Las dibujantes: Rubén Uceda, La Rara, Calavera, Mpaink, LaRataGris, Sergi San Julian, Pablo bizarro, Santiaguete, Max Vadala, Paco Garabato, Azagra y Revuelta, Mejikano, Manolito Rastaman, Bellotero y, el actor de doblaje, Tona Aguiar; nos unimos bajo el paraguas de la Tinta RojiNegra para gritar un fuerte no a la guerra con las únicas armas de las que disponemos: corazón y dibujos.
Para tal fin enviamos a la guerra a estos impresentables que la potencian, para ver si así reflexionan (No caerá esa breva).
Aunque su nombre estaba escrito con letras doradas sobre la historia, en realidad, no era nada oficial.
Él mismo, pequeño como era, había cogido el espray y se había inscrito en el rincón que consideró más adecuado.
La historia oficial: ofendida, ofuscada; sacó el trapo, agua, jabón y quiso borrar la huella. Sólo quedo un insignificante residuo que no se veía en la distancia.
Un resto que se podía investigar, seguir su hilo hasta una historia alternativa que nadie iba a buscar y, aún así, allí estaba.
Las calles la recibieron frías y solitarias. Llevaba una mochila raída por otros vientos, llena de inútiles desilusiones que le trajeron cuando soplaban más favorables.
Lo único que pudo salvar del derrumbe de su casa fue un recuerdo, fue un reproche que dobló y guardó al fondo del macuto.
Cargada, con ese silencio del hambre, se alejo de la recesión que le había escupido del trabajo, de las facturas que la estrangulaban.
Los sueños eran baratijas que los prestamistas no admitían en depósito. Demasiado pronto tuvo que vender lo único que le importaba y se conformó con el frio y alguna fruslería sin valor.
-Vera- le dijo otro caído – al menos podemos intentar dormir calientes.- Y se dieron calor, juntándose para que no se escapase ni una sola brizna más de esperanza.
Respira y apartando la mirada de su audiencia dispara palabras a sus fieles.- Soplan vientos de cambio, sopla fragilidad. Construís castillos de naipes por mostrar su belleza al aire y caen en el mismo instante en el que son levantados. Soplan revoluciones sin que nos pongamos de acuerdo y cambia el viento y es otra reivindicación. Es otra gente empujando en sentido contrario.
Respira de nuevo, como si el último párrafo lo hubiese soltado de carrerilla, sin parar a tomar aire.
– Todos pedimos lo mismo, todas queremos mejorar pero el poder del viento es volátil.
Y calla. Cae fulminado por la oficialidad del ejercito rebelde que para esto si se ha puesto de acuerdo. Soplan en la misma dirección, lejos de las realidades cambiantes, a años luz de las mejoras.
Habían quedado en la vieja cafetería, la también vieja pandilla, con las mismas tonterías que ni la edad conseguía curar.
Sólo echarían de menos a Fran; murió hace un año por beber demasiado, esnifar demasiado y acelerar sin saber donde estaba el pedal de freno. Se reencontraron en su entierro, rieron más de lo que lloraron y se prometieron volver a verse cada trescientos sesenta y cinco días, hoy.
Estaría Joseph, aún enamorado de Lola. Hermosa Lola la llamaban, la llaman aunque del nombre solo le quede Dolores.
Por arrugada que estuviese, Joseph, seguía viéndola brillar como una estrella triste.
– Volverá a ser mía.
En su cabeza cuchicheaban por la parejita de moda: hablarían de sus cornudas parejas, de los niños -¡Que se jodan!- les gritaba.
Pero Alberto tenía su propia historia para estar cotilleando por ellos. Magda necesitaba cerrar antiguas heridas, Julian sólo tenía una vida mediocre y quería fingir que la existencia era ligera como entonces. Y la Hermosa Lola, ella quería que Magda supiese cuanto la amaba.
Todos necesitaban retomar la vida donde la dejaron; cuando nada era importante y todo importaba. Todos querían ser protagonistas de un momento mejor y a nadie le importaba ya el capitán del equipo de Rugby o la jefa de animadoras.
Cada cual tenía un objetivo que no lograrían, que los dejaría en en la misma vía muerta un año más.