La crisis de los listos

10 septiembre 2012

La crisis de los listos


Dormidos

19 julio 2012

dormidos


Mi vida en deposito

18 junio 2012

Eran malos tiempos para respirar, ya ni imagino comer o sonreir ligeramente con chistes sin gracia. Aún así me duermo soñando con sobrevivir, con cosas que cambian sólo por que no es decente que te traten como a un perro desahuciado. Dejo mi vida en deposito en una casa de empeño que me da treinta días para recuperarla y, a pesar de los momentos bajos, me entristece ver lo poco que ofrecen por mis recuerdos y los segundos más felices.

En un mes mal venderán todo lo que no halla podido rescatar y entonces, sin vuelta atrás, desapareceré lenta y dolorosamente. Gasto mis ahorros temporales en ducharme y un traje nuevo para aparentar que no soy un indigente que no puede permitirse un trabajo. Me ofrezco donde no hubiese querido, solo es un bache que pronto dejare para ser el que era, pero nadie llama.

Pasado el plazo me siento a mendigar delante del escaparate donde muestran mis restos. Espero ver salir a alguien con una de mis reliquias, entrar a reclamar mi parte proporcional del trato y pagarme un buen entierro. Ni los que me compran parecen reconocer el despojo en que que me he convertido. Ellos también son fantasmas que no se pueden permitir una vida de marca. Con el mal tiempo revenderán todos los artículos adquiridos y, con cierta congoja, lo poquito de original que quede en su existencia, Cada vez a menor precio, por una fosa común y alguna oración sin sentido.

LaRataGris


Caídos

14 marzo 2012

caídos


Las fórmulas caducadas

14 febrero 2012

Mosca no sabía cómo había entrado. Seguramente pasó por una pequeña rendija, una puerta que se abrió y cerró en apenas un segundo y se la comió. Quedó atrapada en un lugar tan grande que podría haber fingido que era un mundo nuevo por descubrir. Pero, claro, aquel planeta estaba rodeado de cuatro paredes, le pesaba un techo y no corría aire o luz. Allí no podía ser feliz. Se sentía extraterrestre colonizando una tierra yerma, sin oxígeno ni las condiciones adecuadas para crearlo.

La única ventana que parece mirar el cielo azul esta protegida por un campo de fuerza invisible para mosca. Una vez y otra vez se lanza como una kamikaze, chocando la cabeza contra un enorme catacrok que no la lleva a ninguna parte.

Decide trazar planes distintos; coger carrerilla y estamparse en línea recta, zigzagueando, entrando en diagonal… da lo mismo, siempre llega a ese punto en el que vuelve a destrozarse contra la fría membrana que la retiene, siempre tiene que volver a gritar de rabia mientras busca otras formas de ir directa contra el cristal.

Mauricio la mira en sus intentos vacíos y, al final, conmovido, decide ayudarla. Atontada por los golpes es fácil de atrapar y enviarla con la fuerza, que ella no tiene, contra el mismo punto cerrado con idéntico resultado. No se desanima, motivado por la perseverancia de la mosca se inventa una forma de darle más impulso, algo loco que no parece que vaya a funcionar hasta que, montado, se sorprende con su complejidad. Tres tirachinas que rebotan, que activan un mecanismo basculante bajo el peso de mosca que, gracias a los innumerables cálculos, irá incrementando su velocidad y fuerza de manera exponencial, hasta poder traspasar la ventana.

De nada sirven los gritos de su madre pidiéndole que abra la puerta, Mauricio prefiere hacer variantes sobre el sistema contrastado. Así son las cosas que no le dan miedo, la mosca tendrá que seguir dándose cabezazos con la misma intensidad con la que los gobiernos rescatan bancos… hasta el fin de sus días.

LaRataGris


La habitación descongelada

22 diciembre 2011
Dibujo de Mariajo para la habitacion descongelada.

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

Hacía frío en las habitaciones abandonadas. Se acumulaban los rincones tristes, llenos de polvo y soledad. Los edificios se habían vuelto económicamente inhabitables mientras las calles eran improvisados hoteles para un inhumano tanto por ciento de la ciudad. Las hipotecas, contratos temporales sin derecho a renovación, habían diezmado la población de zombies solventes y la pobreza se reagrupaba para darse calor en los llamados guetos malolientes.

