9 julio 2024
Por si algún día se olvidaba se había grabado su propio nombre en la piel. Alberto, rodeado de hojas y violetas, en el antebrazo derecho.
El resultado, hortera incluso para él, merecía la pena. Todos le recordarían sin remedio.
Se había sentido un poeta mientras le indicaba al tatuador como acentuar las puntas de la A, mostrándole como cerrar la O y cuantas gotas de rocío dibujar sobre los pétalos.
-Quiero- Le dijo – que la gente lo lea y lo admire, que piensen: que bello.
Pasaba el tiempo, atenuaba el color. Su cuerpo entró en la decadencia de de la edad y la melancolía. Aunque nunca había parecido un hombre tatuado, con el único dibujo de su nombre, sus flores; ahora era aún peor. Con la piel triste empezó a vestirse como una persona que ha olvidado algo.
-¿Alberto?-se leía el mismo y se preguntaba- ¿Quién será ese Alberto?
LaRataGris
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2 julio 2024
Todas nos conocíamos en el barrio y sabíamos de que pie cojeábamos. Como se movían las calles, renqueantes, pero seguras y directas.
Sabíamos quien era el listo, la que mejor lo arreglaba todo, el pesado, el homosexual… cada uno tenía su etiqueta, su San Benito.
Podíamos señalar a la puta sin temor a equivocarnos, hablar de lo que cobraba, con cuantos viejos se lo hacía y de que el Cefe era el que le había pegado las ladillas.
De lo que no teníamos ni idea, ni queríamos saber, era de como había llegado a esa situación. Si era feliz, si cambiaría de tener la oportunidad. Sólo era la puta asiática del barrio, con eso era suficiente.
Como la vieja del visillo, el modernikis, la supermadre y el sucio fontanero,… todas las profesiones y, sobretodo, la profesional.
LaRataGris
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25 junio 2024
Hace tiempo, como en un cuento lejano, sucedió algo mágico: la gente se puso de acuerdo para hacer el bien.
Por supuesto el capitalismo se apropió de la idea.
-Os apoyamos- dijo ese capitalismo-. Seguid comprando.
Y la gente empezó a pagar por la idea que dijo era suya. Compró su compromiso y aplaudió hasta tener las manos rojas porque el capitalismo solo había tardado varios siglos en hacer lo correcto.
-Bravo- gritaban
-Gracias, comprad- les insistía el capitalismo.
Mientras la tendencia estuvo en alza todo fue muy especial. Todos reforzaban la idea, todos se sentían orgullosos, todos a super muy, mucho, a tope.
Pero la moda pasó como los segundos en el reloj.
– Esta moda, este ahora es nuestro verdadero yo. Seguid comprando.
y mutó como cientos de veces había hecho antes, el capitalismo siempre se adaptaba para que siguiéramos comprando: mentía, fingía.
-Lo que sea necesario; eso haré pero no dejéis de comprar. Por favor, por Dios, por Shiva, por las Tortuga Ninja en el capítulo cuarenta y tres. Comprad.
LaRataGris
Comprad esto.
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11 junio 2024
Como si abres un libro por la mitad. No sabes el título, no sabes de que va y allí está Rosso que acaba de robar el ídolo de los Martínez. Nadie conoce el principio ni el porque de las cosas.
A partir de la tercera generación todos empezaron a actuar como autómatas sin sentimiento.
Eso sí, se gritaban los unos a los otros de forma sentida a la par que vacía.
Rosso se deslizó en una sombra al ver al clan contrario. Respiró lo más despacio posible mientras el ídolo se le pegaba a la piel sudada. Sujetó sus cuernos moldeados, observó antes de arriesgarse de nuevo. Aquel robo era más importante que su vida, no podía dejarse atrapar.
Caminó intentando no hacer demasiado ruido, adentrándose en un callejón sin salida, con la idea de esperar en el hasta que los otros se fueran.
Dejando atrás las sutilezas salió corriendo, calculando el salto que le permitiría subir hasta el muro y escapar.
Infravaloró la altura o sobrevalora sus capacidades. Chocó y el ídolo se hizo añicos. Ya no había objeto por el que pelear. Mil pedazos de Cerámica entrechocaban y se le clavaban mientras le apaleaban hasta la muerte.
Lo dejaron tirado para que lo recogiera el barrendero. Nadie lo registro, nadie sabia que allí estaba su preciado estatuilla.
Las refriegas continuaron generación tras generación, sin saber que el motivo de su disputa estaba roto y perdido. Como si hubiesen cerrado el libro por la mitad, sin saber ni que acababan de leer.
LaRataGris
persigue tu ídolo.
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27 mayo 2024
En el número treinta y siete de la calle Delicias vive Andrea con sus dos hijos y un mosquito gordo, bien alimentado.
Cada noche, Andrea, duerme con los ojos abiertos, atenta al lugar del que proviene el zumbido. En la oscuridad el blanco de sus ojos son como faros que el insecto usa para orientarse.
