Peligros por nada

6 mayo 2009

Conocer un nuevo mundo, o uno viejo, todo da un poco igual cuando tienes hambre. Te embarcas en una empresa imposible, atravesando un mar tempestuoso que hunde la charada a la que llamas barca, alambradas llenas de espino, de guardias, de mil y un contratiempo que te impiden llegar a esa tierra prometida que no deja de ser otro desierto yermo como del que huyes.

¡Si!!! Hay árboles que crecen, que pudren sus frutos, pero tu no puedes recogerlos porque, en el paraiso, no se come fruta.

¡Si!!! Hay animales, dicen ser sagrados para tu religión, ojos del dios que no te cuida.

Personas que estaban en paro cuando llegaste, que siguen parados, que tienen miedo que les robes un sueño inexistente.

Semillas de progreso que no florecen si no las abonas con papeles, papeles que no te dan sin la planta del futuro, ¿Dónde se esconde? Bajo tierra, resulta inútil regar sin fertilizante.

LaRataGris.


La uña

21 abril 2009

Tengo una uña más larga que el resto, apenas dos milímetros, pero se nota, y mucho. Si no, no me explico la razón por la que todo el mundo me lo dice, incluso gente que no conozco de nada, me para por las calles, sorprendidos de que sobresalga un poco más de lo normal. Muchos ha que me piden que me la corte, que las iguale, pero es que a mi no me apetece llevarla como ellos quieren. La miro una y otra vez, me pregunto si tendrán razón tantas personas diciendo lo mismo, supongo que sí (Ja!!!), que debería hacerles caso.

Cojo el cortaúñas varias veces al día, hago ademán de utilizarlo, me arrepiento, vuelvo a intentarlo. Así durante horas hasta que al fin me decido. Lo tiro al cajón del que salió. Aunque no pueden equivocarse, hay algo que no dicen cuando me aconsejan deshacerme de ella, y es que sin mi uña, su vida sería un poco más aburrida.

LaRataGris.


Cuento corto. El escritor. El rey que no fue príncipe azul y la bruja que era el mismo

15 abril 2009

Cuento Corto.

Principe y princesa, una bruja muere y el amor triunfa.
fin.

El Escritor.

Nació un sentimiento de belleza en el corazón de un escritor mediocre. Una chispa que creció hasta absorver a su dueño y le dejo tan ciego de tan intensa que era.
Se sentó, intentando calmar las hermosas palabras que se habían grabado en sus entrañas, ordenando cada sílaba para que la historia fluyera por su cuerpo, hasta una hoja en blanco que se burlaba frente a él. Pero su mente no canalizaba el torrente que desbordaba su interior.
Una punzada de dolor, una opresión, tensó sus músculos, retorció sus huesos hasta dejarlo exhausto, llorando en un rincón de la habitación.
Así lo encontró su mujer, con el sollozo de un llanto desperdigándose entre las paredes, temblando impotente.
Arrodillada, rodeando aquel despojo consumido por lacerantes estertores, intentó entender los labios mudos de su marido, buscando los sonidos que deberían producir al moverse de aquella manera en su cara desfigurada por el daño.
Desesperada rozó su boca con la de el, sintiéndose inútil por no poder entenderle y notó que eran sus labios los que, ahora, seguian a los de su amado, dejando escapar las palabras que él no podía formar.
– Una fábula se ha enredado entre mis venas, me desgarra para poder huir ¡pero no lo consigué! Necesio la llave que lo libere. Por favor ayudame- se apagó el susurro.
Decidida sujetó con ambas manos el cuchillo de mango rojo, tiñó la hoja de carmesí y lo giró ciento ochenta grados en la cerradura de su pecho, abriendo de par en par la puerta. Un hilillo de sangre manó de la herida, transformándose en un río inteligente que se detuvo en el folio, formando en escarlata un «Cuento Corto» que acababa con las palabras.

«a Teresa, mi musa e inspiración,

que libera lo mejor de mi.»

El Rey Que No Fue Príncipe Azul

Y

La Bruja Que Era El Mismo.

