una tontería que vaya- pensaba Antonio- Hace al menos dos horas que debió comenzar la reunión, seguro que todos fueron puntuales y ni tan siquiera se dieron cuenta que yo aún no había llegado. Quizás tendría que volver a casa antes de hacer el ridículo- pero si era esto último lo que realmente quería, no todo su cuerpo estaba de acuerdo. Sus piernas, por ejemplo, desobedecían y enlazaban pasos hacía el viejo edificio donde, es un apartamento cochambroso, le había citado un hombre al que ya no recordaba.

Poco a poco, subía las escaleras, dudando golpear a aquella puerta verde del tercero B de la que salía un alto y desgarbado rostro enjuto que plastificaba la desesperación. Se acercó hasta él y, sin saber qué decirle, entrecortó unas palabras que a duras penas podían entenderse- ¿ es aquí la reunión?

***

Sentados bajo un calabobos de Abril dos hombres hablaban sin que la gente que pasaba protegida por paraguas les prestara atención. El uno con esperpénticos gestos; el otro con tímidas afirmaciones que animaban al primero en absurdas disquisiciones que, realmente, sólo escuchaba el viento. Hasta que, de repente, una de las estridentes frases pesaba demasiado como para perseguir a sus compañeras y se veía obligada a quedarse entre aquellos extraños oradores- Me llamo V. de Nadie- decía la oración- V. de Nadie- no la quería oír Albert- Nadie- intentaba imponerse-¡ Nadie!- por fin atento a su exclamación.

***

Ocho meses después, un escrito encabezado por «Estimado Don Nadie» le preguntaba a Antonio si sabía quién fue Vivaldi para inmediatamente después contestarle unas líneas más abajo:

«No fue nadie, y, sin embargo… cuando descubrí, gracias a ti, qué hacer para escapar de mi pequeño bache decidí agradecértelo con una broma que implicaba a su persona. La inocentada de Pensamiento Único, mi nuevo libro, ¡no! nuestro hijo. El que gestamos bajo la lluvia, cuando me enseñaste que sólo un ser insignificante compraría «La Grandeza Del Insignificante»; que como el resto de mis libros, era demasiado particular para un público amplio; sólo para químicos, pintores, insomnes,… Aprendí mucho aquella tarde, a buscar la globalidad, unir todos los fragmentos de humanidad en una sola obra, en la que, el día veintiocho, todo el mundo podrá resolver sus dudas.

Todas las preguntas ordenadas de la A a la Z, como en un diccionario, pero más completo, un diccionario enciclopédico, con un único error … en el capítulo de la V : Vivaldi, Antonio (1678-1741) prolífico compositor italiano cuya creación más celebrada ha sido «las Cuatro Estaciones».

Un personaje ficticio que sólo tú y yo conoceremos, pues a quién se le ocurriría buscar lo inexistente. Una persona creada de la inmensidad de tu pequeñez…»

No pudo acabarla. Abrió una página cualquiera, que fue para la M y después se acercó hasta aquella otra consonante en la que encontró lo que ya esperaba.

***

Para que un secreto sea tal, lo ha de conocer al menos una persona, sin son dos los partícipes es que ha empezado a extenderse y si te sientes pequeño y marginado necesitas que te acepten a cualquier precio. – ¿Y qué significa esa letra en tu nombre?- se burlaban de nuevo- ¿Por qué no lo buscas aquí que dicen que están todas las respuestas? Ja, ja, ja…- y allí estaba. Antonio leyó con orgullo las dos líneas dedicadas a su tocayo imaginario, dejando perplejos a sus compañeros que, sólo tras un buen rato intentaron replicar- Pero ese hombre está muerto, ¡no puedes ser tú!

– Eeeh, sí- las mentiras se hacen fuertes entre ellas- es que fue mi tío abuelo político- empezando a creérselo- ya os dije que desciendo de un gran linaje- propagándose, siendo por primera vez respetado.

