La vida mezclada

9 agosto 2011

Vivía en una habitación pequeña, parte de una almacén dividido con paredes de papel, un sitio en el que resguardar el cuerpo de la realidad.

La respiración de todos los que habitábamos el edificio era una sola y acompasada. Inhalábamos los mismos sueños con insignificantes matices. Habíamos asimilado como propias las enseñanzas de los medios, la escuela y finalmente la misma sociedad que, con el cerebro bien reordenado, nos empujaba a querer dinero y estatus con el que poder alejarnos de las calles que nos habían visto crecer.

Por eso mismo surgieron las fronteras de la habitación. Nadie debía espiar nuestro futuro, copiar los planes y llegar antes al gran final prometido. Pero las finas paredes no eran capaces de retener los llantos y ansiedad de aquella carrera. Era raro no notar como se movían los vecinos, como se revolvían inquietos en los duermevelas. Girábamos sobre nosotros hasta que finalmente era inevitable que algunos se golpearan contra los frágiles muros de color que fueron cayendo.

Invitados por la casualidad, al vernos liberados de la soledad, empezábamos a romper las paredes de la celda. Siempre encontrábamos la misma mirada de otros presos, nuestros iguales con idéntica hambre y pena. Fue tan fácil darnos cuenta que no queríamos robarnos las miserias, que sólo necesitábamos sobrevivir para empezar a vivir de otra manera… fue tan sencillo que quisimos ayudarnos. El que no podía levantarse se apoyaba en los más fuertes y, poco a poco, mi pequeña habitación se transformo en un mundo sin límites.

LaRataGris


El hombre gastado

12 julio 2011

El hombre gastado.

Autocensura

Ilustración de LaRataGris

Sin encontrar las palabras, el señor equis, dibuja las lágrimas de sus ojos. Traduce la ansiedad del mundo y la borra inmediatamente para que nadie tenga que llorar sus penas. Es un hombre gastado, apenas una sombra de lo que fue. Atrapado en el miedo de saber demasiado.

Antes de marcharse, Laura, siempre le preguntaba por su rostro blanco e impenetrable. El respondía nada encogiendo el cuerpo tras la careta de una sonrisa.

No quería que se fuera pero le mintió. Le dijo que ya no la quería, que se había enamorado de otra…que estaban mejor solos. En cuanto cerró la puerta comenzó a sentirse pequeño.

Cada noche se retuerce. Contrae todos y cada uno de sus músculos hasta que el dolor se vuelve insoportable. Entonces abandona su cuerpo a la deriva, libera las ataduras de la mente y se deja llevar sonámbulo, buscando la inercia de la realidad.

El lápiz describe las derrotas del silencio y rompe palabras contra la pared mientras su corazón empieza a palpitar un poco más deprisa.

Cada trazo es un doloroso trozo de vida. Cuando despierta desnudo y manchado de pintura se asusta de todo lo que ha vomitado. Entre los dibujos se cuelan referencias políticas, datos, cifras,… escándalos que acabarían con más de un fantasma del poder.

Nervioso deshace su camino sin dejar de vigilar todos los rincones, preocupado por si las cucarachas le están observando. Esconde la realidad, que nadie venga a acallarle. Después se arranca la piel para que ninguna manchita de pintura indiscreta delate sus revoluciones nocturnas. Su vida ha de ser tan normal y aburrida como pueda. Trabajo y casa sin levantar demasiadas sospechas. Que sus antiguos amigos no quieran venir a visitarle.

El hombre nuevo

libre

Ilustración de JKal

El señor equis que vive en el espejo no deja de copiar los movimientos del hombre gastado. Se abandona al instinto para moverse igual y nunca intenta anticiparse. La realidad conoce gestos que el no podría ni imaginar, historias de la vida de los muertos que le ponen los pelos de punta. Como un mimo obediente transforma su casita a imagen del mundo real, cada objeto en el lugar exacto. Como un dibujo con siete diferencias en el que todo parece idéntico, ningún detalle se ha dejado al azar pero… bajo el sofá, ocultas entre las pelusas, a empezado a guardar todo lo que su yo verdadero ha ido borrando.

Participó en las orgías nocturnas de conocimiento mientras se rebelaba por las mañanas. Cuando tendría que haberse desecho de las pruebas, el, prefirió esconderlas de ojos que se las quisieran robar. Así, mientras todo quedaba en silencio, se convertía en un hombre nuevo, libre y solitario. Gracias a lo que aprendía había empezado a ser autónomo. Llegaba a las mismas conclusiones, sentía el mismo miedo pero, si tenía que morir por lo que ahora sabía, quería irse con su amada. Poder liberarla de su falso paraíso.