Érase una vez, en un reino lejano, que los cuentos eran todos diferenes. Los habían que acababan bien; aunque sorprenda, algunos mal y otros, que al terminarlos, no sabías si llorar o reír.
Se mezclaba la diversión con la crueldad y las dulces ancianas eran salvadas del estómago de fieros animales abriendo en canal sus cuerpos dormidos. También se rescataban a los pobres cabritillos y los pequeños sastres se envalentonaban con historias de asesinos en masa de molestas moscas que revoloteaban en habitaciones cerradas. Los gatos hablaban y se calzaban botas de siete leguas o formaban grupos de heavy metal con perros, gallos y burros.
Cualquier cosa que entretuviese al pueblo, que le hiciese olvidar los impuestos que el déspota monarca imponía a aquel lugar.
– Majestad- entró haciendo una reverencia el recaudador.- Vuestros súbditos os odian. Han escuchado de un tal Robin Hood y piensan que vos sóis el cruel enemigo de sus hazañas.
El rey, enfurecido, llamo al bufón de la corte, culpánolo de su pésima popularidad por difundir historias que entretenían a la plebe pero,- no son suficientemente buenas pues no me quieren más después de escucharlas.
– Oh! Perdonadme su graciosísima señoria,- tintineó al son de sus cascabeles al realizar una pirueta- sólo soy un humilde malabarista que- extendió los brazos y ensombreció el rostro en una mueca expectante- aún así he hallado la solción…
– Habla sin más rodeos- retumbó por la sala del trono la impaciecia del viejo gobernante- Y que por tu bien sea interesante lo que tienes que contar o no necesitarás de esa cabeza chiflada que sostiene tu cuello.
Con una mano en el gaznate y la otra sosteniendo un papel, el saltimbanqui leyó en voz alta y temblorosa un relato que llamó «Cuento Corto».
– Magnifica escenificación. Sublime parloteo. Un príncipe bondadoso, una reina hermosa y todos amigos del pueblo. Que sea, por decreto los cuentos serán amables, con reyes que engañen a la plebe con un maniqueísmo creíble.
Se quemaron las obras, sólo la tradición oral las mantuvo en la memoria de algunos niños.
– Te leeré «La cenicienta»- decían las madre y los padres- «Blancanieves», «La Bella Durmiente»- calando tan hondo en el corazón infantil que se reescribieron con otros nombres, cada vez más dulces e inocuos, con familias reales más bonachonas y queridas. Infinitos fueron felices y suculentas perdices, alegres finales.

LaRataGris.


La paz y la guerra inminente

8 abril 2009

Si quieres, puedes olvidarte de los muertos de la guerra,

pero eso no hará que sea buena.

La Paz.

Se reunieron aquellas potencias demócratamilitares con el suficiente poder para destruir el planeta. Se dieron la mano al entrar mientras alguien fotografiaba.

Una vez en el interior la más debilucha tomó la palabra-¡Esto no puede continuar!-dijo- hemos fabricado suficientes armas como para, al menos acabar treinta veces con el mundo ¡Es necesario tomar una decisión!

¡Por suepuesto!- Chilló otra de mediano poder- Si bien es cierto que nosotros podríamos superar con creces esa ridícula treintena, no tendría sentido hacerlo. Así pues, creemos que la situación se ha vuelto insostenible y, quizás, solo quizás, habría que pensar en el desarme mundial.

¡Es posible!- Casi afirmaron casi todas excepto las dos de mayor potencia armamentística.

Esta pareja, escondida en sombras, cada una en la punta opuesta de la mesa decidieron comenzar su intervención al unísono, con igual tono megalómano, sin variar, ninguna, ni un ápice del mensaje de su contraria.

-¿Habéis pensado como nos desharíamos de nuestros ingenios?- El resto se miraron perplejos, levantando un murmullo que se preguntaba como lo harían- ¿¡Desmontarlas!? ¡No!, sería difícil y caro- Y los coros de balbuceos seguían por detrás: Sí, difícil y caro; mientras continuaban su discurso- ¿Lanzarlas a una fosa profunda para que estallen? ¡Tampoco! Nadie querría ser el primero y el explosionarlas a la vez lo mandaría todo al garete- Claro, al garete; se oyó- ¿Entonces? ¿Por qué no seguir igual?- ¡ MMM! Saborearon los demás- Esa es mi- Por que decían lo mismo pero se creían originales- propuesta; existe la paz y se nos respeta, no hay fórmula mejor.

Y tras la votación a favor se acabó la discusión y la cumbre. Se siguió evolucionando en materia de defensa para que fueran felices y comieran perdices, los de siempre.


La Guerra Inminente.

Nunca las usaremos- Dijo el imponente general- Si lo hiciésemos el desastre sería horrible. Puede imaginarse la destrucción… El miedo… las vidas… no, nunca las utilizaremos y sin embargo las conservaremos, haremos cientos, miles para que nuestros enemigos sepan que estamos preparados.

LaRataGris.


Crios gritando bla blaes

1 abril 2009

¿Qué es ese ruido?- se preguntó el señor Sánchez. Miró a su alrededor sin ver nada, se levantó y caminó un poco en la dirección que creyó correcta, desde donde pensaba que provenía el alboroto.

