La mariposa asesina

24 marzo 2014

Raquel no había sido demasiado afortunada, la genética había sido tremendamente estricta. Había elegido para ella las cualidades más visibles de su padre y, por supuesto, no era ni demasiado guapo, tampoco alto y, encima, era un hombre, exactamente igual que ella. La gran diferencia, la suerte de Raquel, era el poder ser un poco más inteligente.
– Antonio- desde que era pequeña le perseguía el nombre, lo acompañaban de costumbres; tenía que jugar con coches, pensar en chicas y, si no, era maricón. – Fuera esa falda.- Papa; el hombre pequeño y feo, sabía como quitarle tantas tonterías. Era tan explicito que el cuerpo tardaba días en recuperarse, se le llenaba de dibujos morados en los que se leía eres un hombre, compórtate como tal. Raquel sabía que eran las palizas lo que no le dejaba crecer. En secreto se juro que jamas sería, ni tan siquiera, uno de los hombres altos, aunque alguna vez le dejasen crecer ella había nacido mujer y mujer moriría, no le importaba si eso le hacía caer bajo los golpes de papa.
Mama era muy diferente. Una mujer esbelta, muy bonita, jamas le pego pero tampoco hacía nada por evitarle las palizas. Se limitaba a esconderse en algún rincón. Raquel siempre sospecho que su llegada le había venido bien para esquivar los guantazos, las patadas, los malos tratos… Esa pasividad es una de las cosas que nunca le perdono. De nada le servia que viniese a besar sus heridas si primero no había sido su escudo. Tampoco no quería ser como ella, tenía que ser alguien real, su propia heroína.
Trazó un plan sencillo. Lo más complicado era volver a fingir que era de nuevo Antonio. Cada noche su corazón de mujer, amordazado cuando era más visible, gritaba por tener que vestirse de carnaval, escupir e ir cada día con una chica nueva, la última siempre un poco más golfa que la anterior y más barata. Papa, parecía decir, soy un machote como querías, ya puedes mirar a otra esquina. Y su padre miraba y veía a su mujer, tan insignificante como el creía, tan imbécil que necesitaba reeducarla como a su niño. Raquel veía como concentraba toda su furia contra ella, se preguntaba si también quería que se transformase en un hombre. Nunca supo por que su padre se comportaba así, ni por que su madre le suplicaba que volviese a ser mujer para que el desviase los golpes, no le importaba, como Antonio tenía la libertad de moverse. Salía de casa sin trabas, podía conseguir todos los ingredientes secretos para su pequeño proyecto; arsénico, veneno para ratas, salfuman, lejía y siete pizcas de sal.
Preparo la sopa más jugosa e indigesta que se le ocurrió, vertió todos los frascos que llevasen alguna calavera y cuando lo vio con un color adecuado no lo probo por si le quedaba sosa. Los platos rebosaron al meter la primera cucharada pero, tras esa, nadie volvió para probarla, Raquel había firmado su libertad.
-Siempre tengo que explicar esta historia- dice Raquel- porque es lo que la gente espera oír. Se imaginan todo esto un poco sórdido. Lleno de traumas. No les resulta fácil de entender que yo soy una mujer desde que nací, que tuve una infancia feliz. Te preguntan deseosos de ver mariposas asesinas y ya me he negado la satisfacción de la verdad. La realidad es lo que ellos quieran creer y mi vida es otra cosa.

LaRataGris


Buenas apariencias

13 marzo 2014

Buenas apariencias


Los hombres santos

27 febrero 2014

Los hombres santos


Un, dos, tres optimismo preelectoral

6 febrero 2014

un, dos, tres optimismo preelectoral


El gigante helado

12 noviembre 2013

– Tengo frio- y no era una forma de hablar gratuita, realmente estaba congelado. El viento más helado había traído las bajas temperaturas y se las había hecho tragar al gigante dormido. Penetró en todos sus órganos vitales y los pintó de un color azulado hasta conseguir que dejasen de funcionar tan rápido como deberían.