***

En uno de los rincones, Albert, había comenzado a apilar todas las cartas que en la última semana habían empezado a llegar. Era la primera vez que alguien perdía el tiempo en felicitarle por su obra y, esto, le llenaba de satisfacción. Y no sólo eso si no que hoy mismo había recibido un inmenso paquete, con remite desconocido, que abría nervioso. En un sobre, una misiva que le explicaba que el resto de papeles que le acompañaban no era más que la correspondencia que Vivaldi mantuvo con la madre del desconocido. Lo dejó de piedra, pero no fue la única que lo paralizó. Desde ese momento diferentes personas de distintas partes del mundo le notificaban infinidad de acontecimientos del compositor inventado. Desde anécdotas hasta partituras pasaron por sus manos obligándole a aceptar una fábula, a creer lo increíble.

***

Como el año anterior, un ventiocho de Diciembre, otro «Estimado Don Nadie» le preguntaba a Antonio por Vivaldi:

«… aunque más que por él, le pregunto si alguna vez fue real. He tenido miedo de que descubrieran que fue un engaño, todo ha ido demasiado rápido y ya no me atrevo a decir la verdad porque me tomarían por loco, o acaso no lo estaré ya. He oído tantas veces sus composiciones, antes nunca lo hice y … por favor contésteme, dime que no existió realmente.»

«Querido Albert»-contestó- «Ahora puedo decirte que sí fue real, aunque antes nunca lo hubiera dicho.»

LaRataGris.


Cátodos inodoros

5 noviembre 2008

Como un relámpago, siempre cae igual. Al menos, así ha sucedido esta vez, y no parece distinto a otras veces que lo vieron por televisión. Edificios caídos, gris por todas partes y olor a algo que nunca antes habían olido, por que los informativos nunca traían el olor.

Pocos que han sobrevivido, casi un milagro, o más bien no, deliberado, que nadie olvide lo que paso. Se necesita que alguien recuerde los vahos saliendo de la tierra, envolviéndolo todo, incluso a los fantasmas de carne quemada y ese olor nauseabundo, penetrante.

Nunca te puede pasar a tí, «Ayer pague el recibo de la luz, del agua, la comunidad, basura, circulación pero ese olor…»

De los vivos ya no todos andan, cojean o se arrastran: pero los que aún tienen movilidad saben donde ir, a cualquier sitio, lejos. Huir de allí encontrar algún lugar tranquilo donde olvidar. Pero alguien tiene que recordar.

Y entonces, si, hay un milagro, sobre la mesa de madera, una vieja marca que ya nunca funcionara, pero será suficiente, o tendrá que serlo. Si la encendieran en todos los canales verían imágenes del bombardeo: los vapores, hierro incrustado en cemento, cadáveres calcinados, mutilaciones, pero ya no estaría el olor de cuerpos putrefactos, sus cuerpos descompuestos que les insisten en que han sido ellos, que hoy el telediario explica su historia y que como todas las historias tiene un final. Y por un instante la ven encendida. Se imaginan terrores inimaginables y se marcha el olor, ese terrible olor, todo se olvida y nadie recuerda nada. Carta de ajuste.

LaRataGris.


Sombras chinescas

28 octubre 2008

Son como sombras chinescas hablando entre ellas. La más alta dice qeu no sabe de qué hablar, al contrario que la pequeñita y juguetona tiene tanto que expresar y tan poco tiempo como efímero día.

La grande insiste en callar, en ocultarse hasta el crepúsculo, morir en él sin que nadie sepa que un día pensó. Pero, oh!!!, los jóvenes, con sus bravatas, con sus sueños y esperanzas, no deja de hablar, no necesita ni respirar. A la grande esto le incomoda un poco, por si alguien la oye hablar:
«No deben saber de tu pensar»- le dice recriminandola. Pero por dentro sonríe, pues sabe que en otra puesta de sol fue menor y como a su amiga le gustó pensar. La diminuta sombra también sabe que la mayor pensó y que ella como la otra crecerá. Pero se entristece al pensar que podría cambiar como cambia quien se hace mayor. Decidió no crecer y luchar por ser sombra juvenil. Muere en la penumbra del callejón sin saber si otro día seguirá siendo así.

