Disidencia artística

21 julio 2011

Temblando cogió los pinceles y la latita de pintura color miel. Llevaba tanto tiempo asustado, sin atreverse a sacarlos, que casi no se fijo en que estaban despeinados, con la mitad de los pelos caídos y la otra a punto de desaparecer. Mojó la puntita en la miel y salpicó una pared protegida por sombras y silencio. Era un color horrible para vender una revolución, nada agresivo, ni alentador o persuasivo… casi quedaba escondido en las mismas penumbras que lo ocultaban a el. Aún así trazó la idea clandestina y salió corriendo antes de que alguien lo viera. No respiró hasta estar tres calles más allá, cerca de su refugio.

Subió las escaleras de tres en tres, sin saber de donde sacaba las fuerzas que le habían ido quitando los años. Abrió tan deprisa como pudo y se encerró de un fuerte golpe- Es sólo una pintada- pensó- nadie me ha visto, no buscaran culpables por una chiquillada.

Al día siguiente Marta le preguntó con la mirada y el asintió ligeramente. Seguía teniendo miedo. – No quiero hacerlo de nuevo- le gritó con un susurró a la hora de comer- ya no tengo quince años.- Ella no dijo nada, se limito a sonreírle de una forma boba y complaciente. Aquella tarde se perdieron en un cine, una vieja película y palomitas… jamas volvieron a hablar sobre aquello.

LaRataGris


Ícaro

27 mayo 2011

Cuando crecí, al perder mis alas y asumir derrotas, mis pensamientos se fueron deshaciendo. Empecé a caminar desorientado, incapaz de alejarme de las flechas que indican la dirección de las baldosas amarillas. Todas las teorías desaparecieron y la realidad me fue empujando para que no perdiese el tiempo y cumpliese mi objetivo en la vida. Había dejado de ser un niño.

Las responsabilidades, los compromisos eran cada vez más insistentes. Me pedían que hiciera, que dejara de hacer, que no me quejase, que sonriese, que asumiera sus ideas como propias y mi existencia no tuviese sentido sin que mi sangre no fuese las consignas de la empresa. Cada día era más largo y pesado que el anterior, ya no tenía fuerzas.

Consumido, en mitad de la oficina, cerré los ojos y deje que los recuerdos me hicieran llorar- Te quemaras-. De las ensoñaciones me traje las plumas olvidadas, las pegue con cera y salte al vacío desde la octava planta. Planeé cerca del sol y todo volvió a ser como cuando era pequeño, y volar aún no estaba prohibido.

LaRataGris.


Recuerdos de mi parto

2 mayo 2011

No es ningún secreto que, para muchos, proezas como las realizadas por nuestra siguiente invitada eran necesarias y, en cierta manera, inevitables. Los tiempos están cambiando y para la industria en general era absurdo mantener ciertos estereotipos a costa de su producción. Cuando Esther decidió cambiar la manera de criar a su futuro hijo dio el primer paso de un camino que otras tantas mujeres decidirían seguir inspirándose en su hazaña…

Buenos días Esther, ¿cómo te sientes?

Un segundo, por favor…

Para esta humilde periodista es todo un honor que me mande callar mientras ella acaba de amonestar al meritorio. Tiene movimientos secos, denota seguridad y…

Cuando quiera.

Claro, disculpa…estaba creando un poco de ambiente aprovechando…voy.

Buenos días Esther, ante todo muchas gracias por concedernos esta entrevista. Me consta que eres una persona muy ocupada.

Si, la verdad es que mi trabajo como recepcionista me quita mucho tiempo. Siempre hay gente entrando y saliendo del edificio y tienes que ponerles buena cara aunque por dentro estés cansada. Es algo duro estar siempre al pie del cañón pero por otro lado es muy gratificante el poder sentirme toda una mujer realizada.

¿Te gustaría llegar a ser una importante ejecutiva o eres suficientemente feliz con lo que ya tienes?

Claro que me encantaría. Quien más quien menos tiene ese sueño en la cabeza y la verdad es que me sentiría muy feliz de poder lograrlo. Pero es algo que me planteo a largo plazo. Ir subiendo poco a poco y con suerte en tres años me habré convertido en un ejecutivo sólo que con tetas jejeje

La verdad es que te miro y tienes razón, incluso haces chistes de tetas. Me sorprende que hallas captado de una forma tan marcada el comportamiento de los machos, podríamos decir que es parte de tu estrategia?

