País y pueblo

30 junio 2011

País y pueblo


Volver a ensuciarnos

29 junio 2011

volver a ensuciarnos


Siete puertas

28 junio 2011

Hasta donde alcanza mi vista puedo ver siete puertas en fila, siete a los lados y también siete por detrás. Estoy en un centro, custodiado por siete cerraduras, siempre a siete del final.

Traspaso la primera, observo y lo mismo. Sigo viendo siete en cada punto cardinal, siete si atravieso la segunda, siete en la tercera, siete y cuarta, siete quinta, seis y siete siete… Ya sólo cuento hasta el siete.

Saco el catalejo, alargo mi visión y consigo añadir diez puertas más. Suman diecisiete hasta donde puedo llegar, en cualquier pared, repitiéndose igual que hizo el siete al pasar primera, segunda, tercera, cuarta,…infinito diecisiete.

Me pregunto si un aparato más potente extendería las puertas, llegaría a ser incontable… una eternidad. Quizá sea mejor no saberlo, lanzar el anteojo, olvidar más allá del siete y pensar que siempre estoy a siete puertas del final…que en la próxima quedaran seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… siete y elijo un camino distinto. Sin orden, sin números, sin imposiciones. Donde el final esta en ir caminando.

LaRataGris


Creciendo sola

27 junio 2011

Cuando Irene era pequeña, mucho más chiquitita de lo que eres tu ahora, diminuta como poca gente ha sido jamás, vivía en una casa tan grande que se podía perder intentando salir de una habitación.

También estaban allí un papa y una mama. O eso le habían dicho que eran aquellos señores que aparecían a la hora de cenar-somos tus padres- le repetían una y otra vez. Y claro, ella no tenía por que dudar de ellos.

Aunque, por lo que a ella respecta, Lola, su profesora, podía ser su madre. Siempre estaba jugando con todos los niños de la clase, les enseñaba a formar una fila y les regalaba pegatinas de colores si se portaban muy bien. También le ponía tiritas si se caía y le sonreía muy a menudo. Desde luego a ella le parecía mejor madre que la otra, como las que salían en los cuentos. Pero Lola le decía con una de sus grandes sonrisas- Yo no soy tu mami- y era algo que tampoco tenía por que cuestionar, al fin y al cabo, se lo explicaba alguien que siempre estaba por ella, nunca le mentiría.

Igual que Ismael tampoco era su padre. El le explicaba que eran hermanos, él el mayor, el listo, el que tomaba las decisiones. Por eso la llevaba y traía del cole, le preparaba la merienda, la bañaba,…la cuidaba hasta que llegaran los desconocidos a la hora de cenar.-Claro que lo son- tenía que confirmarle cada día- lo que pasa que trabajan mucho para que podamos ser felices. Seguro que dentro de poco nos habrán comprado toda la felicidad que necesitamos y entonces se estarán todo el día con nosotros- y por supuesto que ella no dudaba de esa verdad.

Cada mañana mama despertaba a Ismael con una apresurada sacudida, le soltaba un -Te quiero, lleva a tu hermana al parvulario- junto a la ropa limpia y salía como una exhalación, dejando a los niños listos para que empezasen a prepararse.

Más tarde Irene se hizo más grande, mucho más grande de lo que le hubiera gustado y, entonces, tuvo que trabajar ella para comprarse la felicidad que los extraños no supieron regalarle.

LaRataGris.


Delitos

23 junio 2011

delitos


El pueblo dormido

20 junio 2011

Tuvimos que estar dormidos para poder despertar en este mundo imperfecto. Soñábamos cualquier palabra amable y sonreíamos si nos prometían tranquilidad, protección, ayuda… no decíamos nada por qué teníamos miedo de esa pobreza que nos perseguía.- Siempre hay alguien peor- y esa era la excusa para no desobedecer. Nosotros mismos eramos soñadores del sistema, voceros de sus logros. Hablábamos de sus lujos mientras ignorábamos a las clases bajas por miedo a contaminarnos con sólo mirarlos.

