¿Cómo? ¿De nuevo Sant Jordi? Pues aquí va mi pequeño cómic para quienes ya no son tan pequeños. (Por supuesto vuelvo a poner las instrucciones de como montarlo para que lo puedas leer comodamente)
Nos empeñamos en esconder la tristeza entre luces de colores. Construimos paraísos artificiales y así evitamos aprender a convivir con ella. Su sola mención se nos hace insoportable porque no somos capaces de asumir que en la vida no todo es maravilloso y no pasa nada.
Selina dejó las llaves en el mueble del recibidor, se quitó los zapatos, se quitó la ropa y se tiró en el sofá sin siquiera pensar en ponerse el pijama.
Alberto seguía muerto, donde lo había dejado al irse a trabajar, dándole a los botones del mando; mientras su elfo oscuro brillaba en la pantalla.
-¿Cuando has llegado? No te he oído entrar – Preguntó sin apartar la mirada del videojuego.
– Acabo de abrir la puerta ¿Has comido algo o te has pasado el día incrustado en los cojines?
– Pues – pensó – Si ya estas aquí debe ser lo segundo.
Con desgana le preparó algo rápido, lo puso frente a su hocico.
– ¿ Cómo te ha ido el día?
– Trabajar es un puto asco
– Ya.
Sin más palabras murieron frente al televisor por lo que quedaba de día.
En cuanto su madre gritó, después de una hora discutiendo, Eli recogió la habitación.
Marta la miró extenuada. Sabía que se había salido con la suya pero aquella no era la manera.
– Lo siento- le Dijo intentando sonar conciliadora. No sirvió de nada. Pesaba más el segundo de perder los nervios que el dialogo previo, que las disculpas posteriores -Lo siento – volvió a repetir sin que la niña la quisiese escuchar.