
El mejor regalo
4 enero 2022El jardín de la reina
28 diciembre 2021– iAlto!- le gritó la reina de corazones a la abeja- ¿Dónde crees que vas con el néctar de mis flores?
El insecto paró sobre un tallo de hierba fresca y chapurreo en un idioma que le era ajeno a su majestad.
-Es comida para mis hermanas, es esparcir un manto de flores por todo el mundo.
-¡Detened a esa descarada!- gritó esta vez a sus soldados- ¡que no se lleve las semillas de nuestro mundo!
De infinitos lugares aparecieron ordenadas las fuerzas de seguridad. Cerraron el jardín de dentro afuera, también a la inversa. Taparon la luz del sol, frenaron los ríos que campaban libres por la tierra; detuvieron el aire pero no lo suficientemente rápido como para que la abeja no escapase.
Entendiendo que ya no podría volver dejó, como siempre, que de sus patitas fuesen cayendo semillas. A su paso se abrirían nuevos jardines, no delimitados por muros.
Mientras, la tierra de la reina de corazones, se marchitaría en su protectora prisión.
LaRataGris.
Un gigante de verdad
14 diciembre 2021Te voy a contar una historia real, una historia que sucedió hace mucho tiempo y que jamas deberías poner en duda.
No seré yo quien te juzgue si quieres cuestionarla pero, no me podrás negar, que tal como te la explicaré pudo haber sucedido. ¿Acaso eso no es garantía suficiente para cualquier cuento?
Hace mucho tiempo vivió un niño gigante. Tan sumamente grande que cuando iba al baño y hacía caca, la mierda, caía al water generando una ola tan grande que sus efectos llegaban al mar. se formaban maremotos y los barcos tenían que salirse del agua para que la fuerza no los hundiera.
Era algo terrible, aunque el gigante no lo hacía con mala intención. Él solo era un niño pequeño que quería jugar, cantar y bailar.
Lo que pasa es que era un niño pequeño tan grande: de una altura tan descomunal, de proporciones tan infinitas, que si se resfriaba y estornudaba: un viento huracanado surcaba los cielos, despeinaba las aves, hacia volar los tejados, arrastraba a las personas que buscaban mejores tiempos lejos, en el sur.
Era algo horrible, pero un algo sin mala intención.
Solo era un crio con ganas de jugar, cantar, reír.
Y a la vez era un niño tan grande, tan tan grande que cada vez que jugaba a pilla pilla con las montañas sus carreras hacían temblar la corteza terrestre hasta que los humanos temblaban también, pero del susto, y empezaban una huida sin final, mientras gritaban: ¡Terremoto!
Pero de verdad que él no lo hacía con mala intención. El solo era un niñito que, como todos, necesitaba jugar, saltar, volar. Pero era tan grande, tan enormérrimo, que al bailar aspaventaba con los manos tapando y destapando el sol de forma intermitente. La gente, sin saber si era de noche o de día, se levantaba y se acostaba al ritmo frenético que marcaba el gigante. Nunca descansaban lo suficiente y luego se arrastraban imposibles durante lo que quedase de jornada.
Imaginate el panorama, desolador, gente zombificadapor el sueño. Pero ya sabes que no lo hizo con mala intención. Solo que era alguien tan grande, tan descomunal y gargantuesco, gigante, gigantesco, que no cabía en la tierra o no hubiese cabido si hubiese sucedido aquí y de esa manera.
Aunque es posible que solo sea un cuento extraño sobre un pequeño gigante con demasiado poder. Un cuento para antes de ir a dormir.
El gigante puede que no fuese tan grande, y podía parecerse a alguien ¿Llevaba nombre de amo?
De ser así no habría excusa para no poner remedio a sus atrocidades de ínfimo gigante.
Eso si, verdad o mentira, su mierda era peor que un maremoto y olía como cien mil rayos.
LaRataGris
Escrito por laratagris 












