
Como cada año pasa. La gente se siente eufórica, felicita la novedad, exorciza los malos momentos. Como si fuese tan fácil, cae un segundo y todo cambia.
Feliz año nuevo, aunque yo me mantendré en la neutralidad de continuar.
LaRataGris.

Como cada año pasa. La gente se siente eufórica, felicita la novedad, exorciza los malos momentos. Como si fuese tan fácil, cae un segundo y todo cambia.
Feliz año nuevo, aunque yo me mantendré en la neutralidad de continuar.
LaRataGris.
Dejó caer una única gota en el plato que cada uno teníamos. Inmediatamente su contenido se volvió de un radioactivo intenso mientras Pellicer volvía a su sitio, presidiendo la mesa. Allí dejó caer una última gota sobre su propio plato.
– Las cosas dejan de tener sentido cuando suceden – nos dijo -. De críos pensábamos que el mundo cambiaría, que nosotras lo cambiaríamos. Pero su transformación sólo sirvió para dar paso a una nueva generación y… hubiese cambiado aunque no hubiésemos hecho nada.
. » Ya nada nos pertenece más allá de hacerlo habitable para ellos. “
– Mientras sucedía todo era nuevo e impactante – se lamentó josh-. Que pena que todo quedase en nada.
Marina levantó la copa de los olvidos- Por el pasado que habitamos- Los cinco brindaron por haber vivido, por estar allí con los viejos amigos.
– Este momento es importante- sentenció Maribel-. Estamos los cinco; pasará pero ya no estaremos para vivir del recuerdo. Salud.
Ro tomó la primera cucharada y sonrió, en una hora nada volvería.
LaRataGris
Perdóname por no recordar la fecha exacta, no soy uno de esos que tienen cada detalle archivado en su cerebro.
Si fuera así te diría que ese día llevabas un pantalón ligeramente acampanado y una blusa blanca con chorreras negras a la altura del pecho. Sabría si llegaste corriendo o si respiraste mil doscientas veces antes de perder el conocimiento.
Pero no soy una de esas personas de memoria fotográfica o que, en cuanto llega a casa, apunta en un diario, que jamás volverá a leer, que ha tenido una pelea y ha escapado por los pelos.
Supongo que en esta ocasión hubiera estado bien tener un registro pormenorizado de lo que me querían robar: Chaqueta tejana con un parche de eskorbuto en la espalda, zapatillas anchas, blancas con una franja azul en el lateral, las niu olimpus, tres monedas de escaso valor y un billete de no mucho más.
Por desgracia no existe tal registro; tendrás que conformate con mi memoria que es escasa y tendente a la fantasía.
Empezó hace diez años, once incluso, puede que solo cinco. Aquella mañana todo parecía normal hasta que hable con Ricardo.
Como si nunca hubiese aprendido a hablar balbuceó cuatro gruñidos que, en teoría, yo debía descifrar. Tras media hora de: repítemelo, no te entiendo, ¿Cómo? conseguí no enfadarme mucho, estaba molesto por una broma que ya duraba demasiado.
No fue el único. Desde ese instante vi que cualquiera con el que me cruzaba balbuceaba, como si se hubiesen puesto de acuerdo para volverme loco.
Durante trece días me hicieron pensar que era mi cerebro el que se había desconfigurado. El doctor no me entendía, yo estaba fuera de ese mundo cambiante. La realidad se había transformado para dejarme perdido en el pasado, sin registros fiables de porque me había peleado, de que es lo que me habían intentado robar o porque la gente se comporta de esta manera. Qué más da la ropa que llevases o si el pelo parecía cantar con el viento ¿ha cambiado el mundo? ¿son los leñadores? ¿o es que han pasado diez años de soledad?
LaRataGris
Miró a su alrededor, las cosas estaban en su sitio: el cielo, la tierra, las catacumbas sombrías del suicidio. Habló con sus amigos, abrazo el amor de su vida y distraído cantó de la misma forma en que respiraba.
– Que maravilla el mundo – se dijo sin convicción. Sabía que en realidad todo era mentira, una fantasía que no aguantaba la distancia. Y él, claro, había tenido que alejarse, adentrarse en la oscuridad, donde no existe alegría. No viajó kilómetros.