Urdió un plan sencillo; dejó de imitarse. Seguía atento a todas las revelaciones aunque ahora tenía en mente otras ideas. Cómo si el fuese el auténtico empezó a forzar los movimientos del sonámbulo. No fue difícil hacerse con el control de su cuerpo ausente. Dormido, sin fuerzas, con sólo unos días de práctica consiguió que dejase el móvil frente al espejo, que se quedase su imagen para así poder cogerlo tras el cristal. Espero a que el no estuviera y marcó los mismos números que tantas veces había utilizado.- ¿Laura?- y Laura salió corriendo al oír su voz.

Entró sin llamar, acercándose lentamente al espejo, tal y como le había pedido por teléfono. La habitación estaba en penumbra, pero no tanto como para no ver a su amado. Según el reflejo debería estar a su lado, ella tendría que estar abrazándolo igual que a su imagen. Estaba sola. Tras el cristal su yo inverso lloró mientras el reflejo de nadie le hablaba sin emitir ningún sonido. Se acariciaron, ella suspiró y miró fijamente hacía fuera, rozó los labios en el vidrio y le dio un beso de despedida. Sobre el vaho que se formó escribió en letras giradas- adiós, ya no puedo seguir atrapada.-

La mujer sin reflejo

Censura

Ilustración de MJó Daffunchio

Cuando la imagen de Laura se marchó con la de equis ella se quedo sola. De una forma como jamás había estado. Le habían arrancado las entrañas, le hicieron el vacío y nada ni nadie la podía tocar. Se había quedado absolutamente sola y frágil.

Equis casi no pudo verla escondida tras una mota de polvo, asustada de todo. Estaba algo más viejo y deteriorado, a la vez era un niño desorientado en medio de un desierto sin su mama. No parecía poder articular palabras coherentes. Miró el espejo donde no se veía Laura, en el que tampoco estaba el. De las falsas paredes brotaban todos sus disimulos. Lanzó el puño intentando ocultar su culpa y en cada cachito de cristal se seguía dibujando la verdad.

Sintiéndose atrapado se dejó caer junto a la única persona que había querido en esta vida. Allí esperaría a que las sombras dieran la voz de alarma y la oscuridad cayera sobre ellos hasta destrozarlos.

– Moriremos- le dijo a Laura, que se había quedado dormida- Tu ya pareces una muerta-

-No,- contestó su bella durmiente- estoy soñando la libertad que me negaste-. Entonces se dio cuenta de que ella sólo era una mujer sin reflejo. Una carcasa sin contenido, la botella vacía de algo que derramó hace tiempo.

Cansado entornó lo ojos y se dejó llevar por la deriva del sueño. Atravesó el espejo, llegó hasta la que había sido su imagen y miró con sus labios la piel suave de la Laura huida. Era el sabor de su amante, el aroma a la vida delicada y embriagadora… la oscuridad ya no podía alcanzarlo.

LaRataGris


Distintos esclavos

4 julio 2011

Mil novecientos veintisiete. – El ser humano, en su más alta concepción, es una máquina libre, capaz de de elegir sus propios errores. No necesita guía o amparo.- El congreso entero aplaudió la oratoria exquisita del hombre blanco. Vitorearon su nombre y celebraron la liberación de los esclavos. Nadie debía estar atado nunca más.

A cada uno de los individuos liberados les enseñaron el mundo, indicándoles con la palma abierta hacía donde tenían que caminar, la amplia extensión que se alejaba hasta el infinito.- pero, amo- surgían preguntas de quienes habían limitado su vida a estar en pequeños recuadros- ¿Que buscamos tan lejos? ¿quién nos dará de comer?

Algunos pedían azotes, ser tratados como perros y se humillaban para que no les dejase marchar. Era demasiado caro mantenerlos, pagar por el esclavo para luego tener que proporcionarle cobijo y alimento.- Eres libre- les iban diciendo- podrás firmar un contrato y podrás mantenerte con lo que cobres… Ya no nos perteneces ni tampoco tu manutención.

LaRataGris.


El bosque salvaje

13 junio 2011

clorofila

Ilustración deMaria Jose Daffunchio y LaRataGris

Los bosques salvajes habían sido domesticados y sus rebaños vegetaban tranquilos en parques controlados. Apenas podían bañarse en sol, los rayos que llegaban tímidos quedaban atrapados en las sombras de los edificios y, las escasas caricias de luz, hacían que todos se peleasen por conquistar su roce. La vida se degradaba en aquel suelo sin sustrato.

