Sembrando sueños

18 marzo 2011

Siembra sueños

Sonámbulos.

Seres serios sentados, soberanos sin sentimientos, sangrando súbditos sometidos.

Sesgaremos sus sistemas saturados. Sobreviviremos sembrando solidaridad. Suerte, susúrranos sonrisas sinceras, sánanos si sucumbimos, sobrevuélanos siempre.

Sobran sus salmos, sus sibilinos secretos…soñaremos sal, sol, suelo…libertad.

LaRataGris.


El mapa de nuestras heridas

11 marzo 2011

El mapa de nuestras heridas

El amante de la luna

Amanece y la luna le da un beso de buenos días, lo desacuna suavemente y con palabras hechas de luz le susurra- despierta mi dulce niño, ya es de día-. Él se quita el disfraz de soñador, se maquilla de rutinas y vestido como hombre de provecho desaparece en la calle.

Cruza las estaciones de tren, se mueve deprisa para llegar el primero, poder comprar, vender, fabricar,…producir el máximo de piezas útiles y ser un eslabón indispensable para su cadena de montaje. Acaba exhausto de rebotar sobre las paredes.

Desganado se arrastra sin fuerzas hasta la noche.- Amor- le da la bienvenida su alegre luna menguante y lo baña en un sueño que le lleva por tierras tranquilas.

Sin mantenerse entero se desmonta y guarda cada pieza en una cajita donde, acurrucado, deja que su luna lo acaricie. -Buenas noches- le sonríe agotado- no sabes lo mucho que te he necesitado hoy.

 

 

 

 

Las partes del mapa

Se habían acostumbrado a ser las dos partes de un mismo mapa. Dos vidas que se necesitan la una a la otra para poder ser leídas. Un abrazo casual y los pliegues de la piel empezaban a montarse sobre sus cuerpos, dibujando el recorrido de sus días, marcando con una equis algún lugar donde se había perdido un tesoro.

Cada noche se rompían los dedos recorriendo los lugares comunes del dolor, como hombrecitos caminando sobre sus cortezas. Seguían el trazo de la línea discontinua tatuada en el pellejo. Los brazos se fundían en un abrazo para poder soñar un camino secreto y, sobre los dos unidos, se cruzaban los segundos en una maraña de sin razón.

Con caricias desenredaban las carreteras del pasado, pintaban nuevas sendas y reordenaban el mapa de sus heridas para que nada doliese tanto. Era un plano de vencidos buscando consuelo.

Los besos ladrones les desgastaban, borraban las marcas del dolor y a cambio dejaban un llanto de silencios. Habían aprendido a regalarlos sin amor, erosionar su exterior para que las primeras luces del alba encontrasen el interior de los amantes hecho un nudo de noche.

 

 

 

 

La luna

 

A ella le quedan los días soleados, el silencio y la tranquilidad de la casa vacía. Se levanta primero, deshaciendo el lazo de los cuerpos y, entre caricias, lo despierta con suavidad y le da un beso antes de que se marche.

Se siente tan fresca y radiante que necesita estar sola, no pensar en nada ni nadie.

Tan feliz de su nueva vida, los primeros pasos sobre la tierra para acabar haciendo lo mismo de siempre, no parece importarle porque la memoria ha olvidado los años.

Se pinta de juventud, de perder el tiempo y quedarle una eternidad por delante. Pero las fuerzas que aún deberían ser eternas se disipan sin más y la enfermedad le clava un cuchillo en los huesos que parecen quebrarse dentro del cuerpo. Se deja caer incapaz de llegar a ningún sitio. Cierra los ojos, se siente demasiado frágil a pesar de este invernadero que se ha hecho construir. Cuenta los tic tac del reloj, los ordena en grupos de diez y, cuando tiene los equivalentes a once horas adivina a su amado llegando de trabajar.

