Utopía

19 marzo 2018

Un día, a la patria, le salieron patas cortas, como las que tienen las mentiras y, con su diminuto cerebro, pensó que era libre de hacer lo que quisiera.

Eran tan horribles las cosas que se le ocurrieron que no quedó ni el más retrogrado que pudiese defenderla.

La gente descolgó las banderas de sus balcones y, sin importarles si era delito o no, intentaron quemarlas para que no sufriese el corazón.

Los enemigos, que pertenecían a otro país, decidieron hacer lo propio antes de que su tierra hiciera idénticas salvajadas.

Juntos razonaban y desmontaban las tonterías de los poderosos. El mundo se convirtió en un lugar maravilloso en el que eliminar gobiernos y manías, eran felices viviendo en esa utopía.

Hubo muchos que intentaron adueñarse de la nueva situación, no se daban cuenta que contra ellos también estaban prevenidos.

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¿Y si las vacas volaran?
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Muertos normales

12 marzo 2018

Compartían una extraña rareza biológica. Técnicamente los dos habían muerto, cada uno a su manera. No les unía la enfermedad, la fecha de defunción o ubicación; pero eran los dos únicos casos en el mundo, certificados, de vida tras la muerte.

La ciencia tenia mucho interés en juntar a los difuntos, hacer que procrearan, estudiar cada uno de sus estertores antes de ir a dormir.

Un empresario había, incluso, registrado un eslogan para presentarlos en el mundo del espectáculo: La fabulosa incongruencia duplicada .

Cada cuñado con su teoría del ¿por qué?, el ¿cómo? o ¿cómo se la podían meter a ella, mientras reían de forma bravucona?. Hubiese sido tan sencillo mirar a los ojos de la verdad como doloroso: Habíamos muerto todos, solo que, Spencer y Maria eran los únicos conscientes de la anomalía, no escondían su pena y eso les hacia especiales, singulares.

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Pobre vida

26 febrero 2018

A veces bajaba hasta el metro donde el aire era espeso y caliente. Me llevaba una libreta, un bolígrafo y algo para picotear. Allí podía pasarme las horas muertas.

Me quedaba lejos del frío de la calle, del de mi casa sin calefacción… en realidad solo iba para no congelarme. Casi nunca tenía que hacer uso del transporte, unicamente me quedaba en la estación hasta que llegaba la hora de volver a mi trabajo de esclavo o hasta que cansado volvía a mi dulce hogar.

un día, creo que coincidió con que no pudiese seguir tirando mi dinero en un alquiler, pensé que también seria un buen hogar en el que pasar la noche. Como no había bajado preparado subí por unas mantas y algo para cenar en frio.

Esquive como pude la vigilancia mientras pensaba en mi situación. Cada vez más me iba pareciendo a un mendigo, con trabajo, eso si, pero con mis necesidades por cubrir.

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Caminar libre

12 febrero 2018

No ha pasado ni un sólo día en su vida en el que Fermin halla sido libre. Aunque el se sintiese capaz de hacer cualquier cosa que quisiera lo cierto es que estaba atrapado. Era una prisión amplia, en la que no se veían los barrotes, en la que el mismo se condenaba a no salir de su pequeño mundo. Si hubiese decidido alejarse se hubiese topado en algún momento con alguna pared.

Por había sido tan importante el cambio- Esta es tu celda- delimitaron sus cuatro paredes, le mostraron la realidad y ahora él, consciente, podía trazar un plan con el que huir.

Se sentó en un rincón oscuro. Su cabeza bullía de ideas locas y estúpidas. La venda había caído, él buscaba la manera de volver a colocarla, tras tantos años preso podía intentar levantarse pero prefería el engaño.

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Los dos extremos

5 febrero 2018

Sus padres, ¿cuanta culpa tienen sus padres? Al verlo tan pequeño e insignificante se dieron cuenta que no sobreviviría al mundo. Construyeron una réplica exacta a su pequeño niñito. Es al que llevaban de paseo, al que le dejaban revolcarse en barro y quedarse hasta tarde viendo programas que no debía ver. Es, en definitiva, al que acabaron amando más que a su propia vida.

Mientras tanto, el verdadero hijo, seguía protegido entre los barrotes de su cuna. Había comprendido la soledad que provocaba su prisión y complementaba sus biberones regulares comiendo cualquier insecto para hacerse más fuerte, mientras sus padres no miraban.

Con el paso de los años el replicante, de plástico y madera, se fue quedando pequeño.

Roc lo miraba desde el rincón conquistado. Se había escapado del pequeño mundo que tiempo atrás le regalasen.

Amplió sus pasos; primero por la habitación pero, ya, se movía libremente por toda la casa. Tenia sombras en las que podía ocultarse cuando salía de cacería. Desde ellas miraba la felicidad de aquel ser enfermizo que lo había suplantado, que lástima sentía por aquella debilidad.