Efectivamente, para mi era muy importante poder sobrevivir en este mundo. Ser competitiva, poder llegar a lo más alto. Eso sólo lo podía conseguir luchando con sus mismas armas. Los estudie, su forma de ser, de comportarse…incluso hay momentos en los que me olvido y le toco el culo a las secretarías que pasan con el café…jojojojo

Y dime, sigues teniendo relación con el padre, se implica en la educación de tu hijo que piensa de todo esto, de tu revolución, de tu forma de entenderlo todo

Recuerdo que cuando le dije que seguiría trabajando hasta el final me ayudo mucho. Entre los dos buscamos la manera de que esta situación, un tanto anómala, que es un embarazo y la posterior crianza del niño, no me afectara demasiado. Lo hablamos mucho. Es un hombre que quiere mucho a su niño, siempre que no esta muy cansado se ponen a jugar un poquito. Por supuesto que en seguida estuvimos de acuerdo que ni el ni yo deberíamos abandonar nuestras carreras, son demasiado importantes como para ir jugandose el puesto por cualquier tontería.

Dime, como decidiste tomar este camino, que se paso por tu cabeza?

Bueno un poco todo lo que te contaba antes. Yo no quería ser esclava de nadie y por eso me dedique en cuerpo y alma al trabajo. Si he tenido que hacer horas extras las he echo sin rechistar, he llegado la primera, me he ido la última…siempre, no sólo desde mi embarazo, he intentado enseñarle al mundo lo bien que me podía desenvolver en este tipo de entornos.

Y que te parece que muchas mujeres te hallamos tomado como una referencia, te gustaría que a partir de ahora todo cambiase, ha sido una experiencia positiva?

Mucho, desde luego yo volvería a repetirla. Si me he convertido en un ejemplo y la gente ahora ve este camino como una nueva opción, me doy por satisfecha. De todas formas todos están muy concienciados, la verdad es que ningún momento me he sentido un bicho raro por hacer lo que hago. Todo el mundo que se acercaba era para decirme lo bonito que era lo que estaba haciendo por las mujeres. Un poco fue la antesala de todo lo que vino después a gran escala; los medios de comunicación, las entrevistas… se puede decir tranquilamente que mi parto ha sido una bonita experiencia.

Hablando de esta experiencia, es verdad que hemos oído mucho hablar de ella por diversos medios, siempre desde la admiración a tu labor, pero podrías explicarnos con tus palabras que es lo que realmente paso, como fue el desarrollo

Por supuesto que te lo explico, faltaría más. La idea fue surgiendo un poquito sobre la marcha. Al principio no había ningún plan ni nada parecido. Lo único que tenía muy claro era que, para mi, era prioritario que mi puesto no quedase desatendido o en manos de una cualquiera sin la preparación adecuada. Hubo algunos meses que se me hicieron un poco cuesta arriba, sobretodo los primeros con todos los vómitos, los mareos…pero tenía muy claro que quería trabajar hasta el final, que el embarazo no me impediría ser toda una mujer realizada. Por eso cuando veía que no podía aguantar más me exigía seguir para delante, no desfallecer. Ya tendría tiempo de ir a un hospital cuando llegase el momento. Y más o menos ese momento llego sobre el octavos mes. Ya estaba echa una foca, había perdido totalmente mi figura y me di cuenta de que ya no podía seguir así. Me veía fea, no podía apenas moverme y eso estaba afectando a mi rendimiento…tenían que sacármelo lo antes posible. Sólo que no quería perder días, la idea de ir a un hospital y no poder hacer mi faena me consumía así que llame a mi ginecólogo para ver que solución me daba…

Y entonces te convertiste en la primera mujer en exigir un parto en horas de oficina…

Exacto. Decidimos programar una cesárea para un miércoles, que son días en los que hay menos faena y todo puede ser mucho más fácil. Recuerdo que al principio hubo muchas dudas con el tema de la anestesia, no queríamos que me dejase demasiado atontolinada por que claro entonces no hubiese podido contestar el teléfono o transcribir algunas notas al ordenador y bueno ya sabes…si eso pasaba todo el esfuerzo no hubiese servido de nada. Al final todo fue muy bien. El doctor Ocaña es una eminencia y sinceramente te digo, creo que sin el no hubiese dado a luz, mi cuerpo no estaba preparado y sin su ayuda esta experiencia tan bonita no hubiese terminado de una forma tan positiva.

