Condenados a la primera parte

14 julio 2015

Al final de los créditos de una película, con la última página de un libro, cuando las luces se apagan y la cabeza pensante que ha urdido todo aquello se va a dormir, la industria hace su balance de daños. Calcula los beneficios repartidos y se plantea la viabilidad de una segunda parte y en que condiciones.

Segundas partes nunca fueron buenas, salvo en asumidas excepciones. Hay que limitarse al esquema de la primera o alejarse tanto que pierde la esencia original. Por norma estamos condenados a escuchar una y otra vez la misma historia, a que nos la vuelvan a explicar. La clásica chico conoce chica, cambia al hombre, la mujer, ambos, dos muchachos, tres adolescentes, perro meet gato…mil variaciones según zona geográfica, target o número de calzado. La acción definida por el número de explosiones; siete patadas en el estomago, veintitrés puñetazos en los genitales y el bueno ganara parando balas con los dientes. Comedias de lo soez, alguna un poco más surrealista, que dramón que el género sea la excusa para aburrirnos una y otra vez, una y otra vez. Quizá si nos atreviésemos con otro principio, si tras los créditos se leyese un continuara para ahondar en la psique de los personajes, las motivaciones, su futuro. Dejemos las luces encendidas y que sea el artista, no el industrial, quien decida su rumbo. Que si en algún momento su corazón varia el ritmo pueda explicarlo y no sea sustituido por algún becario al que papa le da de comer.

LaRataGris


Aprender a creer

20 marzo 2014

aprender a ceer


Cultura a cualquier precio

19 junio 2013

cultura  a cualquier precio


Imaginando palabras

24 octubre 2012

imaginando palabras


Palabras prohibidas

28 mayo 2012

Había tantos libros en aquel almacén, historias desgastadas de haber sido tan leídas. Aún así no dejaba de entrar gente. Inconformistas, parecían necesitar releer todo aquello para no traicionar sus ideales. No eran como mis perros; actuando por instinto, atentos a mis palabras, un simple gesto para saber que hacer… Caímos sobre los sospechosos sin hacer preguntas, reduciendo a aquellos intelectualoides de tres al cuarto con el salvajismo que se merecían. Eramos pura rabia desfogándose, preparándose para lo peor que estaba por venir.

Ismael seria el encargado de descifrar y archivar todos los libros. Poco a poco se fue descolgando de las misiones y adquirió la soltura suficiente para leer dos o tres ejemplares al día- para cuando acabe habrá pasado media vida- su lamento se volvió ansia y, con el tiempo, empezó a pasarse veinticuatro horas enfrascado en el galimatias de aquellas bombas literarias. Las palabras le consumían en largos silencios de los que no podía salir: no comía, no bebía, ni practicaba ninguna actividad sana, solo desgastarse a la luz de todas aquellas peligrosas frases.

– Pol- y su cuerpo se tenso a la espera- tendrás que ayudar a Ismael. Tu eres el que mejor lee después de el. Evita que desaparezca entre tanto papel.

Aquello fue una bendición para Ismael que empezó a descargar parte de la mierda que estaba leyendo en su nuevo compañero. Se les escuchaba reír a carcajada limpia, ridiculizando todo aquello que tenían que hacer suyo. Aprendían las técnicas del enemigo para poder derrotarlo y, un día, tuvieron una idea- Si destinásemos mas efectivos a aprender podríamos empezar a pensar como ellos y les atraparíamos en mil emboscadas-. Cada soldado lector parecían ir necesitando un segundo y el segundo acababa opinando como el tercero y se les daba un cuarto, un quinto hasta quedarme solo ante un equipo de asalto formado por mi mismo, sintiendo que sus ojos me juzgaban, que imaginaban palabras prohibidas y se transformaban en intelectuales preparando una guerra contra su único enemigo, yo.

