La dueña del sol

14 mayo 2012

Aquella mañana Sofia no se levanto a tiempo, no puso en marcha el engranaje y el sol salió un poco mas tarde. El amanecer tardío acorto las horas del día y algunas voces se quejaron de la escasa luz mientras ella se preparaba un desayuno de medianoche para el picnic en el balcón.

Le gustaba bailar con la brisa; dejar que sus pies danzaran en el suave crepitar de las estrellas mientras la comida se llenaba con las fragancias de la noche y su sabor se hacia un sueño indescifrable.

Solía despertarse en ese mismo balcón; con el manto de noche retirado y el cielo esperando a que alguien girase las manivelas del nuevo color. Llevaba mas de un año amaneciendo a deshoras y Julian se había cansado de encubrirla. Había alargado todo lo que podía la noche y, contra mas duraba esta, mas quería quedarse Sofia a admirarla. Se dormía tarde y cansada, incapaz de seguir el horario. El firmamento era un lienzo en blanco que ningún artista se atrevía a profanar así que la vida se desperezaba sentada en la cama, esperando que la trabajadora pusiese la maquinaria a funcionar.

Finalmente un burofax la invito a visitar las oficinas centrales, eso si, fuera de horas de trabajo para que afectase lo menos posible a su rendimiento- Estimado señor,- contesto por correo ordinario- lamento informarle que mi tiempo libre lo gasto en dejarme llevar por el olor de las estrellas. Es por eso mismo, y no por otra causa menor, que no podre acudir a una cita tan importante como la que usted me propone. Quedo a su entera disposición para encontrar un momento en el que podamos coincidir sin que eso perjudique los intereses del otro- y firmo atentamente con un fuerte abrazo y sus mejores deseos- Sofia.

La misma noche en que leyó la carta el excelentísimo señor encargado le pidió a su secretaria que anulase todas sus compromisos, exigió que un tatuador le dibujase una cara de pocos amigos y en cuestión de segundos estaba llamando a la puerta de Sofia con la misiva arrugada apretada en un puño.

-Señorita Social,- empezó a gritarle antes de que la puerta estuviese totalmente abierta- acaso no se imagina usted el daño que le esta ocasionando a la compañía.

– Claro tralali, claro tralala- y se lo llevo al balcón donde ya estaba listo su desayuno de medianoche. Allí lo dejo hablar largo y tendido mientras ella no escuchaba, tenía que dejarse abrazar por los aromas a jazmín y menta. Cuando intuyo que seguía sin decir nada lo interrumpió para que el tampoco la oyera.- No ha sido una noche deliciosa,- le respiro mas que hablarle- algo por lo que no importaría perder un trabajo o por la que, tal vez, alguien podría decidir vivir mas despacio.

Rojo de ignorancia, el excelentísimo señor encargado, bramo de tal manera que las ultimas estrellas que quedaban colgadas del cielo se quebraron. El jamás había tenido tiempo para todas aquellas delicadezas y había determinado que Sofia tampoco. Con lenguaje extremadamente formal redacto un ultimátum que entrego en mano antes de marcharse refunfuñando. Ella, que se había quedado leyéndolo, volvió a retrasar el amanecer mientras se daba por despedida. No podía hacer que el sol renaciera dos veces en un mismo instante para recuperar el tiempo perdido, no quería darle mas horas a las empresas, no necesitaba volver a ignorar a su superior para saber que, así, no se sentía feliz. Con la tranquilidad de saber que ya no estaba allí programo el temporizador y salio por la puerta para no volver jamás. Aquella noche brillo el sol para todos los soñadores y Sofia lo disfruto mientras saboreaba el mejor desayuno del mundo.

LaRataGris


Olvidando sus penas

9 febrero 2012

Olvidando sus penas


Nuestro viaje a casa

6 octubre 2011
No molesten

Cartel con el que avisamos a los vecinos del inicio de nuestro viaje

Muchas veces las cosas más especiales son de las que no escribo. O de las que escribo más pero menos enseño. Acabo de ser papá de nuevo y esta vez no quería que se quedase en el tintero. Aunque nada de lo que diga o haga se podrá comparar a las sensaciones que he experimentado estos días.

Ya lo sabía, cuando nació Alicia todo mi mundo cambio para mejor y, lo mejor es que con ella siempre hay algo que sera todavía más increíble. Lo único que no quería repetir con Pau era la estancia en el hospital. Sentí miedo, pensé que lo perdía todo por culpa de dioses ansiosos por experimentar con vidas ajenas.

Mucha gente cree que es un acto de valentía que Pau naciera en casa. En realidad era cobardía a ponernos en manos de otro matasanos. Elegimos a Inma, nuestra comadrona, para saber que estaríamos bien atendidos y que las vidas que estaban en juego no sufrirían. Ella nos ha regalado un recuerdo precioso, una de las experiencias más bonitas que he tenido en esta vida y lo mejor, como con Alicia, también esta por llegar.

