
Día de reivindicación, día de lucha, día de los y las trabajadoras.

Día de reivindicación, día de lucha, día de los y las trabajadoras.
se recostó sobre la barra del metro, dejando que el ronroneo del motor la acunase mientras moría. Su sangre caía constante y copiosa, formando un pequeño y rojo lago a sus pies.
-¿Se encuentras bien? – entreabrió los ojos para ver la cara gorda e infantil que no dejaba de repetir una y otra vez la misma y estúpida pregunta.
-Sí – apartó al otro- estoy bien.
-¿Necesitas ayuda?
– No, imbécil, soy perfectamente capaz de morir sin ayuda.
Y volvió a ignorarlo, dejándose caer sobre su barra.
Un grupo de niños comenzó a chapotear en el charco de sangre que se había formado. Por algunas zonas empezaba a cubrir tanto que podías zambullirte y salir pintado de rojo.
Un lobo emprendedor, rápido, avispado, decidió montar un negocio. Valló alrededor de la loca suicida y anunció una fábrica de pinturas metalizadas para coches rojos.
Había espantado a los niños, le dio un uno por ciento de las ganancias a la muerta.
Con el tiempo y la descomposición, el olor se hizo insoportable. El empresario despidió a su agotada materia prima, puso el cartel de cerrado y pronto, gracias al servicio de limpieza, se olvidaron de que allí hubo algo o alguien.
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-Primero lo de dentro- exigía la señora retocada a golpe de bisturí, dinero en mano. Dejando que las palabras se enganchen en el carmín de sus labios, como moscas bañadas en miel.
– Primero…- repitió el culturista, de cuerpo impecable, cultivado en gimnasio de alto standing. Mostraba al hablar no se cuantas horas en tríceps y en cuatríceps, enormes músculos en labios de pato y, se le intuía, el esfínter blanqueado.
-Primero…- acompañaron los empresarios que preferían contratar a los muertos habituales en sus orígenes, lejanos de ojos indiscretos y leyes protectoras.
-Primero…- Se dejaba adormecer la masa, pensando que, ellos, eran los más bonitos, los perfectos, los únicos que merecían ser cuidados, mimados, follados,… cuando en realidad sólo los estaban jodiendo.
-Primero, primero lo de dentro, lo tuyo- Exhortaban a los gobiernos sin darse cuenta que eran ellos los que habían descuidado su interior. Se dedicaban a la fachada y tenían poco corazón, poca cultura, escasa humanidad. Para empezar, primero, tendrían que arreglarse lo de dentro, como bien les gustaba decir.
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La empresa se compromete a suministrar las herramientas necesarias para que el trabajador pueda realizar su faena. Este recibirá: un bolígrafo, una hoja de papel y un orinal a compartir entre toda la plantilla.
Con estos elementos el empleado ha de realizar maravillas y conseguir unos buenos dividendos para el empresario.
cualquier desviación a la baja de la producción sera achacada al trabajador y se le preguntara por problemas familiares para exigirle una pronta recuperación. Cualquier crecimiento sera celebrado con palmaditas en la espalda. Evidentemente, gracias al plan de la empresa, subiremos y se le entregara un folio más a modo de recompensa, para que no tenga que seguir haciendo filigranas al rellenar el primero. Esta muestra de confianza conllevara un aumento de los labores y el consiguiente incremento de la riqueza.
La empresa agradece el pequeño esfuerzo que se le exige al trabajador para estar a la altura de las enormes expectativas depositados en él.
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