LaRataGris


El hechizo de Nella

12 abril 2012
a contrapelo

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

A Nella le gustaba escuchar los hechizos amables que habitan en los cuentos de hadas. Perderse en el leve crepitar de las palabras felices y soñar que son sus manos las que tejen conjuros de aire y sonido. Cuando cogían un libro nuevo papa siempre jugaba a que era la llave a una realidad distinta.- Tus ojos- le decía mientras se los cerraba con una pequeña caricia- son la puerta a todos tus mundos. Por ellos- continuaba en un susurro- entran los caminos de palabras entrelazadas, se abren paso si apagas tu mirada impuesta y dibujas sobre los parpados unos ojos distintos, más pequeños y penetrantes.- Después, con un beso en la frente, dejaba caer algo de magia sobre la piel de la niña y, mientras esta inundaba cada poro, una ciudad se construía en su cabeza. Habitada por todas sus fantasías. Nella llegaba acompañada de la voz suave de su padre, pisando por una senda de letras en la que se leía- Erase una vez, en un lugar muy lejano… una niña creció.

Se había hecho tan mayor que ya no tenía tiempo para la imaginación. Deconstruyo los edificios, borró todos y cada una de los caminos y cerró las puertas para abrir los ojos a un mundo que quería describir sin que los hechizos nublasen su visión. Empezó a perderse en ciencias más ordenadas y lo definía todo en lenguas muertas mientras buscaba la aprobación de sus iguales; gente normal siguiendo carreteras normales en una realidad extremadamente normal. Al mismo tiempo su padre hacía un hueco en una cajita de olvidos para todos los cuentos que ya no iban a leer. – No sueñes,- le quería decir- mantente pegada al suelo para que no quieran derribarte.- Pero cada vez se le atragantaban más ideas en la garganta, haciéndole un nudo que no le dejaba respirar.

El día en el que se le pudrieron las entrañas el doctor fue franco- Tendremos que seguir un rutinario protocolo para dejarlo morir en una fría habitación de hospital- Así que lo dieron por muerto antes de tiempo y se sentaron a esperar su entierro a los pies de la cama. Se iban turnando las visitas hasta el momento en que ya no pudieron y, solo Nella, lo venía a ver algún atardecer. Le gustaba estudiar las lenguas universitarias en aquel silencio tranquilizador.

Una noche, cansada de todo el día, tumbó su cabeza sobre la respiración entrecortada de su padre y se quedo dormida en el olor de sus recuerdos. El bumbum del corazón era una deliciosa nana pero, había un ronroneo diferente, el ruido sordo de algo desacompasado. De repente despertó en aquel murmullo prácticamente inaudible y, sin saber por que, le hundió la mano en le pecho de donde saco su cajita de olvidos, llena de libros infantiles. Escritos en un idioma que jamás había aprendido, cada cuento incomprensible le venía a la memoria con el aroma de los sueños prometidos y, Nella, recordó que los había olvidado.- Papa- dijó como si la pudiese escuchar- he encontrado las llaves pero no las entiendo.- Revisó cada jeroglífico intentando adivinar las palabras sin suerte. Le habían enseñado a leer lo que todos dejando de entender lo esencial. No podía recitarle los conjuros como el había hecho y, derrotada, cerró sus ojos de gata-luna para sin saberlo abrir otros más pequeños. La habitación fue una tiniebla en la que comenzó a girar sin rumbo, arqueo su cuerpo hasta la vertical y, sobre los relatos sin sentido, creció su pelo hasta deslizarse sobre cada uno de los signos que conformaban las palabras. El tacto de las puntas sobre las páginas fue transmitiéndole a sus labios las frases amables, acompañadas de hechizos que abren puertas y dibujan caminos a mundos secretos en la mente de Nella. Allí construye una casita para ella y papa. Lo visita cada noche y le lee historias que no describen el mundo pero lo modifican, por muy mayor que seas, aunque te quiera vencer lo imposible.

