Olvido

5 agosto 2013

Rosa se pasaba la vida sentada junto al mar. Sobretodo si llovía, mejor si diluviaba y nadie se atrevía a salir de casa. Le encantaba mojarse en esa soledad y notar que se purificaba respirando el aire limpio de la lluvia. Las pastillas para el miedo eran cada vez más caras y prefería autoconvencerse de que el ritual de sentarse a ver las gotas golpeando el mar le servía de algo, le relajaba.

Apenas es un segundo, con suerte dos, y después su estomago rugía, se daba cuenta que estaba en mitad de la nada, empapada y sin dinero, añorando una pequeña dosis de verdadera paz. Pero sus temores ya no pasaban por la seguridad social. Entonces respiraba hondo bajo el agua, suplicando que por una vez funcionase la renovación, necesitaba olvidar y esa era la única forma que se podía permitir.

Ana no quiso notar la pendiente. El mundo era su mundo, el mismo de siempre. Es verdad que las cosas eran algo más caras, que su sueldo en cambio parecía disminuir y seguía teniendo hambre a las horas habituales, con la misma intensidad y voracidad. Le gustaba seguir comiendo, poder encender la tele, enfrascarse en sus programas chorras y olvidar que había empezado a tocar sus ahorrillos. No era mucho: un viaje que habría querido hacer, para el que aún no le llegaba y cada vez menos, un plasma un poco más grande…un goteo que le iba a permitir tener electricidad, comida y agua potable para un vasito esporádico. De vez en cuando se encontraba suplicando- que no surjan imprevistos- pero siempre había algo y, por eso, al final decidió quitarse de lo menos importante, su alimentación era insignificante comparada a todo lo que le daba el olvido.

Uri no era más que un reflejo pesado y sin fuerza. Parecía estar pero sólo era un objeto mientras su mente buscaba otro plano astral, un espacio más feliz. Ademas su cuerpo, su única ancla a la realidad, empezaba a marchitarse, se pudría no por la edad si no por la desesperación de tener que vivir en concentrados de tristeza. Cada vez que regresaba y su intelecto se llenaba de la carne fofa y flácida, cuando intentaba que una orden empezase a mover su carcasa se daba cuenta de que no le quedaba demasiado tiempo.

– Acaso,- pensaba- no inicie mi huida por eso mismo, por que no me quedaba nada, ni tan siquiera vida.- Aún sabiéndolo le resultaba desalentador. No quería dejar taras los buenos recuerdos pero, como tantos otros, necesitaba olvido. No era el único en el pabellón pero si el que llevaba más tiempo y su cama era un bien demasiado preciado, desde fuera esperaban para poder abonar lo que no valía ni un céntimo. Pronto tendría que regresar a casa o cumplir su promesa de desahuciado por el que ya no merecía la pena pagar nada, de cualquier forma el desenlace sería idéntico, necesitaba otra realidad.

Lorenzo abrió la ventana que daba al interior de su corazón y miró. Había tanta gente en el, incluso algunos que no reconocía, pero la vida fuera estaba demasiado complicada como para echarlos. Entró por allí mismo, como un ladrón al que no le pertenece su propia musculatura por que la tiene regalada.

A el lo reconocían todos, cada uno de ellos quería acercarsele para saludarlo. Si lo notaban algo perdido volvían a presentarse- Rafael, Amanda, Ursula, Laura, …- demasiados nombres que se hubiesen podido resumir en uno único, el nombre de los desheredados, a los que ya no les queda nada más que olvidar.

Allí eran felices y todos comentaban lo bonito y grande que Lorenzo tenía el corazón, aunque empezaba a ser difícil moverse en el, comenzaban a ser demasiados. Lorenzo intentaba ampliar sus cavidades, bombeaba más fuerte para que las paredes se extendiesen y apunto de la taquicardia siempre se decía que el no podía olvidar, demasiados muertos dependían ya de el.

