Susana

25 marzo 2009

Las cosas

pueden obtenerse de mil formas,

pero no todas te hacen feliz.

LaRataGris

Susana se sentó al lado de la montaña más alta del mundo y esperó. Esperó a que el sol se fuera, que las nubes se marchasen y la luna la saludase. Después de que todo esto sucediese se levantó y comenzó a andar hacía el Norte, alejándose del terreno que había pisado.

Más tarde, tras unos días de camino, llegó a un lago. Era un lago precioso, con reflejos de plata por toda su superficie y una barca en la orilla. Decidió que le gustaría ver amanecer en él. Se montó en la barca, remó hasta el centro y mientras se trenzaba el pelo contempló cómo el primer rayo de la mañana lo iluminaba todo.

Pasó un día durmiendo.

La corriente la arrastró al lado este, desembarcó, miró alrededor pero no le gustó nada de lo que vio. Cogió de nuevo la pequeña barcaza que le había obligado a llegar allí y la dirigió al oeste, hasta pisar tierra firme. Esta vez le pareció todo mejor y se quedó a vivir.

Con el tiempo su vida fue un poco más prosaica para el resto de personas: levantarse, desayunar, cultivar, comer, leer, dormir y en algún momento morir, no era suficiente para ellos, anhelaban verla hacer cosas que soñaban y, por tanto, la olvidaron.

Fue de esta forma como nadie supo que murió feliz. Murió feliz de haber conseguido una noche, una mañana y una vida. Lo que, a veces, todos quieren, lo que Susana logró de forma casual, como eligió, sin seguir el camino de baldosas amarillas.

LaRataGris.


El último grano de arena del desierto

18 marzo 2009

Un día el último grano de arena del desierto, aprovechando una fuerte ráfaga de viento, se marchó. Claro que por aquel entonces ni era el último ni fue importante su viaje. Hoy las dos cosas son de vital significación. La primera por convertirle en especie protegida y la segunda por que el irse lo salvo de la aniquilación.

Cuando se construyó la ciudad, toda su familia fue enterrada bajo una gruesa capa de alquitrán. Ninguno sobrevivió, la erosión ya jamas desgastaría las infinitas dunas.

En este momento, después de saltar de un sitio a otro, el minúsculo granito llega aquí donde tuvo su hogar, y aunque no deja de ser el mismo rincón por el que ha ido todos estos años, pues la única diferencia esta en el nombre, él intuye algo más. En todos los sitios que visitó a lo largo de su corta existencia, en todas las casas que entró, lo único que obtuvo fue un escobazo lanzándolo fuera. Pero aquí, casi temen pisarlo, van con cuidado extremo, nadie quiere hacer sufrir al cansado viajero, incluso están los que le han buscado un sitio donde dormir, una caja pequeñita, de cristal, donde la gente puede ir a verlo. Se echan sobre el vidrio empañándolo, admirando el raro espécimen y cuando por fin se cansan llegan otros a relevarlos en las en las visitas.

El grano no se siente a gusto, por que aunque su nueva casa parece el desierto, no lo es. Pero que puede hacer si le es imposible aprovechar las corrientes de viento para ir a buscar el verdadero, las cuatro paredes, que le han dicho que son para protegerlo, lo impiden.

Años más tarde, una máquina de escribir que han puesto al lado del grano, a veces conversa con el y de lo más interesante que tecleo fue: Típico de los humanos. Primero se lo cargan para luego intentar salvarlo. Les sucedió con los animales y ahora que no quedan nos destruirán a nosotros.

LaRataGris.


Los ojos que vieron el futuro

12 marzo 2009

Los ojos de Alicia, que miraban embobados la pantalla de un televisor rectangular, comenzarón a llorar con el anuncio de una O.N.G. que preconizaba el futuro.

– Hambre si no ayudas.- Decían en un tono melodramático- Deforestación si no colaboras…- Y ella decidió que nadie lo haría, que no salvarían la imagen del niño desnutrido que se ahogaba entre las moscas del tercer mundo.

Se arrancó los ojos al no poder parar el llanto, los escondió en una cajita de terciopelo rojo que enterró en el tiesto vació de un helecho muerto.

Las orejas de Alicia, que escuchaban ensimismadas el dolby surround del mismo televisor de antes, comenzaron a pitar dolorosamente ante otro espacio publicitario que pedía- No apartéis la vista hacía otro lado, ayudadnos.- Y creyó lógico que nadie pararía el berrido lastimoso del fondo.

Y, junto a sus ojos, depositó las orejas y la nariz que podía llegar a oler la mierda, las manos que palparon el esqueleto del hambre, el corazón que duele y las vísceras que se enervan con las injusticias … Se quedó en algo menos que poca cosa, un amasijo indefinido que ni tan si quiera podía imaginar un futuro mejor.