Hay mucha gente que ya conoce esta historia, que sabe lo mucho que te has esforzado pero, pasado este furor mediático que es lo que ha sucedido. Tuviste que coger la baja, supongo o tal vez la cogió tu marido…cuéntanos un poquito como ha sido vuestro día a día después de dar a luz

Evidentemente ninguno de los dos la faltamos al trabajo, no están los tiempos que corren como para hacer tonterías. Yo hice un poco de reposo en mi mismo puesto, allí sentada podía seguir con mis quehaceres….

Entonces el niño? Lo tienes por aquí? Te lo trajiste al trabajo?

No, por favor, como lo voy a tener aquí, sería un incordio. No, todo esto ya quedo solucionado durante el parto. Aprovechando la hora del café un enfermero me entrego un cuestionario para saber a quien se lo debían llevar para que yo pudiese recuperarme tranquilamente y posteriormente seguir con mi vida normal. La verdad es que todas las propuestas estaban muy bien por que podías elegir que te lo cuidaran los familiares, el estado o una entidad privada…fue una difícil elección.

No sabía…

Sí, la verdad es que son cosas que nadie te dice. Cuando vas a tener un niño todo es muy bonito, que si comprarle ropita, preparar el cuarto, proteger las esquinas…pero quien lo cuida mientras los papis están ocupados? Nosotros tuvimos la gran suerte de que rellenando un simple formulario pudimos atar todos los cabos, no quiero ni pensar que hubiera pasado de no existir esa pequeña ayuda.

Podríamos ser un tanto indiscretos y preguntarte que es lo que señalaste

Claro, no es ningún secreto. Si hubiese sido por mi hubiese marcado la guardería privada. Creo que de cara a su futuro hubiese sido la mejor opción, sobretodo si quiere ser médico o político, ya tendría bastantes puntos ganados. Por desgracia era demasiado dinero para nosotros y no nos lo podíamos permitir, no sin renunciar a unas merecidas vacaciones, la tele, los mismos regalos del niño… a ver como le dices a un niño pequeño que para reyes sólo le puedes comprar un par de cosas. No, al final optamos por las otras dos, dejarlo en una guardería pública, intentar complementarlo con algunas actividades extraescolares para que su currículo fuera ganando consistencia y el resto de hora para sus abuelos. Sobretodo el fin de semana para que mi marido y yo podamos descansar de toda la semana y…bueno tal vez, poder buscarle una hermanita jajaja

No me digas que ya estas buscando a la parejita?

Bueno, no es nada seguro pero a mi me gustaría poder tener el niño y la niña. Y, si se pueden llevar poco mejor para que puedan jugar entre ellos. Mi marido aún no lo sabes pero seguro…si una parejita estaría muy bien.

Muchas gracias Esther, ha sido todo un placer charlar contigo y si quieres añadir algo para acabar, por nosotras ya estaría todo.

Ha sido todo un placer, agradezco que hallas sido tan profesional. Y a las mujeres que quieran ser madres animarlas. Ya no es tan esclavo, tenemos leches artificiales para que no se nos caigan las tetas, tenemos gente preparada para cuidar de nuestros hijos…No tenemos que renunciar a nada ni nosotras ni nuestros maridos…Gracias.

LaRataGris

Escribí esta historia por algunos comentarios sobre este dibujo

menos guarderias más conciliación familiar

Y aunque al final la deseche esta noticia me la ha devuelto a la cabeza.


Sinceramente feliz

9 marzo 2010

– ¿Eres feliz?- y me miraste como si te estuviese preguntando una obviedad tal que no merecía respuesta.

– De verdad,- insistí- ¿te sientes bien con tu vida? ¿no hay nada que te entristezca?

– Claro que soy feliz- me contestaste con la mirada de desprecio- Hay cosas malas pero por lo general estoy contenta…La vida es lo más bonito que tenemos…- Y fue la respuesta de tantos, con pequeños matices, me explicaste lo mismo que todos y como a todos asentí con pena.