Se arranca un pedacito de corazón, apretando los dientes para soportar el dolor . Esta noche lo volverá a acunar, le borrará la pena igual que él la mece y la reinventa.- No sabes lo mucho que te he necesitado hoy- y ella le responde sin pronunciar palabras- Yo también necesitaba sentirte.

LaRataGris.


Las flores del sueño

11 febrero 2011

El campo de la soledad

 

No recuerdo cómo llegamos a este yermo, si lo hicimos a la vez o por separado pero, un día estábamos los dos necesitándonos. Empezamos a rellenar carencias hasta convertirnos en una sola persona, sobreviviendo a aquel infierno de soledad con la suave caricia de nuestros labios. Si se nos llevaba el viento nos cogíamos de la mano, nos atábamos a la tierra y curábamos las heridas del golpe. Si uno sentía el miedo girándole el estómago, el otro se acurrucaba a su lado, temblando, lloriqueando,…consolando.

 

Nos perdimos mil veces en ese desierto antes de admitir que jamás tendría fin aquel rojo abrasador. Moriríamos allí en cuanto dejásemos de poder comernos, cuando nuestros cuerpos no regenerasen por las noches todo lo que nos alimentaba de día. Construimos nuestro hogar junto al único árbol que vimos después de rendirnos. Levantamos paredes de nada, acostándonos a dormir sobre el suelo rojizo mientras nuestro techo de nubes nos protegía de la lluvia de estrellas. Amanecíamos abrazados, soportando el frío del silencio.

 

miedo

ilustración de Juan Kalvellido y Maria Jose Daffunchio

 

El camino de las hojas

 

Cada mañana brotaban del árbol cientos de brillantes hojas de vivos colores. Parecían gritarle al hiriente monocromo del lugar. Una pequeña esperanza de vida tan efímera como los segundos que nacen para morir al instante. Como si fuese primavera y otoño a la vez se asomaban para caer y dejarse llevar por el viento. Nada las retenía, no quedaban recuerdos de su paso, se perdían en el horizonte. Al atardecer sólo quedaba un árbol calvo, de tronco rojo y enfermizo, como si la luz hubiese sido un sueño transitorio.

 

A fuerza de repetirse la fantasía, de formar parte del espectáculo matinal, fuimos construyendo en nuestra mente la idea de que, a lo mejor, era real. En un acto reflejo despertábamos sin nada que hacer, con los ojos enfocados hacia sus ramas. Seguíamos con la mirada su recorrido hasta verlas desaparecer, siempre en la misma dirección, una supuesta salida del infierno.

– Tal vez- me susurró desesperada de aquella cárcel sin muros- si realmente no es un sueño… puede que estén huyendo, que conozcan un camino y…quizá si las seguimos podamos escapar nosotros también.

La até tan fuerte como pude, como siempre habíamos hecho, asustado de que se la llevase la misma brisa que a las hojas. Le hablé de cuando buscábamos el final de la prisión, de cómo destrozamos nuestros pies para seguir estando en medio de la nada.- Es un camino de viento, solo tendríamos que dejarnos llevar pero, desaparecería dejándonos caer o, en sus caprichos, nos abandonaría a distintas corrientes, nos separaría dejándonos huérfanos. Es mejor olvidarnos…aceptar de una vez nuestra situación-.

 

Pasaban los días y parecía incapaz de sentirse viva. Se tumbó a los pies del árbol, se hizo un nudo en los labios y me quedé solo. En sus ojos se leía la pena de verse atrapada. Lamí sus heridas como siempre había hecho, pero esta vez se negaba a sobrevivir. Regué sus labios con mi sangre, intenté alimentarla.

 

Acaricié su rugosa piel con dientes afilados. Su cuerpo ya no regeneraba mis mordiscos, su carne se volvía insuficiente y poco gustosa. Me cansé de cuidarla.