Ya hace tres años que mi mujer desnuda, frágil y guerrera pintaba tan poco como yo. Con Pau nos hemos vuelto a borrar felices de estar donde queremos, cambiando el mundo para ellos.

Me llamó el viernes para decirme que no sabía si se había meado o había roto aguas. Telefoneo a Inma y le dijo que sin contracciones podía ser cuestión de horas o días, que siguiese con su vida normal, a mediodía pasaría a ver como seguía todo. No llegamos, en una hora yo corría para casa y, casi sin tiempo para llegar, tuvimos salir disparados, esta vez hacía el hospital. Vero había empezado a sangrar y podía ser todo o nada. Por suerte no fue nada, un susto. El ginecólogo puso mala cara cuando supo que no queríamos quedarnos, que si estaba todo bien preferíamos estar en nuestro hogar. Las comadronas, en cambio, nos animaron, todas conocían a Inma y nos dijeron que con ella todo iría muy bien.

-Tona- llamé con el teléfono de Vero- estate preparada, en cualquier momento te necesitamos.- Por si Alicia quería jugar con alguien. Inma nos llevo a casa y dijo que ya no se iba, que se quedaba a comer. Tona apareció desde la otra punta del mundo cuando empezaba a marcar su número de nuevo.

Las horas previas la casa se llena de vida como un preludio de lo que sera. Inma dispone todas nuestras tareas: lavar, fregar, tender… medio adecentar aquel caos que lo invadía todo. Después de cuarenta semanas de preparación en dos días se nos había descontrolado; el estrés del cole, el trabajo, los nervios… había que improvisar.

Comemos por turnos. Primero la peque y la embarazada, que tenga fuerzas, luego, mientras las dos duermen, la partera, los últimos Tona y yo. Estoy fregando los platos cuando Vero sale gritando para que deje de hacer tanto ruido. Paramos de golpe e Inma le advierte que ella tendrá que hacer ruido para montar la piscina de partos, mientras lo hace aprovecho para enjuagar los pocos cubiertos que tenemos.

Apagamos las luces, bajamos las persianas y, a la luz de las velas, Vero empieza a danzar con las contracciones. Cada jadeo es más intenso que el anterior, se repiten en un espacio perfecto, cada dos minutos pura magia moviéndose. Alicia me sigue a todas partes, de vez en cuando se engancha de la teta de su madre y le regala oxitocina para que todo fluya a un ritmo adecuado, es una niña increíble. Pasan las horas y parecen minutos, es delicioso.

Cuando entra en la piscina de partos se relaja, se empiezan a parar las contracciones e Inma le pide que se salga. Tona se lleva a Alicia al parque para que yo pueda abrazar a Vero con la esperanza de que eso lo reactive todo. Vero me aparta, prefiere estar sola y al ratito, sin más ayuda, todo vuelve a su cauce con mucha más fuerza que antes. Intentando no perder esa intensidad Inma le pide a vero que se siente sobre mi a horcajadas para que cada empuje sea más efectivo. El bebe empieza a asomarse pero a Vero le duele tanto que se pone a gritar- INMA BÁJAME, LLEVAME AL HOSPITAL, BÁJAME, BÁJAME- Pero queda demasiado poco como para poder salir corriendo. La bajamos y si antes las horas eran minutos ahora los minutos son horas.

De pie la abrazo en cada contracción, los picos son tremendos pero así no le molesta tanto. Ya no quiere ir al hospital pero dice que no puede más, la voz se le vuelve aguda como nunca se la había escuchado, volvemos a cambiar. Soy el respaldo de su silla de partos e intento darle mi aliento, esta preciosa tan llena de fuerza. Cuando aparece la cabeza de Pau Inma guía mi mano para que note su pelo húmedo y suave. Mientras tanto Alicia ya ha vuelto del parque. Se queda en la cocina con Tona un poco impresionada por los gritos. De tanto en tanto Tona se acerca para hacernos alguna foto y si se queda demasiado me preocupo por mi peque, quiero decirle que vuelva con ella pero no me salen las palabras.

Pau sale recubierto de plumas blancas, de piel pegajosa. Alicia viene para ver a su hermanito y Vero se acerca hasta el sofá a esperar que salga la placenta. Inma se queda con Vero y el ratoncito, Tona se pone a recoger y yo hago un picnic de sandia, con mi luna, en la cocina. Regreso a cortar el cordón, a llevarle un batido a vero, a ver como esta. La casa se había llenado de vida y ahora había estallado de la misma intensidad. Acabamos de recoger cuando Vero se va a la cama con los dos peques. Bajamos los bártulos y antes de irse Inma me dice que acompañe a Vero al baño por si se marea, mientras me lo esta diciendo arriba ella ya se ha levantado sola, ha hecho pipí y se prepara un bocadillo que desaparece antes de que yo pueda verlo, esta hambrienta por el esfuerzo.