Sólo algunas semillas se escapaban buscando un fin del mundo más feliz. La chica planta siempre las despedía mientras soñaba un infinito diferente. Le dolían las raíces de pensar en selvas vírgenes, libres y poderosas. Por eso se arranco de raíz.

Al salir se le quebraron los brotes tiernos y el tronco intentó flexionarse para imitar un caminar al que estaba desacostumbrada. Se alejo tambaleándose de la paz de la prisión. Sin despedirse del jardín lloró pasos de barro sobre la ciudad dormida. No había rincones de vida en ella, todo era cemento vistiendo, encorsetando al mundo. La belleza natural se había sustituido por un traje de calles y avenidas a ninguna parte, no parecía haber salida para aquel laberinto gris. Cada giro la llevaba al mismo escenario, matizaba algún contraste, otro edificio, una tienda diferente, las farolas con más o menos intensidad pero siempre idéntica desorientación. Cansada de perderse se tumbó en un portal donde sus raíces no pudieron conseguir agua o alimento.

Se empeñaban en limpiar la ciudad de pequeñeces. Hordas de basureros amanecían barriendo lo que inmediatamente después ensuciarían sus propios pies. La gente rodeaba las parcelas que iban desinfectando y las volvían a infectar en apenas unos segundos. El saberse inútiles desganaban sus acciones que, como en todos los trabajos, se convertían en aparentar una actividad intensa disimulando lo estéril del resultado. Por eso nadie recogió las hojas secas de aquella mala hierva acurrucada en penumbras. Sólo cuando comenzó a moverse, y creyeron que podía ser un mendigo protegiéndose del frío, les preocupó que la pobreza pudiese ser contagiosa. -Señora, por favor, le habla un funcionario- de educación forzada. Un por favor cargado que a la menor distracción; si la respuesta no es rápida, adecuada, sumisa,…- igualese o regrese a su ghetto.- La gente le hizo un pasillo de insultos. Los gritos y el calor, alejada de la tierra, zigzagueo sin saber donde buscar esa normalidad que le pedían.

La furia nacía de cada esquina y la chica planta sintió que para poder seguir buscando la libertad tendría que atraparse de otra manera, vivir este otoño que se había eternizado. Pasar desapercibida mutilándose las ramas hasta que llegue la nueva primavera. Empezó a deshojarse y un manto marrón tiñó de bosque el asfalto. La piel dura se deshizo y sus ojos de luna lloraron miel y sabia en una improvisado y pequeño riachuelo.

Ella se volvía más normal, mientras su promesa de mundo palidecía. Las esporas que desprendían su cuerpo buscaban tierra para sobrevivir. Tristes de asfalto se agarraron donde pudieron. Se enredaban en el pelo, quedaban atrapadas en las grietas de la piel, invadían mucosas y órganos vitales…germinaban azaleas y jazmín bajo la ropa sintética, se teñían de fragancia y frescor mientras ella se volvía más chica que quimera.

La nueva humana caminaba entre los cuerpos florecidos de quienes podrían haber sido sus iguales. Ahogados por la explosión de primavera, se retorcían como sinuosos troncos caídos y todos los perfumes de la vida danzaban poseídos por una repentina alegría. Se paró para acariciar un rebaño de dientes de león, cogió un poco de agua entre sus manos y dio de beber a las malas hierbas. Los jardines aún cercados, ajenos a la revolución externa, seguían peleando por un puntito de sol. Ella sonrió acompañada de la soledad de las plantas y bailo con los colores extraños. La ciudad se había disfrazado de lo que fue y poco a poco se abriría un nuevo suelo para este bosque salvaje.

LaRataGris.


Ícaro

27 mayo 2011

Cuando crecí, al perder mis alas y asumir derrotas, mis pensamientos se fueron deshaciendo. Empecé a caminar desorientado, incapaz de alejarme de las flechas que indican la dirección de las baldosas amarillas. Todas las teorías desaparecieron y la realidad me fue empujando para que no perdiese el tiempo y cumpliese mi objetivo en la vida. Había dejado de ser un niño.

Las responsabilidades, los compromisos eran cada vez más insistentes. Me pedían que hiciera, que dejara de hacer, que no me quejase, que sonriese, que asumiera sus ideas como propias y mi existencia no tuviese sentido sin que mi sangre no fuese las consignas de la empresa. Cada día era más largo y pesado que el anterior, ya no tenía fuerzas.