LaRataGris.


Siempre más

5 marzo 2009

Vivían en la ciudad de plata siempre preocupados por no ser oro.

Vivían en la ciudad de bronce como podían o, más bien, sobrevivían.

Una al lado de la otra, separadas por un río de platino fundido; ensuciado con cuarzo, mármol y pirita.

Se miraban. pensaba la más pobre: ¿Quién fuera mi vecina, engalanada, siempre en fiestas?. Mientras, con voz sibilina, se oía entre las torres de tan noble metal: ¿Qué es lo que podría obtener de esa cochambroso lugar que alimente mis arcas?

Y cada día pensaba y cada día se oía hasta que, de noche, dos mensajeros, rompieron los reflejos y se encontraron con sus barcas a mitad de camino, entre ambas ciudades.

– Queremos ser plateados.
– Nosotros más poderosos- Y así quedo sellado un pacto. Los Bronceados, mano de obra más barata, construían un enorme puente que uniera las ventajas que tanto ansiaban, las que acabaron convirtiéndose en una plata cada vez más rica y un bronce como siempre había sido, pobre y desvalido.

LaRataGris.


Televisa audiencia para que no te entienda

26 febrero 2009

«Cuando la gente no te hace caso hay que cambiar de estrategia»- les dijo el señor Henkkujpers, y dicho y hecho:

Se presento el nuevo concurso informativo, el Telediario. Había siete u ocho noticias sobre las que el espectador opinaba en un nueve cero seis y, según los votos así serían las noticias del día siguiente. Podías ganar hasta un millón de pesetas, que al fin y al cabo lo pagabas en teléfono, de propina un piropiyo televisivo, que nunca va mal, por lo del ego («pues si chico, mi voz salió por la televisión y el presentador me dijo que tenía un cuerpo precioso»)

Con el tiempo la fórmula se fue consolidando y lo que nació como un programa piloto se transformo en un bonito show donde la única noticia que tenia cabida era: » Un pato ha cruzado la carretera», ya que siempre era la más aplaudida.

Al principio siempre cruzaba el mismo, pero después de muchos programas la gente se iba cansando de ver todos los días al mismo animal de plumas marrones llegando a la otra cera. Así que se fue de granja en granja, buscando aves que se situaban antge la carretera por si querían cruzar, y sino se les empujaba.

Todo el mundo se entristecía cuando el pato, tras siete horas de programa no llegaba al otro lado y había charquitos de sangre.

Por supuesto hubo uno de estos palmípedos que cayo en gracia. El día que cruzo casi nadie dejo de llamar para preguntar quien era ese ánade tan apuesto, (aunque en realidad lo llamaron pato). Así fue como nació el primer presentador pato.

Se llamaba, o más bien lo bautizaron, Alfredo Pato III, y se dedicaba a decirle «Cuac cuac» a todo aquel que telefonease para contarle sus problemas.

Como por ejemplo un día que uno le dijo- «Mi mujer me engaña»

«Cuac»- respondió.

Y-«Vale»- el hombre feliz y contento.

Epílogo: Así fue durante muchos programas en los que solo cambiaban la pregunta pero no la respuesta, al menos hasta que se lo comieron para que parte de el estuviera en todos. Y de esta manera, se creo al primer dios Pato, pero quizás sea esta otra historia a contar en otro momento y otro mundo.

LaRataGris.


Te escuchan

18 febrero 2009

Te preguntan qué quieres, lo que esperas de ellos (siempre son hombres), y qué esperas conseguir al trabajar con (para) ellos. Tú dices la verdad; mientes, sabes que estás mintiendo, pero dices la verdad, el perfil que buscan, la forma de poder comer.

Tu engaño va creciendo día a día, el cansancio se va haciendo un hueco en tu cuerpo, pero sigues con la amplia sonrisa que esta a punto de fagocitarte. Serás una boca que camina, que sólo habla para decir lo bien que te tratan, que no podrías estar mejor que con ellos, hombres, siempre son hombres que te escrutan con la mirada. Te ponen a prueba a cada segundo, no se te puede escapar una sola palabra más alta que la anterior, un soy feliz monocorde, nada de tristezas ni quejas que puedan salvarte.

Intereses comunes, aficionados a lo mismo porque si eres diferente no interesas y, entonces, dices la verdad a todos los que te escuchan.

LaRataGris.