Conforme se acercaba no se sabe dónde, el jaleo se iba haciendo más intenso. Era como un discurso jaleado y vitoreado. Se escuchaba “Bla bla bla hijos de puta, bla bla bla cabrones malnacidos”. Se escuchaba pero no se oía lo que decían.

Y más fuerte gritaban, sin que nada se entendiese a parte de los insultos. Al verlos lo comprendió todo. De sus labios salían las lindezas más brutales, se reían unos de otros borrachos de agresividad, apoyándose en la manada para sentirse más fuertes. Eran revolucionarios como él. Sin miedo a decir la verdad.

-Hola- se giraron hacia el saludo con el ceño fruncido y una mueca de disgusto esculpida en el rostro.

– ¿Blá blaaabla, hijo puta?

– Blás bla puto cabrón.

– Nada, dejadlo- el señor Sánchez se alejó rápidamente, no quería enfrentarse a sus compañeros, todos luchaban por lo mismo y entonces,… ¿por qué se habían mofado de él?

Sin entender, y un poco más vacío, se sentó a descansar, ya lejos. Poco a poco fue atando cabos y pudo entender lo que había pasado.- No son como yo, ellos sólo quieren destruir, no quieren construir nada. Y mientras se comporten como crios gritando no habrá revolución.- Tanto daban sus ideas. Si eran un grupo u otro. Lo único que se podía hacer era huir de tus iguales para pensar en paz. Por desgracia, en cada esquina había niños jugando a ser mayores.

Los niños revolucionarios, enfrentados a los niños policías, los políticos que son niños que nunca dicen la verdad y las mierdas pinchadas en un palo que somos todos.

Ya no queda revolución, sólo agitadores.

LaRataGris.


Susana

25 marzo 2009

Las cosas

pueden obtenerse de mil formas,

pero no todas te hacen feliz.

LaRataGris

Susana se sentó al lado de la montaña más alta del mundo y esperó. Esperó a que el sol se fuera, que las nubes se marchasen y la luna la saludase. Después de que todo esto sucediese se levantó y comenzó a andar hacía el Norte, alejándose del terreno que había pisado.

Más tarde, tras unos días de camino, llegó a un lago. Era un lago precioso, con reflejos de plata por toda su superficie y una barca en la orilla. Decidió que le gustaría ver amanecer en él. Se montó en la barca, remó hasta el centro y mientras se trenzaba el pelo contempló cómo el primer rayo de la mañana lo iluminaba todo.

Pasó un día durmiendo.

La corriente la arrastró al lado este, desembarcó, miró alrededor pero no le gustó nada de lo que vio. Cogió de nuevo la pequeña barcaza que le había obligado a llegar allí y la dirigió al oeste, hasta pisar tierra firme. Esta vez le pareció todo mejor y se quedó a vivir.

Con el tiempo su vida fue un poco más prosaica para el resto de personas: levantarse, desayunar, cultivar, comer, leer, dormir y en algún momento morir, no era suficiente para ellos, anhelaban verla hacer cosas que soñaban y, por tanto, la olvidaron.

Fue de esta forma como nadie supo que murió feliz. Murió feliz de haber conseguido una noche, una mañana y una vida. Lo que, a veces, todos quieren, lo que Susana logró de forma casual, como eligió, sin seguir el camino de baldosas amarillas.

LaRataGris.


La Bolonia con sangre entra

21 marzo 2009

La Bolonia con sangre entra

Hay verdades enganchadas a la vida con pegamento instantáneo. Se han conservado a lo largo de tanto tiempo que ya nadie se plantea si aún siguen siendo ciertas o ya ha cambiado el viento. Por eso las aplican sin más. Es un instinto, sólo que enseñado desde nuestra más tierna infancia.

-Mamá, ¿puedo…?- y no hay final de frase. Sólo se escucha un “No”, seco y rotundo. Si alguna vez se te ocurre replicar- Pero, Mamá, si aún no sabes qué te iba a ped….- Y en esta ocasión la negación está acompañada de lo que se ha de suponer es una explicación “Que te he dicho que no, a ver cómo te tengo que decir las cosas para que te enteres”

Prolongas la situación en el tiempo, vas generando peticiones que no son escuchadas. Acumulas negativas y llega un punto en el que sabes que el mundo es algo loco que no atiende a razones, sólo comprende las verdades enganchadas a la vida con pegamento instantáneo. Como esta realidad que nos quieres vender, te voy a explicar por qué no nos gusta:

No queremos el Plan Bolonia porque es una forma de privatizar la universidad pública.