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Calculando hielo

3 diciembre 2012

Si lo piensas fríamente, si te olvidas de las personas que trabajan para sobrevivir. Si no miras las familias que dependen de su sueldo; si calculas simple y llanamente lo que factura la empresa, lo que invierte, lo que deja de ganar y los coches que algunos no deberían comprarse este año, ni el próximo seguramente y ya veremos de aquí a tres. si planteas la vida en términos macroeconómicos, dinero y mas dinero: sin amor, amistad o alegrías; asumiendo que organizarnos es una utopía, que hay que bajarse los pantalones a todo por que así lo manda la razón de los números. Cumples los requisitos, sigues las directrices, eres un tempano de hielo y tendrías que admitir que sobran robots; no son de carne y hueso, la empresa esta mejor sin ellos, mas solvente, mejor preparada para ganar con sudor, y tu esfuerzo, a esta crisis en la que tienes que agradecer la patada si es más flojita de lo que esperabas.

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La vida mezclada

9 agosto 2011

Vivía en una habitación pequeña, parte de una almacén dividido con paredes de papel, un sitio en el que resguardar el cuerpo de la realidad.

La respiración de todos los que habitábamos el edificio era una sola y acompasada. Inhalábamos los mismos sueños con insignificantes matices. Habíamos asimilado como propias las enseñanzas de los medios, la escuela y finalmente la misma sociedad que, con el cerebro bien reordenado, nos empujaba a querer dinero y estatus con el que poder alejarnos de las calles que nos habían visto crecer.

Por eso mismo surgieron las fronteras de la habitación. Nadie debía espiar nuestro futuro, copiar los planes y llegar antes al gran final prometido. Pero las finas paredes no eran capaces de retener los llantos y ansiedad de aquella carrera. Era raro no notar como se movían los vecinos, como se revolvían inquietos en los duermevelas. Girábamos sobre nosotros hasta que finalmente era inevitable que algunos se golpearan contra los frágiles muros de color que fueron cayendo.

Invitados por la casualidad, al vernos liberados de la soledad, empezábamos a romper las paredes de la celda. Siempre encontrábamos la misma mirada de otros presos, nuestros iguales con idéntica hambre y pena. Fue tan fácil darnos cuenta que no queríamos robarnos las miserias, que sólo necesitábamos sobrevivir para empezar a vivir de otra manera… fue tan sencillo que quisimos ayudarnos. El que no podía levantarse se apoyaba en los más fuertes y, poco a poco, mi pequeña habitación se transformo en un mundo sin límites.

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Trayectos largos.

2 julio 2011

Siempre voy dibujando en metro. Si no estoy acompañado por la multitud y tengo un bolígrafo, una hoja… lo primero es escribir un poco. Doy rienda suelta a mis manías, a sus injusticias, me dejo llevar y cuando le coloco la palabra fin a la historia comienzo a abocetar el próximo dibujo. A veces miran por encima del hombro y si me doy cuenta intento garabatear con mi mejor letra- esta muy feo cotillear-. La verdad es que no me importa pero me hace gracia ver como se giran con desdén, totalmente ofendidos.

A veces me es incomodo tratar según que temas. Voy buscando formas de expresar una idea y puede ser que salgan desnudos, sexo, violencia…la vida misma pero hay gente muy impresionable. Además están sacados fuera de contexto. Esa teta solitaria no dice nada si no miras el conjunto y ellos suelen pensar lo peor… aunque este a favor de la lactancia materna.

Hay algunas personas que incluso te preguntan. Ayer, dibujando suicidas, una chica me preguntó que por que se había colgado. Tuve que explicar algo que ni yo sabía como iba a acabar realmente, estaba al principio de todo. Me sentí un poco idiota, como esa gente que ves en la tele explicando el plan maestro que les lleva a pintar. Yo dibujo por impulso, lo que me duele y lo que me hace sonreír. Luego me preguntó si yo me encontraba bien, fue mi amable intentando evitar que no me suicidase… Era innecesario, quería cambiar el mundo no matarme. Pero esa historia aún esta a medias.

