
Sueldo de esclavo
30 mayo 2025El capítulo cuarenta y tres de la novela
25 junio 2024Hace tiempo, como en un cuento lejano, sucedió algo mágico: la gente se puso de acuerdo para hacer el bien.
Por supuesto el capitalismo se apropió de la idea.
-Os apoyamos- dijo ese capitalismo-. Seguid comprando.
Y la gente empezó a pagar por la idea que dijo era suya. Compró su compromiso y aplaudió hasta tener las manos rojas porque el capitalismo solo había tardado varios siglos en hacer lo correcto.
-Bravo- gritaban
-Gracias, comprad- les insistía el capitalismo.
Mientras la tendencia estuvo en alza todo fue muy especial. Todos reforzaban la idea, todos se sentían orgullosos, todos a super muy, mucho, a tope.
Pero la moda pasó como los segundos en el reloj.
– Esta moda, este ahora es nuestro verdadero yo. Seguid comprando.
y mutó como cientos de veces había hecho antes, el capitalismo siempre se adaptaba para que siguiéramos comprando: mentía, fingía.
-Lo que sea necesario; eso haré pero no dejéis de comprar. Por favor, por Dios, por Shiva, por las Tortuga Ninja en el capítulo cuarenta y tres. Comprad.
LaRataGris
Real
4 junio 2019Pálida como la luna llena, caminaba reflejando la luz del cielo, Como si fuese normal ser un cuerpo celeste caído.
Bailaba para nadie y todos la miraban porque bailaba y bailaba. Fue entonces cuando le arrancaron una promesa a dentelladas, por danzar respirando.
La tiraron contra el suelo para que dejase de reflejar las estrellas y, sin apartar la mirada, ningún ojo quiso ayudar a levantarse.
Quedo su cuerpo estelar tirado contra el frío cemento, formando un rio de rojo amargo.
Al amanecer la vida se había consumido, como peces muertos al final de un película que termina.
Sin admitirlo, aquello había sido un mal sueño, pues nadie quiere que sea real
LaRataGris
El falso ídolo
16 febrero 2015– mi gobierno- el discurso, hablase de lo que hablase, era un calco del anterior. Podían cambiar las palabras, los hechos, pero no la intención, las conclusiones del yo bueno el resto caca cacota. Tanto daba si alguien pasaba hambre, enfermaba o, incluso, moría. Ellos tenían claro que eran semidioses- todo ha salido bien.
– De no ser por nosotros…- la culpa era evidentemente ajena, heredada. Cuando algo así no funcionaba se explicaban con un- y tu más, chincha rabiña cara de piña-, eso debía ser suficiente.
– …no podemos permitirlo- unos minutos antes lo quisieron linchar pero ahora toda la asamblea se levantaba para vitorearle. Incluso se escuchó alguna voz jaleando al presidente: » viva, bravo». Marcelo, disfrazado de nuestro presidente, totalmente en su papel les hizo callar con un gesto de las manos.- igual que a vosotros al principio, todos creerán que soy él, todos hablaran de nuestro mensaje.- y un nuevo aplauso acabo con cualquier tentativa de seguir hablando.
– ¿Preparado?- el cámara mostró cinco dedos de su mano derecha y comenzó una silenciosa cuenta atrás. Cuatro, tres, dos, uno y, cuando sólo quedó el puño cerrado en alto, Marcelo empezó el discurso que habían preparado. Habló de corrupción, de recortes, de sanidad,… el hombre del plasma dijo todo lo que un día antes les intentó ocultar.
La gente, que no sabía nada del pinchazo al plasma presidencial, no se imaginaban que el gobernante había sido suplantado y lo escucharon como nunca habían hecho antes, aplaudiendo cada autoinculpación, cada palabra era bien recibida.
Tres días después lo detuvieron por hacerse pasar por quien no era, por difamación y terrorista. Al dar la noticia nadie la creyó pues el falso ídolo era más real que el original
LaRataGris
Nestor Bakyunin
22 diciembre 2014¿Quien es Nestor Bakyunin? No creo que halla alguien que no conozca al campeón multiversal pero ¿quien es realmente Nestor Bakyunin?
El menor de una familia humilde: su padre obrero cualificado en Pujalte S.L., su madre asesora internacional para la división Manhattan, todos sus hermanos conocidos de sobra.
Creció sin su madre, siempre de viaje, y su padre llegaba tarde y cansado, se dormía intentando jugar con ellos. Su hermano, Henry, era el encargado de que nunca le faltase de nada- tienen demasiados títulos para no ser nada- era algo que Henry decía cada vez que el padre empezaba a roncar.
Estudiaban en un colegio publico, cuando los recortes los habían dejado siendo un reflejo de lo que fueron. Buenos profesores no podían compensar demasiada religión, demasiadas leyes irrefutables. Nunca llegó a comulgar con todo aquello y a punto estuvo de tirar por el retrete sus estudios por no enmascarar sus opiniones sobre el cristo de los térmicos. Finalmente, llegado el día, contestó con la milonga que le habían explicado y aprobó no sin cierto recelo de su profesor.
