El asesino de la inocencia
1 marzo 2012Machos alfa
27 febrero 2012El señor Borrell, que se ha ganado el apodo de señor disfrazándose de macho alfa, bruto y salvaje, se sentó a mirar El infinito. No miraba las estrellas desde que era un crío enamorado que sólo tenía ojos para el escote de una cualquiera. Aquella noche no era muy distinta y sin embargo parecía como si la inmensidad quisiera llamar su atención- Borrell,- le susurraba- siéntete pequeño, tiembla ante mi grandeza-. Y claro, ya no creyó ser tan importante.
Pensó que era algo insignificante, una mosca a punto de ser aplastada y, como no quería morir, llamó al resto de machos alfa para explicarles como el universo le había revelado su poder y domnancia. El que mas el que menos, había sentido en algún momento de su vida aquella fuerza descomunal así que no tuvo que explicarles demasiado. Uno a uno fueron buscando en sus miedos mas escondidos, allí donde ocultaban los terrores que no creían propios de unos machotes como eran ellos y, acabaron admitiendo que se sintieron perdidos ante aquello, por eso jamas lo habían exteriorizado hasta entonces.- Nada podremos contra el universo si continuamos separados- era tan lógico que fundaron la U.A. inmediatamente. En su primera intervención, la unión alfa, se pavoneo y cacareo sus fuerzas para atraer el mayor número de cobardes, buscando protección, a sus filas. Todos los solitarios quedaron atrapados convencidos de que solos no podían nada. Constituyeron países, continentes y finalmente un mundo insultando al cosmos y su grandilocuencia. Fabricaron una flota de naves defensivas, cruceros protectores, cañones, proyectiles, palos y piedras que sirviesen de barrera contra la idea infinita y, con todo aquello, destruyeron la realidad para que nada ni nadie les pudiese vencer a ellos. El grupo les había salvado del rumor y, ahora que todos eran uno, otra amenaza empezó para que la fuerza siguiese teniendo sentido.
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Lobotomi day ei ei end
21 febrero 2012El día internacional de las piernas finas todo el mundo hablabababa de lo mismo. Elogiaban los alambres más resistentes y la combinación más elegante. La televisión había estado meses preparando el terreno y, el día en cuestión, hizo que toda la programación se hiciese eco con anuncios, concursos y series creadas expresamente para la ocasión.
En la calle todos habían corrido a pagarse unas estilizadas extremidades y, el que no las podía comprar, intentaba disimular sus horribles patas de humano fuera de onda con la ropa adecuada, se escondían de los lugares públicos o, muy pocos, reivindicaban su condición luciendo carne donde sólo tendría que haber aire de paso. Pero acallaron la reivindicación que deslucía la tranquila y festiva globalidad. Redujeron a los alborotadores, eliminaron las voces disidentes y la gente pudo mantener la ilusión de una vida correcta y equilibrada. Todos los perfectos sonreían al día tan especial que habían logrado, todo encajaba y por eso las autoridades ya podían empezar el próximo y definitivo día internacional sin pensamientos. Auguraron un cambio radical tras el mismo, un nuevo orden mas sencillo y menos conflictivo… ya no podían esperar nada mas.
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Las fórmulas caducadas
14 febrero 2012Mosca no sabía cómo había entrado. Seguramente pasó por una pequeña rendija, una puerta que se abrió y cerró en apenas un segundo y se la comió. Quedó atrapada en un lugar tan grande que podría haber fingido que era un mundo nuevo por descubrir. Pero, claro, aquel planeta estaba rodeado de cuatro paredes, le pesaba un techo y no corría aire o luz. Allí no podía ser feliz. Se sentía extraterrestre colonizando una tierra yerma, sin oxígeno ni las condiciones adecuadas para crearlo.
La única ventana que parece mirar el cielo azul esta protegida por un campo de fuerza invisible para mosca. Una vez y otra vez se lanza como una kamikaze, chocando la cabeza contra un enorme catacrok que no la lleva a ninguna parte.
Decide trazar planes distintos; coger carrerilla y estamparse en línea recta, zigzagueando, entrando en diagonal… da lo mismo, siempre llega a ese punto en el que vuelve a destrozarse contra la fría membrana que la retiene, siempre tiene que volver a gritar de rabia mientras busca otras formas de ir directa contra el cristal.