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Señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis

26 mayo 2011

El señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis estaba muy contento. Había conocido al señor dos mil cinco, un hombre importante en el partido, uno de los cargos más respetados.

Estaba prácticamente seguro de la buena impresión que le había causado.- Con suerte- se dijo emocionado- pronto dejare de ser el señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis para volver a empezar como dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticinco.- Habría subido un peldaño en menos de cinco años. ¿Quién podía decir eso en los tiempos que corrían?

Sin ninguna gran guerra en la que demostrar tu valor por el partido, sin enemigos que abatir,… sin la razón de las armas era prácticamente imposible acceder a las esferas de poder. Nadie mataba a sus lideres y mostrarse sobresaliente era algo complicadísimo utilizando únicamente talento y destreza. Es cierto que existían los juegos, enfrentamientos de uno contra uno. Tediosos, lentos…tenías que matar a tanta gente antes de destacar que se hacía imprescindible conocer a alguien como dos mil cinco, bien situado y amigo de los sobornos.

-Se prepara una bomba- le dijo gesticulando entre copa y copa- eso si que hará subir a las personas. Morirán cientos, miles, millones…- con cada sorbo aumentaban las víctimas y el codiciado premio se hacía más jugoso- el que la lance se colocara en una posición de privilegio, sera un héroe en cuanto lo retransmita la cadena pública.

Número uno fue el último piloto de bombarderos antes de la paz. Bajo sus manos desaparecieron siete países, doce se convirtieron en un erial triste y desolado. Hoy día es imposible llegar hasta el pero quedarse en señor ciento y poco…

El señor dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veintiséis futuro dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticinco, apretó el nudo de su corbata reglamentaria y comenzó a redactar un comunicado anunciando su próximo ascenso. Esquemática, concisa…pensó que ese estilo bien podría valerle otra subida de categoría. De repente empezó a fantasear con su nueva posición como dos millones cuatrocientos veinticinco mil doscientos veinticuatro. Su poder era imparable.

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La nueva ecuación

18 mayo 2011

Los días pasaron de largo, se perdieron sin darnos cuenta y ya eramos ancianos recordando las batallas perdidas, los momentos fugaces en la inercia.

Ya no quedan rebeldes de más de treinta, consumieron su efímera profesión en gritar consignas heredadas. Las mismas palabras que jamas derrotaron la violencia de piedras fueron nuestras armas, idéntica desilusión e ineficacia. La derrota que explicaban nuestros padres actualizada a los tiempos modernos, con actores amateurs improvisando un dialogo mil veces representado.

Y, sin embargo, las palabras, los actos que son más importantes que un hablar por hablar, hervían. Quemaban al salir de las bocas, se dejaban arrastrar suavemente por el viento y prendían en el cielo, donde todos podían verlas, incluso los que no querían. La vida teñida de rabia, de no querer esperar promesas de nunca llegar.

Empezaron a juntarse voces, se hicieron confusión, se pisaron unas a otras y el mensaje pareció perderse.

Uno y uno son dos desde el colegio, cuando te enseñan a restar imaginación, sueños, ilusiones… Las ecuaciones cuadran, se resuelven recordando una solución, el final de los cuentos es siempre el mismo y aprendes a encajar en el único resultado al problema. Eres uno y uno y uno y uno… sumando arquetipos, siendo un número de personas equis, haciendo lo que se espera.

Todos los gritos coincidieron en pedir silencio, en borrar la suma y juntarse. Ser sólo uno más potente e imparable hecho de personas. resolverían la misma ecuación de siempre, con un significado diferente, un error en los libros, una nueva forma de ser. La incógnita actualizada necesitaba ingenio e improvisación, ausencia de lideres y de conclusiones impuestas… algo de lo que el poder prefiere carecer. Uno y uno tenía que dejar de ser dos- somos individuos viviendo en sociedad, no conjuntos de esclavos consentidos.- Ya no podían seguir ignorando con la excusa de no entender el mensaje.


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