Creo que lo he dicho al principio, nada de lo que diga sera comparable, luego me he puesto a escribir como un loco y nada de lo que he dicho ha sido comparable. Son cosas que no se pueden transmitir, que para cada uno es diferente, que si no lo has vivido… casi no recuerdo el final, se que todo fue un suspiro y me sentía bien y tremendamente feliz. Y, lo mejor, como con Alicia, siempre esta por llegar.

Mil gracias Tona por todo lo que hizo, se volcó por darnos momentos muy especiales, haciendo mucho más de lo que podríamos haberle pedido, gracias a Inma por un parto precioso, divertido, intenso, apabullante y, por supuesto, a mi guerrera, mi luna rebelde y mi sol, mis mejores motivos de viaje y mis fuerzas.

LaRataGris


Dispensador de no tristezas

21 septiembre 2011

dispensador de no tristezas


Sin corazón

28 julio 2011

El hombre demasiado triste pensaba que su corazón se encogía en exceso, palpitaba muy lento y quedaba a la deriva del pecho, chocando con las paredes de la caja torácica. Dolía tanto la vida, ver como la gente aceptaba las injusticias como algo cotidiano y sin solución, que pensó que si lo tiraba su existencia sería un poco más llevadera.

Se lo arrancó de un golpe, sin sentir nada. Ya no notaba el dolor, las penas, las tragedias le parecían insustanciales… igual que la alegría y la esperanza. Era un ser pasmado, un autómata perfecto y brillante.

Pero el hueco que había dejado, el pequeño agujero, del tamaño exacto al corazón, era demasiado grande, pesado e insoportable. Empezó a buscar algún objeto liviano que taponase la entrada de aire. Recorrió el mundo entero sin echar la vista atrás, sin tan siquiera girarse para ver como de la semilla que había lanzado germinaba un árbol de un millón de flores que endulzaban el viento.

Recorrió siete veces el planeta antes de volver al mismo punto del que había partido y sentarse a descansar a la sombra de su árbol. Era enorme y llenaba de felicidad a todos los que paseaban a su lado. Unos niños jugaban entre sus ramas, los amantes se abrazaban en los claroscuros y los ancianos tomaban una bocanada de aire antes de continuar caminando hacía ningún lugar. Era un sitio mágico como no había encontrado en ninguno de sus viajes. Aquella noche durmió tranquilo y por la mañana probo la fruta del árbol. Era un tanto amarga, dulce y picante. Un extraño sabor de mezclas contrarias y complementarias. Poco a poco su hueco se fue llenando del jugo de las frutas. El pecho empezó a palpitar lento, a la deriva de un encogerse normal ante las injusticias… Ya no quería volver a sentir frío, prefería abrir los ojos y aprender a cambiar el mundo antes que tener que transformarse en gente que pasea solitaria, buscando lo que ellos mismos lanzaron. Quería ser valiente y enfrentarse a las tristezas.

LaRataGris


El hombre gastado

12 julio 2011

El hombre gastado.

Autocensura

Ilustración de LaRataGris

Sin encontrar las palabras, el señor equis, dibuja las lágrimas de sus ojos. Traduce la ansiedad del mundo y la borra inmediatamente para que nadie tenga que llorar sus penas. Es un hombre gastado, apenas una sombra de lo que fue. Atrapado en el miedo de saber demasiado.

Antes de marcharse, Laura, siempre le preguntaba por su rostro blanco e impenetrable. El respondía nada encogiendo el cuerpo tras la careta de una sonrisa.

No quería que se fuera pero le mintió. Le dijo que ya no la quería, que se había enamorado de otra…que estaban mejor solos. En cuanto cerró la puerta comenzó a sentirse pequeño.

Cada noche se retuerce. Contrae todos y cada uno de sus músculos hasta que el dolor se vuelve insoportable. Entonces abandona su cuerpo a la deriva, libera las ataduras de la mente y se deja llevar sonámbulo, buscando la inercia de la realidad.

El lápiz describe las derrotas del silencio y rompe palabras contra la pared mientras su corazón empieza a palpitar un poco más deprisa.

Cada trazo es un doloroso trozo de vida. Cuando despierta desnudo y manchado de pintura se asusta de todo lo que ha vomitado. Entre los dibujos se cuelan referencias políticas, datos, cifras,… escándalos que acabarían con más de un fantasma del poder.

