Entender

1 agosto 2025

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Por favor, opine silencio

21 febrero 2025

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El vaivén cantado

5 noviembre 2024

Tenía el aspecto de un cantante de tango en decadencia. Gordo, bajito, con una hilera de hormigas sobre los labios y la cabeza enmarañada de ausencias. Estaba viejo para esa mirada de borracho social y caminar con el vaivén del mundo.

Se apartaban a su paso, lo miraban de reojo y el cantaba viejas penas que se había llegado a creer.

-Canción de la tristeza y la soledad – berreaba triste y solitario.

LaRataGris


La loca

1 agosto 2023

La loca tenía un título universitario, pensamiento claro y la soledad no como amiga pero tampoco como enemiga. Sólo trataba de vivir, luchaba contra las adversidades igual que haría un cualquiera.

Pero le llamaban la loca porque no cumplía el cien por cien de las normas establecidas, los estándares aceptados.

La loca buscaba su propia felicidad por mucho que la quisieran atrapar.

La señalaban, la criticaban y ella, por el camino difícil, los ignoraba.

LaRataGris


Diez años de soledad

23 mayo 2023

Perdóname por no recordar la fecha exacta, no soy uno de esos que tienen cada detalle archivado en su cerebro.

Si fuera así te diría que ese día llevabas un pantalón ligeramente acampanado y una blusa blanca con chorreras negras a la altura del pecho. Sabría si llegaste corriendo o si respiraste mil doscientas veces antes de perder el conocimiento.

Pero no soy una de esas personas de memoria fotográfica o que, en cuanto llega a casa, apunta en un diario, que jamás volverá a leer, que ha tenido una pelea y ha escapado por los pelos.

Supongo que en esta ocasión hubiera estado bien tener un registro pormenorizado de lo que me querían robar: Chaqueta tejana con un parche de eskorbuto en la espalda, zapatillas anchas, blancas con una franja azul en el lateral, las niu olimpus, tres monedas de escaso valor y un billete de no mucho más.

Por desgracia no existe tal registro; tendrás que conformate con mi memoria que es escasa y tendente a la fantasía.

Empezó hace diez años, once incluso, puede que solo cinco. Aquella mañana todo parecía normal hasta que hable con Ricardo.

Como si nunca hubiese aprendido a hablar balbuceó cuatro gruñidos que, en teoría, yo debía descifrar. Tras media hora de: repítemelo, no te entiendo, ¿Cómo? conseguí no enfadarme mucho, estaba molesto por una broma que ya duraba demasiado.

No fue el único. Desde ese instante vi que cualquiera con el que me cruzaba balbuceaba, como si se hubiesen puesto de acuerdo para volverme loco.

Durante trece días me hicieron pensar que era mi cerebro el que se había desconfigurado. El doctor no me entendía, yo estaba fuera de ese mundo cambiante. La realidad se había transformado para dejarme perdido en el pasado, sin registros fiables de porque me había peleado, de que es lo que me habían intentado robar o porque la gente se comporta de esta manera. Qué más da la ropa que llevases o si el pelo parecía cantar con el viento ¿ha cambiado el mundo? ¿son los leñadores? ¿o es que han pasado diez años de soledad?

LaRataGris


Repercusión del continente

1 octubre 2022

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Silencio sabor soledad

31 mayo 2022

No quedaba nadie en casa. El silencio oprimía al viejo como si toda su vida hubiese estado ahí, apretando, haciéndose un hueco hasta que solo él quedaba frío e inservible.

Encendió la radio para ver si conseguía autoengañarse con las voces, la música, los ruidos. Sonaba a un millón de años luz de distancia, en un tiempo perdido.

Lo apagó al instante, respiró de nuevo el silencio para que la nostalgia no lo llevase hasta la puerta de otra época, para que la soledad no volviese a tomar la iniciativa.

-¿Cuanto hace que estoy solo?- Se preguntó- ¿Cuantos años estuviste conmigo pero ausente?- Pregunta a los fantasmas.

Los platos quedan en el fregadero, los dientes negros adornan una sonrisa distante y apagada, se hecha a dormir con la ropa de la calle, abrazado a la desgana, soñando momentos que ya son imposibles.

