
Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.

Que dejen ya ese soniquete de las pensiones en el que siempre pagan los mismos o empezamos nosotras con nuestra retahíla.
– iAlto!- le gritó la reina de corazones a la abeja- ¿Dónde crees que vas con el néctar de mis flores?
El insecto paró sobre un tallo de hierba fresca y chapurreo en un idioma que le era ajeno a su majestad.
-Es comida para mis hermanas, es esparcir un manto de flores por todo el mundo.
-¡Detened a esa descarada!- gritó esta vez a sus soldados- ¡que no se lleve las semillas de nuestro mundo!
De infinitos lugares aparecieron ordenadas las fuerzas de seguridad. Cerraron el jardín de dentro afuera, también a la inversa. Taparon la luz del sol, frenaron los ríos que campaban libres por la tierra; detuvieron el aire pero no lo suficientemente rápido como para que la abeja no escapase.
Entendiendo que ya no podría volver dejó, como siempre, que de sus patitas fuesen cayendo semillas. A su paso se abrirían nuevos jardines, no delimitados por muros.
Mientras, la tierra de la reina de corazones, se marchitaría en su protectora prisión.
LaRataGris.
Salúdame negra noche, pasa por mi rincón tristemente iluminado y hazme compañía mientras parpadea el fluorescente.
Acaricia mis miedos más pueriles, dame a probar tu misticismo irracional. Deja que mi corazón palpite como la luna llena sobre los cuerpos fríos.
Abrázame mi amante incorpórea; idea de libertad, de dolor, de atadura. Contradicción y realidad, salvajismo…nocturnidad, sueño sin final, vida, tristeza, felicidad.
LaRataGris
No ha pasado ni un sólo día en su vida en el que Fermin halla sido libre. Aunque el se sintiese capaz de hacer cualquier cosa que quisiera lo cierto es que estaba atrapado. Era una prisión amplia, en la que no se veían los barrotes, en la que el mismo se condenaba a no salir de su pequeño mundo. Si hubiese decidido alejarse se hubiese topado en algún momento con alguna pared.
Por había sido tan importante el cambio- Esta es tu celda- delimitaron sus cuatro paredes, le mostraron la realidad y ahora él, consciente, podía trazar un plan con el que huir.
Se sentó en un rincón oscuro. Su cabeza bullía de ideas locas y estúpidas. La venda había caído, él buscaba la manera de volver a colocarla, tras tantos años preso podía intentar levantarse pero prefería el engaño.
LaRataGris
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Seguía en la misma habitación de siempre. Con los ojos cerrados había creído que el mundo seguiría girando sobre un eje distinto al suyo, que él se quedaría flotando mientras todo a su alrededor desaparecía.
Pensó que atravesaría muros, objetos y personas hasta aparecer quien sabe donde. Pero seguía en la misma habitación, como en una prisión eterna, por un delito que no había cometido.
Miró su reloj, había pasado medio día respirando parte de un sueño. Llamó a sus piernas entumecidas, ellas habían decidido seguir dormidas pero el quería marcharse de una vez.
-Tenemos que irnos- pero era evidente que preferían ignorarle.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano se arrastro por el suelo hasta llegar a la puerta, donde se quedo sentado, con la espalda pegado a ella.
-Cerrada- se lamentó. Él también cerró los ojos para que las cuatro paredes pudieran caersele encima-Ojala este en otro lugar cuando vuelva a abrirlos, lejos de la prisión.
LaRataGris

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