
Promesas de futuro, al menos para el que quede. Mientras el presente…

Promesas de futuro, al menos para el que quede. Mientras el presente…

Nos empeñamos en esconder la tristeza entre luces de colores. Construimos paraísos artificiales y así evitamos aprender a convivir con ella. Su sola mención se nos hace insoportable porque no somos capaces de asumir que en la vida no todo es maravilloso y no pasa nada.
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Selina dejó las llaves en el mueble del recibidor, se quitó los zapatos, se quitó la ropa y se tiró en el sofá sin siquiera pensar en ponerse el pijama.
Alberto seguía muerto, donde lo había dejado al irse a trabajar, dándole a los botones del mando; mientras su elfo oscuro brillaba en la pantalla.
-¿Cuando has llegado? No te he oído entrar – Preguntó sin apartar la mirada del videojuego.
– Acabo de abrir la puerta ¿Has comido algo o te has pasado el día incrustado en los cojines?
– Pues – pensó – Si ya estas aquí debe ser lo segundo.
Con desgana le preparó algo rápido, lo puso frente a su hocico.
– ¿ Cómo te ha ido el día?
– Trabajar es un puto asco
– Ya.
Sin más palabras murieron frente al televisor por lo que quedaba de día.
LaRataGris
Recuerdo un segundo antes del contacto. Ese cerdo era amable, me invitó a entrar y sin darme cuenta estaba desnuda, llorando en un rincón.
Me dolía todo el cuerpo.
¿A quién contárselo? No quería que me echasen la culpa.
Grité todo el dolor que tenia dentro y, aún así, seguí llorando una eternidad, cuando se suponía que ya no tenía que doler.
Cada día me lo encontraba amable, educado, sin que nadie le dijese nada.
Y sigues preguntando por qué lo mate.
LaRataGris
En cuanto su madre gritó, después de una hora discutiendo, Eli recogió la habitación.
Marta la miró extenuada. Sabía que se había salido con la suya pero aquella no era la manera.
– Lo siento- le Dijo intentando sonar conciliadora. No sirvió de nada. Pesaba más el segundo de perder los nervios que el dialogo previo, que las disculpas posteriores -Lo siento – volvió a repetir sin que la niña la quisiese escuchar.
Había ganado y perdido a la vez.
Hacía tiempo que no veía a David. Desde que éramos dos críos pasando horas muertas en el parque, con una bolsa de pipas y la burla como entretenimiento.
Nosotros Jamas seríamos los feos, los gordos, los torpes, los imbéciles… Nosotros eramos los guais; nunca los pardillos.
Por eso me costó reconocerlo: vestido de mendigo, con la cara de derrota, siendo, ahora; el objeto de burla de otros niños.
-Eh, tio – me dijo sin que yo quisiera reconocerlo – ¿Te acuerdas de mí?
– No – y me aleje sin saber hace tiempo de David, sin saber si había caído o por qué pero seguro de que yo jamas tropezaría.
LaRataGris