Consumido, en mitad de la oficina, cerré los ojos y deje que los recuerdos me hicieran llorar- Te quemaras-. De las ensoñaciones me traje las plumas olvidadas, las pegue con cera y salte al vacío desde la octava planta. Planeé cerca del sol y todo volvió a ser como cuando era pequeño, y volar aún no estaba prohibido.

LaRataGris.


Con la vida por manchar

15 abril 2011

con la vida por manchar


Sembrando sueños

18 marzo 2011

Siembra sueños

Sonámbulos.

Seres serios sentados, soberanos sin sentimientos, sangrando súbditos sometidos.

Sesgaremos sus sistemas saturados. Sobreviviremos sembrando solidaridad. Suerte, susúrranos sonrisas sinceras, sánanos si sucumbimos, sobrevuélanos siempre.

Sobran sus salmos, sus sibilinos secretos…soñaremos sal, sol, suelo…libertad.

LaRataGris.


Viviendo un reflejo

27 enero 2011
συζήτηση

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

A veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos. Tal vez sea yo por habérmelo planteado. Mi pensamiento es lo que me aleja de todas las imágenes pero, a la vez, parecen tener una autonomía propia, una forma de desplazarse que no me pertenece.

Yo fui uno de tantos. Me perdía en conversaciones que nadie escuchaba, oía el rumor de una contestación que no me interesaba y al final nos despedíamos con la corrección debida. Todo perfectamente estudiado para no tener que implicar a nuestras ideas. Sólo frases hechas, aprendidas desde la niñez. Una simple mirada, un gesto, podía servirnos para ahuyentar el tedio de la explicación; inclinabas la cabeza con respeto y ya llevaba su hola, adiós y deseo de felicidad. Sin necesidad de diálogo el razonamiento se fue pudriendo. Nos convertimos en máquinas, reflejos de vida, imágenes que necesitan un original del que copiarse.

 

Sin darnos cuenta sustituimos interlocutores por viento. Lanzábamos las mismas palabras, acompañadas de las pausas, los gestos, las intenciones…pero hablábamos solos. Nos entretenían las tonterías de siempre, sin necesidad de réplica. Supongo que eso fue lo que sucedió…yo recuerdo seguir hablando, no sé con quién, de qué, dónde…pero yo decía, eso es incuestionable. Un día me resfrié, algo tan simple y un estornudo me hicieron callar. Aún en silencio escuché las palabras que iba a pronunciar, salían de otra garganta, de dos, de mil, de todo el que me rodeada. Absolutamente todos producían un eco perfecto, duplicaban las voces, los mismos significados huecos. Miré a mi alrededor fijándome en aquellos reflejos de lo que yo mismo era un segundo atrás. Caminaban con la mirada perdida en su destino, se esquivaban como en un acompasado engranaje. Sólo yo, ajeno a la repetición, molestaba su ir y venir.

 

Parecían hablar mientras reproducían algo aprendido hace tiempo. Lo escuchaba en mi cabeza, me pedía salir de nuevo. En ese momento me di cuenta que yo era lo más parecido a la libertad. Podía formar una palabra nueva fuera de aquel flujo. Decir cualquier cosa aunque no tuviese a quién. Grité un algo sin sentido, fue lo único que se me ocurrió, una impotencia, un lamento…unos signos diferentes antes de volver a ser parte del conjunto, antes de borrar de mi mente que, a veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos.

LaRataGris.


Reescribiendo margarita

19 noviembre 2010
Dafne

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

Erase una vez un quizá en el pétalo de una margarita, un tal vez o depende y puede…mientras se iba deshojando. Cuando el tiempo reescribió las historias borro la inocencia y las respuestas fáciles. En cada nueva flor que se le marchitaba entre las manos se añadían mil por qué, justificaciones, miedos. Uno de sus ojos ya no quería ni mirar asustado, el otro fingía un falso valor y confianza para que el resto de su cuerpo no huyera en estampida, acabaría desmembrada, esparcida en pequeños trocitos de lo que fue.

Un abrazo ata sus partes, una caricia con la lengua- ¿Qué te han dicho los pétalos? ¿sigo enamorada?- La voz suave la arrulla, la desarma y olvida todo lo que ha leído. Las páginas florales quedan en blanco para volver a enamorarse.

-No me han dicho nada, tendremos que predecir nuestro propio futuro.

LaRataGris.


Sin perdón

22 octubre 2010

sin perdón