Desarraigo

13 octubre 2025

Mi alma lejos y los pies encogidos. País de caricias solo eres un recuerdo del que me arrancan como una mala hierba. Busco otros jardines llenos de fragancias, otras arrugas en este desarraigo sin fecha de final.

Me pliego a cualquier complicidad, me finjo lleno y lo doy todo para que las flores sigan creciendo a mi alrededor.

Jardineros del rey se aprovechan de mi falta de suelo y yo… dejo que se aprovechen porque nadie viene a regarme, porque estoy demasiado débil como para hacerlo solo.

LaRataGris


Recordad a Alberto

9 julio 2024

Por si algún día se olvidaba se había grabado su propio nombre en la piel. Alberto, rodeado de hojas y violetas, en el antebrazo derecho.

El resultado, hortera incluso para él, merecía la pena. Todos le recordarían sin remedio.

Se había sentido un poeta mientras le indicaba al tatuador como acentuar las puntas de la A, mostrándole como cerrar la O y cuantas gotas de rocío dibujar sobre los pétalos.

-Quiero- Le dijo – que la gente lo lea y lo admire, que piensen: que bello.

Pasaba el tiempo, atenuaba el color. Su cuerpo entró en la decadencia de de la edad y la melancolía. Aunque nunca había parecido un hombre tatuado, con el único dibujo de su nombre, sus flores; ahora era aún peor. Con la piel triste empezó a vestirse como una persona que ha olvidado algo.

-¿Alberto?-se leía el mismo y se preguntaba- ¿Quién será ese Alberto?

LaRataGris


El jardín de la reina

28 diciembre 2021

– iAlto!- le gritó la reina de corazones a la abeja- ¿Dónde crees que vas con el néctar de mis flores?

El insecto paró sobre un tallo de hierba fresca y chapurreo en un idioma que le era ajeno a su majestad.

-Es comida para mis hermanas, es esparcir un manto de flores por todo el mundo.

-¡Detened a esa descarada!- gritó esta vez a sus soldados- ¡que no se lleve las semillas de nuestro mundo!

De infinitos lugares aparecieron ordenadas las fuerzas de seguridad. Cerraron el jardín de dentro afuera, también a la inversa. Taparon la luz del sol, frenaron los ríos que campaban libres por la tierra; detuvieron el aire pero no lo suficientemente rápido como para que la abeja no escapase.

Entendiendo que ya no podría volver dejó, como siempre, que de sus patitas fuesen cayendo semillas. A su paso se abrirían nuevos jardines, no delimitados por muros.

Mientras, la tierra de la reina de corazones, se marchitaría en su protectora prisión.

LaRataGris.


Deseo negacionista

16 abril 2021

Quebrar


¿Dónde las flores?

18 noviembre 2019

Alguien podó los árboles, arrancó las flores, … blanqueó el fascismo.

Limpió su cuerpo de mastín portador de rabia, lo disfrazó de democracia y gritó

– ¡Esta es la nueva alternativa!

Ni tan siquiera se molestaron en reciclar las viejas ideas, lo rancio de siempre. Dejaron que copularan a su antojo, sobre un cadáver violado ya demasiadas veces. Les parecía preferible lamentarse después, llorar como argumento de lo que no intentaron defender.

-¿Por qué?- Se preguntaran demasiado tarde- ¿Qué hacemos?- Cuando ya no pueda haber respuesta.

Se enrocaran en la tristeza sin darse cuenta de que solo habrá una solución al problema, la de siempre.

-¡Al fascismo se le combate!

El viejo eslogan gritado más fuerte que nunca, con más urgencia. Incluso cuando todo parezca fallar.

Resistiremos. Plantaremos árboles, flores, donde solo quisieron un desierto.

