Donde habita la libertad de expresión

1 marzo 2018

Donde habita la libertad de expresión

Ojo que sale una cucaracha pero no es Charlie, si quieres ver a Charlie ya sabes que lo tienes en:

Comic Square o en Payhip

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Los últimos instantes de Pandora

23 febrero 2015

Cuenta la mitología que Pandora dejó escapar todos los males sobre la tierra, todos menos uno. El más terrible, el peor, lo consiguió encerrar en una pequeña cajita que, desde entonces, protege con su vida. Si alguna vez escapa sera el final de la humanidad.

Leonor levantó la pesada tapa forrada de terciopelo y miró por la rendija que se había formado. – aquí no hay nada- le dijo al cuerpo desmayado de Pandora- ¿¡para nada he tenido que drogarte!?- evidentemente no obtuvo respuesta.

De repente, sin que se diese cuenta, un grano de arena se escapó del arca, también una gota de agua que colmo el vaso.

Pasado un instante una marejada inundaba la habitación. Golpeada por las frías aguas, Pandora, se fue desperezando- ¿¡qué has hecho!?- gritó a Leonor. Esta, nerviosa, jugaba con barquitos de papel que se hundían irremediablemente. Con los ojos idos y el corazón excitado, le respondió con una risa penetrante.

– Nada.- consiguió articular- Lo solucionare- pero en realidad no sabía como arreglar todo lo que había desencadenado.

Pandora, asustada, intento beberse toda el agua, comerse toda la arena. Tragó hasta que no pudo soportarlo más, se quebró y se volvió tan loca como su amiga. – lo solucionare- canturreaba Leonor- lirulilo solucionare, rado.

– Rado, laro- siguió Pandora la tonada mientras el líquido las cubría por completo, llenando la habitación, pudriendo sus paredes hasta lograr romperlas e ilurilu, larala por el mundo loco la.

LaRataGris


Olvido

5 agosto 2013

Rosa se pasaba la vida sentada junto al mar. Sobretodo si llovía, mejor si diluviaba y nadie se atrevía a salir de casa. Le encantaba mojarse en esa soledad y notar que se purificaba respirando el aire limpio de la lluvia. Las pastillas para el miedo eran cada vez más caras y prefería autoconvencerse de que el ritual de sentarse a ver las gotas golpeando el mar le servía de algo, le relajaba.

Apenas es un segundo, con suerte dos, y después su estomago rugía, se daba cuenta que estaba en mitad de la nada, empapada y sin dinero, añorando una pequeña dosis de verdadera paz. Pero sus temores ya no pasaban por la seguridad social. Entonces respiraba hondo bajo el agua, suplicando que por una vez funcionase la renovación, necesitaba olvidar y esa era la única forma que se podía permitir.

Ana no quiso notar la pendiente. El mundo era su mundo, el mismo de siempre. Es verdad que las cosas eran algo más caras, que su sueldo en cambio parecía disminuir y seguía teniendo hambre a las horas habituales, con la misma intensidad y voracidad. Le gustaba seguir comiendo, poder encender la tele, enfrascarse en sus programas chorras y olvidar que había empezado a tocar sus ahorrillos. No era mucho: un viaje que habría querido hacer, para el que aún no le llegaba y cada vez menos, un plasma un poco más grande…un goteo que le iba a permitir tener electricidad, comida y agua potable para un vasito esporádico. De vez en cuando se encontraba suplicando- que no surjan imprevistos- pero siempre había algo y, por eso, al final decidió quitarse de lo menos importante, su alimentación era insignificante comparada a todo lo que le daba el olvido.

Uri no era más que un reflejo pesado y sin fuerza. Parecía estar pero sólo era un objeto mientras su mente buscaba otro plano astral, un espacio más feliz. Ademas su cuerpo, su única ancla a la realidad, empezaba a marchitarse, se pudría no por la edad si no por la desesperación de tener que vivir en concentrados de tristeza. Cada vez que regresaba y su intelecto se llenaba de la carne fofa y flácida, cuando intentaba que una orden empezase a mover su carcasa se daba cuenta de que no le quedaba demasiado tiempo.

– Acaso,- pensaba- no inicie mi huida por eso mismo, por que no me quedaba nada, ni tan siquiera vida.- Aún sabiéndolo le resultaba desalentador. No quería dejar taras los buenos recuerdos pero, como tantos otros, necesitaba olvido. No era el único en el pabellón pero si el que llevaba más tiempo y su cama era un bien demasiado preciado, desde fuera esperaban para poder abonar lo que no valía ni un céntimo. Pronto tendría que regresar a casa o cumplir su promesa de desahuciado por el que ya no merecía la pena pagar nada, de cualquier forma el desenlace sería idéntico, necesitaba otra realidad.

Lorenzo abrió la ventana que daba al interior de su corazón y miró. Había tanta gente en el, incluso algunos que no reconocía, pero la vida fuera estaba demasiado complicada como para echarlos. Entró por allí mismo, como un ladrón al que no le pertenece su propia musculatura por que la tiene regalada.

A el lo reconocían todos, cada uno de ellos quería acercarsele para saludarlo. Si lo notaban algo perdido volvían a presentarse- Rafael, Amanda, Ursula, Laura, …- demasiados nombres que se hubiesen podido resumir en uno único, el nombre de los desheredados, a los que ya no les queda nada más que olvidar.

Allí eran felices y todos comentaban lo bonito y grande que Lorenzo tenía el corazón, aunque empezaba a ser difícil moverse en el, comenzaban a ser demasiados. Lorenzo intentaba ampliar sus cavidades, bombeaba más fuerte para que las paredes se extendiesen y apunto de la taquicardia siempre se decía que el no podía olvidar, demasiados muertos dependían ya de el.

LaRataGris


Espejismos

23 agosto 2012

Espejismos