La universidad fue un escollo insalvable. Habían despedido a su padre por que la empresa no ganaba tanto como preveían y su madre nunca había tenido un sueldo de macho alfa. Sin beca, una vez más por los recortes, solo podía ir de oyente en las clases teóricas. Practicaba en casa donde daba rienda suelta a experimentos que jamas le hubiesen permitido oficialmente. Al contrario que sus padres, sin titulo, era alguien que no podía ser contratado. Unicamente podía optar a trabajos físicos donde fueron reduciendo su inteligencia a base de golpes y palizas. Así fue como adquirió su resistencia y su necesidad de titulación. El camino fácil fue la lucha libre donde escaló puestos hasta convertirse en el campeón multiversal que todos adoramos.
De las memorias del mejor luchador multiversal, Nestor Bakyunin.
LaRataGris
Recuerdos de septiembre
14 diciembre 2011Se acababan los últimos días de vacaciones, este año septiembre, y con ellos la felicidad de no tener obligaciones. Me sentaba a respirar y nadie venía a molestarme.
Irene me preparaba una fiesta sorpresa. Se movía ligera, marcando números en su teléfono de forma descuidada, casi al azar. Mantenía un ojo constante en mi despiste y otro en el móvil, portátil, portátil, móvil… Mi cometido era hacer ver que no sabía nada, ignoraba sus idas y venidas, esquivando la mirada para que mi posterior asombro fuese algo más convincente. Al día siguiente era mi cumpleaños pero el futuro nunca llegó. De repente era un octubre de prisas y volver al trabajo.
El treinta y uno de septiembre había desaparecido sin que nadie pareciese darse cuenta. No estaba en ningún calendario, se habían esfumado todas sus horas y nadie las iba a reclamar, yo tampoco. Supuse la borrachera, el olvido y me fui a trabajar con mucho mono por más vacaciones.
Pasaron los correspondientes trescientos sesenta y cinco días sin volver a pensar en lo que no había sucedido. Crujimos las hojas de otoño, bailamos los vientos fríos del invierno, la lluvia de primavera nos floreció y en verano la noche se tejió de aromas a jazmín mientras mi cumpleaños seguía desaparecido. Cinco años y la vejez continuaba eludiendo mis recuerdos. Empecé a creerme loco, había memorizado todas las listas inútiles de la niñez; no podía olvidar el dolor, los reyes godos y los ríos de españa… pero no conseguía retener una pequeña anécdota de un día cualquiera. Decidí obligar a mi mente. Busque por hemerotecas, en grabaciones antiguas,… hablaba con todo el que me quisiese escuchar y… nadie sabía decirme nada del treinta y uno de septiembre. Me lo tenía que haber inventado, seguramente nací el día de antes, el último del mes al fin y al cabo.
Irene me dio la razón en seguida. Llevaba más de un lustro organizando una fiesta que nunca empezaba. Ya ni enviaba las invitaciones, se limitaba a decirme que haríamos algo, me explicaba todo lo que había pensado para conseguir que fuera especial y después se deshacía de las ideas con una mueca invisible.- Esta vez será diferente-. Juntos recuperaríamos las tartas y velas que no habíamos disfrutado.
Guardé cada segundo, los amigos y abrazos. No quería ver como todo desaparecía un año más. Disfrute de cada acorde de la vida hasta bien entrada la noche nos fuimos a dormir sabiendo que por fin lo habíamos celebrado. Amaneció dos de octubre y volví a correr desesperado. Las estaciones de aquel año fueron ráfagas de un instante. Los meses eran anécdotas fugaces y, sin darme cuenta, era otra vez mi aniversario. El tiempo parecía replegarse sobre si mismo para reconstruir mis errores. Adelantaba acontecimientos cuando no los hacía desaparecer como ya paso con mis celebraciones. Mi día no parecía el único perdido. Cada vez más los doce meses se acortaban hasta que las cosas parecían suceder de un día para otro. Como si la humanidad olvidase las fechas no nos extrañaba empezar un mes el día cuatro, saltar al diez y terminarlo en veinticinco. El mundo se había vuelto loco, lo inamovible ya no estaba y lo real era cambio.
Un tres de enero la tele, los periódicos, las radios y el boca a boca no pudieron seguir fingiendo. No hablaban de otra cosa. Se habían regulado las edades a la nueva situación, los acontecimientos importantes se reestructuraban a marchas forzadas y el gobierno nos pidió un pequeño esfuerzo. Eramos jóvenes envejecidos de palabra. Vigorosos ancianos que veían el horizonte de la muerte muy lejano. Cada tres días volvíamos a crecer y así fue fácil que aceptásemos ampliar la edad de jubilación. El sistema no podía sostener una sociedad decrepita como la nuestra, eramos fuertes y podíamos seguir en nuestros puestos un tiempo más. Recalcularon nuestro retiro para cuando todos tuviéramos dos mil quinientos años, apenas una fracción de segundo. En nueve días llegaríamos a ser aptos para dejar de trabajar.
Una vez aprobado, y celebrado por todos, el tiempo volvió a su cauce. Se recuperaron los días perdidos, los meses y se añadieron algunos nuevos que convirtieron los siglos en años. Nos transformaron en carcamales sin fuerza que jamás podrían descansar. Crecíamos de una forma tan paulatina que pocos llegarían a los treinta años antes de morir. Eramos esclavos de los amos del reloj.
LaRataGris.
Escrito por laratagris 