Miro a la gente, lo que hacen, los sueños que se les escapan por las orejas…Todo parece tan gris que me resultan extrañas sus negaciones- Tal vez, si asumieramos nuestra desgracia podríamos seguir caminando- Pero tú ya te habías marchado… al mismo lugar del que venías huyendo.

LaRataGris


Anónimos

23 febrero 2010

Todos los anónimos nos conocemos, aunque sea una contradicción no pasamos desapercibidos. Es muy fácil saber quiénes somos, porque nuestra cara no le suena a nadie. No hemos buscado esos quince minutos de fama. No salimos por la tele, ni tenemos un blog en internet en el que enseñar las fotos de nuestras vacaciones en Ibiza, no cantamos, ni bailamos, no gritamos, no…no somos como todos esos que tú ya sabes.

Nuestra tranquilidad nos hace terriblemente llamativos. Por eso los cazadores de talentos nos buscan, quieren que cedamos nuestros derechos de imagen a las cámaras que hay distribuidas por las calles, pero nunca aceptamos. Por eso, cuando utilizan vídeos de transeuntes paseando, en sus shows nos tienen que difuminar el rostro.

Somos tan famosos que algunas megaestrellas nos imitan para tener más minutos de audiencia. Se someten a operaciones de desfiguración estética, que les dejen la cara como pixelada, para poder ponerse ante las cámaras y gritar histriónicamente- fotos no, yo sólo quiero hacer bien mi trabajo- Supongo que no todos están preparados para ser unos auténticos don nadie, piensan que es mejor ser una importante mierda pinchada en un palo.

LaRataGris


Equidistantes

11 febrero 2010

El arquitecto mira su maqueta. Cada zona perfectamente delimitada, limpia y funcional. Una obra maestra que no son capaces de trasladar al mundo real.-Obreros especializados- piensa- macacos, ineptos.

Únicamente él pondría el mimo necesario para elaborar esta belleza, pero es algo que sobrepasa las capacidades de una sola persona…imposible remodelar todo el barrio con dos manos.

El polvo se acumula sobre edificios recién construidos, las suelas marcan el suelo impoluto con la mierda que rodea su creación, perros, viejos escupiendo, vándalos, peleas y toda la sangre dibujando insultos en el arcén y, sobre todo, árboles que tendrían que haber guardado una perfecta equidistancia se comban al crecer, acercándose unos a otros, rompiendo el delicado equilibrio que tan finamente había plasmado en su proyecto inicial.

Obsesionado se hace fabricar plantas de cristal y una enorme cúpula protege de impurezas el ambiente. Él se queda dentro mientras obliga a que todos los vecinos desalojen la zona. Desnudo, desinfectado y con el alma en harmonía se va quedando sin oxígeno, intenta que su cuerpo fallezca en la posición correcta… Pero llega un punto en el que nada se controla y queda tumbado sobre el cemento, sin corromperse pero igualmente disonando en un punto que no estaba pensado para ser un cementerio.

LaRataGris.


El bosque de cemento

27 enero 2010

Helena vivía en una ciudad pequeña, rodeada de un bonito bosque que se veía desde la ventana de su cuarto. Cada noche antes de dormirse se quedaba embelesada tras el cristal, cautivada por los colores que reflejaba la Luna en la copa de los árboles, casi podía acariciar la fragancia de las flores, sentir la canción del viento entre las ramas y se dormía acunada por el rasgar de los grillos, con la boca bien abierta para que por allí entrasen las historias que le contaba la naturaleza y se transformasen en los más bellos sueños del mundo.

Por la mañana, volvía a mirar dibujando en su cara una amplia sonrisa que ya le duraba todo el día. Pero, una vez, pasó que llegó su padre nervioso a explicarle que iban a tener una casa más grande, con más habitaciones, más amplia y más bonita. Y, aunque a Helena ya le gustaba el lugar donde vivían, se alegró mucho por él, porque parecía hacerle mucha ilusión, a ella no le importaba mientras pudiese seguir disfrutando de su bosque.

Ese día en el que su padre había aparecido como un tornado, ella ya no tuvo tiempo para deleitarse con el trino de los pájaros, ni detenerse en el vuelo de las mariposas y por eso todo pareció ir de mal en peor; se quemó con la leche del desayuno, se le rompió el paraguas bajo la lluvia más cerrada que jamás hubiese visto, un perro le persiguió hasta llegar al colegio y a punto estuvo de morderle el culo.