A veces en el barrio de al lado, en su propia calle, solo tenia que mirar apartando ligeramente sus ojos de la seguridad conocida. Miró a su alrededor, diez metros más allá las cosas estaban bien jodidas, desubicadas, desequilibradas.
-Que maravilla de mundo- se dijo ahora más convencido. Había apartado la niebla de la fantasía, ya no se engañaba, podía intentar cambiar.
LaRataGris
Pide perdón. Muéstrate arrepentido, no hace falta que te arrepientas.
Es que tú eres así, tampoco fue para tanto, un pequeño incendio. Lo que pasa es que a la gente le gusta incendiarlo todo y ¿a quien no? Siempre con sus opiniones de bomberos profesionales.
-Lo siento
Baja la mirada, promete que jamas, aunque el frio te congele, nunca volverás a incendiar nada. Sonríe que parezca que eres bueno, un error.
Y, la próxima vez con más cuidado, que no te pillen.
Hay quien cree que dos disculpas ya son más de lo que pueden creer y, la siguiente, sería la tercera. Aprende a disimular cuando lo arrases todo.
LaRataGris
-Cuando yo era pequeño todo esto era campo- dijo el anciano señalando el infinito de la ciudad.
La frase se perdía con él, el último en ver la naturaleza salvaje. Ahora todo estaba ordenado y los recuerdos necesitaban el préstamo de los que vivieron en los viejos tiempos.
-Cuando era pequeño- se adaptarían las palabras al futuro-, siendo yo pequeño había un señor que decía: hasta donde alcanza la vista, todo era campo.
…
-Cuando yo nací,- si en algún momento todo cae, diré- hasta donde alcanzaba la vista se extendía una bulliciosa ciudad llena de vida gris.
Los escombros describirán en braille la opulencia de otros lujos, regresaran las plantas para reclamar su espacio, nos apagaremos poco a poco.
-Cuando yo paseaba sobre la piel de la tierra nadie recordaba. Importaban los macro intereses económicos. Un muerto de hambre o millones de ellos, insignificantes moscas ante la vida de un hombre rico.
-Cuando yo nací ya existían las frases hechas, hasta donde alcanzaba la vista el mundo había cambiado sin que nadie hiciese nada más que constatarlo.
LaRataGris
La cosecha de ojos no había sido demasiado buena aquella primavera. Habían florecido demasiado temprano y las cuencas oculares quedaron expuestas a una climatología inadecuada. Seguramente se marchitarían antes de salir del almacén.
Joan ajusto la temperatura para compensar la externa y así adaptarla a los brotes tardíos, con suerte podría salvar la temporada con aquellos rezagados.
Una llamada del Sant Mary’s parpadeaba constante en el videófono. Ya les había retrasado tres veces el pedido con la consecuente cancelación de operaciones que provocaba, dinero.
Mucha gente bonita no podría lucir el color de moda aquel verano, se tendrían que conformar con una actualización ya pasada de moda, con conseguir una nariz adecuada o intentar agenciarse unos ojos del mercado negro, esperando que no se les cayera el color a mitad de temporada…
El universo quería colapsarse y no sabía cómo.
LaRataGris
Ismael vivía en una habitación pequeña, llena de cómics, películas y libros. con todos sus tesoros construía castillos en los que esconderse.
En su mundo siempre sonaba algo de música, se podía tumbar mirando el cielo del techo, rodeado por sus amigos imaginarios.
Mas allá de la puerta, el resto de piso, era un lugar frio en el que convivir. Zonas comunes en las que tenías que desordenarlo todo de un forma exacta, para que nadie tropezase con nada.
El día en que cumplió cuarenta años, como si la vida se transformase, llegaron un montón de desconocidos a despedirse, cada uno con un regalo absurdo, algo que ya no cabía en su madriguera.
Tendría que desprenderse de algunos de sus tesoros para hacerle un sitio a un pisapapeles horrible, tarjetas y camisetas en las que se leía “demasiado viejo para la vida.”
Buscó algún rincón en desuso, quiso colonizar espacios comunes y al final tomo la decisión más acertada. Se deshizo de todo lo que le habían regalado, agradeciendo que fueran cosas tan inútiles que no le supusiera ningún problema el no quererlas.
-Ojala siempre me regaléis estas mierdas- les dijo antes de que la última persona, que llevaba veinte años sin ver, saliera para siempre de su vida.
LaRataGris