Tampoco aceptamos una “beca” que, en realidad, es un crédito con el que hipotecan nuestro futuro.

Queremos….-Pero una porra seca y rotunda acalló el discurso, sin querer escuchar.

LaRataGris.


El último grano de arena del desierto

18 marzo 2009

Un día el último grano de arena del desierto, aprovechando una fuerte ráfaga de viento, se marchó. Claro que por aquel entonces ni era el último ni fue importante su viaje. Hoy las dos cosas son de vital significación. La primera por convertirle en especie protegida y la segunda por que el irse lo salvo de la aniquilación.

Cuando se construyó la ciudad, toda su familia fue enterrada bajo una gruesa capa de alquitrán. Ninguno sobrevivió, la erosión ya jamas desgastaría las infinitas dunas.

En este momento, después de saltar de un sitio a otro, el minúsculo granito llega aquí donde tuvo su hogar, y aunque no deja de ser el mismo rincón por el que ha ido todos estos años, pues la única diferencia esta en el nombre, él intuye algo más. En todos los sitios que visitó a lo largo de su corta existencia, en todas las casas que entró, lo único que obtuvo fue un escobazo lanzándolo fuera. Pero aquí, casi temen pisarlo, van con cuidado extremo, nadie quiere hacer sufrir al cansado viajero, incluso están los que le han buscado un sitio donde dormir, una caja pequeñita, de cristal, donde la gente puede ir a verlo. Se echan sobre el vidrio empañándolo, admirando el raro espécimen y cuando por fin se cansan llegan otros a relevarlos en las en las visitas.

El grano no se siente a gusto, por que aunque su nueva casa parece el desierto, no lo es. Pero que puede hacer si le es imposible aprovechar las corrientes de viento para ir a buscar el verdadero, las cuatro paredes, que le han dicho que son para protegerlo, lo impiden.

Años más tarde, una máquina de escribir que han puesto al lado del grano, a veces conversa con el y de lo más interesante que tecleo fue: Típico de los humanos. Primero se lo cargan para luego intentar salvarlo. Les sucedió con los animales y ahora que no quedan nos destruirán a nosotros.

LaRataGris.


Los ojos que vieron el futuro

12 marzo 2009

Los ojos de Alicia, que miraban embobados la pantalla de un televisor rectangular, comenzarón a llorar con el anuncio de una O.N.G. que preconizaba el futuro.

– Hambre si no ayudas.- Decían en un tono melodramático- Deforestación si no colaboras…- Y ella decidió que nadie lo haría, que no salvarían la imagen del niño desnutrido que se ahogaba entre las moscas del tercer mundo.

Se arrancó los ojos al no poder parar el llanto, los escondió en una cajita de terciopelo rojo que enterró en el tiesto vació de un helecho muerto.

Las orejas de Alicia, que escuchaban ensimismadas el dolby surround del mismo televisor de antes, comenzaron a pitar dolorosamente ante otro espacio publicitario que pedía- No apartéis la vista hacía otro lado, ayudadnos.- Y creyó lógico que nadie pararía el berrido lastimoso del fondo.

Y, junto a sus ojos, depositó las orejas y la nariz que podía llegar a oler la mierda, las manos que palparon el esqueleto del hambre, el corazón que duele y las vísceras que se enervan con las injusticias … Se quedó en algo menos que poca cosa, un amasijo indefinido que ni tan si quiera podía imaginar un futuro mejor.

LaRataGris.


Siempre más

5 marzo 2009

Vivían en la ciudad de plata siempre preocupados por no ser oro.

Vivían en la ciudad de bronce como podían o, más bien, sobrevivían.

Una al lado de la otra, separadas por un río de platino fundido; ensuciado con cuarzo, mármol y pirita.

Se miraban. pensaba la más pobre: ¿Quién fuera mi vecina, engalanada, siempre en fiestas?. Mientras, con voz sibilina, se oía entre las torres de tan noble metal: ¿Qué es lo que podría obtener de esa cochambroso lugar que alimente mis arcas?

Y cada día pensaba y cada día se oía hasta que, de noche, dos mensajeros, rompieron los reflejos y se encontraron con sus barcas a mitad de camino, entre ambas ciudades.

– Queremos ser plateados.
– Nosotros más poderosos- Y así quedo sellado un pacto. Los Bronceados, mano de obra más barata, construían un enorme puente que uniera las ventajas que tanto ansiaban, las que acabaron convirtiéndose en una plata cada vez más rica y un bronce como siempre había sido, pobre y desvalido.

LaRataGris.