Ralentizado, el grotesco humano, era igual que una montaña infranqueable. La gente no parecía percibir su caminar pausado, como si siempre estuviese allí, esperando una erosión cualquiera.

Sus estornudos levantaban ventiscas que hacían temblar a los seres humanos más alejados, los cercanos, los animales, las plantas,… perecían mientras maldecían el frio del gigante. No sabían que de no ser así, si la glaciación no se hubiese escondido en su interior, no quedaría nadie para odiarle, involuntariamente había salvado la tierra.

Los creyentes elaboraron una complicada cosmogonía a su alrededor. Idolatraban sus inacciones, adoraban sus soplidos y veneraban los temblores de tierra que provocaban el caminar que no veían, eran los latidos de la montaña sagrada. Cada diciembre, el páramo helado que lo rodeaba, se llenaba de beatos abrigados que cantaban las alabanzas a un ser que imaginaban. Lo creían en una cueva, en el pico más alto, formando los tiempos del clima.

Siempre había alguno que moría desnudo, intentando hacerse parte de sus dios. El resto los enterraban allí mismo y consagraban sus almas para que todos supiesen que habían sido llamadas por su devoción.

Los científicos sabían que aquello no tenía ni pies ni cabeza. Todas las historias, desde el gigante, del que nadie hablaba, hasta el dios en la cueva, pasando por pequeños trasgos y hadas que no se habían visto… no dejaban de ser supersticiones, cuentos divertidos que podían justificarse en la necesidad de una respuesta a algo que aún no estaban capacitados para explicar.

LaRataGris.


Descripción de un grajo que vuela bajo

26 agosto 2013

Neleco timora, sentido or. El grajo es, por definición, un ser antropomorfo de veinte por sesenta que responde a la voz de «kia, yip sirl pring». Su pelaje, de color violáceo, se eriza cuando atraviesa fantasmas y adquiere, en ese mismo instante, la apariencia de un leviatan de tonalidad verde oliva, de sabor dulzón y empalagoso.

Respetado en toda la comunidad animal por su racional intelecto solo tiene un cazador natural: el oso polar. Su rencilla, por la propiedad intelectual de unas tierras yermas, ya dura minutos e, incluso, segundos medios. No hay ningún otro animal que pueda considerarse su depredador nato.

Hay gente que discrepa de esta descripción, le otorgan a todo grajo, sin excepción alguna, una actividad anodina, muy similar a la de cualquier otro pájaro. Los representan con picos y plumas de colores normales, sin plantearse que lo normal es solo una reiteración, no lo real. No dejan que hablen, que solo vuelen alto o bajo según indiquen los refranes y nada más que implique mirar, entender, analizar. Huelga decir que los contrarios son seres sin imaginación, de piel rasgada y pies planos. Son los recortadores de imposibles, los de frases preparadas y acciones comedidas, los señores del abismo y el miedo.

LaRataGris


Silencio inactivo

20 agosto 2013

La estrategia era sencilla: silencio. Acatar sin rechistar, hacer lo que se me manda, aparentar sumisión pero, por dentro, estar hirviendo, odiar todo lo que me obligan a ser.

Macerare la rabia de ese grito contenido, lo reservare para cuando considere oportuno y no haré nada, absolutamente nada. Seguiré a pies juntillas sus directrices mientras, junto a mi gran odio voy cuidando un pequeño miedo a quedarme sin pan, a que me quiten la casa, a no poder respirar, a no tener lujos, ni aliento…. me asfixia mi diminuto terror que tiene demasiado por crecer, colonizar y dejarme muerto. Tanto me puede esa ridiculez que ya no puedo y callo y acepto mientras por dentro…

LaRataGris


Atrapada en su palacio

10 julio 2013

atrapada en su palacio


La vida exigida

10 junio 2013

la vida exigida


su ciencia infusa

24 abril 2013

su ciencia infusa