
Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.

Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.
Era aún pequeño cuando aprendió a contar. Podía agrupar hasta veinte objetos sin esfuerzo; llegaba a treinta si se concentraba. El treinta y uno, al principio, se le escapaba.
Como no sabía hablar nadie se enteró de su proeza.
Creció y creció también su habilidad. Claro que superó los treinta y seis colores de su caja de lapiceros, los trescientos sesenta y cinco días de un año pasaron mientras él contaba los granos de arroz de cada paella, la arena del desierto, el número de estrellas que veía: las que se le escapaban, las vivas, las muertas.
Contaba horas, minutos y segundos; los latidos de su corazón, su ausencia: cero y murió demasiado pequeño como para poder ser algo más que una estadística.
LaRataGris

Para estos chupasangres parece que sólo les servimos para producir y morir. No nos van a dejar descansar hasta que estemos en el cementerio o… ¿puede que exista otro camino?¿Más exigente?¿Más reivindicativo?
Sin cambiar ni llegar a morir¿Ha cambiado el mundo? ¿Soy yo el diferente? Sigo pensando en la belleza de la revuelta, en la pena del pobre.
Recojo, como recogía, con las que levantar altos muros; las lanzo si es necesario .
Soy el mismo; viejo, gruñón y cansado que no deja de caminar.
LaRataGris
Dejó caer una única gota en el plato que cada uno teníamos. Inmediatamente su contenido se volvió de un radioactivo intenso mientras Pellicer volvía a su sitio, presidiendo la mesa. Allí dejó caer una última gota sobre su propio plato.
– Las cosas dejan de tener sentido cuando suceden – nos dijo -. De críos pensábamos que el mundo cambiaría, que nosotras lo cambiaríamos. Pero su transformación sólo sirvió para dar paso a una nueva generación y… hubiese cambiado aunque no hubiésemos hecho nada.
. » Ya nada nos pertenece más allá de hacerlo habitable para ellos. “
– Mientras sucedía todo era nuevo e impactante – se lamentó josh-. Que pena que todo quedase en nada.
Marina levantó la copa de los olvidos- Por el pasado que habitamos- Los cinco brindaron por haber vivido, por estar allí con los viejos amigos.
– Este momento es importante- sentenció Maribel-. Estamos los cinco; pasará pero ya no estaremos para vivir del recuerdo. Salud.
Ro tomó la primera cucharada y sonrió, en una hora nada volvería.
LaRataGris
Selina dejó las llaves en el mueble del recibidor, se quitó los zapatos, se quitó la ropa y se tiró en el sofá sin siquiera pensar en ponerse el pijama.
Alberto seguía muerto, donde lo había dejado al irse a trabajar, dándole a los botones del mando; mientras su elfo oscuro brillaba en la pantalla.
-¿Cuando has llegado? No te he oído entrar – Preguntó sin apartar la mirada del videojuego.
– Acabo de abrir la puerta ¿Has comido algo o te has pasado el día incrustado en los cojines?
– Pues – pensó – Si ya estas aquí debe ser lo segundo.
Con desgana le preparó algo rápido, lo puso frente a su hocico.
– ¿ Cómo te ha ido el día?
– Trabajar es un puto asco
– Ya.
Sin más palabras murieron frente al televisor por lo que quedaba de día.
LaRataGris
En el silencio de la noche se quebró en un ruido seco y constante.
– Es la hora – se dijo en el ritual de poco antes de la una. Recogió el desorden del momento y, como una inercia más, se derrumbó derrotado.
Una madera a la deriva; dejando que las olas de las sabanas empapen su espalda y la deshagan lentamente.
La piel cae como polvo, como semillas.
Respira un poco más lento, intentando concentrar sus heridas a lo largo de la columna vertebral, consciente del grito de cada una de sus células.
Inunda el colchón con los flujos de la desesperación, de la aceptación.
Respira tan profundo que se arquea hasta quebrarse con un sonido seco y penetrante. Las costillas atraviesan su piel, se retuerce como los nudos de un árbol. Sus huesos atraviesan la cama, se transforman en raíces con las que absorbe los nutrientes del suelo. Entonces germinan las semillas que había plantado, se le enredaban atándole un poco más a la tierra.
El cansancio, el dolor, le abandonan, desaparece en dirección contraria a los nutrientes.
Llora en ausencia de tormento. Completamente desconectado se hace consciente del daño. Se hace uno con el miedo y, finalmente, se duerme en la tortura de no sentir.
Se desprende, desaparece.
Al día siguiente, como cualquier otro día, rompe raíces y vuelve a rodar ajeno al descanso. Obviando cada pinchazo, todos los rotos. Normaliza el daño y la pena.
No hubo nada extraño en caer muerto, en que drenase su sangre, que cayera como hilos de olvido. Durmió como un vegetal y se levantó dispuesto a dolerse de nuevo.
LaRataGris
Estoy seguro de que me recordaras de otros cuentos que acabaron mal.
Me rajaron siete cabritillas, me llenaron de piedras y me tiraron al río. Tres cerdos me escaldaron; la niña de la caperuza roja convenció al cazador de que me disparase a bocajarro y otros mil historias de los que no salí vivo ni de milagro. Tengo el cuerpo rectificado, válvulas en la cabeza y el tabique de platino.
Estoy tan harto, tan sumamente harto que ahora ayudo a las ancianas a cruzarse de acera, sonrió a los niños, respeto para que todos se confíen y, cuando ya nadie se lo espere, estallará la bomba. Me lo llevare todo por delante.
Yo ya he vuelto varios veces de la muerte, he aprendido de mis errores. Veamos si tú, que te gusta tanto matar, sabes también resucitar.
LaRataGris
Al día siguiente recogió sus cosas y se marchó con la idea de que jamás volvería a pisar aquella casa.
Tenía la edad justa para que nadie la detuviese y la convicción de que cualquier otro lado, aunque fuese el mismo infierno, sería mejor que este presente.
No se lo pusieron fácil. Todos decían que era buena para nada, no querían contratarla, no tenía ingresos pero, ella, respiró hondo y continuó caminando. Se preparó, sacó pecho y como en el cuento de la lechera se montó un futuro a la medida. Después murió de hambre porque no bastaba con desearlo, no era suficiente con intentar hacerlo. Eso era una mierda de emprendedores capitalistas y ella había nacido pobre como las ratas.
Sí sólo hubiese tejido una red con todas las que estaban en su misma situación.
LaRataGris