21 febrero 2012
El día internacional de las piernas finas todo el mundo hablabababa de lo mismo. Elogiaban los alambres más resistentes y la combinación más elegante. La televisión había estado meses preparando el terreno y, el día en cuestión, hizo que toda la programación se hiciese eco con anuncios, concursos y series creadas expresamente para la ocasión.
En la calle todos habían corrido a pagarse unas estilizadas extremidades y, el que no las podía comprar, intentaba disimular sus horribles patas de humano fuera de onda con la ropa adecuada, se escondían de los lugares públicos o, muy pocos, reivindicaban su condición luciendo carne donde sólo tendría que haber aire de paso. Pero acallaron la reivindicación que deslucía la tranquila y festiva globalidad. Redujeron a los alborotadores, eliminaron las voces disidentes y la gente pudo mantener la ilusión de una vida correcta y equilibrada. Todos los perfectos sonreían al día tan especial que habían logrado, todo encajaba y por eso las autoridades ya podían empezar el próximo y definitivo día internacional sin pensamientos. Auguraron un cambio radical tras el mismo, un nuevo orden mas sencillo y menos conflictivo… ya no podían esperar nada mas.
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Escrito por laratagris
17 febrero 2012
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Escrito por laratagris
14 febrero 2012
Mosca no sabía cómo había entrado. Seguramente pasó por una pequeña rendija, una puerta que se abrió y cerró en apenas un segundo y se la comió. Quedó atrapada en un lugar tan grande que podría haber fingido que era un mundo nuevo por descubrir. Pero, claro, aquel planeta estaba rodeado de cuatro paredes, le pesaba un techo y no corría aire o luz. Allí no podía ser feliz. Se sentía extraterrestre colonizando una tierra yerma, sin oxígeno ni las condiciones adecuadas para crearlo.
La única ventana que parece mirar el cielo azul esta protegida por un campo de fuerza invisible para mosca. Una vez y otra vez se lanza como una kamikaze, chocando la cabeza contra un enorme catacrok que no la lleva a ninguna parte.
Decide trazar planes distintos; coger carrerilla y estamparse en línea recta, zigzagueando, entrando en diagonal… da lo mismo, siempre llega a ese punto en el que vuelve a destrozarse contra la fría membrana que la retiene, siempre tiene que volver a gritar de rabia mientras busca otras formas de ir directa contra el cristal.
Mauricio la mira en sus intentos vacíos y, al final, conmovido, decide ayudarla. Atontada por los golpes es fácil de atrapar y enviarla con la fuerza, que ella no tiene, contra el mismo punto cerrado con idéntico resultado. No se desanima, motivado por la perseverancia de la mosca se inventa una forma de darle más impulso, algo loco que no parece que vaya a funcionar hasta que, montado, se sorprende con su complejidad. Tres tirachinas que rebotan, que activan un mecanismo basculante bajo el peso de mosca que, gracias a los innumerables cálculos, irá incrementando su velocidad y fuerza de manera exponencial, hasta poder traspasar la ventana.
De nada sirven los gritos de su madre pidiéndole que abra la puerta, Mauricio prefiere hacer variantes sobre el sistema contrastado. Así son las cosas que no le dan miedo, la mosca tendrá que seguir dándose cabezazos con la misma intensidad con la que los gobiernos rescatan bancos… hasta el fin de sus días.
LaRataGris
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Escrito por laratagris
9 febrero 2012
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Escrito por laratagris
7 febrero 2012
Yo viví los cambios y no fueron revoluciones ni dignidad lo que nos movió. Nos sentíamos insignificantes, incapaces de transformar nuestro mundo en algo mejor. No eramos perfectos y siempre había alguien encargado de recordarnoslo. Necesitábamos disfrazarnos, pintarnos de una idea tan sublime que no teníamos tiempo de arreglar aquello que realmente importaba. De ser por nosotros la vida seguiría su curso sin que nadie llorase su insignificancia. Fue el mismo capitalismo, sus teorías del consumir desmesurado, del producir sin medida y siempre encontrar compradores. Nos hicieron desearlo todo, nuevas creaciones sustituían la misma pieza aún sin envejecer. Ansiosos buscábamos poder poseer cualquiera de sus promesas sin importar el como, la manera fue coger lo que no podíamos pagar.
En realidad no era nada nuevo, siempre nos lo habíamos prestado todo. Éramos pequeños grupos en los que uno traía la comida, otro despejaba su casa, se ponía música, leíamos libros y construíamos con las sobras del privilegio la totalidad que nos ponía los dientes largos. Eramos amigos y la única diferencia fue globalizarlo. Empezamos a formar redes entre todas las reuniones y dejó de ser importante a quien le prestabas tus tesoro. A lo largo del país corrían fotocopias, cintas mil veces grabadas y pusimos al alcance de cualquiera todo. Sin darnos cuenta las ideas revoloteaban el planeta, eramos los amigos de lo ajeno y sólo ajeno se quejaba de no cobrar dos veces un mismo trabajo. La mayoría era culpable de difundir y la pudiente minoría compro leyes para detener la revolución.
Pero cuando se dieron cuenta que todo el pueblo estaba intercambiándose bienes no pudieron aplicar las medidas adecuadas. Tendríamos que ir a la cárcel, dejándoles sin esclavos especializados. Por eso calmaron a la masa, la cosa no iba con la muchedumbre, no eran los contenidos, ni el querer tenerlo todo, eso era una actitud normal y ejemplificadora, el querer mejorar, pero no a costa de la propiedad privada. Aquella actitud tenía que cambiar o la falta de dinero circulando acabaría con el mundo.