Los que cuentan, el escaso número de privilegiados, rehuían los espacios comunes. Temerosos de las mismas desgracias invertían todo su capital en templos elitistas donde operaban sus ojos para dejarlos ciegos e insensibles.

Todos los que no habían tenido que caer, los que siempre habían vivido la miseria y los restos del capital abrazaban a los recién llegados, les enseñaban. Un nuevo sindicalismo, ajeno al trabajo, cercano al ser humano, empezó a hacer mella entre los que más necesitaban. Cuando por fin decidieron ser tan fuertes como siempre lo habían sido quemaron las estrellas que les cobijaban, no querían tener donde regresar, necesitaban huir hacía delante.

A su paso las habitaciones se iban descongelando y el fuego iluminaba a los invidentes. Empezaron a repartirse el mundo, a vivir del esfuerzo y no de la especulación de unos pocos.

LaRataGris


Trabajadores locales

12 diciembre 2011

trabajadores locales


Entre crisis

7 diciembre 2011

Marc era un superviviente. Cada crisis se volvía pequeño, respiraba de forma pausada y dejaba que su organismo quedase en estado latente hasta escuchar el regreso de las vacas sagradas. Dormitaba días, meses o años antes de volver a sentir la fragancia del dinero. Entonces regresaba con hambre de comérselo todo.

Conoció a Dalma entre crisis. Nada había cambiado desde la última caída del sistema pero, la maquinaria, buscaba vías para subsistir. Ofertas anticrisis, créditos para chucherías y el dinero negro… ella apestaba a despilfarro, la última juerga antes de volver a tropezar.

Marc aún se estaba desperezando con el tintineo de las cajas registradoras cuando Dalma llegó entre todos los compradores. Se paseaba contoneando las tarjetas de tienda en tienda. Compraba montañas de insignificancias para poder perder las baratijas más inútiles e irresistibles en un suspiro. El centro comercial hervía de gente como ella; sin poder pagar se endeudaban para escenificar una escapada de la miseria. Los peones más desfavorecidos sonreían a la masa vacacional tras el mostrador, con cuerpo de pocos amigos. Marc paladeó la piel forrada de joyas de Dalma y quiso saborearla para toda la vida. La invitó al banquete caníbal de sus cuerpos y juntos se compraron una casa, ropa adecuada y muchos y excesivos lujos. Se arrastraban hasta el próximo bache, se empachaban de capitalismo soñando que siempre podrían fingir lo que no tenían, que eran pobres circunstanciales, esporas apunto de germinar para dejar atrás su no-vida.

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Existo post-fesional

3 noviembre 2011

Existo post-fesional


El turista selenita

21 octubre 2011

Un día el señor que vive en la cara oculta de la luna, que controla las mareas y come porciones del satélite para luego volver a pintarlo, dijo que estaba un poco cansado, que la naturaleza era muy pesada y necesitaba sentarse a no hacer nada. Pidió las vacaciones acumuladas de todos estos años de no poder parar, de seguir todos los ciclos y le dijeron que el mundo tendría que hacer un alto con el. La actual crisis no permitía un sustituto y, si insistía, la luna no funcionaría correctamente esos meses, tendrían que detenerla antes de permitir que fuese a la deriva y causase algún daño.

Sus vacaciones se convirtieron en un día muy largo en el que siempre brillaba el sol. La gente paseaba cansada sin saber cuando irse a dormir y al final, el selenita, tuvo que volver antes de que se pusiera el astro para que la vida continuase su curso. Con los ojos aún muertos, destrozado y sin fuerzas empezó de nuevo su rutina de subir, bajar e iluminar la noche.

Su inmediato superior comunicó el sacrificio a una cadena de jefes que siguió transmitiendo hasta llegar al más alto mando. Este escuchó emocionado como el operario lunar renunciaba a sus vacaciones por el bien común. Por unanimidad decidieron recompensar sus esfuerzos y, ese año, por cesta de navidad recibiría diez fotografías con los lugares más hermosos de la tierra, que cuando se sintiese desfallecer pudiese mirarlas e imaginar que estaba descansando en ellos.

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