Era un explorador nato. Ya no necesitaba alimentarse de pequeños bichos. Saqueaba la nevera sin que sus progenitores, que ya se habían olvidado de él, se enterasen, capturaba nutritivos roedores y pajarillos que se acercaban a los cebos que preparaba en las ventanas.

En su foro más interno deseaban que su niño sintético se hubiese vuelto real.

El tiempo siguió su curso y en primavera su padre pisó una de las trampas para ratones que había puesto en el recibidor. El olor de la sangre volvió loco al salvaje. Sin previo aviso saltó desde la oscuridad, dentelleando como un perro famélico.

Se había cobrado una deliciosa presa, demasiado grande como para esconderla.

Sus restos lo llenaban todo cuando la madre murió chillando, más por la visión que por el golpe rápido y certero que quebró su cuello. Solo quedaba él y él mismo, su doble, en una esquina que nunca había aprendido a usar. La sombra apenas ocultaba los temblores programados para este tipo de estímulos.

Se acerco hasta él lentamente, el miedo lo retendría la suficiente como para ir sin prisa, saboreando aquella sensación de triunfo. La sangre bañaba su determinación. Con instinto homicida clavo sus colmillos intentando beberse la parte que le pertenecía de aquella aberración, destrozando el cuerpo sintético, electrocutándose en el camino.

El uno sin el otro no era nada pero necesitaban vivir en dos extremos separados.

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Universo

29 enero 2018

Había, evidentemente, cosas que no entendía. Todo esto del universo, su funcionamiento. No a gran escala, por supuesto en las macro teorías hay un pequeño acto de fe cuando eres un no iniciado. Se perdía en las cosas más insignificantes, las relaciones que hacen girar el mundo, por ejemplo.

Siempre he sido autista en esto del contacto con la gente. Sobrevivo emocionalmente pero cuando veo que todas las personas estan, indistintamente de su sexo, religión o raza, recorriendo idénticos caminos me obligo a preguntarme: ¿en qué me habré equivocado para ser distinto? ¿por que soy el raro? En realidad no me importa demasiado pero la pregunta sigue flotando, al trazar mi propia senda en Zigzag, llegar a callejones sin salida que me obligan a retroceder, coger carrerilla y saltar la tapia, aún con los diferencias ¿Qué me hace ajeno a la corriente?

Incluso compartiendo parte del recorrido se que sera un pequeño trecho, que algún lateral oscuro me atraerá solo a mi.

Al individuo, en este tiempo de manadas, desde cualquier bando, se le ve como un elemento discordante que impide que la masa sea feliz. Los normales prefieren no escucharte, los raros quieren que les ayudes a cambiar el mundo a su imagen y semejanza.

El universo, la vida, gira sin ti, a pesar de ti. Su forma de existir, incomprensible, absurda, genera una pregunta demasiado obvia: ¿cómo es posible que todo suceda sin que nada se colapse? La repuesta no es importante si la realidad ya te es suficiente

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Y también hablando del universo, pero en otro tono ojo: Payhip  o en Comic Square


Uniformados

22 enero 2018

La cara seria, evidentemente, lo más complicado. A la chiquilla le brillaban los ojos vidriosos, se le marcaban los pómulos en un rostro azuzado por el hambre, esculpido en tristeza.

Esa era su mayor preocupación, el resto no sería un problema. Los uniformes esconden los huesos hambrientos, igualan apariencias para que la mentira de la similitud tranquilice a los más pudientes. La imposición de la homogeneidad les eximia de resolver cualquier problema. Las barrigas rugirían la verdad escondida: Todos teníamos que ser aparentemente idénticos mientras nos guardábamos lamentables secretos.

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Ha sido tan cortita que igual te has quedado con ganas de un poco más en:

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Cuarenta ladrones

15 enero 2018

Han pasado cuarenta años como cuarenta ladrones, llevándose gran parte de mi vida. Siempre la que no tiene que ver conmigo, la otra me queda para la eternidad del recuerdo.

Yo que siempre he estado en crisis: Un trabajo alimenticio, poco tiempo libre y un mundo que gira indudablemente a la derecha, contra mi izquierda revolucionaria.

Es imposible realizarse cuando tu no quieres subir peldaños prefabricados de mierda. Necesitas un valle infinito por el que caminar. Allí estaba, siempre intentando construir utopías mientras me lanzaba contra el muro de su realidad, esa cabezoneria era lo que hacia soportable mi derrota, estaba perdido pero consciente.

Por eso pensé: Si esto no es crisis a los cuarenta me voy pegar una ostia considerable.

y llegue con las inseguridades habituales. No me dio para comprarme un descapotable, ni económica ni mentalmente, no podía, ni quería. Tampoco me apetecía liarme con una chiquilla que pudiera ser mi hija ¿Pintarme el pelo de amarillo pollo? ¿Para qué?

Por la ropa siempre he sido bastante hortera, pero no me iba a ceñir unas mallas de cuero, calcetines de dandi venido a menos… En cambio me multiplique en lo que siempre había disfrutado: Mis niños, el dibujo, la escritura,…

Aprendí que las crisis son acordarte de que una vez tuviste sueños que ahora ves imposibles.