Luego, antes de acostarse, escuchó una coral de búhos y lechuzas y las cosas no parecieron tan terribles. Al fin y al cabo, a Helena le gustaba caminar bajo la lluvia para refrescarse, la carrera con el perro le hizo entrar en calor y fue muy divertida, porque era como jugar a pilla-pilla sólo que de una forma algo más arriesgada. Lo de quemarse con el desayuno es lo único que no le hizo tanta gracia, pero a pesar de todo no fue para tanto, no se lo había pasado tan mal como al principio pensaba.

Todos sus compañeros de clase hablaban de lo mismo. Antes o después sus padres les habían dicho emocionados que pronto sus casitas crecerían. Y aunque ninguno entendía qué era lo que de verdad les tenía que hacer tan felices, se reían mucho porque les habían explicado que era fantástico.

Helena les preguntó si a sus actuales hogares les pasaba algo, ¿acaso no tenían una cocina en la que hacerse las comidas? o ¿un comedor donde comerlas?, ¿un lavabo?, ¿cuartos donde dormir?,… todos tenían de todo así que ¿por qué cambiar de casas? Nadie lo sabía, pero las nuevas serían enormes.

Lo que ningún niño sabía, pues ningún adulto había considerado importante decírselo, era que para que las cosas ocupen más espacio otras han de ser más pequeñas. Algo muy sencillo pero de tremenda importancia. Y, aunque al principio, Helena, no supo el por qué su bosque fue desapareciendo, se llenó de árboles de metal. Estructuras de hierro que fueron creciendo hasta hacer desaparecer la cálida madera. Se consumió en lo que la niña soltaba un suspiro de pena, y para cuando quiso reaccionar sólo había edificios grises que parecían gustar a todos los mayores.

La mudanza fue rápida, pues nadie quiso llevarse nada de su antigua vida. Todo debía ser nuevo; muebles, ropa, coches, … Se habían vuelto locos comprando, gastando, engalanando para aparentar prosperidad, mientras dejaban que sus antiguas residencias fuesen cayendo, poco más que escombros que sólo servirían para albergar ratas.

Cuando Helena vio todas aquellas habitaciones vacías creyó adivinar el motivo del cambio. Ella, siempre que por las noches sentía miedo de la oscuridad corría a la cama de sus padres. Estos la consolaban un ratito pero enseguida la echaban diciéndole que ya era mayor y tenía que dormir sola; ellos, que los dos eran mayores y seguían durmiendo juntos, si habían buscado esta nueva casa era para que cada uno tuviese su propio cuarto, ahora lo comprendía todo.

O eso creía porque en realidad siguieron teniendo dos únicos dormitorios, el suyo y el que ellos compartían. No era por falta de espacio, había muchas salas inútiles y vacías. Eso sí, desde ninguna de ellas se podía ver el bosque que había sido arrasado, con lo que eran doblemente inservibles. Helena no sabía en cuál de ellas quedarse a jugar, pues los espacios rellenados de soledad son demasiado fríos y tristes. Así que, buscando, se perdió. Una habitación enorme y blanca daba paso a otra habitación enorme y blanca con tres puertas. Y tras cada una de ellas se volvía a repetir recinto, tamaño, color y el terceto de entradas a un bucle. Se fue dejando guiar por su intuición hasta que no supo de dónde venía ni a dónde iba. Se había quedado en blanco como cada pared desde hacía ciento cincuenta y tres habitaciones, aunque ella ya había perdido la cuenta.

En cuanto vio una ventana no se lo pensó. Saltó a las calles vacías. Miró su reloj sorprendiéndose de que fuera tan temprano, el gris de los edificios apagaba el brillo del Sol y parecía una noche sin estrellas. Caminó sin rumbo, esperando encontrarse a alguien, pero aquello parecía una ciudad abandonada. Era la dueña de todo lo que se veía, una extensión de cemento. Kilómetros y kilómetros del lugar más aburrido de la Tierra. Y lo peor es que, allí, no encontraría más ventanas por las que escapar.

