Atrapado

9 marzo 2026

El señor Mustélido, de ojos vivos y sagaces cuando era joven, se había embelesado con los placeres inmediatos; se le había nublado la mirada y el juicio.

Trabajaba para llenarse de niebla,  caminando siempre por un laberinto desconocido que le arrastraba irremediablemente al mismo callejón sin salida.

-¿Dónde Vas Mustélido? – y él gruñía una respuesta ininteligible, sonreía sin saber porqué y continuaba atrapado, perdido.

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El mundo de pasado mañana

16 febrero 2026

Siempre era Ricky el que insistía. 

– Nos lo pasaremos bien.

– No sé, Ricky – le dijo Alba-¿Y si se nos va de las manos?

– Es un salto pequeño, dos días- Le puso la pastilla del mañana entre los labios- Sólo tienes que dejar que se deshaga debajo de tu lengua, notaras un cosquilleo.

-Pero, Ricky…

-Te estaré esperando

. . .

Desorientada. Dos días.

Desorientada. Dos días después.

-¿Ricky?- Sin respuesta- ¿Ricky? – Desorientada. Apoya manos, impulsa desde el suelo. Fallan las piernas. – ¿Ricky?- No hay respuesta. Se arrastra. Ventana sucia. El mundo. Diferente. Sólo dos días. Demasiado diferente. Desorientada.

El aire una pesada capa gris. Alba respiró. Profundamente. Notó como se le desgarraban los pulmones por culpa del metal en suspensión.

– Será mejor que te pongas esto- Victor le alargó una mascarilla.

– Gracias- él asintió mientras miraba distraído por la ventana. -¿Sabes…? – pero no le dejó continuar. Colocó el índice sobre los labios para que se callara.

-Caníbales – Le susurró. Esta vez asintió ella mientras buscaba refugio.

Esperan por demasiado tiempo para, cuando se ponen en marcha, intentar estar hechos de silencio.

Victor señalaba donde dejar cada una de sus huellas. Evita los agujeros negros que se extendían a lo largo del camino, parecía decirle. Subían, bajaban escombros hasta indicar el mismo color ceniciento de la ciudad en un edificio que les impedía el paso.- Ahí vive tu amigo.

– Gracias

– Sigue en línea recta para no caer- y se separaron sin más palabras.

Le abre alguien familiar, algo en su forma de respirar.

– ¿Está Ricky? – pregunta Alba.

-¿ El abuelo? ¿De qué lo conocías? – la cadencia en las palabras, la expresión en la cara.

– Es mi amigo, lo conozco desde que eramos pequeños.

– Eres demasiado joven para eso. – Dijo sin dejar de mirarla igual que hacía Alba-. De todas formas el abuelo, murió el año pasado.

-¿Has dicho abuelo?- Se da cuenta-. Él sí que es demasiado joven para …

-¿Alba? – Estalló – ¿Abuela?

– ¿Qué? – La abrazó como si llevase media vida fuera.

– La pastilla que te dió el muy cerdo te ha mantenido joven.

-¿Qué?

– Te drogó, te violó y nació mamá mientras tú dormías por cien años y un día. Abuela.

LaRataGris.


Segundo respiro de dolor

17 septiembre 2024

En el silencio de la noche se quebró en un ruido seco y constante.

– Es la hora – se dijo en el ritual de poco antes de la una. Recogió el desorden del momento y, como una inercia más, se derrumbó derrotado.

Una madera a la deriva; dejando que las olas de las sabanas empapen su espalda y la deshagan lentamente.

La piel cae como polvo, como semillas.

Respira un poco más lento, intentando concentrar sus heridas a lo largo de la columna vertebral, consciente del grito de cada una de sus células.

Inunda el colchón con los flujos de la desesperación, de la aceptación.

Respira tan profundo que se arquea hasta quebrarse con un sonido seco y penetrante. Las costillas atraviesan su piel, se retuerce como los nudos de un árbol. Sus huesos atraviesan la cama, se transforman en raíces con las que absorbe los nutrientes del suelo. Entonces germinan las semillas que había plantado, se le enredaban atándole un poco más a la tierra.

El cansancio, el dolor, le abandonan, desaparece en dirección contraria a los nutrientes.

Llora en ausencia de tormento. Completamente desconectado se hace consciente del daño. Se hace uno con el miedo y, finalmente, se duerme en la tortura de no sentir.

Se desprende, desaparece.

Al día siguiente, como cualquier otro día, rompe raíces y vuelve a rodar ajeno al descanso. Obviando cada pinchazo, todos los rotos. Normaliza el daño y la pena.

No hubo nada extraño en caer muerto, en que drenase su sangre, que cayera como hilos de olvido. Durmió como un vegetal y se levantó dispuesto a dolerse de nuevo.

LaRataGris


Compra pobreza

16 septiembre 2022

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Dormir, despertar

15 marzo 2022

El cinco de mayo María Tristesemblante despertó con la pereza aún enganchada por toda la piel. Se estiró con la tranquilidad de un gato y, por fin, se levantó después de seis años dormida.

Sin amigos ni familiares cercanos nadie se dio cuenta de su desaparición. En el trabajo le dieron de baja sin hacer demasiadas preguntas; a la tercera semana de no aparecer se le envió un burofax que jamás recibió y, tras una muy mínima insistencia, dieron por concluida su relación.

Su cuerpo se Adaptó a la escasa alimentación: restos de insectos caían en su boca, los jugos que arácnidos salvajes dejaban escapar de entre sus fauces; el agua de una cañería con fuga la hidrataba.