 

Empecé a tener siempre hambre. Mi cuerpo se retorcía hueco, se hacía pequeño y me costaba moverme. Miré a mi alrededor siempre igual. Ya no tenía sentido poder caminar. Brotaron raíces de mis piernas, se formaron ramas en mi cabeza y me convertí en un árbol como el que nos había cobijado, fue lo único que se me ocurrió para poder resistir.

 

Las hojas de viento.

 

Un día ella se levantó. Comenzó a caminar ligera sin el peso de su cuerpo. Bajo sus pies ya no quedaba mundo. Surcaba la senda del viento, rodeada de hojas multicolores que seguían su mismo camino. Avanzaban los kilómetros y empezaron a perder su color, se hacían transparentes, más suaves y delicadas. Se convertían en hojas de viento y se disgregaban libres. Su imagen también cambiaba, poco a poco se volvía invisible, desaparecía igual que mis flores del sueño en cada amanecer.

 

 

LaRataGris.




Viviendo un reflejo

27 enero 2011
συζήτηση

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

A veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos. Tal vez sea yo por habérmelo planteado. Mi pensamiento es lo que me aleja de todas las imágenes pero, a la vez, parecen tener una autonomía propia, una forma de desplazarse que no me pertenece.

Yo fui uno de tantos. Me perdía en conversaciones que nadie escuchaba, oía el rumor de una contestación que no me interesaba y al final nos despedíamos con la corrección debida. Todo perfectamente estudiado para no tener que implicar a nuestras ideas. Sólo frases hechas, aprendidas desde la niñez. Una simple mirada, un gesto, podía servirnos para ahuyentar el tedio de la explicación; inclinabas la cabeza con respeto y ya llevaba su hola, adiós y deseo de felicidad. Sin necesidad de diálogo el razonamiento se fue pudriendo. Nos convertimos en máquinas, reflejos de vida, imágenes que necesitan un original del que copiarse.

 

Sin darnos cuenta sustituimos interlocutores por viento. Lanzábamos las mismas palabras, acompañadas de las pausas, los gestos, las intenciones…pero hablábamos solos. Nos entretenían las tonterías de siempre, sin necesidad de réplica. Supongo que eso fue lo que sucedió…yo recuerdo seguir hablando, no sé con quién, de qué, dónde…pero yo decía, eso es incuestionable. Un día me resfrié, algo tan simple y un estornudo me hicieron callar. Aún en silencio escuché las palabras que iba a pronunciar, salían de otra garganta, de dos, de mil, de todo el que me rodeada. Absolutamente todos producían un eco perfecto, duplicaban las voces, los mismos significados huecos. Miré a mi alrededor fijándome en aquellos reflejos de lo que yo mismo era un segundo atrás. Caminaban con la mirada perdida en su destino, se esquivaban como en un acompasado engranaje. Sólo yo, ajeno a la repetición, molestaba su ir y venir.

 

Parecían hablar mientras reproducían algo aprendido hace tiempo. Lo escuchaba en mi cabeza, me pedía salir de nuevo. En ese momento me di cuenta que yo era lo más parecido a la libertad. Podía formar una palabra nueva fuera de aquel flujo. Decir cualquier cosa aunque no tuviese a quién. Grité un algo sin sentido, fue lo único que se me ocurrió, una impotencia, un lamento…unos signos diferentes antes de volver a ser parte del conjunto, antes de borrar de mi mente que, a veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos.

LaRataGris.


¿Quieres ir a la cárcel?

29 diciembre 2010

Ya esta libre como un pajarillo.

Para un día que se me ocurre abrir la boca y tiene que ser un veintiocho de diciembre, o lo que es lo mismo mea culpa y cagaras miserias. Todo empezó una semana antes, le envié un correo al kalve encabezado por un sonoro- He tenido una idea tonta¿quieres ir a la cárcel?- y de su si se lió bien gorda.

