La habitación pequeña

21 mayo 2019

Ismael vivía en una habitación pequeña, llena de cómics, películas y libros. con todos sus tesoros construía castillos en los que esconderse.

En su mundo siempre sonaba algo de música, se podía tumbar mirando el cielo del techo, rodeado por sus amigos imaginarios.

Mas allá de la puerta, el resto de piso, era un lugar frio en el que convivir. Zonas comunes en las que tenías que desordenarlo todo de un forma exacta, para que nadie tropezase con nada.

El día en que cumplió cuarenta años, como si la vida se transformase, llegaron un montón de desconocidos a despedirse, cada uno con un regalo absurdo, algo que ya no cabía en su madriguera.

Tendría que desprenderse de algunos de sus tesoros para hacerle un sitio a un pisapapeles horrible, tarjetas y camisetas en las que se leía “demasiado viejo para la vida.”

Buscó algún rincón en desuso, quiso colonizar espacios comunes y al final tomo la decisión más acertada. Se deshizo de todo lo que le habían regalado, agradeciendo que fueran cosas tan inútiles que no le supusiera ningún problema el no quererlas.

-Ojala siempre me regaléis estas mierdas- les dijo antes de que la última persona, que llevaba veinte años sin ver, saliera para siempre de su vida.

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La playa

13 mayo 2019

Acabaron la carretera y dejaron un grano de arena junto al mar. Era algo simbólico que recordase que justo allí, por donde ahora pasaban demasiados coches a demasiada velocidad, había existido una playa en la que perder el tiempo.

No lo protegieron del viento, no señalizaron el lugar. Por eso desapareció el insignificante grano. El recuerdo fue una fotografia en color sepia, que es el filtro melancolía con el que tiñen el pasado. Un albúm, en la red social de moda, recopila imagenes para que los mayores puedan demostrar que antes todo esto era playa, y, en ella, eramos más felices

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El Vacío

6 mayo 2019

Caímos en un pozo sin fondo- Estúpido- nos hundimos sin darnos cuenta. Al principio como piedras, hasta que nuestra cabeza se acomodo a la velocidad y creímos flotar mientras nos precipitábamos.

Nuestro pelo y los pliegues de la ropa seguían venciendo la fuerza de la gravedad mientras, nuestros gestos, me mentían sobre una vida normal. Nos abrazábamos durante el descenso, eramos amables como jamas lo habíamos sido antes, en nuestra unión respetábamos el espacio del otro. Era un túnel estrecho pero podíamos disfrutar de la soledad de cada cual.

un día me dijo: «Yo no puedo seguir cayendo”

Extendió sus brazos para frenarse contra las paredes den barro, debió dolerle a la velocidad a la que bajábamos. ¿Después? puede que empezase a escalar , o tal vez se quedo allí atrapada por el cansancio y el dolor, no se. No volví a verla. Yo seguía cayendo como un estúpido, puede que al llegar al suelo ella me cayera encima pero, por ahora, estaba solo.

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Dragones, libros y juegos

22 abril 2019

 

Las que pasais habitualmente por mi madriguera ya sabeis que para Sant Jordi me gusta regalarle a mis cachorros algo que he hecho especialmente para la ocasión. Siempre me embarco en más de lo que puedo y cada hora de las que le dedico a estos proyectos valen más cualquier otra hora perdida. Disfruto pensando en que es lo que les puede gustar, poniendo mimo en cada detalle, aunque luego piensen que soy raro, ya tendrán tiempo de los normales.

Aquí te lo puedes leer dragones_libros_y_juegos

y aquí el de otros años: 2018, 2017, 2016

 

 

Y por si quieres regalar cosicas digitales, apoyando así este proyecto, luchando contra los acaros del polvo y la tala de árboles, pues puedes pasarte por aquí


Un trago de noche

9 abril 2019

Salúdame negra noche, pasa por mi rincón tristemente iluminado y hazme compañía mientras parpadea el fluorescente.

Acaricia mis miedos más pueriles, dame a probar tu misticismo irracional. Deja que mi corazón palpite como la luna llena sobre los cuerpos fríos.

Abrázame mi amante incorpórea; idea de libertad, de dolor, de atadura. Contradicción y realidad, salvajismo…nocturnidad, sueño sin final, vida, tristeza, felicidad.

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La sonrisa del monstruo

2 abril 2019

En su interior habitaba un monstruo terrible, casi invisible tras la piel fina y delicada.

Por fuera sus movimientos eran directos, pero elegantes, cariñosos incluso. Siempre sonreía aunque un día podía cansarse, todos tenemos nuestros límites.

Entonces me agarraba con fuerza del pelo y me lanzaba con furia hacia sus fauces descubiertas, me arrancaba de la vida porque era la única forma que tenía de enseñarme.

-¡Ves, puta!-me gritaba.

No tenía argumentos para hacerme suya. Me decía que yo le sacaba de quicio, que le hacía sentir nervioso en su huésped y, por eso, necesitaba explicármelo a golpes. Me corregía, intentaba hacerme mejor persona porque el ya se daba por perdido. Para él, es algo que yo le podía enseñar, solo quedaba la muerte.

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Doblemente enfermo

26 marzo 2019

Siempre era muy educado, peguntaba por todos los males y achaques, escuchaba con mucha atención todas las dolencias de cada uno de los presentes. Se interesaba sobremanera, aunque solo fuera para poder sentenciar con un: «Yo más”. Seguido de una relación de todos sus achaques, enumerados incluso antes de dejar acabar los ajenos.

Un daño remitía a otro suyo, siempre más grave, grande y peligroso.

Quien le conocía, a veces, rebajaba la enfermedad para que el no se creciese, no sea que en algún momento afirmase estar muerto y resultase la conversación de un terrorífico fantasma. Pero él no parecía darse cuenta.

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El pueblo de los dorados

19 marzo 2019

Todos podemos ser un elfo. Vestirnos de forma volátil y afilar nuestras orejas con una sencilla operación. Actuaríamos como si fuésemos uno con la naturaleza, construyendo un pequeño bosque en el balcón de casa para pasar allí cada hora libre de la que dispongamos.

Podríamos hablar con pesada afectación, en un lenguaje inventado. Charlaríamos sobre como el mundo humano se come la realidad de los viejos tiempos de luz, lo tiñen todo de gris y, con otros iguales, trazaríamos un plan sencillo para salvar a la madre tierra.

Es tan fácil, todo el mundo puede ser un elfo, con o sin disfraz. Fingir causas nobles e inventarnos un crepúsculo lejano. Sin embargo, hemos decidido ser luces que se apagan.

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Degradación

11 marzo 2019

En cierta manera podía entender aquella degradación, llenando todos los huecos de la vida, haciéndola insufrible. Era, evidentemente, culpa nuestra, por ser la escoria de la sociedad.

Nos comportábamos como borrachos enfadados con todo, la boca pastosa y un zumbido constante en la cabeza. La gente se entregaba al desencanto, no sonreía, no se arreglaba para aparentar cosas que no eran… el final se intuía cercano y doloroso.

Desanimados, con parsimonia, nos fuimos dejando al vaivén constante.

– ¿En que punto los amos se apenaron?- Nadie lo sabía pero no querían saborear la tristeza en su paladar

– ¡Arreglaos!-dijeron- ¡Apañaros un poco más!

Pronunciaron un mandato sin dobleces, nos vimos obligados a esconder la degradación.

La vida, a partir de ese momento, sería maravillosa para que ellos no sintieran la pesada carga, todo brillaría . Sonrisa, guiño, guiño.

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