El engranaje

13 febrero 2009

El catorce de septiembre del tres mil veinticuatro un coche se paró en medio de Vía Laietana. En un principio los que iban por delante ni se enteraron, seguían pisando el acelerador aunqeu no se movían del sitio. Detrás, un conductor tuvo que girar el volante para no comerse el parachoques de aquel Ford Juerga que intentaba arrancar sin éxito, el automóvil no le hizo caso.

Un policía que lo había visto todo, de lejos, se ordenaba correr para ir a ver si todo estaba bien, pero sus piernas prefirieron arraigarse en el suelo; solo podía mirar alrededor, a todo una ciudad que se había detenido bruscamente, a la par que aquel vehículo.

Las nubes desde el cielo, el Sol que no se decidía a seguir su curso persiguiendo a la Luna, las horas estáticas en un reloj, … Todo esperando que alquien le diese, de nuevo, cuerda a esta enorme atracción de feria. Pero nadie llegaba, y la gente se impacientaba, pensaban que los despedirían en el trabajo por llegar tarde, que morirían de hambre sin poder ir por comida. Murmullos que se elevaban, pitidos que luchaban por ser los más insoportables, gritos y entre ellos, uno que se impuso por su lógica- ¡Que alguien con móvil llame a reparaciones!- pero no tenían cobertura, se había esfumado con el movimiento – ¿Sirve una cabina!?- claro que sirvió.

Desde que el hombre que se había quedado enganchado en la cabina llamó, hasta que llegaron, sólo pasaron tres días. Con la habitual rapidez y eficiencia llegó un operario vestido con su mono marrón, llevando un maletín imitación de piel.

La gente, que había permanecido setenta y dos horas en el mismo sitio empezó a meterle prisa, sin conseguir nada a cambio. El hombre hizo caso omiso, incluso parecía ir más lento.

Se acercó al auto que inició el embrollo, abrió el capó y le echó una ojeadaa la motor, lo cerró. Miró dentro, debajo y finalmente quitó una piedra de la rueda trasera, la tiró a la papelera y todo regresó a la normalidad.

Cada instante, cada elemento volvió a girar en la dirección de siempre y, nadie, hablo nunca más de aquel incidente.

LaRataGris.


En el umbral de la eternidad

4 febrero 2009

El señor Jorge de Salazar y Vete al Cuerno, que ahora tiene setenta y siete años,, lleva cincuenta y uno buscando el elixir de la eterna juventud.

Comenzó cuando a los veintiséis se dio cuenta que se empezaba a quedar calvo. Después de algo más de dos décadas de desorden y descontrol se gradua, con bastantes méritos y en un tiempo récord, en bioquímica, medicina y genética. Tras esto nadie vuelve a saber de él.

Se encierra en un laboratorio del que sólo sale para comprar cobayas y otro material.

Su dedicación al trabajo es asombrosa, casí no para a comer y mucho menos a dormir. Fallo tras fallo viendo cómo mueren sus conejillos de indias, va minvando su esperanza de ser joven, aún así sigue.

Hoy cincuenta y un años después del inicio de su gran epopea, cuando ya parecía haber perdido toda su fortuna familiar en una quimera imposible, hoy, por fín, una rata ha sobrevivido a todo el material inyectado.

Feliz, apunta la fórmula en una libreta, con todos los detalles de preparación, a fin de que no se le olvide.

Asegurada la fórmula prepara una gran cantidad destinada a su uso Casí tres garrafones de diez litros, el último no lleno del todo. La jeringuilla y todo esta dispuesto.

Cuando va a inyectarse el producto de años de encierro duda.

-» Y si no funciona con humanos. Podría haber creado mi muerte prematura.» Indeciso y temeroso pasa el resto de sus días sin comer, beber o dormir. Delante de los garrafones. Jactándose de que tuvo la inmortalidad en sus manos y se le escapó en el último grano del reloj.

LaRataGris.


Diseccionando un hombre

29 enero 2009

El sujeto a estudiar es un varón blanco de complexión media. Su cuerpo ha sido depilado por completo para facilitar la realización de las incisiones.

A primera vista se nos presenta como una persona normal: ojos grandes y azules, nariz aguileña, labios finos. Perímetro craneal cincuenta y seis, pectorales noventa y seis, cintura setenta y cinco, caderas noventa y ocho. Dentadura incompleta, faltan dos molares y un incisivo, las tres piezas, del maxilar superior. Temperatura del recto normal. Constantes vitales las características de alguien muerto. Hasta ahora no presenta anomalías.

Según veo en el informe su nivel de sangre, azúcar, testosterona es promedial.

Tras este análisis preliminar decido comenzar con las incisiones. Dejo al descubierto el cerebro, el cual esta dividido en dos hemisferios, descubrimiento que me deja perplejo. Un análisis más exhaustivo indica que tiene el peso correcto y esta formado por materia blanca y gris.