Ya con su consentimiento empecé a preparar la noticia(libertad para Jkal) con la idea de que nadie iba a picar, cantaba a la legua la mentira, se reirían un rato a nuestra costa y pasaríamos el día sin pena ni gloria. Pues bien, se lo ha tragado más de uno y no veas como se han puesto, cómo si la libertad de expresión sólo sirviese para que te la quiten, nunca para hacer una broma, (sobretodo si es a ti a quien te toman el pelo y no al vago del rey). Por suerte han sido más los que han sentido que era una bufonado. Para los que no lo supieron ver a tiempo pido disculpas, no era mi intención herir sensibilidades. Habiendo aprendido la lección para los próximos santos inocentes intentare ser más evidente, avisar con antelación y asesinar al Papa, seguro que nos reímos más…

Por cierto, esta broma no hubiese sido posible si realmente hubiese libertad de expresión.

Salud y anarkía

LaRataGris


Ya puedes conseguir mi nuevo libro “Retratos-relatos»

28 noviembre 2010

Flyer retratos-relatos

La idea de este libro fue la de recopilar algunos de los cuentos que fueron saliendo en diferentes medios. Es cierto que esto ya lo había hecho en la web y allí te los puedes leer. Pero ¿qué quieres que te diga? Soy un nostálgico del papel, si tú también lo eres no dudes en cogerte un librito y espero que lo disfrutes…

 

Ratas de biblioteca


Reescribiendo margarita

19 noviembre 2010
Dafne

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

Erase una vez un quizá en el pétalo de una margarita, un tal vez o depende y puede…mientras se iba deshojando. Cuando el tiempo reescribió las historias borro la inocencia y las respuestas fáciles. En cada nueva flor que se le marchitaba entre las manos se añadían mil por qué, justificaciones, miedos. Uno de sus ojos ya no quería ni mirar asustado, el otro fingía un falso valor y confianza para que el resto de su cuerpo no huyera en estampida, acabaría desmembrada, esparcida en pequeños trocitos de lo que fue.

Un abrazo ata sus partes, una caricia con la lengua- ¿Qué te han dicho los pétalos? ¿sigo enamorada?- La voz suave la arrulla, la desarma y olvida todo lo que ha leído. Las páginas florales quedan en blanco para volver a enamorarse.

-No me han dicho nada, tendremos que predecir nuestro propio futuro.

LaRataGris.


El sueño de las palabras

15 noviembre 2010
dibujo maria jose

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

Me quede dormida sobre fantasías ajenas, en un duro colchón de palabras e ideas. La realidad se me había antojado un lugar inhóspito, triste y oscuro,…vacío si no lo llenaba con todo el camino memorizado. Así que seguí recorriendo algunos de los más hermosos pasajes, me crucé con mis héroes y villanos favoritos, las ciudades ardiendo, revoluciones perdidas que en mi mente triunfaban por que era lo correcto…respiraba la magia, el olor y silencio de un momento descrito.

Más tarde, cuando desperté de mi pequeña muerte, todo me pertenecía. Yo era la dueña de las palabras y a la vez su libertadora. Los cazadores las habían encerrado en jaulas de papel, donde domesticar y moldear sus antojos. Rabiosas por el cautiverio, las ideas-palabras, mordían cada mente dispuesta a escuchar, se hacían fuertes y gritaban a través de su huésped. Yo, soy parte de ese eco.

LaRataGris.

 


Princesa revisitada

20 julio 2010

Un día la Bella Durmiente se despertó harta de ser un estereotipo. Miró sus lacios cabellos rubios, los pómulos sonrosados y le preguntó a su espejo, espejito quién era la más bonita.-Blancanieves- respondió al instante- no cabe la menor duda-.

Suspiró aliviada. Ya no quería competir por ser la más hermosa, necesitaba que la valorasen por algo más y, con esa idea, abandonó su torre de marfil descolgándose por la ventana con una cuerda trenzada con su propio pelo.