Surca el viento de su respiración, esquivando uno y otro de los manotazos de la soñadora.
A veces el mosquito invita a varios amigotes y les permite picotear su sangre gran reserva; en esas ocasiones acribillan a los niños sin remordimiento, sin conciencia.
Andrea, desesperada, ya no sabe que hacer. El bicho tiene una tolerancia espectacular a los insecticidas y es capaz de esquivar sus aspaviento como si le leyera la mente.
Nada ni nadie parece poder detenerlo, no hay leyes, no hay moral que lo frenen. Sólo es un prodigio de la naturaleza que vive en el treinta y siete.
LaRataGris
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13 mayo 2024
-¿Cómo te llamas?- preguntó mientras ella se desnudaba-. Tu nombre de verdad.
– Rubí – Repitió el nombre que ya le había dado al acordar la transacción.
– Vamos, hay confianza.
Y ella buscó un segundo nombre que tenía para estas ocasiones, su nombre de pobre – Isabel -. Ella sabe que a los puteros les gusta saber que se la chupa Isabel, que se humilla sin otra salida. Así se pueden correr pensando que le hacen un favor, que el billete que pagan les da para comer a ella y a sus cuatro hermanos.
¿Isabel? que bonito, te llamas como mi hija. Ven, Isabel, hoy podrás comer caliente.
Entonces ella sonríe fingiendo timidez y poco a poco se degrada.
LaRataGris
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6 mayo 2024
Nadie sabía por qué sonreía ¿De felicidad?¿De tristeza?
Los músculos de su cara se habían quedado congelados como en un rictus eterno.
Y te miraba sonriendo mientras hablaba de lo mundano, de la muerte, del amor. Siempre la risita y ausente la mirada.
-¿Por qué? – se preguntaba la gente, era imposible ignorarlo.
Él, sin perder su eterna sonrisa, repetía una y otra vez, entre dientes; que no era asunto de nadie más que de él mismo y de la mujer gigante.
LaRataGris
Más cositas.
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15 abril 2024
No, no era uno de esos malvados megalómanos de opereta, de los de conquisto o destruyo. El simplemente era un malo nivel usuario.
Esas pequeñas cosas de tirar un papel al suelo, tirarse un pedo en el ascensor y mirar con sospecha al de al lado, beber demasiado, conducir contra el mundo. No le pegaba a nadie aunque siempre decía: Si me tocas los cojones te rajo.
Escupía, maldecía, no tenía problema en mentir para ahorrarse discusiones o meterse en discusiones para encontrar problemas. Por supuesto no reciclaba, ni daba los buenos días ni las buenas noches.
Era un imbécil prepotente; un problema para el mundo, suma y sigue.
Cosas pequeñas como las que todos nos perdonamos para hacer la vida agradable, plausible. Es más fácil eso que dejar de ser malvado.
Los verdaderos malos quedan para telefilmes de bajo presupuesto, cómicos, megalómanos que lo destruirían todo. Como nosotros pero a gran escala.
Y las grandes corporaciones que podrían poner su granito de arena, se frotan las manos después de señalar al pequeño malvado de turno.
LaRataGris.
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8 abril 2024
La pared quedó como un recordatorio de todo lo que había pasado. Incluso aunque los asesinos se encargasen de que alguien limpiase la sangre, el muro se alzaba imponente a ojos de los silenciosos ciudadanos.
Nadie se atrevía a hablar frente a aquel paredón pero, los pensamientos, volaban libres. Había miradas esquivas con la realidad que sólo hacían inevitable que el resto de ojos acabasen en el rincón que las primeras evitaban.
No importaba aquella verdad de gritos silenciosos, los represores no iban a detenerla para que su memoria evitase un estallido del pueblo.
Un pelotón de fusilamiento mató a sangre fría, acalló con disparos el ruido de la revolución. -El pueblo quiere paz, no libertad – sentenció el poder pensando que el miedo no dejaría a nadie responder. No entendía que en sangre se escribe el miedo pero, también, señala otro camino.
LaRataGris
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1 abril 2024
Una noche más juntó en un cesto de mimbre los restos de viva que había podido recuperar. Parecía la frágil piel de una serpiente tras varios días al sol. Pasó sus manos desnudas, intentando recordar como se había hecho cada herida, como se había caído y si se había levantado o se había quedado tumbada allí, muerta.
Con cada noche que pasaba su traje era más pequeño. Los retales que quedaban para coser eran casi ridículos; como si la antivida fuera comiéndose sus momentos más felices, como si necesitase recargarse de algo que no podía. Cogió parte de los vicios que había acumulado.
Antes, siempre antes, dormía bien con una pequeña dosis pero, con su traje tres tallas menos, comido por las polillas de la tristeza… intento parchearlo con más y más vicio.
-Mañana será otro día -se mintió. Sería el mismo día, la misma repetición con un disfraz más pequeño, con una vida más quemada que ya no sabía con que rociar para apagar el incendio.
LaRataGris
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