LaRataGris


La revolución capitalista

7 febrero 2012

Yo viví los cambios y no fueron revoluciones ni dignidad lo que nos movió. Nos sentíamos insignificantes, incapaces de transformar nuestro mundo en algo mejor. No eramos perfectos y siempre había alguien encargado de recordarnoslo. Necesitábamos disfrazarnos, pintarnos de una idea tan sublime que no teníamos tiempo de arreglar aquello que realmente importaba. De ser por nosotros la vida seguiría su curso sin que nadie llorase su insignificancia. Fue el mismo capitalismo, sus teorías del consumir desmesurado, del producir sin medida y siempre encontrar compradores. Nos hicieron desearlo todo, nuevas creaciones sustituían la misma pieza aún sin envejecer. Ansiosos buscábamos poder poseer cualquiera de sus promesas sin importar el como, la manera fue coger lo que no podíamos pagar.

En realidad no era nada nuevo, siempre nos lo habíamos prestado todo. Éramos pequeños grupos en los que uno traía la comida, otro despejaba su casa, se ponía música, leíamos libros y construíamos con las sobras del privilegio la totalidad que nos ponía los dientes largos. Eramos amigos y la única diferencia fue globalizarlo. Empezamos a formar redes entre todas las reuniones y dejó de ser importante a quien le prestabas tus tesoro. A lo largo del país corrían fotocopias, cintas mil veces grabadas y pusimos al alcance de cualquiera todo. Sin darnos cuenta las ideas revoloteaban el planeta, eramos los amigos de lo ajeno y sólo ajeno se quejaba de no cobrar dos veces un mismo trabajo. La mayoría era culpable de difundir y la pudiente minoría compro leyes para detener la revolución.

Pero cuando se dieron cuenta que todo el pueblo estaba intercambiándose bienes no pudieron aplicar las medidas adecuadas. Tendríamos que ir a la cárcel, dejándoles sin esclavos especializados. Por eso calmaron a la masa, la cosa no iba con la muchedumbre, no eran los contenidos, ni el querer tenerlo todo, eso era una actitud normal y ejemplificadora, el querer mejorar, pero no a costa de la propiedad privada. Aquella actitud tenía que cambiar o la falta de dinero circulando acabaría con el mundo.

Se cortaron las cabezas más visibles, se hundieron las críticas más feroces y dijeron que lo habían cambiado todo para dejarlo igual que siempre. Los sueños seguirían siéndolo y la élite permitiría acceder a todo con cuentagotas. Yo viví los cambios, sentí como todo era mejor pero no quisieron dejarnos disfrutarlos.

LaRataGris.


Ideas sin precio

27 enero 2012

Ideas sin precio


Nuevas palabras

20 agosto 2011

Siempre leía un libro en blanco sobre el que dibujaba sueños e ilusiones. Respiraba hondo cada página de nada y se dejaba llevar por todo lo que podrían haber escrito, lo que tal vez pueda suceder. Cuando le preguntaban por su novela vacía escogía una página al azar y les leía un fragmento escrito en lenguas que jamas han existido.

Los lectores de gramáticas oficiales le miraban extrañados, asqueados y escandalizados. Gritaban e insultaban normalidad para que aquel libro que obligaba a pensar en lo que se leía no pudiese ser entendido. Hacían tanto ruido que las palabras se amontonaban en la mente y nadie podía imaginar entre aquel barullo algo con sentido.

La gente , desilusionada de aquel libro sin pies ni cabeza, acababan abandonando al soñador para volver a leer: mi mama me mima y yo mimo a mi mama… mientras la vida se hacía un poco más pequeña. Entonces el cerraba de un golpe el volumen y les recitaba de memoria algo que se podría inventar leyendo en silencio las palabras no escritas. Las ordenaba en forma de canción y les enseñaba las melodías que no deben ser escuchadas por los oprimidos.

Siempre leía un libro en blanco, siempre soñaba sus historias y, si le prohibían imaginarlas, encontraría otras formas de crecer con los suyos.

LaRataGris


Delitos

23 junio 2011

delitos