7 abril 2014
Era raro verla besar su móvil. Se acercaba a la pantalla sonreía, lloraba. Mezclaba felicidad y tristeza. Hilaba un nombre en el caudal de sus lágrimas, echaba de menos a su hijo. Vivía lejos, crecía con el dinero que conseguía enviarle, se volvía un hombrecito sin ella.
Se volvía tan guapo que cada nueva imagen aceleraba su pulso y le rasgaba el corazón sin remedio. Cuando ya no podía más apagaba y se iba a vender el pescado. Tanto si era fresco como de confianza, tenía que sacárselo todo de encima, era su billete de vuelta, los nutrientes de su tesoro. Haría cualquier cosa aunque se le cayese el mundo después, nada podría detenerla mientras su recompensa fuera sobrevivir, mientras su razón de ser estuviese protegido con los escudos de la distancia. -Has venido a robarnos, extranjera.- le dolía cada centímetro de su cuerpo para defenderse de las mentiras, necesitaba dormir, volver a su casa y sentirse de nuevo una persona. No tenía fuerzas para ninguna batalla, aunque tuviese la razón, podría escuchar cualquier cosa mientras los suyos estuviesen bien, como cualquiera, provenga del país que provenga.
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3 abril 2014
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31 marzo 2014
Cada mañana, Senda, se arrastra hasta la silla y sentada se tapa los muñones de las piernas. Siempre coloca un par de bambas para dar la sensación de que allí donde acaba la manta comienzan sus pies, como si no fuera un escondrijo de sus vacíos y empezase a tener frío incluso en el infierno.
Su vida, por elección, era rutinaria. Nada complicado, tampoco aburrido como un trabajo, se limitaba a aparentar perfecciones. Mejoraba la farsa para que nadie sintiese lástima. Se obligaba a creer lo que debía, decía lo que consideraba que reforzaba el teatrillo. Su entorno, incluso el que no soportaba la representación, sintió pena, penita, pena por la vida de aquel tullido que no se quería. Todos intuían la verdad de aquella burda mentira, aunque jamas le evidenciaron la poca sutileza de la falacia. Acariciaban su pelo condescendientemente, sonriendo demasiado para que, sin realmente proponerselo, quebrasen las alas que le habían arrancado.
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Escrito por laratagris
27 marzo 2014
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24 marzo 2014
Raquel no había sido demasiado afortunada, la genética había sido tremendamente estricta. Había elegido para ella las cualidades más visibles de su padre y, por supuesto, no era ni demasiado guapo, tampoco alto y, encima, era un hombre, exactamente igual que ella. La gran diferencia, la suerte de Raquel, era el poder ser un poco más inteligente.
– Antonio- desde que era pequeña le perseguía el nombre, lo acompañaban de costumbres; tenía que jugar con coches, pensar en chicas y, si no, era maricón. – Fuera esa falda.- Papa; el hombre pequeño y feo, sabía como quitarle tantas tonterías. Era tan explicito que el cuerpo tardaba días en recuperarse, se le llenaba de dibujos morados en los que se leía eres un hombre, compórtate como tal. Raquel sabía que eran las palizas lo que no le dejaba crecer. En secreto se juro que jamas sería, ni tan siquiera, uno de los hombres altos, aunque alguna vez le dejasen crecer ella había nacido mujer y mujer moriría, no le importaba si eso le hacía caer bajo los golpes de papa.
Mama era muy diferente. Una mujer esbelta, muy bonita, jamas le pego pero tampoco hacía nada por evitarle las palizas. Se limitaba a esconderse en algún rincón. Raquel siempre sospecho que su llegada le había venido bien para esquivar los guantazos, las patadas, los malos tratos… Esa pasividad es una de las cosas que nunca le perdono. De nada le servia que viniese a besar sus heridas si primero no había sido su escudo. Tampoco no quería ser como ella, tenía que ser alguien real, su propia heroína.
Trazó un plan sencillo. Lo más complicado era volver a fingir que era de nuevo Antonio. Cada noche su corazón de mujer, amordazado cuando era más visible, gritaba por tener que vestirse de carnaval, escupir e ir cada día con una chica nueva, la última siempre un poco más golfa que la anterior y más barata. Papa, parecía decir, soy un machote como querías, ya puedes mirar a otra esquina. Y su padre miraba y veía a su mujer, tan insignificante como el creía, tan imbécil que necesitaba reeducarla como a su niño. Raquel veía como concentraba toda su furia contra ella, se preguntaba si también quería que se transformase en un hombre. Nunca supo por que su padre se comportaba así, ni por que su madre le suplicaba que volviese a ser mujer para que el desviase los golpes, no le importaba, como Antonio tenía la libertad de moverse. Salía de casa sin trabas, podía conseguir todos los ingredientes secretos para su pequeño proyecto; arsénico, veneno para ratas, salfuman, lejía y siete pizcas de sal.
Preparo la sopa más jugosa e indigesta que se le ocurrió, vertió todos los frascos que llevasen alguna calavera y cuando lo vio con un color adecuado no lo probo por si le quedaba sosa. Los platos rebosaron al meter la primera cucharada pero, tras esa, nadie volvió para probarla, Raquel había firmado su libertad.