Mauricio la mira en sus intentos vacíos y, al final, conmovido, decide ayudarla. Atontada por los golpes es fácil de atrapar y enviarla con la fuerza, que ella no tiene, contra el mismo punto cerrado con idéntico resultado. No se desanima, motivado por la perseverancia de la mosca se inventa una forma de darle más impulso, algo loco que no parece que vaya a funcionar hasta que, montado, se sorprende con su complejidad. Tres tirachinas que rebotan, que activan un mecanismo basculante bajo el peso de mosca que, gracias a los innumerables cálculos, irá incrementando su velocidad y fuerza de manera exponencial, hasta poder traspasar la ventana.
De nada sirven los gritos de su madre pidiéndole que abra la puerta, Mauricio prefiere hacer variantes sobre el sistema contrastado. Así son las cosas que no le dan miedo, la mosca tendrá que seguir dándose cabezazos con la misma intensidad con la que los gobiernos rescatan bancos… hasta el fin de sus días.
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La revolución capitalista
7 febrero 2012Yo viví los cambios y no fueron revoluciones ni dignidad lo que nos movió. Nos sentíamos insignificantes, incapaces de transformar nuestro mundo en algo mejor. No eramos perfectos y siempre había alguien encargado de recordarnoslo. Necesitábamos disfrazarnos, pintarnos de una idea tan sublime que no teníamos tiempo de arreglar aquello que realmente importaba. De ser por nosotros la vida seguiría su curso sin que nadie llorase su insignificancia. Fue el mismo capitalismo, sus teorías del consumir desmesurado, del producir sin medida y siempre encontrar compradores. Nos hicieron desearlo todo, nuevas creaciones sustituían la misma pieza aún sin envejecer. Ansiosos buscábamos poder poseer cualquiera de sus promesas sin importar el como, la manera fue coger lo que no podíamos pagar.
En realidad no era nada nuevo, siempre nos lo habíamos prestado todo. Éramos pequeños grupos en los que uno traía la comida, otro despejaba su casa, se ponía música, leíamos libros y construíamos con las sobras del privilegio la totalidad que nos ponía los dientes largos. Eramos amigos y la única diferencia fue globalizarlo. Empezamos a formar redes entre todas las reuniones y dejó de ser importante a quien le prestabas tus tesoro. A lo largo del país corrían fotocopias, cintas mil veces grabadas y pusimos al alcance de cualquiera todo. Sin darnos cuenta las ideas revoloteaban el planeta, eramos los amigos de lo ajeno y sólo ajeno se quejaba de no cobrar dos veces un mismo trabajo. La mayoría era culpable de difundir y la pudiente minoría compro leyes para detener la revolución.
Pero cuando se dieron cuenta que todo el pueblo estaba intercambiándose bienes no pudieron aplicar las medidas adecuadas. Tendríamos que ir a la cárcel, dejándoles sin esclavos especializados. Por eso calmaron a la masa, la cosa no iba con la muchedumbre, no eran los contenidos, ni el querer tenerlo todo, eso era una actitud normal y ejemplificadora, el querer mejorar, pero no a costa de la propiedad privada. Aquella actitud tenía que cambiar o la falta de dinero circulando acabaría con el mundo.
Se cortaron las cabezas más visibles, se hundieron las críticas más feroces y dijeron que lo habían cambiado todo para dejarlo igual que siempre. Los sueños seguirían siéndolo y la élite permitiría acceder a todo con cuentagotas. Yo viví los cambios, sentí como todo era mejor pero no quisieron dejarnos disfrutarlos.
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La educación del señor Ramón
31 enero 2012Ramón jamás había aprendido lo que era la vida. Sus educadores prefirieron enseñársela tal cual la habían diseñado, especial para que nadie tuviese ningún problema, un teatro social.
Segmentaron las horas, dividieron los espacios en algo sencillo que el pudiese entender y le inculcaron los tics necesarios para reaccionar a cualquier situación.
En las zonas comunes, expuesto a todas las miradas, debía ser ejemplar. Producir a destajo, idolatrar a sus superiores y encontrar una mitad con la que encaminar una nueva descendencia por la senda correcta.- INCULCA LOS VALORES- le gritaba la vida moderna.
