Lujos cotidianos
13 marzo 2013Respirar de autómatas autónomos
11 marzo 2013Respira hondo y se le cae un brazo en el esfuerzo. Vuelve a respirar. Ahora es un acto consciente, se tiene que forzar, no distraerse ni olvidarse. Si se duerme podría ser fatal, dejaría de hacerlo y moriría. Observa el rítmico subir y bajar del pecho, acompasado, obligado.
– ¿ que pasa?¿ por qué no hablas?- Pero el autómata no responde. Se mantiene en silencio. Puede ver, escucha las preguntas y, aunque podría contestar, prefiere no perder el ritmo, necesita seguir atento.
Cuando por fin se va cierra suavemente los ojos, aliviado. Al minuto se despierta ahogado. Tarda un segundo en darse cuenta de lo que ha pasado, mientras su angustia es infinita. Se obliga a no tener miedo y vuelve a luchar por sobrevivir, tal y como le enseñaron los comunicados oficiales- inspira fuertemente y expira. Deja que los problemas se borren de tu mente y concéntrate en no morir. Es es lo único que importa.- Todo el vuelve a funcionar de una forma autónoma, actuando por inercia en aquello que duele mientras contempla la belleza armónica de ser lo que toca cuando toca.
LaRataGris
Crear dinero
11 febrero 2013La pequeña empresaria, pero de ideas grandes, pensó que –la verdad, para lo que vendo, para lo poco que gano- que apenas le llegaba para las casas, los coches, las fiestas y el resto de plurales- quizá es mejor dejarlo todo, puede que buscar otra cuota de mercado.
Ya tenía los pisos, la infraestructura y- los profesionales tendrán que reeducarse.- Solo le fallaban los compradores que se habían venido abajo por no saberse adaptar al nuevo mercado. Ella encontraría la forma de encauzar sus limosnas. – Tal vez pueda ganar un poco, menos de lo que conseguía, pero ganar al fin y al cabo.
Invirtió en anuncios, paseo por las calles voceros y prometió, por muy poco, el recuerdo de los antiguos lujos: No creas que por vivir en la calle no puedes gozar los privilegios perdidos. Solo te costara un euro revivir el pasado, un euro y medio la visita guiada. Ven a nuestros pisos-museo y respira la opulencia que te quitaron.
En apenas media hora repartiría apariencia de felicidad a precios de risa.- A los emprendedores jamas nos faltara nada-. Acarició la idea y abrió su negocio al hambre ajena.
LaRataGris
Mi vida en deposito
18 junio 2012Eran malos tiempos para respirar, ya ni imagino comer o sonreir ligeramente con chistes sin gracia. Aún así me duermo soñando con sobrevivir, con cosas que cambian sólo por que no es decente que te traten como a un perro desahuciado. Dejo mi vida en deposito en una casa de empeño que me da treinta días para recuperarla y, a pesar de los momentos bajos, me entristece ver lo poco que ofrecen por mis recuerdos y los segundos más felices.
En un mes mal venderán todo lo que no halla podido rescatar y entonces, sin vuelta atrás, desapareceré lenta y dolorosamente. Gasto mis ahorros temporales en ducharme y un traje nuevo para aparentar que no soy un indigente que no puede permitirse un trabajo. Me ofrezco donde no hubiese querido, solo es un bache que pronto dejare para ser el que era, pero nadie llama.
Pasado el plazo me siento a mendigar delante del escaparate donde muestran mis restos. Espero ver salir a alguien con una de mis reliquias, entrar a reclamar mi parte proporcional del trato y pagarme un buen entierro. Ni los que me compran parecen reconocer el despojo en que que me he convertido. Ellos también son fantasmas que no se pueden permitir una vida de marca. Con el mal tiempo revenderán todos los artículos adquiridos y, con cierta congoja, lo poquito de original que quede en su existencia, Cada vez a menor precio, por una fosa común y alguna oración sin sentido.