Después de tanto tiempo se levantó descarnada, con los labios resecos, pegados entre si. Parecía un esqueleto que había sobrevivido al fin del mundo.

La vida había cambiado. El miedo se había apoderado de la gente tras la última crisis económica. Se habían vuelto adoradores de doctrinas promesa; la fe en un futuro mejor era necesaria para no morir de miedo. El propio gobierno aprobaba los medidas antipánico en forma de falsas religiones que apaciguaban a la gente.

María salió a la calle arrastrando los pies, con la piel blanca reflejando el sol como si estuviese hecha de espejos.

-Hola-dijo con la voz reseca, sin obtener respuesta.

Allí no quedaban humanos que respondieran, solo animales antropomórficos demasiado asustados.

¿Qué había pasado en este tiempo demasiado largo y distinto?

Tras despertar el sueño no podría ser como antes, tras la caída tendría que aprender el lenguaje de los animales para oír y explicar.

LaRataGris


Un gigante de verdad

14 diciembre 2021

Te voy a contar una historia real, una historia que sucedió hace mucho tiempo y que jamas deberías poner en duda.

No seré yo quien te juzgue si quieres cuestionarla pero, no me podrás negar, que tal como te la explicaré pudo haber sucedido. ¿Acaso eso no es garantía suficiente para cualquier cuento?

Hace mucho tiempo vivió un niño gigante. Tan sumamente grande que cuando iba al baño y hacía caca, la mierda, caía al water generando una ola tan grande que sus efectos llegaban al mar. se formaban maremotos y los barcos tenían que salirse del agua para que la fuerza no los hundiera.

Era algo terrible, aunque el gigante no lo hacía con mala intención. Él solo era un niño pequeño que quería jugar, cantar y bailar.

Lo que pasa es que era un niño pequeño tan grande: de una altura tan descomunal, de proporciones tan infinitas, que si se resfriaba y estornudaba: un viento huracanado surcaba los cielos, despeinaba las aves, hacia volar los tejados, arrastraba a las personas que buscaban mejores tiempos lejos, en el sur.

Era algo horrible, pero un algo sin mala intención.

Solo era un crio con ganas de jugar, cantar, reír.

Y a la vez era un niño tan grande, tan tan grande que cada vez que jugaba a pilla pilla con las montañas sus carreras hacían temblar la corteza terrestre hasta que los humanos temblaban también, pero del susto, y empezaban una huida sin final, mientras gritaban: ¡Terremoto!

Pero de verdad que él no lo hacía con mala intención. El solo era un niñito que, como todos, necesitaba jugar, saltar, volar. Pero era tan grande, tan enormérrimo, que al bailar aspaventaba con los manos tapando y destapando el sol de forma intermitente. La gente, sin saber si era de noche o de día, se levantaba y se acostaba al ritmo frenético que marcaba el gigante. Nunca descansaban lo suficiente y luego se arrastraban imposibles durante lo que quedase de jornada.

Imaginate el panorama, desolador, gente zombificadapor el sueño. Pero ya sabes que no lo hizo con mala intención. Solo que era alguien tan grande, tan descomunal y gargantuesco, gigante, gigantesco, que no cabía en la tierra o no hubiese cabido si hubiese sucedido aquí y de esa manera.

Aunque es posible que solo sea un cuento extraño sobre un pequeño gigante con demasiado poder. Un cuento para antes de ir a dormir.

El gigante puede que no fuese tan grande, y podía parecerse a alguien ¿Llevaba nombre de amo?

De ser así no habría excusa para no poner remedio a sus atrocidades de ínfimo gigante.

Eso si, verdad o mentira, su mierda era peor que un maremoto y olía como cien mil rayos.

LaRataGris


Clickbait

2 julio 2021

Quebrar


Amor capital

22 noviembre 2019

Amor capital

Al levantarse


Última carrera

4 febrero 2019

ultimamente necesito demasiado ese sueño reparador que de tanto en tanto pide la vida. Mis parpados empiezan a pesar como el yunque que le cae encima al coyote, mi cuerpo deja de responder. Me convierto en un autómata al que se le ha terminado la energia, aún me muevo, aunque más por inercia que no por un deseo real.

Amanezco con ganas de hacer nada, o un poco menos que nada, mientras me quemo a lo largo del día. Nunca la reparación del sueño es total y, aún así, noto que tengo demasiado por hacer, no puedo parar.

Con la poca fuerza que voy recogiendo intento aprovechar al máximo, no es una carrera, no pretendo llegar al final pero si recoger todas mis estrellas fugaces por el camino. Igual solo llego a la mitad, puede que menos, pero marcare mi ritmo… me detengo y cojo fuerzas para llegar donde yo quiera.

LaRataGris


Frío trabajo

22 enero 2019

Aquella mañana el frío había caído como un bloque de cemento, demasiado pesado y grande. De repente la cama ofrecía una poderosa fuerza de atracción, impedía que la gente apartase las mantas. Jorge se asomó como un caracol asustado, enseñando tímidamente sus ojos.

-¿Qué hora es?- Gwen tenía el despertador al lado, solo le faltaba la iniciativa de acercarse lo suficiente como para distinguir los números parpadeantes.

-Tu ya estas mirando, ¿por qué no te fijas?

Pero en realidad, el reloj, estaba a millones de años luz, sobre una mesita bañada por los sombras.

-Debe ser hora de seguir durmiendo- Con esa convicción, no era realidad pero la trataron como tal, se sumergieron de nuevo en su mar de tela. Se encontraron nadando entre besos y caricias.

No querían seguir dormidos, preferían jugar, pero lo que seguro que no querían era ir a trabajar, hacia demasiado frio.

LaRataGris