Las edades del reencuentro

27 octubre 2014

Ácrata no se había dado cuenta pero era un poquito más grande. No por haber crecido o madurado, simplemente habían pasado los años y eso era motivo suficiente como para catalogarlo en su generación. Sus coetáneos eran conocidos como la quinta del robot.

Un día se cruzó en una autopista virtual con Lalo. Habían jugado de pequeños, explicado sueños y esperanzas de adolescentes, luego se separaron sin saber el uno del otro y, ahora, su amigo estaba muy mayor. Sus fotos reflejaban años y daños inexcusables.

Ácrata se preguntó si le habría pasado lo mismo. Se fotografía sobre un espejo y la miró durante trescientos sesenta y dos días y una mañana, hasta que al final admitió lo mucho que había cambiado. -¿ soy un hombre? ¿acaso, eso, varía en algo mi vida?- Con desgana comprobó la hora, llegaba tarde a trabajar.

– Lo siento,- palmeó Jefe su espalda- no eres mal chico pero llegas tarde.

Ácrata respiró hondo- Necesito el trabajo, no podrías pasarlo por alto.- Como nadie escuchó esto último, Jefe se había puesto a firmar albaranes y sellar comunicados, levantó la voz para no desaparecer- Te juro que te lo recuperare.

– Mira,- deja su rutina- no es sólo que llegues tarde es que vienes obsoleto.

– Puedo hacerlo tan bien como cualquier niñato. Me reciclare.

Sin levantar esta vez la vista del papeleo despreció la súplica- Siempre supe que traicionarías tu nombre, que el mal vicio de la comida acabaría con tus convicciones. Yo en cambio puedo honrar el mio. Los nuevos modelos de trabajador no son mejores que tu, no hacen nada nuevo.- esquiva fugazmente los documentos- yo ya estaba contento con como le dabas al botón de tu máquina.- por un instante se pierde en el techo para poder retomar el discurso con más ímpetu- No es nada que tu puedas aprender, es que ellos cobran menos.

– Yo- dudó- también puedo cobrar menos.

-Déjalo estar, sera mejor que no lo liemos, las cosas ya son lo que son.

Reloj marcó las nueve y media, siempre llegaba a esta hora cuando iba al trabajo.- Quizá se le halla pasado. Casi ha estado un año con nos…

– Si, claro- se retorció el señor Sofa- después de todos estos meses mirando la foto se ha quedado lelo, por favor.

– No peleéis chicos- puso paz la luz apagada y la habitación quedó en la penumbra del silencio, esperando a Ácrata. Un murmullo invisible se fue adueñando de la estática del aire.

Reloj marcó la una y treinta y seis minutos.

– Es culpa mía.

– Evidentemente- gruñó Sofa- de haber sido una buena foto no tendrías esas marcas de expresión y hubieses oscurecido su pelo- de repente puerta retumbó asustandolos a todos. Dieron un respingo inapreciable a ojos de Ácrata que entraba arrastrando una bolsa de hambre infinita.

El espejo del recibidor intento que viera su cara más amable, la nevera se escondió sin nada que ofrecerle y la fotografía, como el espejo, igual que le había sugerido Sofa, se retocó para que se sintiese más joven.- Jamás he sido tan niño- conspiró con ellos su vision sin que eso tuviese demasiada importancia. La luz continuo apagada, la puerta se cerró por siempre y Ácrata se diluyo entre las quejas de Sofa.

LaRataGris


Olvida-Un pecho a veces

3 marzo 2014

Olvida

Debajo de la corteza terrestre también
a veces un sístole,
a veces un diástole,
un pecho a veces
y una caja torácica siempre
con un enjambre de moscas
saliendo de entre las costillas.

Ivan Rafael

Ilustración: LaRataGris
Poema: Iván Rafael
Voz: Isabel Navarro

La poesía no muerde


El cadáver del calendario

3 enero 2014

Carita de cuarentona, con los labios pintados de pomelo y la mirada ácida y cansada a partes iguales. Camisa de secundaria, con balcón a unas tetitas pequeñas y caídas, pantalón demasiado estrecho, marcando tirachinas, botas de motera con no más de treinta. El pelo ralo de rata rubia de bote y en su mente una pregunta atormentándole-¿ qué más puedo hacer para detener el tiempo?-. No es la lentitud, ni que las cosas sean cada vez más apagadas; sólo su bonito cadáver, el que dirán, que sea siempre bello, el poder ser apabullante por un infinito; como en las fotos del calendario. Ella fue diciembre en todos los talleres del setenta y siete, algunos se negaron a quitarla cuando acabo el año y se quedo como un resistirse al futuro que, al final, a amarilleado todas aquellos papeles. Las mismas revistas que ahora la olvidan se rifaban sus sonrisas y ahora qué puede hacer?

Ahora que solo miran para reírse, cuchichean, la critican por no haber sabido envejecer. Con su cuerpo desbordado, los colgajos gelatinosos y los surcos entre los que se esconde el maquillaje. Se pasa el día llorando, vigilando los retratos de otros otoños, entonces eran primaveras – que no se estropeen mis recuerdos-, allí piensa que puede vencer por que nadie le ha dicho que ya no le quedan victorias en la manga. Y no son sus caderas generosas, ni su piel manchada,… todo lo que ella cambiaría se corresponde a la realidad, esta aceptado. Son las telas que no consiguen ocultarla, su parecer un payaso triste, un esperpento a la moda, un algo que no debería preocupar a nadie, igual que a ella que debería vivir en su siglo sin más. Pero somos un universo de misses frustradas, de cadáveres que aspiran a ser la próxima foto en el calendario.

LaRataGris


Foto de familia

7 septiembre 2011

Foto de familia