LaRataGris
La marca de la deuda
10 enero 2012La ropa había empezado a sentirse un poquito más importante de lo que era. Estilizaban dando glamour, llevándote de paseo y abrigándote en la comodidad de tu casa. Eran prendas venidas a más, descendientes de la lana de alguna oveja de rancio abolengo, pieles curtidas sobre los tejados de suntuosos palacios y cosidas con hilos dorados fabricados por Rulpenstinki. Trajes de nobleza estudiada y marcada con escuditos que las distinguían y elevaban por encima de las telas de mercadillo, confeccionadas en algún taller ilegal en el barrio chino de Santa Coloma.
Pero la flor y nata de la alta costura no se estaba vendiendo como debía. Se quedaban perfectamente dobladas en tiendas de diseño, dormitando a la espera de tiempos mejores, los que vendrían, los que creían merecer,…. los que necesitaban para subsistir. Habían dejado de ser rentables; ni abaratando costes, que menos gente haga lo mismo, que inframanos las toquen, haciendoles nacer de materiales fugaces, reduciendo gastos, incrementando precios para conseguir los beneficios de antes de la crisis, cuando el dinero no era importante si se podía pagar a plazos.
Tenían miedo, por eso se juntaron todas, incluso algunas consideradas submarcas subsidiarías que jamás tendrían que rozar a las mayores, estaban allí para decidir como recuperar el mercado perdido. Se saludaban, presumían entre ellas, debatían del pasado, creaban fórmulas y ecuaciones que explicaban la actual situación y encontraban nada parecido a una solución.
Casi al final, nadie sabe quien, alguien gritó que eran marcas y esa era, en si misma, la idea revolucionaria. Necesitaban un logo, una mascota que las distinguiese del resto; algo vivo que la gente pudiese entender como suyo. Por unanimidad empezaron a buscar la panacea, en una tormenta creativa las cabezas pensantes se rebanaban los sesos, exprimiendo sus escasas ideas hasta tener que admitirlo, no había nada en sus despachos suficientemente sugerente.
Derrotados, los importantes directivos, regresaron a sus mansiones preguntándose cuantos yates, coches o joyas venderían para mantener un nivel de vida aceptable, donde reinvertirían el cuantioso finiquito, a quien demandarían por injurias o a que santo rezarían… Nada parecía garantizarles un estatus a largo plazo pero no podían ver más allá de la crisis del momento, el desanimo les tenía presos. Se sentían como si ya fueran pordioseros ensuciando el parabrisas de limusinas ajenas por unas cuantas monedas, igual que el mendigo que les increpaba a la salida del trabajo, rodeados de miseria, con el hambre haciendo mella en sus rostros morenos. De repente uno de ellos le pidió al chófer que parara en seco, que diera media vuelta y buscara al pobre que todos tienen en mente. Tirado en la calle, comiendo los restos de una papelera, el prototipo de hombre era tal como lo recordaba el importante ejecutivo, tan desagradable y a la vez uniformado en ropa de marca, la mascota que estaban buscando.
Sus compañeros, desesperados, admiraron el hallazgo, alabaron la creatividad y la maquinaría empezó a girar de nuevo para promocionar el viejo producto, el novedoso envoltorio. Nadie iba a querer ser menos que un dame algo forrado con telas de renombre. La campaña se extendió como pólvora. Pagaron a todas las televisiones, la prensa se hizo eco y la calle asintió- Si el puede yo también, yo soy mejor, lo necesito- y se endeudaron hasta tener de todo.
El día de la presentación oficial asearon a la mascota, le pagaron un sueldo desorbitado y, para sorpresa de los medios, apareció vestido de cualquier cosa. Había cambiado, ya no representaba nada más que normalidad.
-¿por qué?- gritaron los mandamases- ¿por qué?- los periodistas- Porque- respondió- si vives en la calle es más fácil encontrar marcas pasadas de moda. Quien no las puede pagar aprovecha la ropa hasta dejarla inservible. Ahora que tengo dinero no quiero despilfarrarlo- Pero ya nadie escuchaba, la deuda contraída era grande y les dolía oír según que cosas.
LaRataGris
Mundo circular
3 enero 2012– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.
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Escrito por laratagris 