LaRataGris


Un lugar donde quemarse

9 enero 2020

Estaba hecha de estrellas. Brillaba con ellas y a la vez le quemaban, por eso a veces necesitaba un rincón en el que explotar. Cuando sonreía el mundo giraba deprisa a su alrededor. La luna estaba contenta mientras le escuchaba enredarse en un laberinto de palabras para decir que había amanecido, por eso a veces le pillaba el sol y ya se iba más tarde.

Su respiración era el aliento de la vida y, por ser tan importante, podía ignorar la realidad, construir su propio refugio, donde disfrutar de la soledad de una compañía.

Estaba hecha de luz y fuego, estaba hecha de amanecer e infierno. Lo era todo, incluso cuando se volvía pequeña nada.

LaRataGris


Animales solitarios

11 junio 2019

A pesar de que no tenía perro, cada semana, desde hacía diez años, se acercaba hasta la tienda de mascotas y compraba una bolsa de pienso para cachorros. Aunque no tenía corazón cada día hacia más grande su laberinto de muros, evitando que alguien pudiese encontrar el hueco donde tendría que estar. Era suficiente con el amor de su chucho.

Se lo imaginaba cariñoso, moviendo la cola al llegar a casa, soltando algún ladrido esporádico mientras el lo chistaba para no molestar a los vecinos.

Un día, tal vez un lunes, sonó un timbre que no supo reconocer, volvió a escucharlo mientras el perro ladraba como si alguien llamase a la puerta.

Un niño, frágil como el rocío, le esperaba en la entrada.

-Buenos días-dijo el niño intentado que la mirada penetrante del adulto no le rompiese.

-¿Pero?-miró las calles tortuosos que había construido durante décadas-¿cómo has atravesado mi laberinto? ¿los lobos? ¿las trampas? ¿por qué llegas ileso?

-Señor, mi cometa, se ha colado en su balcón, ¿podría devolvérmela?

-Por supuesto que no-se mostró tajante- mi animal se la habrá comido.

Sin esperar réplica cerró la puerta con vehemencia mientras se decía que debía tener cuidado con estos mequetrefes. Estaba seguro que de permitirle recoger su artilugio le chuparía la sangre como el vampiro emocional que se le intuía- Los niños- sentenció-no son de fiar.

Tapió la puerta Y corrió los cortinas para que nadie le viese desde la calle, aunque la curiosidad le supero Y se asomó por una rendija mientras el niño observaba desde abajo.

– Señor- le gritó desde la seguridad de la calle- está ahí, intacta.

Vencido recogió la cometa y se la lanzó al mocoso, no sin antes fingir que apartaba al can.

De forma impecable planeo hasta sus manos mientras el perro se enroscaba a sus pies.

Había solucionado de una forma inteligente el problema, antes de que se le acercasen a robarle la vida. El ya tenía más que suficiente con el cariño de su chucho.

LaRataGris

Me reconozco en mis muros, en mis laberintos, en mi soledad…


El Vacío

6 mayo 2019

Caímos en un pozo sin fondo- Estúpido- nos hundimos sin darnos cuenta. Al principio como piedras, hasta que nuestra cabeza se acomodo a la velocidad y creímos flotar mientras nos precipitábamos.

Nuestro pelo y los pliegues de la ropa seguían venciendo la fuerza de la gravedad mientras, nuestros gestos, me mentían sobre una vida normal. Nos abrazábamos durante el descenso, eramos amables como jamas lo habíamos sido antes, en nuestra unión respetábamos el espacio del otro. Era un túnel estrecho pero podíamos disfrutar de la soledad de cada cual.

un día me dijo: «Yo no puedo seguir cayendo”

Extendió sus brazos para frenarse contra las paredes den barro, debió dolerle a la velocidad a la que bajábamos. ¿Después? puede que empezase a escalar , o tal vez se quedo allí atrapada por el cansancio y el dolor, no se. No volví a verla. Yo seguía cayendo como un estúpido, puede que al llegar al suelo ella me cayera encima pero, por ahora, estaba solo.

LaRataGris