De repente caímos sin darnos cuenta. El gobierno seguía siendo optimista y las palabras no dejaban lugar a dudas,- todo va bien-. Pero el sueldo desparecía mucho más rápido o simplemente no estaba. Con más miedo que antes apartábamos la mirada de los barrios marginales, buscábamos algún rincón a salvo de aquella crisis inexistente y sólo gritamos cuando ya no había ningún lugar en el que escondernos. Eran amigos, familiares, conocidos,… poco a poco todos íbamos convirtiéndonos en parados primero, pobres después…teníamos hambre y tuvimos que despertar a la fuerza.

Ahora ellos, que se han quedado dormidos en sus sillones, tienen miedo de nosotros. Saben que somos más, que con cada nuevo recorte aumentan nuestras filas y no pararemos hasta que todos seamos igual de ricos, igual de pobres…

LaRataGris


Solos

18 junio 2011

Cuando el hombre triste tararea las habitaciones se encojen de pena y el viento levanta un poco de polvo para formar la silueta de su soledad. Hace mil años que se fue, hace un segundo que volvió a verla, sentirla…amarla. Y con cada paso de baile el hombre triste sonríe por que vuelven a vivir en su casita de toda la vida, con los sueños intactos.

Se apaga la luz. Como cuando no había electricidad. Se va a dormir prontito, se acurruca junto a los recuerdos. Deja las deudas en el comedor, la ventana abierta por si se quieren marchar.- Sois libres- les susurra. Pero no se irán sin cobrar de una u otra manera.

Por la mañana la mala leche natural. Se agría en el cartón, no hay galletas, ni cereales. Sólo queda hambre y una pensión que no le llega.

Mira la silla vacía, le tira un beso, un guiño y vuelve a tararear su canción. Se pasa el día danzando con la nada, esperando que alguien venga a echarlo de su hogar.

A veces su fantasma le habla, le abraza y le consuela.- Se nos acabo la cuerda, mi amor. Ya no puedo seguir esperando.- Sale a la calle enemiga. Hay mucha gente solitaria, hay dolor, hambre y silencio… nadie se atreve a lanzar la primera palabra pero, cuando por fin brota, el que más el que menos esta con el agua al cuello y el futuro parado por falta de presupuestos. Todos entienden las miradas tristes y la desesperación. Ya no son uno sólo, hay muchas personas tarareando cambios.

LaRataGris.


Cuando el dictador bajito

16 junio 2011

Cuando el dictador bajito vivía el pueblo era tratado como a niños pequeños. Aunque evidentemente algunos críos tenían más cabeza que según que adultos, los que mandaban no parecían saberlo. Se llenaban la boca con lo que salvaban, con la moral, con no se que excusa de cuidar de un país que pasaba hambre y era reprimido si protestaba.

Un grupo de idealistas se opusieron a aquel régimen de terror. Se mantenían informados desde la clandestinidad de radios libres, panfletos que te podían costar algo más que una multa y el boca a boca, reunirse en casas de amigos a preparar la revolución.

El sistema opto por poner buena cara. Perdonaron ciertas conductas, muy pocas, y se las mostraron al mundo para que todos vieran la buena voluntad. Mientras seguían reprimiendo la ilegalidad desde una pequeña sombra que intentaban que les tapase.

Siempre habrá gente para la que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que como bien saben los biógrafos en españa, una y más grande que un guijarro, nunca han existido dictadores bajitos. También habrá quien quiera trasladar mis palabras al presente pero, en esta demosgracias moderna, no se puede gritar demasiado alto sin que te inviten a recordar aquellos tiempos mejores del no dictador bajito. El pueblo infantil ha hablado y sus salvadores prefieren legitimar sus palabras mientras boicotean, reprimen, sus acciones. No seré yo el que les lleve la contraria, al fin y al cabo me dirían que tengo derecho a expresarme y después enviarían a un mozo para que cambie de opinión por las buenas o por las dictablandas.

Que los tiempos no son comparables pero los perros sí.

LaRataGris.