En la soledad de su casa era libre de actuar a su manera, podía dar rienda suelta a sus antojos privados. Pero nadie le ordenaba como hacerlo, no le habían enseñado y se sentaba a esperar la muerte o algo mejor, lo que llegase primero.
Alguna vez leyó un libro que no supo interpretar. Las palabras amontonaban sus significados sin decirle nada y tuvo que tirarlo corriendo antes de que le hiciera pensar. Esas noches soñaba vidas paralelas, mundos extraños en los que tampoco sabía como actuar, se sentaba a que lo devorasen los monstruos antes del amanecer y luego se juraba que jamás volvería a leer una sola palabra escrita.
En casa de Ramón sonaban muchas alarmas, programaba infinidad de actividades concertadas y, poco a poco, iba aprendiendo a estar ocupado para no seguir imaginando terrores nocturnos, no quería volver a caer en un mundo que nadie le explicaría. Necesitaba su cárcel para saber que lugar de la fila ocupar en todo momento.
Uno de los despertadores lo arrancó de forma imprevista de una pesadilla. Se había dormido a deshoras y, por desgracia, uno de sus habitantes lo había acompañado en el viaje de regreso.
A partir de entonces, a cualquier sitio al que fuese, tenía que ir con aquel ser de otra dimensión. El bicho, al que llamaba señor Uno, empezó a controlar hasta sus sueños y Ramón, viendo que no se lo podía quitar de encima, pensó que sería una buena media naranja con la que compartir la vida que desconocía. Desde aquel instante, cada noche, copulaban sin cesar esperando que Uno se quedase embarazado. Sometían sus cuerpos a toda clase de torturas imaginando que eso les hacía más fértiles. Finalmente fue Ramón el que se quedo en cinta y dio a luz una camada de siete criaturas que eran la envidia de todo el vecindario. Exóticas preciosidades de salvaje brusquedad. Ramón les enseñó todo lo que sabía, lo que le habían inculcado a fuego hasta conseguir que jamás aprendieran lo que era la vida.
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El complemento vitamínico
17 enero 2012Empezábamos a tener hambre. Seguíamos teniendo los lujos, las tiendas se llenaban de autenticas virguerias de la tecnología, finas fruslerías y esqueletos de hombre elefante para decorar nuestras suntuosas mansiones de treinta metros cuadrados. Gritábamos fiesta y las pupilas se nos dilataban de emoción, la tele nos hablaba, el edredón nórdico nos abrazaba y eramos todo lo felices que se podía en este capitalismo devastador. Pero es que cada vez nos rugían más las tripas.
No podíamos comprarlo todo y seguir comiendo así que elegimos la inmediatez y la publicidad nos vendió recetas a corto plazo. Seguíamos adquiriendo estatus pero esta vez en píldoras de colores, ricos complejos vitamínicos que disminuían las carencias y llenaban nuestro estómago. De la noche a la mañana empezamos a ingerir pastillas y a controlarnos las constantes vitales en brillantes máquinas ideadas para la ocasión. Sonreíamos con los buenos resultados, nos preocupaban y antidepresivos para los peores.
Era imposible equilibrarlo todo así que apostamos a los seguros de vida, los bonitos ataúdes y los placeres de digestión rápida. Nos aceleramos por que teníamos hambre de vida y seguimos teniéndola.
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La marca de la deuda
10 enero 2012La ropa había empezado a sentirse un poquito más importante de lo que era. Estilizaban dando glamour, llevándote de paseo y abrigándote en la comodidad de tu casa. Eran prendas venidas a más, descendientes de la lana de alguna oveja de rancio abolengo, pieles curtidas sobre los tejados de suntuosos palacios y cosidas con hilos dorados fabricados por Rulpenstinki. Trajes de nobleza estudiada y marcada con escuditos que las distinguían y elevaban por encima de las telas de mercadillo, confeccionadas en algún taller ilegal en el barrio chino de Santa Coloma.
Pero la flor y nata de la alta costura no se estaba vendiendo como debía. Se quedaban perfectamente dobladas en tiendas de diseño, dormitando a la espera de tiempos mejores, los que vendrían, los que creían merecer,…. los que necesitaban para subsistir. Habían dejado de ser rentables; ni abaratando costes, que menos gente haga lo mismo, que inframanos las toquen, haciendoles nacer de materiales fugaces, reduciendo gastos, incrementando precios para conseguir los beneficios de antes de la crisis, cuando el dinero no era importante si se podía pagar a plazos.