-Siempre tengo que explicar esta historia- dice Raquel- porque es lo que la gente espera oír. Se imaginan todo esto un poco sórdido. Lleno de traumas. No les resulta fácil de entender que yo soy una mujer desde que nací, que tuve una infancia feliz. Te preguntan deseosos de ver mariposas asesinas y ya me he negado la satisfacción de la verdad. La realidad es lo que ellos quieran creer y mi vida es otra cosa.
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18 marzo 2014
Su autobiografía resultó ser un plagio de su currículum vítae.
Iván Rafael
Cuando Juanjo perdió el trabajo que le había dado de comer los últimos veinte años se hundió. Claro que no había sido el sueño de toda una vida: entró por que su tío era el encargado de la sección cuarta e intercedió ante el señor Nojon, quien le dejo formar parte de la gran familia de Nojon e hijos s.l.
Ahora, con su edad, aquello había sido como un enorme final de mierda, ya no lo iban a querer en ningún sitio. Se le cayó el mundo encima; todo eran miedos, incertidumbres,…hambre. De repente se le hizo un vacío en el estomago y tuvo mucha, muchísimas ganas de comer sin parar, como sintiendo que era algo que, en breve, no se podría permitir. Por eso vació toda su despensa hasta quedarse sin nada a excepción de más hambre.
– Respira hondo- quiso tranquilizarse. Aunque no podía vivir del aire seguía necesitandolo.- Respira- y no estaba más relajado pero al menos le sirvió para empezar a prepararse. Sacó sus recuerdos y experiencias, los clasifico por años, ordenando su vida por los grandes exitosa del trabajo, la ínfima preparación.-usted no sirve para estudiar- lo juzgaron y condenaron sin dinero para matrícula, libros,… la ausencia de excelencia veto las becas. Era del montón y sin su tío aún más abajo, al desenchufarlo le habían quitado la electricidad que tenía que moverle.- concéntrate- se exigió- el currículum- y se describió en sus actos. Seis días a la semana, ocho horas de cada veinticuatro, alguna tarde libre para comprar, cocinar, limpiar y llorar,…hoy lloraba como nunca. Había perdido su vida, hasta ese mismo instante no se había dado cuenta que su biografía no era más que su currículum y, de repente, eso no valía nada.
Escupió las fechas a la papelera, se cagó en toda su, y sus, experiencias, ¿por qué ostias había aceptado aquellas exigencias?, aquel suicidio por la promesa de un paraíso inexistente. Volvió a coger un folio en blanco, escribió su nombre a mano y bajo el, en pequeño, trabajé. El resto quedo en blanco…
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10 marzo 2014
Para Gato Viejo la vida empezaba a ser demasiado parecida a un trabajo. Siempre en los mismos excesos, cumpliendo con cada hora, el estricto horario de las aventuras. A las doce salvar el mundo, a las tres encontrar el arca perdida, media hora más tarde fingir ser un gato duro de pelar y expulsar a los malhechores que pretenden envenenar el embalse de Sau, luego no tener descanso. Gato Viejo ya estaba demasiado viejo para tanto trajín, no le apetecía ni ir a casa de Marcel a tomarse su tazón de leche.
El balcón estaba a un salto de donde se encontraba. Miró la puerta abierta sin fuerzas para lanzarse, prefería quedarse tumbado sobre el tejado, con la lluvia calando cada uno de sus huesos maltrechos. Era una madrugada de tener demasiado frío, rodó sobre si mismo hasta chocar con una parabólica y allí se enrosco. Al día siguiente no dejaba de estornudar y todo su esqueleto temblaba, castañeteaba bajo su pelo ralo mojado. No podía ni moverse y no lo hizo.
-¿ qué te ha pasado?- acarició su columna vertebral la muerte- así no puedo mirar para otro lado, tendré que llevarte conmigo.
Gato Viejo maulló algo que sólo ella pudo entender. Lo cogió entre sus descarnados brazos con el cariño de una madre y se lo llevo hacía una aventura que aún no había vivido.
LaRataGris
Gato Viejo: guia de lectura
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6 marzo 2014
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24 febrero 2014
A mediados de cada enero Gato Viejo llegaba con sus maullidos de vagamundo. Yo le servia un tazón de leche por cada una de sus historias, si es que no me quedaba maravillado, con los ojos clavados en sus infinitos, mientras el me arrullaba con su lengua áspera de aventuras.
Había regalado sus siete vidas a todo el que las necesito, por eso la muerte lo respetaba y perdonaba sus excesos. Ella fingía no ver las caídas desde el tejado y si alguien le insistía para que mirase siempre respondía lo mismo: ¿ para qué?, si Gato Viejo siempre cae de pie y corriendo hacía otro amanecer.
Aunque esta vez la leche se quedo fría en el balcón. Miraba las cornisas desnudas, sin verlo aparecer. Me quede sin sus cuentos viajeros, sin mi billete a otro mundo. Cuando acabo enero recogí todos los cojines que había dispuesto para que descansara y los guarde con la esperanza que el año pasase rápido.
LaRataGris
Gato Viejo: guia de lectura
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20 febrero 2014
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