Sí que encontró el final de la ciudad. Tras mucho caminar a punto de desfallecer se halló al borde de la nada. Cegada por el Sol al que ya no estaba acostumbrada siguió paseando pues cualquier cosa era mejor que aquel lúgubre lugar que abandonaba. Seguía sin conocer su destino, aunque esta vez no le preocupaba pues no podía ser peor que lo que ahora quedaba a sus espaldas.

Ya estaba lejos cuando apareció otra persona corriendo por las calles. Llegaba tarde a trabajar y no era el único. Poco a poco iban encontrando las salidas de sus mansiones, tras días y días de encierro, llegaban muy tarde a un trabajo que no podían perder, si no ¿cómo pagarían todo aquello? Cogieron sus coches perfectamente aparcados y, al instante, miles de ellos formaron ruido y humo negro en un monumental atasco.

El bosque se había llevado mucho más de lo que en un principio podía parecer, el aire era más pesado sin árboles que renovasen el oxígeno y respirar se hacía muy complicado. Además, neutralizados los colores de la naturaleza, el tiempo se convirtió en simplemente una palabra sin sentido. Ya no existía la exuberante primavera, ni el melancólico otoño, desapareció el frío del invierno y el calor del verano, así que ¿qué sentido podía tener el paso de los días si todo se había reducido a la reiteración de un momento, un entretiempo carente de características más que la de ser insulso? A la única persona a la que esto podría importarle ya estaba lejos o quizá…

La gente estaba apesadumbrada sin entender el por qué. Tenían cosas grandes y vistosas, eran los más ricos pero no tenían suficiente. Todos a la vez decidieron agrandar la casa. Trabajaban más y más para pagar las reformas, los obreros, los electricistas, los materiales, el nuevo terreno, los muebles que les comprarían, los sirvientes para limpiarlas, … había tanto que preparar que corrían demasiado, atribulados, estresados y sin ganas de hacer nada de lo que hacían pero haciéndolo. La ciudad se fue extendiendo y si Helena se había marchado lejos ya no lo estaba.

Había encontrado un bosque en el que perderse, en él era feliz. Vivía en una cueva con un oso y una araña. Era amiga de todos los animales, cuidaba las plantas, se bañaba con la lluvia,… parecía un cuento de hadas que se hacía realidad. Pero una mañana pió un jilguero junto a su cueva:

– El ser humano- trinaba- llega el ser humano.

Helena se levantó de un salto y vio los árboles de metal, las estructuras de hierro, el terror acercándose para volver a quitarle su hogar. Cuántas veces había temido este momento. Había tenido pesadillas que no le dejaban dormir y por eso no estaba preocupada. Había sentido tanto miedo que decidió estar preparada. Ahora sabía exactamente qué hacer. Le agradeció al pájaro la información y entró en la cueva a recoger una mochila que le había tejido la araña. Abrazó al oso porque sentir su cuerpo mullidito y caliente le daba valor y emprendió el viaje de regreso.

El día que abandonó la ciudad empezó a sentirse más ligera. Sus pasos parecían más decididos y directos. En cambio, el regreso era pesado y lleno de desgana. Había metido en la mochila algo de tierra del bosque que tiraba de su cuerpo para atrás, llevaba en su corazón un grano de esperanza que le reconfortaba para no desfallecer y había dejado sus pensamientos al cuidado del oso para que estos no le hiciesen arrepentirse de lo que iba a hacer. Aún así, cada vez que sus piernas le hacían avanzar su cabeza gritaba y su cuerpo se estremecía. El color gris entraba por sus pies, subía hasta su cerebro, le empañaba el espíritu. Empezaba a parecerse a las pocas personas que se encontraba por la calle. Como si se hubiesen desteñido sus ropas, incluso sus pieles habían palidecido, parecían gárgolas de horribles muecas y aspecto deplorable. Arrastraban zapatos desgastados, fatigados de caminar, encorvando espaldas abatidas por el peso de la vida. Daba lástima verlas y también a Helena que se iba transformando conforme se adentraba por callejones deslucidos.