Y tu sombra ¿sabe pensar por sí?

LaRataGris.


El container hermético

20 octubre 2008

Mi horario es sencillo y rutinario en la medida de lo posible, es decir, a menos que el jefe necesite que haga más horas extras , o que algún cliente rezagado quiera ser atendido, por tiempo indefinido, fuera de mis horas de trabajo. Así pues, ficho a las cuatro de la tarde con la esperanza de poder escapar a las diez olvidando todo lo que me halla podido pasar entre las cuatro paredes de la tienda. Los sábados es un encierro total, mañana y tarde.

Mi compañera de piso sigue un patrón similar. Solo que ella entra a las dos y media para quedarse hasta las ventidós treinta. Nuestra vida real se convierte en un limbo extraño en el que no existes para nadie. Ni tan siquiera el televisor, tan preocupado por las preferencias, se interesa por dos personas ajenas al fabuloso prime time. Te bombardea con la basura de siempre, con una calidad incluso inferior, o al menos así era antes de que decidiésemos desconectarla para siempre.

Nuestro mundo se reduce a dormir hasta tarde, desayunar poco y solaparlo con una opípara comida que te mantenga estable el resto del día. Al menos hasta que puedas cenar tras una hora de trayecto. La basura se acumula en la cocina, no podemos bajarla ni antes de irnos ni después, cuando llegas y no eres más que un fantasma inexistente. Si alguna vez te ha tocado tirarla y has leído la pegatina que tienen todos los containers, antes de que alguien la arranque, claro está, sabrás que te piden que lo hagas de Siete a Nueve. Nos han prohibido tirarla y para esto es para lo único que se nos tiene en cuenta. En los vertederos municipales hay expertos analizando tus desechos. Buscan saber cuánto tardas en lanzarla y si estás dentro del horario. Les ahorraré el esfuerzo, nosotros no seguimos su horario. Quieren que todo funcione con la precisión de un reloj suizo. La idea no es reducir las horas de condena si no temporizar la vida. Para esto último, yo les propongo que a las nueve el cubo se cierre herméticamente. Una cámara debería vigilar que no la deposites al lado y una multa, pues todo se arregla con dinero, te ayudará, en mi caso, a que la almacene toda en casa, hasta el domingo en que pueda seguir sus pautas.

En Navidad, que se abre de lunes a domingo, montaré un vertedero en la cocina o si no me llevaré la bolsa al trabajo y a las siete pediré permiso para salir un momentito, siempre a cuenta de vacaciones, por supuesto.

LaRataGris.

Tras escribir la historia me dí cuenta que según el municipio el horario de la pegatina puede variar, por eso allí donde se indica el horario de mi ciudad cámbialo por el de la tuya.


La pareja disfuncional

14 octubre 2008

A tí te gustan las mujeres y a mi los hombres. Tú eres una niña y yo un crío. Nos damos la mano por la calle, somos extraños.

Lo que te hacía parecer más bonita era que eras un marimacho, hablabas con fuerza y te pintabas barba de dos días. A tí te gustaba verme de gitana, con mi falda plisada, haciendo que volase delante de tu cara. Remarcaba mis labios y enloquecías, tú me llevabas bailando lento y era así como nos queríamos.

Luego llego Tami, que te llenó la cabeza de tonterias. Te queria normal, amando a las chicas de tu mismo sexo y sin apenas resistencia te saco de casa.

Yo me quedé solo, pensando en tí; cómo me gustaban tus calzoncillos cuando te metías calcetinas de paquete y jugabamos en la eternidad.

No es cierto que me gusten los varones, ni las hembras, lo que quería era estar a tu lado, con nuestras rarezas, sin más. Besarte en los labios, dejarte mi marca, que te moleste mi carmín.

No creo que me llegases a amar, solo buscabas reflejos que no eran ciertos, espero que ahora seas feliz, aunque yo sólo me quede con los recuerdos.

No te olvides de que si algún día necesitas un medio hombre, aquí estaré para tí.

LaRataGris.