Autocensura

15 junio 2011

Autocensura


El bosque salvaje

13 junio 2011

clorofila

Ilustración deMaria Jose Daffunchio y LaRataGris

Los bosques salvajes habían sido domesticados y sus rebaños vegetaban tranquilos en parques controlados. Apenas podían bañarse en sol, los rayos que llegaban tímidos quedaban atrapados en las sombras de los edificios y, las escasas caricias de luz, hacían que todos se peleasen por conquistar su roce. La vida se degradaba en aquel suelo sin sustrato.

Sólo algunas semillas se escapaban buscando un fin del mundo más feliz. La chica planta siempre las despedía mientras soñaba un infinito diferente. Le dolían las raíces de pensar en selvas vírgenes, libres y poderosas. Por eso se arranco de raíz.

Al salir se le quebraron los brotes tiernos y el tronco intentó flexionarse para imitar un caminar al que estaba desacostumbrada. Se alejo tambaleándose de la paz de la prisión. Sin despedirse del jardín lloró pasos de barro sobre la ciudad dormida. No había rincones de vida en ella, todo era cemento vistiendo, encorsetando al mundo. La belleza natural se había sustituido por un traje de calles y avenidas a ninguna parte, no parecía haber salida para aquel laberinto gris. Cada giro la llevaba al mismo escenario, matizaba algún contraste, otro edificio, una tienda diferente, las farolas con más o menos intensidad pero siempre idéntica desorientación. Cansada de perderse se tumbó en un portal donde sus raíces no pudieron conseguir agua o alimento.

Se empeñaban en limpiar la ciudad de pequeñeces. Hordas de basureros amanecían barriendo lo que inmediatamente después ensuciarían sus propios pies. La gente rodeaba las parcelas que iban desinfectando y las volvían a infectar en apenas unos segundos. El saberse inútiles desganaban sus acciones que, como en todos los trabajos, se convertían en aparentar una actividad intensa disimulando lo estéril del resultado. Por eso nadie recogió las hojas secas de aquella mala hierva acurrucada en penumbras. Sólo cuando comenzó a moverse, y creyeron que podía ser un mendigo protegiéndose del frío, les preocupó que la pobreza pudiese ser contagiosa. -Señora, por favor, le habla un funcionario- de educación forzada. Un por favor cargado que a la menor distracción; si la respuesta no es rápida, adecuada, sumisa,…- igualese o regrese a su ghetto.- La gente le hizo un pasillo de insultos. Los gritos y el calor, alejada de la tierra, zigzagueo sin saber donde buscar esa normalidad que le pedían.

La furia nacía de cada esquina y la chica planta sintió que para poder seguir buscando la libertad tendría que atraparse de otra manera, vivir este otoño que se había eternizado. Pasar desapercibida mutilándose las ramas hasta que llegue la nueva primavera. Empezó a deshojarse y un manto marrón tiñó de bosque el asfalto. La piel dura se deshizo y sus ojos de luna lloraron miel y sabia en una improvisado y pequeño riachuelo.

Ella se volvía más normal, mientras su promesa de mundo palidecía. Las esporas que desprendían su cuerpo buscaban tierra para sobrevivir. Tristes de asfalto se agarraron donde pudieron. Se enredaban en el pelo, quedaban atrapadas en las grietas de la piel, invadían mucosas y órganos vitales…germinaban azaleas y jazmín bajo la ropa sintética, se teñían de fragancia y frescor mientras ella se volvía más chica que quimera.

La nueva humana caminaba entre los cuerpos florecidos de quienes podrían haber sido sus iguales. Ahogados por la explosión de primavera, se retorcían como sinuosos troncos caídos y todos los perfumes de la vida danzaban poseídos por una repentina alegría. Se paró para acariciar un rebaño de dientes de león, cogió un poco de agua entre sus manos y dio de beber a las malas hierbas. Los jardines aún cercados, ajenos a la revolución externa, seguían peleando por un puntito de sol. Ella sonrió acompañada de la soledad de las plantas y bailo con los colores extraños. La ciudad se había disfrazado de lo que fue y poco a poco se abriría un nuevo suelo para este bosque salvaje.

LaRataGris.