Su determinación era firme, llegó al centro de la localidad y allí se sentó en el suelo. Se limpió un poco de gris de la cara para ver mejor y vació la cartera sobre la acera. La tierra marrón parecía brillar en el ambiente monocromo del lugar. Se completaba con rojos, violetas, un pequeño matiz cobrizo,… parecía un arco iris entre tanta simplicidad. La gente comenzó a pararse a su alrededor cautivados por la explosión iridiscente. Atrapados fueron persiguiendo cada movimiento de Helena, cómo hundía su dedo formando un pequeño agujerito. Cuando se arrancó el granito de esperanza suspiraron sobrecogidos, era de una intensidad tal que molestaba mirarlo directamente, pero lo enterró rápidamente y su fulgor quedó atenuado. Y, entonces, nada.

La niña mimaba el suelo acariciándolo y regándolo. La gente a su alrededor parecía cansarse. Tras la novedad inicial sólo quedó un poco de polvo y aquel extraño ser vestido de harapos que daba la sensación de pedir, nunca podría dar nada alguien con esa apariencia de pobre. Así que se fueron dispersando. Alguno aún tenía la esperanza de ver maravillas naciendo del suelo, pero eran los menos y tenían que trabajar para pagar sus lujos. Sin darse cuenta se había quedado sola.

De repente, se puso a llover, era una lluvia torrencial de las que hace correr a la gente buscando un sitio donde guarecerse. Helena se levantó tranquila y se marchó por donde vino. Las personas con las que se cruzaba la miraban con curiosidad, al fin y al cabo era la chica que había ocupado todas aquellas horas de televisión, una mendiga sobre la que se debatía si echarla de la ciudad por improductiva o dejarle quedarse por caridad. Alguien de la que se había dicho que haría grandes cosas y de la que se comentó que sólo era un reclamo publicitario para venderles alguna cosa.

El ser humano tiene la tendencia de mirar sólo lo que le interesa. Si encima está acostumbrado a pensar en términos desmesurados hay muchos y pequeños detalles que se le pueden pasar por alto. Vieron, por ejemplo, la lluvia inmensa, llamativa. Se fijaron en el acto de marcharse. Pero no se dieron cuenta de la media sonrisa de Helena justo antes de levantarse, no advirtieron lo tensa que entró y lo relajada que se iba, no notaron la plantita que se abría paso a través de la tierra que la niña había dejado. Fue un poco más adelante, cuando ésta empezó a crecer, convertida ya en flor, que se escucharon los primeros grititos de sorpresa. Eran unos -oooooh!!!- que no parecían tener final. El rumor se fue extendiendo, también la fragancia que al competir con la pestilente polución no tuvo problemas para llenar cada rincón de la ciudad. No se hablaba de otra cosa. Se acercaban a verla dejándolo todo de lado. Era algo ridículo si lo comparaban con sus descomunales casas pero a la vez le llenaba de una alegría que nunca podrían obtener con ellas. No era nada que se pudiese explicar, como unas ganas de gritar, de reír, de estar vivo. Aquello era una locura que no se les hubiese podido ocurrir ni al mejor publicista. Además, a su lado se respiraba mejor.

A todos les entraron ganas de acercarse a hablarle a la planta. Le acariciaban los pétalos con una delicadeza extrema, le traían agua, canciones,… y ésta, agradecida, creció fuerte y robusta. Extendió sus raíces agujereando el suelo de cemento que había bajo su tierra y así fue resquebrajándolo. El viento trajo semillas que, aprovechando las grietas, decidían germinar allí. Nacieron arbustos, árboles, flores,… incluso las malas hierbas eran bien recibidas en aquel momento, porque todos traían los colores olvidados, llenaban los corazones de belleza y alegría.

Helena lo vio todo desde lejos, escondida en su cueva se fue a dormir feliz porque observó cómo la vida se volvía a adueñar de la ciudad. La gente sonreía, trabajaba sin prisas, deteniéndose a disfrutar cada instante. Eso le volvía a traer bonitos sueños antes de ir a la cama. Eso sí, sus padres que por fin se habían dado cuenta de su desaparición estaban un poco tristes. Por eso, les envió el jilguero para tranquilizarlos. Les explicó que estaba bien, que no se preocupasen. Que vivía con un tierno osito y una araña que le tejía ropa para no pasar frío, que ahora era feliz y que ellos también deberían serlo porque, por fin, las cosas eran como debían ser, preciosas.

LaRataGris.