Atravesó el patio da armas llevada por botas de siete leguas y se acercó a la sastrería del pueblo. Allí esperaba encontrar algún valiente sastrecillo que le tejiera un traje, símbolo de su transformación de mariposa a gusano. Pero se había ido a matar gigantes y el del emperador seguro que le cosía un vestido demasiado rimbombante y esperpéntico, para nada acorde con su estado actual.

Acostumbrada a no solucionar nada se derrumbó. Al fin y al cabo vivía en un palacio en el que, el día que se levantaba, ya lo tenía todo hecho. Aquella situación era demasiado para ella. Llorando en una esquina la gente se acercaba para ver qué ocurría. Apenados de ver una chica tan guapa llorando, con el maquillaje resbalándole por los pómulos le preguntaron qué le pasaba, si necesitaba algún príncipe azul que la rescatase. Entre sollozos explicó su historia, lo desgraciada que era por ser feliz y lo mucho que le gustaría dejar de comer perdices y ser una más del pueblo, igual que el príncipe que se convirtió en mendigo.

Hasta el gato se rió de su sombra mientras desaparecía raya a raya. Estaba sola, con la corona aboyada, la seda rasgada y la cara manchada de camino. Era un despojo sin dinero y con tanta hambre que se hubiese comido hasta un guisante que hubiese estado mil y una noches bajo cien colchones. Así que regresó por el camino de baldosas amarillas, pensando que la próxima vez le pediría a su papi un chandal de terciopelo azul, a juego con sus zapatitos de charol rojo. Se rizaría el pelo para poder jugar con sus bucles dorados y se entretendría en buscar nombres extraños perdidos en sopas de letras…cualquier cosa antes que volver a arriesgarse con la vida.

LaRataGris.


Avaricia

22 junio 2010

Carlos llegó a la ciudad y se sentó en un rincón a llorar- No tengo nada, nada de nada, nada-. Era lo único que parecía saber decir y alguien sintiendo pena le dio de comer, otro donde dormir y un tercero una forma de ganarse la vida.

Al principio, contento, se levantaba temprano. Cada mañana iba a trabajar y urdía un plan para dejarlo rápido- Es tan poquito, muy poco, poquísimo- fue su nueva consigna llena de lágrimas y pesadumbre. Enseguida llegó más comida, una habitación más grande y un trabajo con más responsabilidad.

Un tiempo y la situación se repetía con otra frase distinta- No es suficiente…quiero más…¡inclinaos ante mí escoria!- cada vez más autoritario, ascendiendo sin piedad. Ya no necesitaba manipular a nadie, podía chasquear sus dedos y una cohorte de acólitos se inclinaba ante el poder de su dinero. Pero Carlos no estaba feliz. Su supremacía le llenaba de orgullo, era un chico de la calle que se había labrado un porvenir, era la persona más influyente, ya no de la ciudad, del mundo entero pero…él quería seguir subiendo y no le quedaban metas por conquistar.

Un día Antonio llegó a la ciudad con mucha hambre…Carlos ya se había suicidado y el grupo de trepas comenzó a moverse ocupando los espacios vacíos. Quedaba un hueco en la zona más baja, donde los mendigos intentaban inútilmente despuntar. Antonio se sentó en aquel espacio y se preparó un bocadillo con lo poco que había conseguido aquella mañana, no estaba demasiado bueno pero mataba el hambre. Después estuvo haciendo algunas preguntas, buscando la manera de ganarse la vida allí. Lo único que le decían todos era que si sabía llorar todo sería muy fácil para él. Así se conseguían las cosas. Y lloró un poco, todo aquello lo entristecía. La gente se acercó para darle una limosna que él rechazó- Vivir de la amargura sólo me puede traer más melancolía. -Gracias, pero tengo que irme- y se marchó mientras la ciudad esperaba que llegase un nuevo pilar para su pirámide. La maquinaria no se puede desequilibrar.

LaRataGris