Te dices a ti mismo: ¡ya no los cumplirás!, eres cruel e insensible. Yo sigo siendo un soñador y por eso tengo trece años, donde no habitan las miserias. Hace mucho tiempo que entendí que cumplir más no me llevaba a ningún sitio, por eso me mantengo en mis trece, madurando mientras veo al mundo envejecer.

LaRataGris

Si quieres colaborar en cumplir alguno de mis sueños puedes hacerlo en: Payhip  o en Comic Square


Conflictos

8 enero 2018

Hay historias que parecen condenadas al fracaso, Perro y Gato lo sabían. No podían estar juntos por que se lo habían repetido una y mil veces con argumentos similares a los siguientes: “Los chuchos y los felinos sois enemigos acérrimos, tenéis que odiaros”. Sin embargo ellos disfrutaban de su mutua compañía. A Gato le gustaba cuando Perro se tumbaba a su lado, sin importarle cuando el otro le ronroneaba, mientras le mesaba el pelaje. Para ser más exactos le volvía loco y se enroscada un poco más para dormirse con la canción de cuna del minino.

A veces quedaban para tomar algo y charlar. Cada uno se pedía lo que más le gustaba en el mundo. Gato se decantaba por un helado de dos bolas, de limón y stracciatella, Perro horchata bien grande, de la que daba buena cuenta en apenas un segundo. No coincidían en nada más que en su amistad, su enorme amistad, que ninguna diferencia, por gigantesca que fuera, les haría perder.

Pero claro, esta historia, no habla de sus diferencias, que son todas. Permitdme explicaros de una igualdad que desconocían, una isemejanza terrible. Un día en el bar de burrito se acabaron los helados, no había más horchata, unicamente se podía pedir refrescos y solo de naranja- Que mala previsión, Burrito, eres como la cigarra del cuento.- le replicaron al unisono. Ellos jamas de los jamases habían tomado ninguna de aquellas bebidas azucaradas; ni de cola, ni limón, ni, claro, tampoco de naranja. Sin apetecerle demasiado se la pidieron esta vez por echar la tarde en la cafetería del Burro.

Fueron llenando sus cuencos hasta que acabaron con toda las existencias del bar-Solo queda una- dijo el camarero entre risas de pájaro de mal agüero.

Por desgracia el azúcar era muy adictiva en aquella remesa y los dos la quisieron a la vez.

Las peludas patitas de sucio gato callejero y Chucho sin pedigree se encontraren el frio cristal de la botella. Mantuvieron una tensa mirada y se les escapo una divertida sonrisa de complicidad. Ambos querían ser el que sirviera aquel delicado néctar al otro.

-¡Nooo!- gritó el burro encabritado-Sois Perro y Gato, sois enemigos, sois… Sois asquerosamente amables. ¿Es qué no sabéis comportaros como un buen cliché?¿De verdad vais a portaros con respeto y amistad? ¿De nada va a servir la trampa que os he tejido como si fuese una perfida araña?

Los dos amigos lo miraron como si vieran por primera vez a aquel animal que cacareaba como una gallina-¿Por qué..?- no llego a formular la pregunta. El can se quedo embobado, mirando la cremallera que colgaba a su espalda- Tu no eres un burro autentico ¿llevas un disfraz?- Entonces, igual que un zorro al que el granjero lo hubiere pillado con el cuello de un gallina entre los dientes, dio una voltereta en el aire, quitándose el traje a medio camino. Un hermoso ejemplar de unicornio los miró con los brazos en horcajadas, subido sobre la barra del bar .

-No puede ser- se sorprendieron los amigos

-Si- les cortó- Podría haberos fabricado muchos mas helados y horchata, incluso esa mierda de refresco, solo necesitaba usar magia. Pero he preferido gastaros esta broma pesada para demostrar cuanto os odiáis, así somos los unicornios. Pero vosotros…vuestra lealtad…

Pero no les interesó escucharle, ni siquiera se despidieron de aquella hiena. Salieron bien deprisa, buscando otra cafetería. Encontrarían una donde el Barman no estuviese loco y pudiesen charlar algo más tranquilos y, si no la localizaban, al menos darían un divertido paseo juntos por qué, aunque hay historias que parecen condenadas al fracaso, esta, no es una de ellas.

ElPerroPurpura : LaRataGris

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Mueren los artistas

3 enero 2018

¿Mueren los artistas con la edad o se vuelven estómagos agradecidos, que es una lenta agonía insoportable? Tras nacer hechos de creatividad nos volvemos grises motas de polvo, trabajando para el diablo del capital.

Son tan pocos, y tan loables, los que sobreviven a fuerza de dignidad, llenos de orgullo y hambre, son un número tan pequeño…

¡Mueran los artistas! ¡sobrevivan los pusilánimes! Adoremos lo normal, lo repetido, lo insustancial…vivamos el pobre mundo que nos merecemos.

LaRataGris

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