Envejecer

13 enero 2010

Me miré al espejo y me ví tal como era, toda una mujer- Quieres decir- susurró con maldad mi reflejo- que se te ha puesto cuerpo de maruja, ¿no?- Por un momento creí intuir una medio sonrisa en aquella imagen, obviamente era imposible porque yo no me estaba riendo. Volví a echarme un ojo y me repetí una y mil veces que no parecía una maruja. Lo que sucedía era que, simplemente, había madurado y ya no era aquella cria alocada- Vamos, que has envejecido.- Me giré lo más rápido posible, intentando que no le diese tiempo a ocultarme nada, pero sólo era yo diciéndome que no estaba envejeciendo, en aquel momento era más consciente de mí misma y no había nada más.-Ya, nada más que dejarte por imposible, aceptando que intentar mejorar es inútil, ¿verdad?- “¡Joder!”, grité encolerizada, “no es eso. Lo que quiero darte a entender es que intento engañar a la vejez aún a pesar de que no quieren dejarme ser feliz. Me crean estúpidas inseguridades para así tenerme atada a cremas y potingues, siempre pensando en las chorradas que me impiden preocuparme de lo que de verdad importa”- Pues lo que yo decía; que lo años pasan para todos pero para tí parece que más- Después tiré el espejo y me compré un cuadro para tapar su hueco con cultura.

LaRataGris.


Tu problema

23 diciembre 2009

Hundido, sin un psiquiatra que me haga una paja, que eso son cosas íntimas que prefiero solucionar yo sólo.

Miro en el espejo a los ojos de mis problemas y el reflejo que me devuelve no es el mío. Es mi jefe, mi trabajo, mi lacra que se va degradando y… -¡calla!!!- que si no eres un vago. Traga con todo,- silencio!!!-… escuchas eso. Son las tripas rugiendo de miedo, gritando de hambre, … -¡silencio!!!- todo está bien, hazte la paja y cállate que el dolor se aplaca con pastillas y alcohol. Si hay una sobredosis el problema era tuyo, siempre lo es, sea lo que sea lo que se refleje.

LaRataGris.


El manifestante solitario

1 diciembre 2009

Él se había sentado en mitad de la calle, donde hacía rato que ya había pasado la manifestación. Así que ni gente protestando ni policías lo molestaban, solo transeuntes paseando y esquivándolo como si no existiese.

Y nadie se hubiese dado cuenta de él si no hubiese sido porque un huelguista, amigo suyo, lo echó en falta.- Quillo!!!- le gritó- que estamos aquí.- Y, de repente, la masa reivindicativa, los cuerpos de seguridad se giraron al unísono para ver cómo declinaba la oferta.

– Ýa, pero prefiero protestar aquí sentado, creo que sera más efectivo.- Al escuchar aquellas palabras los líderes revolucionarios se subíeron por las paredes de sus chalecitos. Cogieron el teléfono y se llamaron entre ellos para ver si estaban viendo la misma noticia sobre su huelga y sí, ninguno daba crédito a lo que escuchaba, un disidente de la disciplina del partido.

En petit comité y con carácter de urgencia se decidió pedir disculpas a los dirigentes de la ciudad, que tan amablemente habían cedido un callejón sin salida para la protesta. Se envió una carta abierta a la prensa gritando muy fuerte que el manifestante solitario sería amonestado y, por último, una delegación se acercó hasta donde él estaba sentado para hacerle desistir de su actitud antidemocrática.

– Debería acompañarnos para que podamos seguir manifestándonos con total tranquilidad- le dijeron- piense que cuestionar la estrategia le hace un flaco favor a la causa, que nos costó mucho convencer a los opresores para que nos permitiesen este acto simbólico y mover a tanto oprimido es una tarea ardua y difícil. Por favor, no nos obligue a llamar a la policía por su comportamiento absurdo, no tiene los permisos necesarios para su lucha.

Pero no entro en razón, apelando a sus ideales, a la repercusión que estaba teniendo su actitud se sentó, si es que se puede, con más fuerza, como si echase raíces en el pavimento y esperó a que los manifestantes ortodoxos, junto a los perros del estado, vinieran a deslucir su protesta. No sirvió de nada. Las ostias cayeron desde todos los lados y, aunque dolían, eran más satisfactorias que ser invisible.

LaRataGris.