Segundo respiro de dolor

17 septiembre 2024

En el silencio de la noche se quebró en un ruido seco y constante.

– Es la hora – se dijo en el ritual de poco antes de la una. Recogió el desorden del momento y, como una inercia más, se derrumbó derrotado.

Una madera a la deriva; dejando que las olas de las sabanas empapen su espalda y la deshagan lentamente.

La piel cae como polvo, como semillas.

Respira un poco más lento, intentando concentrar sus heridas a lo largo de la columna vertebral, consciente del grito de cada una de sus células.

Inunda el colchón con los flujos de la desesperación, de la aceptación.

Respira tan profundo que se arquea hasta quebrarse con un sonido seco y penetrante. Las costillas atraviesan su piel, se retuerce como los nudos de un árbol. Sus huesos atraviesan la cama, se transforman en raíces con las que absorbe los nutrientes del suelo. Entonces germinan las semillas que había plantado, se le enredaban atándole un poco más a la tierra.

El cansancio, el dolor, le abandonan, desaparece en dirección contraria a los nutrientes.

Llora en ausencia de tormento. Completamente desconectado se hace consciente del daño. Se hace uno con el miedo y, finalmente, se duerme en la tortura de no sentir.

Se desprende, desaparece.

Al día siguiente, como cualquier otro día, rompe raíces y vuelve a rodar ajeno al descanso. Obviando cada pinchazo, todos los rotos. Normaliza el daño y la pena.

No hubo nada extraño en caer muerto, en que drenase su sangre, que cayera como hilos de olvido. Durmió como un vegetal y se levantó dispuesto a dolerse de nuevo.

LaRataGris


Un respiro de dolor

10 septiembre 2024

Respiraba el dolor de una forma tan orgánica que ya era parte de su vida. Tomaba una fuerte bocanada de aire y era el daño de inspirar. Caminaba notando cada hueso quebrarse, hablaba en el sollozo que era su voz.

Pero nunca se detenía por que había sido así desde que tenía memoria. Se había hecho al sufrimiento y, si no lo notaba, es que algo raro le pasaba.

Cuando se sentía en demasiada paz respiraba de nuevo , se le clavaban finas agujas en el corazón y todo volvía a estar bien.

LaRataGris


A las siete asesino

20 agosto 2024

A las siete siempre esperaban al asesino: con sus uniformes impolutos y la pose marcial.

Oteaban el horizonte esperando verlo aparecer y, casi, era un alivio que no sucediera.

No había enfrentamiento, no necesitaban imponerse aunque, bien es cierto que, un asesino andaba suelto.

Mientras, él, el asesino, se reía de sus trajes condecorados, de la larga espera y de la hora prefijada.

Media hora más tarde podía salir a matar con tranquilidad. A las siete siempre estaba en casa. Preparaba una mochila con cuatro cuchillos, destornilladores y una lija del dos con la que despellejar a sus víctimas. Todo a los siete y media mientras, siempre a las siete, esperaban al asesino.

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Aire puro

13 agosto 2024

Por un segundo la cola pareció detenerse por demasiado tiempo. Una eternidad frente al jardín, sin poder entrar. Él, que era el siguiente, empezó a desesperar cuando cerraron la puerta y leyó en el cartel: Disculpen las molestias, la visita se reanudará en breve.

– ¿ Qué pasa?

– Están arreglando un desperfecto. En seguida volveremos a abrir- le dijo el de seguridad.

Su reloj continuó una carrera que estaba a punto de perder; la eternidad parecía ir más rápida que aquella maldita cola.

– Ya puede pasar- Un operario le franqueó las puertas del cielo sin demasiado entusiasmo.

Dentro, en un cuadrado de uno por uno, empezó a respirar la felicidad. Alfombrado con césped natural natural y tres margaritas diseminadas entre las hojas verdes. Aspiró hondo mientras pasaba y salía por la puerta de en frente.

– Siguiente – escuchó del otro lado mientras el pensaba: Espero que sea suficiente hasta que pueda volver de nuevo.

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Vacaciones en la isla


Fugaces

5 agosto 2024

No era más que un segundo, un instante tan bonito que le pretendían las horas. La una, las dos, las tres,… Tanto daba si era de mañana o de tarde, la noche más profunda también quería que aquel fuera uno de sus momentos.

Para convencerlo le mostraban el tic tac de su paso, le ofrecían un lugar preponderante en la esfera de su reloj.

– Podrías ser el cambio de hora- le tentaban-. Incluso, si quieres, puedes ser el segundo que se aleja de un día para entrar en el siguiente- le decía la medianoche.

Le regalaban los oídos, le suplicaban, le exigían pero el se fue como un suspiro, solo y sin darse cuenta.

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Viento de no cambio

30 julio 2024

El viento que nos movía se había detenido de golpe. El velero se mecía sobre una bandeja de plata mientras nosotras quemábamos el tiempo en caladas lentas y profundas. Aspirábamos y pasaba una hora, expulsábamos una nube que se quedaba enganchada en el cielo y otro instante, otra hora, una vida.

Al amparo de la calma chicha, rodeados de un desierto de aguarumores, nos giramos hacia el capitán buscando algún consuelo.

– Somos- vosotras quería decir- las que tenemos que soplar-. Y claro que era un tenéis muy alejado del tenemos. Que absurdas sonaban las obligaciones en esa mar congelado.

La naturaleza contaba chistes de nuestra situación y nosotras; hombres y mujeres de la tripulación, le hicimos caso al capitán, porque era lo que siempre habíamos hecho. Estábamos acostumbrados a que nos meciese el viento, que solo él, el capitán, general de mil guerras, fuese nuestro guía.