Tenían miedo, por eso se juntaron todas, incluso algunas consideradas submarcas subsidiarías que jamás tendrían que rozar a las mayores, estaban allí para decidir como recuperar el mercado perdido. Se saludaban, presumían entre ellas, debatían del pasado, creaban fórmulas y ecuaciones que explicaban la actual situación y encontraban nada parecido a una solución.
Casi al final, nadie sabe quien, alguien gritó que eran marcas y esa era, en si misma, la idea revolucionaria. Necesitaban un logo, una mascota que las distinguiese del resto; algo vivo que la gente pudiese entender como suyo. Por unanimidad empezaron a buscar la panacea, en una tormenta creativa las cabezas pensantes se rebanaban los sesos, exprimiendo sus escasas ideas hasta tener que admitirlo, no había nada en sus despachos suficientemente sugerente.
Derrotados, los importantes directivos, regresaron a sus mansiones preguntándose cuantos yates, coches o joyas venderían para mantener un nivel de vida aceptable, donde reinvertirían el cuantioso finiquito, a quien demandarían por injurias o a que santo rezarían… Nada parecía garantizarles un estatus a largo plazo pero no podían ver más allá de la crisis del momento, el desanimo les tenía presos. Se sentían como si ya fueran pordioseros ensuciando el parabrisas de limusinas ajenas por unas cuantas monedas, igual que el mendigo que les increpaba a la salida del trabajo, rodeados de miseria, con el hambre haciendo mella en sus rostros morenos. De repente uno de ellos le pidió al chófer que parara en seco, que diera media vuelta y buscara al pobre que todos tienen en mente. Tirado en la calle, comiendo los restos de una papelera, el prototipo de hombre era tal como lo recordaba el importante ejecutivo, tan desagradable y a la vez uniformado en ropa de marca, la mascota que estaban buscando.
Sus compañeros, desesperados, admiraron el hallazgo, alabaron la creatividad y la maquinaría empezó a girar de nuevo para promocionar el viejo producto, el novedoso envoltorio. Nadie iba a querer ser menos que un dame algo forrado con telas de renombre. La campaña se extendió como pólvora. Pagaron a todas las televisiones, la prensa se hizo eco y la calle asintió- Si el puede yo también, yo soy mejor, lo necesito- y se endeudaron hasta tener de todo.
El día de la presentación oficial asearon a la mascota, le pagaron un sueldo desorbitado y, para sorpresa de los medios, apareció vestido de cualquier cosa. Había cambiado, ya no representaba nada más que normalidad.
-¿por qué?- gritaron los mandamases- ¿por qué?- los periodistas- Porque- respondió- si vives en la calle es más fácil encontrar marcas pasadas de moda. Quien no las puede pagar aprovecha la ropa hasta dejarla inservible. Ahora que tengo dinero no quiero despilfarrarlo- Pero ya nadie escuchaba, la deuda contraída era grande y les dolía oír según que cosas.
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Mundo circular
3 enero 2012– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.
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La mujer cosida
26 diciembre 2011La mujer envejecida empieza a ser una pesada carga para ella misma. Arrastra su cuerpo desgastado mientras el día la va desmontando. Apenas le quedaba carne sobre el esqueleto y su piel es una fina sabana cubriendo huesos desnudos.
Lleva una cesta de mimbre donde recoge las piezas que ya no pueden más; los flácidos brazos de extremos torpes y resbaladizos, la cabeza destrozada, las piernas frágiles.
Cada noche se arrastra hasta su madriguera donde a media luz se vuelve a coser. Lanza puntadas de hilo negro sobre tonos decolorados, añade cicatrices a todos sus suicidios y reconstruye un cuerpo de derrotas con los restos que le quedan de vida. Mientrastanto la televisión del usar y tirar zumba soluciones fáciles a su oreja. Le ofrece piezas nuevas de juventud y costuras invisibles. Plástico suave y reluciente- volverás a ser eterna- le acaba tentando-el doble de pechos si llamas en un instante-. Pero esta demasiado ocupada como para aceptar. Tiene su historia, penas y tristezas… derrotas de las que salir sin esconderse tras una mentira.
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Escrito por laratagris 






