El paro constructivo

4 febrero 2012

El paro constructivo


La educación del señor Ramón

31 enero 2012

Ramón jamás había aprendido lo que era la vida. Sus educadores prefirieron enseñársela tal cual la habían diseñado, especial para que nadie tuviese ningún problema, un teatro social.
Segmentaron las horas, dividieron los espacios en algo sencillo que el pudiese entender y le inculcaron los tics necesarios para reaccionar a cualquier situación.
En las zonas comunes, expuesto a todas las miradas, debía ser ejemplar. Producir a destajo, idolatrar a sus superiores y encontrar una mitad con la que encaminar una nueva descendencia por la senda correcta.- INCULCA LOS VALORES- le gritaba la vida moderna.
En la soledad de su casa era libre de actuar a su manera, podía dar rienda suelta a sus antojos privados. Pero nadie le ordenaba como hacerlo, no le habían enseñado y se sentaba a esperar la muerte o algo mejor, lo que llegase primero.
Alguna vez leyó un libro que no supo interpretar. Las palabras amontonaban sus significados sin decirle nada y tuvo que tirarlo corriendo antes de que le hiciera pensar. Esas noches soñaba vidas paralelas, mundos extraños en los que tampoco sabía como actuar, se sentaba a que lo devorasen los monstruos antes del amanecer y luego se juraba que jamás volvería a leer una sola palabra escrita.
En casa de Ramón sonaban muchas alarmas, programaba infinidad de actividades concertadas y, poco a poco, iba aprendiendo a estar ocupado para no seguir imaginando terrores nocturnos, no quería volver a caer en un mundo que nadie le explicaría. Necesitaba su cárcel para saber que lugar de la fila ocupar en todo momento.
Uno de los despertadores lo arrancó de forma imprevista de una pesadilla. Se había dormido a deshoras y, por desgracia, uno de sus habitantes lo había acompañado en el viaje de regreso.
A partir de entonces, a cualquier sitio al que fuese, tenía que ir con aquel ser de otra dimensión. El bicho, al que llamaba señor Uno, empezó a controlar hasta sus sueños y Ramón, viendo que no se lo podía quitar de encima, pensó que sería una buena media naranja con la que compartir la vida que desconocía. Desde aquel instante, cada noche, copulaban sin cesar esperando que Uno se quedase embarazado. Sometían sus cuerpos a toda clase de torturas imaginando que eso les hacía más fértiles. Finalmente fue Ramón el que se quedo en cinta y dio a luz una camada de siete criaturas que eran la envidia de todo el vecindario. Exóticas preciosidades de salvaje brusquedad. Ramón les enseñó todo lo que sabía, lo que le habían inculcado a fuego hasta conseguir que jamás aprendieran lo que era la vida.

LaRataGris


Ideas sin precio

27 enero 2012

Ideas sin precio


El inventor de necesidades

23 enero 2012

Cuando el pájaro inventor imaginaba algún artilugio primero trazaba los planos, calculaba los costes, lo construía y, si era rentable, decidía para que iba a servir. Muchas veces, el prototipo, se quedaba en una complicada escultura de ingeniería mecánica, la copia de una copia que copiaba una copia existente de algo inservible y absurdo. Pero no se desanimaba, seguía soñando otros cielos llenos de maquinarias limpias y brillantes, al menos hasta conseguir algo de dinero y creerse demasiado importante como para construir sus castillos sobre las nubes.

Creó alas artificiales para aves, bombonas de oxigeno para respirar en una ambiente limpio y oxigenado… tantas locuras que le venían a la cabeza que se sugirió retirarse a pensar mientras osos especializados se encargaban del trabajo sucio. Enviaba los planos vía e-mail, administraba en una hoja de calculo y creía, desde su paraíso tropical, que, en aquel invierno, su fábrica de objetos raros sería la envidia de cualquiera con dos dedos de frente. Se sentía el creador por excelencia; se notaba rico, más que rico, nadando en la abundancia más absoluta y desmedida. Imaginaba que ya no tendría que seguir reinventándose, al menos  hasta que regresó en primavera a la tierra donde dormían sus piezas orgánicas. Una alfombra peluda roncaba por mil cabezas junto a la cadena de montaje. Hibernaban los muy vagos.- DESPERTAD- gritó enfadado- TENÉIS QUE PRODUCIR-.
Pero los osos; sean mecánicos, camareros o peones, tienen un pésimo despertar. Se levantaron hambrientos, con una única idea aporreando sus tripas vacías, con un sólo animal al alcance de las zarpas afiladas.

Por primera vez, el pájaro inventor, tuvo la necesidad antes que el invento. Pero no trabajaba bien bajo presión, no sabía como solucionar los problemas e ideo un aparato vete a saber para que y que no sirvió de nada, ni evitó que los plantígrados lo devorasen justo antes de volver a sus puestos de trabajo.

LaRataGris.


Flores artificiales

19 enero 2012

Flores artificiales


El complemento vitamínico

17 enero 2012

Empezábamos a tener hambre. Seguíamos teniendo los lujos, las tiendas se llenaban de autenticas virguerias de la tecnología, finas fruslerías y esqueletos de hombre elefante para decorar nuestras suntuosas mansiones de treinta metros cuadrados. Gritábamos fiesta y las pupilas se nos dilataban de emoción, la tele nos hablaba, el edredón nórdico nos abrazaba y eramos todo lo felices que se podía en este capitalismo devastador. Pero es que cada vez nos rugían más las tripas.
No podíamos comprarlo todo y seguir comiendo así que elegimos la inmediatez y la publicidad nos vendió recetas a corto plazo. Seguíamos adquiriendo estatus pero esta vez en píldoras de colores, ricos complejos vitamínicos que disminuían las carencias y llenaban nuestro estómago. De la noche a la mañana empezamos a ingerir pastillas y a controlarnos las constantes vitales en brillantes máquinas ideadas para la ocasión. Sonreíamos con los buenos resultados, nos preocupaban y antidepresivos para los peores.
Era imposible equilibrarlo todo así que apostamos a los seguros de vida, los bonitos ataúdes y los placeres de digestión rápida. Nos aceleramos por que teníamos hambre de vida y seguimos teniéndola.

LaRataGris.


Olor a paz

12 enero 2012

olor a paz



Empresas modernas

6 enero 2012

Empresas modernas


Mundo circular

3 enero 2012

– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.

LaRataGris