Soplamos y soplamos hasta quedarnos sin aliento y ni así aprendimos de nuestros errores. Preferimos morir bajo sus ordenes a remar en otra dirección.

LaRataGris

Otros mares.


La muerte de Fran

23 julio 2024

¿Cómo murió Fran? Siempre hay leyendas sobre la muerte de algunas personas, como si no existiese un termino medio para poder explicarlas.

Mueres de viejo, por enfermedad, quizá en un accidente fortuito; mueres, en definitiva, de algo más o menos natural. Atropellado, si caes sospechosammente por la ventana, es algo común, dentro de cierta, digamos, normalidad.

Pero ¿Y si tiene que ver con una sustancia prohibida, un asesinato probado, un suicidio o algo más artificial?

Para los amigos de Fran no había duda. Siempre había vivido deprisa y estaban seguros de que murió lanzada, sabían que ella lo habría querido así.

No iban desencaminados. Cuando se vió atrapada en el primer grupo, el de muerte natural, ella mismo preparo todo un escenario para que nadie cometiese el error de verla envejecida.

Derramo alcohol por todo el coche, atiborro la guantera a todo tipo de estupefacientes y apretó el acelerador con todos sus fuerzas para que se encontraron el coche totalmente ahogado.

Pero, en realidad, no le quedaban demasiadas fuerzas. Aparcó, esperó la muerte.

La autopsia fue clara, estaba limpia, se fue de forma natural pero, sus amigos, sabían la verdad: había muerto como había vivido.

LaRataGris.

Este verano disfruta de las horas muertas


El corsé de las palabras

16 julio 2024

El escritor se sintió atado a las estructuras del texto. Las frases, los signos de puntuación, la acción de los verbos y el sujeto delimitado por adjetivos. Todo parecía pelear por un sentido mayor y, por eso, pillado en una contradicción, decidió apretarse un poco más para que las cadenas autoimpuestas le hicieran libre.

Se obligó a sus propias normas y decidió, cumplirlas a rajatabla: ¿Eres capaz de escribir un relato completo con una sola vocal?, se retó.

En medio de la página escribió, dibujó, en color rojo, una A mayúscula rodeada por un círculo y lo presentó al mundo.

Los anarquistas entendieron enseguida el guiño y construyeron su propio relato desde allí; hubo otros que hablaron de una arroba mayúscula, de un internet más maduro, alejándose de las naderías modernas pero, también, existierón las voces críticas: surgieron los que afirmaron que aquello no era un relato, era una suerte de humor gráfico, una tontuna, un yo no se que que je ne sais pas. Los editores que ¿Qué cómo ostias lo vamos a editar?

¡Ay!- gritaron los fans del sonido para congraciarse y luego se quejaron ellos mismos de que no era tan latina como esperaban.

– Siempre margináis a la u- lus utrus.

Lo tildaron de vocalista por no integrar las consonantes en su ecuación y, otros, le acusaron de escribir para minorías por lo mismo.

Se abrieron sesudos debates:

– La A simboliza al lince, idiota.

– No seas absurdo, subnormal. La A es la forma de caminar del compás.

También hubo quien lo reescribió todo y habló de la tristeza, del amor, la lujuria. Había aproximadamente una opinión inexacta por persona y, eso sí, alguno que se adscribía a cualquier definición lanzada con una mínima vehemencia.

Los vendedores de libros pidieron ediciones especiales, una segunda parte, complementos en revistas especializadas; con entrevistas y análisis pormenorizados.

la continuación podría ir de la E en semicírculo, tal vez un viaje al futuro del abecedario donde, estamparía una zeta morada externa a un triángulo.

Pero el escritor se sentía satisfecho. Exhalando un fuerte suspiro pensó en volver al corsé de las reglas oficiales, al menos de momento, mientras perdía la ocasión.

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Recordad a Alberto

9 julio 2024

Por si algún día se olvidaba se había grabado su propio nombre en la piel. Alberto, rodeado de hojas y violetas, en el antebrazo derecho.

El resultado, hortera incluso para él, merecía la pena. Todos le recordarían sin remedio.

Se había sentido un poeta mientras le indicaba al tatuador como acentuar las puntas de la A, mostrándole como cerrar la O y cuantas gotas de rocío dibujar sobre los pétalos.

-Quiero- Le dijo – que la gente lo lea y lo admire, que piensen: que bello.

Pasaba el tiempo, atenuaba el color. Su cuerpo entró en la decadencia de de la edad y la melancolía. Aunque nunca había parecido un hombre tatuado, con el único dibujo de su nombre, sus flores; ahora era aún peor. Con la piel triste empezó a vestirse como una persona que ha olvidado algo.

-¿Alberto?-se leía el mismo y se preguntaba- ¿Quién será ese Alberto?

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Barrio cojo

2 julio 2024

Todas nos conocíamos en el barrio y sabíamos de que pie cojeábamos. Como se movían las calles, renqueantes, pero seguras y directas.

Sabíamos quien era el listo, la que mejor lo arreglaba todo, el pesado, el homosexual… cada uno tenía su etiqueta, su San Benito.

Podíamos señalar a la puta sin temor a equivocarnos, hablar de lo que cobraba, con cuantos viejos se lo hacía y de que el Cefe era el que le había pegado las ladillas.

De lo que no teníamos ni idea, ni queríamos saber, era de como había llegado a esa situación. Si era feliz, si cambiaría de tener la oportunidad. Sólo era la puta asiática del barrio, con eso era suficiente.

Como la vieja del visillo, el modernikis, la supermadre y el sucio fontanero,… todas las profesiones y, sobretodo, la profesional.

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