Nervioso deshace su camino sin dejar de vigilar todos los rincones, preocupado por si las cucarachas le están observando. Esconde la realidad, que nadie venga a acallarle. Después se arranca la piel para que ninguna manchita de pintura indiscreta delate sus revoluciones nocturnas. Su vida ha de ser tan normal y aburrida como pueda. Trabajo y casa sin levantar demasiadas sospechas. Que sus antiguos amigos no quieran venir a visitarle.

El hombre nuevo

libre

Ilustración de JKal

El señor equis que vive en el espejo no deja de copiar los movimientos del hombre gastado. Se abandona al instinto para moverse igual y nunca intenta anticiparse. La realidad conoce gestos que el no podría ni imaginar, historias de la vida de los muertos que le ponen los pelos de punta. Como un mimo obediente transforma su casita a imagen del mundo real, cada objeto en el lugar exacto. Como un dibujo con siete diferencias en el que todo parece idéntico, ningún detalle se ha dejado al azar pero… bajo el sofá, ocultas entre las pelusas, a empezado a guardar todo lo que su yo verdadero ha ido borrando.

Participó en las orgías nocturnas de conocimiento mientras se rebelaba por las mañanas. Cuando tendría que haberse desecho de las pruebas, el, prefirió esconderlas de ojos que se las quisieran robar. Así, mientras todo quedaba en silencio, se convertía en un hombre nuevo, libre y solitario. Gracias a lo que aprendía había empezado a ser autónomo. Llegaba a las mismas conclusiones, sentía el mismo miedo pero, si tenía que morir por lo que ahora sabía, quería irse con su amada. Poder liberarla de su falso paraíso.

Urdió un plan sencillo; dejó de imitarse. Seguía atento a todas las revelaciones aunque ahora tenía en mente otras ideas. Cómo si el fuese el auténtico empezó a forzar los movimientos del sonámbulo. No fue difícil hacerse con el control de su cuerpo ausente. Dormido, sin fuerzas, con sólo unos días de práctica consiguió que dejase el móvil frente al espejo, que se quedase su imagen para así poder cogerlo tras el cristal. Espero a que el no estuviera y marcó los mismos números que tantas veces había utilizado.- ¿Laura?- y Laura salió corriendo al oír su voz.

Entró sin llamar, acercándose lentamente al espejo, tal y como le había pedido por teléfono. La habitación estaba en penumbra, pero no tanto como para no ver a su amado. Según el reflejo debería estar a su lado, ella tendría que estar abrazándolo igual que a su imagen. Estaba sola. Tras el cristal su yo inverso lloró mientras el reflejo de nadie le hablaba sin emitir ningún sonido. Se acariciaron, ella suspiró y miró fijamente hacía fuera, rozó los labios en el vidrio y le dio un beso de despedida. Sobre el vaho que se formó escribió en letras giradas- adiós, ya no puedo seguir atrapada.-

La mujer sin reflejo

Censura

Ilustración de MJó Daffunchio

Cuando la imagen de Laura se marchó con la de equis ella se quedo sola. De una forma como jamás había estado. Le habían arrancado las entrañas, le hicieron el vacío y nada ni nadie la podía tocar. Se había quedado absolutamente sola y frágil.

Equis casi no pudo verla escondida tras una mota de polvo, asustada de todo. Estaba algo más viejo y deteriorado, a la vez era un niño desorientado en medio de un desierto sin su mama. No parecía poder articular palabras coherentes. Miró el espejo donde no se veía Laura, en el que tampoco estaba el. De las falsas paredes brotaban todos sus disimulos. Lanzó el puño intentando ocultar su culpa y en cada cachito de cristal se seguía dibujando la verdad.

Sintiéndose atrapado se dejó caer junto a la única persona que había querido en esta vida. Allí esperaría a que las sombras dieran la voz de alarma y la oscuridad cayera sobre ellos hasta destrozarlos.

– Moriremos- le dijo a Laura, que se había quedado dormida- Tu ya pareces una muerta-

-No,- contestó su bella durmiente- estoy soñando la libertad que me negaste-. Entonces se dio cuenta de que ella sólo era una mujer sin reflejo. Una carcasa sin contenido, la botella vacía de algo que derramó hace tiempo.

Cansado entornó lo ojos y se dejó llevar por la deriva del sueño. Atravesó el espejo, llegó hasta la que había sido su imagen y miró con sus labios la piel suave de la Laura huida. Era el sabor de su amante, el aroma a la vida delicada y embriagadora… la oscuridad ya no podía alcanzarlo.

LaRataGris


El ahora

6 febrero 2011

El ahora


Dañado

21 enero 2011

Dañado


Trasto de felicidad

18 diciembre 2010

Trasto de felicidad

 


Evasión

12 febrero 2010

Evasión