Se cortaron las cabezas más visibles, se hundieron las críticas más feroces y dijeron que lo habían cambiado todo para dejarlo igual que siempre. Los sueños seguirían siéndolo y la élite permitiría acceder a todo con cuentagotas. Yo viví los cambios, sentí como todo era mejor pero no quisieron dejarnos disfrutarlos.
LaRataGris.
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4 febrero 2012
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31 enero 2012
Ramón jamás había aprendido lo que era la vida. Sus educadores prefirieron enseñársela tal cual la habían diseñado, especial para que nadie tuviese ningún problema, un teatro social.
Segmentaron las horas, dividieron los espacios en algo sencillo que el pudiese entender y le inculcaron los tics necesarios para reaccionar a cualquier situación.
En las zonas comunes, expuesto a todas las miradas, debía ser ejemplar. Producir a destajo, idolatrar a sus superiores y encontrar una mitad con la que encaminar una nueva descendencia por la senda correcta.- INCULCA LOS VALORES- le gritaba la vida moderna.
En la soledad de su casa era libre de actuar a su manera, podía dar rienda suelta a sus antojos privados. Pero nadie le ordenaba como hacerlo, no le habían enseñado y se sentaba a esperar la muerte o algo mejor, lo que llegase primero.
Alguna vez leyó un libro que no supo interpretar. Las palabras amontonaban sus significados sin decirle nada y tuvo que tirarlo corriendo antes de que le hiciera pensar. Esas noches soñaba vidas paralelas, mundos extraños en los que tampoco sabía como actuar, se sentaba a que lo devorasen los monstruos antes del amanecer y luego se juraba que jamás volvería a leer una sola palabra escrita.
En casa de Ramón sonaban muchas alarmas, programaba infinidad de actividades concertadas y, poco a poco, iba aprendiendo a estar ocupado para no seguir imaginando terrores nocturnos, no quería volver a caer en un mundo que nadie le explicaría. Necesitaba su cárcel para saber que lugar de la fila ocupar en todo momento.
Uno de los despertadores lo arrancó de forma imprevista de una pesadilla. Se había dormido a deshoras y, por desgracia, uno de sus habitantes lo había acompañado en el viaje de regreso.
A partir de entonces, a cualquier sitio al que fuese, tenía que ir con aquel ser de otra dimensión. El bicho, al que llamaba señor Uno, empezó a controlar hasta sus sueños y Ramón, viendo que no se lo podía quitar de encima, pensó que sería una buena media naranja con la que compartir la vida que desconocía. Desde aquel instante, cada noche, copulaban sin cesar esperando que Uno se quedase embarazado. Sometían sus cuerpos a toda clase de torturas imaginando que eso les hacía más fértiles. Finalmente fue Ramón el que se quedo en cinta y dio a luz una camada de siete criaturas que eran la envidia de todo el vecindario. Exóticas preciosidades de salvaje brusquedad. Ramón les enseñó todo lo que sabía, lo que le habían inculcado a fuego hasta conseguir que jamás aprendieran lo que era la vida.
LaRataGris
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27 enero 2012
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23 enero 2012
Cuando el pájaro inventor imaginaba algún artilugio primero trazaba los planos, calculaba los costes, lo construía y, si era rentable, decidía para que iba a servir. Muchas veces, el prototipo, se quedaba en una complicada escultura de ingeniería mecánica, la copia de una copia que copiaba una copia existente de algo inservible y absurdo. Pero no se desanimaba, seguía soñando otros cielos llenos de maquinarias limpias y brillantes, al menos hasta conseguir algo de dinero y creerse demasiado importante como para construir sus castillos sobre las nubes.
Creó alas artificiales para aves, bombonas de oxigeno para respirar en una ambiente limpio y oxigenado… tantas locuras que le venían a la cabeza que se sugirió retirarse a pensar mientras osos especializados se encargaban del trabajo sucio. Enviaba los planos vía e-mail, administraba en una hoja de calculo y creía, desde su paraíso tropical, que, en aquel invierno, su fábrica de objetos raros sería la envidia de cualquiera con dos dedos de frente. Se sentía el creador por excelencia; se notaba rico, más que rico, nadando en la abundancia más absoluta y desmedida. Imaginaba que ya no tendría que seguir reinventándose, al menos hasta que regresó en primavera a la tierra donde dormían sus piezas orgánicas. Una alfombra peluda roncaba por mil cabezas junto a la cadena de montaje. Hibernaban los muy vagos.- DESPERTAD- gritó enfadado- TENÉIS QUE PRODUCIR-.
Pero los osos; sean mecánicos, camareros o peones, tienen un pésimo despertar. Se levantaron hambrientos, con una única idea aporreando sus tripas vacías, con un sólo animal al alcance de las zarpas afiladas.
Por primera vez, el pájaro inventor, tuvo la necesidad antes que el invento. Pero no trabajaba bien bajo presión, no sabía como solucionar los problemas e ideo un aparato vete a saber para que y que no sirvió de nada, ni evitó que los plantígrados lo devorasen justo antes de volver a sus puestos de trabajo.
LaRataGris.
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