Fuck vox y tra tra

LaRataGris


Ciegos

28 agosto 2014

ciegos


Plantando estrellas

13 diciembre 2012

plantando estrellas


Espejismos

23 agosto 2012

Espejismos


Flores artificiales

19 enero 2012

Flores artificiales


El bosque salvaje

13 junio 2011

clorofila

Ilustración deMaria Jose Daffunchio y LaRataGris

Los bosques salvajes habían sido domesticados y sus rebaños vegetaban tranquilos en parques controlados. Apenas podían bañarse en sol, los rayos que llegaban tímidos quedaban atrapados en las sombras de los edificios y, las escasas caricias de luz, hacían que todos se peleasen por conquistar su roce. La vida se degradaba en aquel suelo sin sustrato.

Sólo algunas semillas se escapaban buscando un fin del mundo más feliz. La chica planta siempre las despedía mientras soñaba un infinito diferente. Le dolían las raíces de pensar en selvas vírgenes, libres y poderosas. Por eso se arranco de raíz.

Al salir se le quebraron los brotes tiernos y el tronco intentó flexionarse para imitar un caminar al que estaba desacostumbrada. Se alejo tambaleándose de la paz de la prisión. Sin despedirse del jardín lloró pasos de barro sobre la ciudad dormida. No había rincones de vida en ella, todo era cemento vistiendo, encorsetando al mundo. La belleza natural se había sustituido por un traje de calles y avenidas a ninguna parte, no parecía haber salida para aquel laberinto gris. Cada giro la llevaba al mismo escenario, matizaba algún contraste, otro edificio, una tienda diferente, las farolas con más o menos intensidad pero siempre idéntica desorientación. Cansada de perderse se tumbó en un portal donde sus raíces no pudieron conseguir agua o alimento.

Se empeñaban en limpiar la ciudad de pequeñeces. Hordas de basureros amanecían barriendo lo que inmediatamente después ensuciarían sus propios pies. La gente rodeaba las parcelas que iban desinfectando y las volvían a infectar en apenas unos segundos. El saberse inútiles desganaban sus acciones que, como en todos los trabajos, se convertían en aparentar una actividad intensa disimulando lo estéril del resultado. Por eso nadie recogió las hojas secas de aquella mala hierva acurrucada en penumbras. Sólo cuando comenzó a moverse, y creyeron que podía ser un mendigo protegiéndose del frío, les preocupó que la pobreza pudiese ser contagiosa. -Señora, por favor, le habla un funcionario- de educación forzada. Un por favor cargado que a la menor distracción; si la respuesta no es rápida, adecuada, sumisa,…- igualese o regrese a su ghetto.- La gente le hizo un pasillo de insultos. Los gritos y el calor, alejada de la tierra, zigzagueo sin saber donde buscar esa normalidad que le pedían.

La furia nacía de cada esquina y la chica planta sintió que para poder seguir buscando la libertad tendría que atraparse de otra manera, vivir este otoño que se había eternizado. Pasar desapercibida mutilándose las ramas hasta que llegue la nueva primavera. Empezó a deshojarse y un manto marrón tiñó de bosque el asfalto. La piel dura se deshizo y sus ojos de luna lloraron miel y sabia en una improvisado y pequeño riachuelo.

Ella se volvía más normal, mientras su promesa de mundo palidecía. Las esporas que desprendían su cuerpo buscaban tierra para sobrevivir. Tristes de asfalto se agarraron donde pudieron. Se enredaban en el pelo, quedaban atrapadas en las grietas de la piel, invadían mucosas y órganos vitales…germinaban azaleas y jazmín bajo la ropa sintética, se teñían de fragancia y frescor mientras ella se volvía más chica que quimera.

La nueva humana caminaba entre los cuerpos florecidos de quienes podrían haber sido sus iguales. Ahogados por la explosión de primavera, se retorcían como sinuosos troncos caídos y todos los perfumes de la vida danzaban poseídos por una repentina alegría. Se paró para acariciar un rebaño de dientes de león, cogió un poco de agua entre sus manos y dio de beber a las malas hierbas. Los jardines aún cercados, ajenos a la revolución externa, seguían peleando por un puntito de sol. Ella sonrió acompañada de la soledad de las plantas y bailo con los colores extraños. La ciudad se había disfrazado de lo que fue y poco a poco se abriría un nuevo suelo para este bosque salvaje.

LaRataGris.