Decepcionado hasta el momento he de admitir que no puedo intuir nada que se aleje de lo común, así que decido continuar la autopsia abriendo en canal el pecho, siguiendo la misma tónica encuentro el mismo número de costillas que pueda tener yo, algunas, eso sí, fracturadas, seguramente debido al trato policial al intentar traerlo.

Ningún órgano descolocado, ni duplicado o triplicado o cualquier diferencia apreciable, ni siquiera en peso o tamaño … No encuentro motivo para seguir con el experimento, ya que seguramente se habrán confundido de cadáver y estoy diseccionando a una persona corriente.

Desanimado y sin saber qué buscar reviso la ficha de entrada del espécimen mientras llamo a los guardias que lo trajeron. Ambos confirman lo que ya he leido en el informe: apresado en un bar, vestía totalmente de negro. Inmensa cresta verde, tatuaje y dos pendientes.

Los datos que no se salen de lo establecido, las diferencias con un ciudadano indican la posibilidad de las siguientes hipotesis:

Primera hipótesis: Las personas son iguales a pesar de su vestimenta o aspecto físico.

Segunda hipótesis: Las personas que son privadas de su elemento diferenciador, como pueda ser vestimenta o pelo, recuperan su estado de normalidad

Las conclusiones que puedo deducir son obvias. Se desecha la primera hipótesis por improbable y pido otro espécimen pero que esta vez no le rapen el pelo.

LaRataGris


El cangrejo

21 enero 2009

Mucha gente lo cree;

el cangrejo camina hacia atrás.

Mucha gente lo sabe;

el cangrejo, realmente, camina de lado.

Muchas veces lo hace;

el cangrejo se queda quieto por joderlos a todos.


Fue un día cualquiera, entre semana. La gente corría de aquí para allá. En busca del coche, la moto, autobús o metro para no llegar tarde al trabajo. También Juan dejaba atrás los últimos jirones del sueño, caminando deprisa. Su automóvil se quedo en el taller y por primera vez en su vida el olor a transporte público anegaría su trayecto. Durante trece paradas sentiría agarrotarse su cuerpo oprimido por la marabunta que no deja moverse si no es en una misma dirección. Pasando, al fin y al cabo, desapercibido hasta que la megafonía anunció su parada y el lucho por salir.

Al conseguirlo, cuando subió a nivel de suelo, no fue consciente del revuelo que había formado.

Pasmados, intentando comprender lo que sucedía, los que se habían bajado en aquella misma estación y todo aquel que entraba en el metro, miraron a un hombre desafiar las leyes universales. Juan, anodina mota de polvo, subía las escaleras, como si tal cosa, por propio pie. No usaba las eléctricas, algún ascensor !!!. Se limitaba a apoyar un pie tras otro en las frías baldosas que recubrían los peldaños grises y salio al aire libre, ante el estupor de los que allí se habían congregado.

Cuando por fin, alguien, reacciono gritando- ¡ Mirad es un hombre cangrejo! – el ya estaba oculto en el deambular errático de los transeúntes y no pudieron distinguirlo, actuando como actuaba, como uno más.

-¿¡ Qué sucede!?- dijo el jefe de estación al ver que se iban acumulando viajeros ante las escaleras- ¿¡ Por qué nadie se mueve!?
-El,… el hombre cangrejo- parecía ser la única respuesta- un ser que subia bajando- logro articular alguna voz balbuceante- desapareció, mágicamente, al dejar atrás las escaleras- sentencio una tercera.

Lívido, sin poder asimilar aquel hecho extraordinario, corrió a su garita, para dar, nervioso, el parte de lo sucedido a sus superiores- Como nuestro señor Jesus, al caminar sobre las aguas, se ha obrado un milagro; en mi estación. ¡ Ha de ser el nuevo mesías! Y su gracia a tocado mí estación.
-Corte la corriente de las escaleras mecánicas- fue la orden tajante- Diga que hay una avería, que todos han de subir caminando. Llame a las demás estaciones, diga que hagan lo mismo- añadiendo, más tarde para si mismo- lo que menos necesitamos ahora es un loco con ideas propias sobre como subir unos escalones, podría hacer pensar a los demás y eso sería terrible para el orden establecido, terrible. La única solución sera instalar ascensores. Que no tengan otra vía de acceso. Nadie se quejara por tener que caminar y a la vez no podrán desviarse por otros caminos.

Al volver a casa, al día siguiente, y todas las veces que volvió a coger el metro, Juan no varío su itinerario, aunque nunca más lo miraron.

LaRataGris.