Es un terremoto lleno de magia, que lo impregna todo de amor y felicidad.
Ya no puedo contar tus alegrías ni con los dedos de ambas manos, mi pequeñita.
LaRataGris
Es un terremoto lleno de magia, que lo impregna todo de amor y felicidad.
Ya no puedo contar tus alegrías ni con los dedos de ambas manos, mi pequeñita.
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Todo el mundo conocía la existencia del velo, no era invisible pero como si lo fuera. Preferían ignorarlo. No se tocaba ni se miraban los miserias que vivían tras la tela semitransparente.
No se fijaron ni cuando cayo soplado por una ráfaga de viento, como una voz en mitad de la nada. Se deslizó con suavidad, como si no estuviese sucediendo.
La elipsis alrededor del sol, el pan de la mañana que nunca será como el de antes, la amistad, la pena, la alegría …
El teatro continuaba con o sin verdad, evitando los peligros de saber, de sentir,… la necesidad de transformarse.
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Paseo tranquilo entre palabras secas y crujientes. Recuerdos del pasado reciente, frases que van más allá de su significado, son serpientes dibujando collares estrechos. Cadenas y martillos para liberarse.
Movimientos pausados, baile desgarbado, sincopado, como espasmos de vida diluyéndose, suave y abrupto a la vez
Diversión, alegría a tope, se acaba un suspiro y los recuerdos desaparecen como se va la estación. Momento de olvido, de paseo por palabras secas y crujientes.
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De una forma extraña la vida continuaba deslizándose incluso a pesar nuestro. Sus mecanismos de defensa, al principio los creíamos inexistentes, se nos empezaban a antojar infinitos. No solo se defendía, más bien parecía un terrible ataque, lento pero eficaz.
Se había parapetado en las mutaciones, primero ligeras e inapreciables, sutilmente cambiaba nuestro entorno, transformaba nuestros cuerpos. Echábamos la vista atrás y ya no podíamos reconocernos. Al final de la guerra seriamos otra especie, habríamos extinguido a nuestros antecesores o moriríamos en el intento, claudicando a la vida. Este sería el reinado del Homo Mortuus.
No hay nada en esta historia o no lo hay allí, donde tu estas.
Aquí no hay moraleja o, bueno ya me entiendes, no es su cometido principal. Eso si, tu debes sacarle todo el jugo que quieras.
A veces me sorprende ver como los cuentos basculan entre dos únicas posibilidades: el bien instaurado y el mal como enemigo del régimen.
-Todas las historias han de seguir el patrón- las voces se se alzan como una sola, exigiendo finales felices y narraciones sencillas- que el héroe evolucione- todo ha de cambiar para seguir siendo lo mismo. Como en la vida de los que exigen estímulos rápidos y de digestión idéntica. Cambian de lugar, de amigos y se creen evolucionados. Ellos quieren en la ficción la sensación de que no han malgastado cinco minutos de vida siguiendo un monolito insensible.
Revisad vuestros vidas aburridas, monótonas, desquiciantes. Está bien decir: » las cosas son así», pero no cuela mas allá de tus narices. No malgastes tu tiempo en cuatro lineas que, bien o mal escritas, son una ficción que puede que no quiera decir nada.
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A veces bajaba hasta el metro donde el aire era espeso y caliente. Me llevaba una libreta, un bolígrafo y algo para picotear. Allí podía pasarme las horas muertas.
Me quedaba lejos del frío de la calle, del de mi casa sin calefacción… en realidad solo iba para no congelarme. Casi nunca tenía que hacer uso del transporte, unicamente me quedaba en la estación hasta que llegaba la hora de volver a mi trabajo de esclavo o hasta que cansado volvía a mi dulce hogar.
un día, creo que coincidió con que no pudiese seguir tirando mi dinero en un alquiler, pensé que también seria un buen hogar en el que pasar la noche. Como no había bajado preparado subí por unas mantas y algo para cenar en frio.
Esquive como pude la vigilancia mientras pensaba en mi situación. Cada vez más me iba pareciendo a un mendigo, con trabajo, eso si, pero con mis necesidades por cubrir.
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A veces continuas con tu vida, como viento que sopla en cualquier dirección por que no tiene a donde ir. Ayer el miedo dolía en el mismo corazón por el que he dibujado los pasos de otros días felices, acompañado muchas veces por mis sueños más delicados. Ayer la tristeza y el silencio, en forma de un ruido molesto, insoportable, no me dejaba ver en las sonrisas de ojos cansados. Ayer el mundo se paró por un instante y vinieron con sangre para borrar todas las huellas. Por eso me ato al suelo, para rehacer mi camino sobre arenas movedizas, sin que el pánico me lleve.
El espejo roto es una mentira piadosa, que me devuelve multiplicado en un solo recuerdo, una sola vida pequeña y asustada, pero jamás vencida.
Ayer es hoy y hoy… continuamos.
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