Morir del lado correcto
26 enero 2015La máquina de miel
19 enero 2015Compró una máquina del color de la miel. A simple vista se veían partes de sus engranajes, silbando unos contra otros al rozar los dientes de sus ruedas. La puso en el recibidor donde, siempre que venía alguien, se quedaba como hipnotizado observando sus giros sin final, embriagado por el frío olor a falso metal viejo.
A las dos semanas de tenerlo algunas de sus piezas comenzaron a oxidarse. El movimiento de la perfecta máquina color miel empezaba a ser lento y farragoso, carente de cualquier belleza observable.
El dependiente del bazar sólo tenía una solución; le ofreció comprar una nueva.- para mi también es un engorro- camelaba su razón mientras la embolsaba- cada catorce días, un mes máximo, tengo que desechar las que no he vendido por lo mismo. Pero claro, usted entenderá, es un producto tan apetecible. Si unicamente no fuese tan bella, si no se vendiese.- Realmente era una máquina exquisita, de delicados silbidos y precisos contraejes, no podía no poseerla.
Compró una máquina color miel para sustituir la que había perdido y una segunda para el dormitorio, donde se iría durmiendo mientras respiraba el estatus de su compra. Tenía dos máquinas color miel y no descartaba una tercera para la cocina.
LaRataGris
Las siete diferencias
12 enero 2015Una hoja en blanco junto a otra idéntica. Tan iguales, tan perfectas en su vacío: busca las siete diferencias, unicamente siete. El hombre inmejorable analiza cada pequeña imperfección, el gramaje, que si una se ha doblado más que la otra al sacarla del paquete, en cual se ha detenido una mota más de polvo, las impurezas, el…toquetea, resopla y vuelve a empezar. Lupa en mano, enciende una luz, se despeja y justo en su lecho de muerte ríe al descubrir las siete diferencias de golpe: no vivir, no sentir, no pensar, no comer, obsesionarse, perderse, no encontrarse e, incluso, morir antes de tiempo, la octava por la tardanza, como compensación.
LaRataGris
En el crepitar de una llama
6 enero 2015– Lo principal- se tranquiliza a si mismo- es no perder la calma.- La habitación en penumbras tras el nuevo apagón y, si es como siempre, serán mínimo tres días con sus tres noches. Ha empezado a ser tan habitual que la nevera guarda poco que se estropee y en la mesa, siempre, crepita una vela a punto de apagarse.
– ¿Estas…ahí?- Juno suele llegar arrullada por las sombras, demasiado tímida para cualquier lugar bien iluminado. Apoya la cabeza en la pared del rellano, la balancea dándose pequeños golpecitos contra ella. No son los golpes lo que atraen a Oliver, sabía que ella bajaría, siempre lo hace. Se acerca hasta la puerta y sin abrirla apoya la oreja para escuchar- No funciona la tele- nunca se da cuenta de lo que le rodea, la tele funciona o no funciona, el mundo no necesita nada más.
– Tranquila- intenta calmarla- tenemos que estar tranquilos.
Oliver jamas le abre la puerta, atraviesan la pared con palabras de consuelo, con los gestos invisibles. Tiene demasiado miedo a que ella entre y ella calla por que le asusta que el quiera invitarla a vivir.- Tengo una vela- le dice- quieres que te lea la guía de la tele mientras se apaga la llama, puedo intentar poner las voces.- y ella asiente por que sabe, que aunque no la vea, el se la acabara leyendo, convirtiendo el teatro del contacto en algo real.
Juno cierra los ojos y respira hondo- te quiero
– ¿Qué?- pero ella ya ha atrapado su osadía en jaulas de silencio. Al rato el hace por olvidar y comienza a leer.
– programa de las mañanas, líder de audiencia, seguro que hay mucha gente viéndolo con nosotros, creo que la presentadora ha metido la pata hasta el fondo…- y los dos ríen con alguna desproposito.
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Escrito por laratagris 












