Historias de mis suicidios: El despertador

30 julio 2015

Historias de mis suicidios: el despertador

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La trasnmutación (la metamorfosis)

9 marzo 2015

Pequeña introducción

Bar Kafka, un viejo tugurio en la calle del escritor. Algunos, borrachos de creatividad, brindan con palabras.

– Queda inaugurada- Raúl levanta su copa de aire- la primera reunión de los insectos comunes.

– Por los insectos, salud, chinchín,…- sentencia cada uno el brindis a su manera

– Qué os parece- intervino Toni- si nuestro primer reto como colectivo es reescribir la primera página de la metamorfosis de Kafka. Mantendremos los verbos, el número de palabras, las mismas frases e idéntico protagonista, Gregorio Samsa.

La transmutación

Las pesadillas de siempre, frías, de un color azul hielo, me despiertan sin piedad.- cuatro de la mañana, cuatro y media- me he convertido en un pequeño e insignificante vegetal de apenas cinco centímetros de largo.

-¿Dónde estás, decrepito Gregorio Samsa?

Echado en un viejo colchón de plumas. Alzo mi nuevo y fibrado brazo del color de la berenjena.- ¿me ves?- la extremidad surca el aire como con vida propia, extraña al resto de mi cuerpo flácido. Aguanto la respiración, estoy nervioso, me resulta imposible no escurrirme en estas arenas movedizas de tela y pluma. Agito mi brazo mientras mi cuerpo… – ¿qué ocurre? estoy soñando en una jodida pesadilla- tengo tanto, tantísimo miedo; la pulpa de mis órganos vitales se ha desparramado sobre la cama desvencijada, inutilizado completamente, ninguneado por la gris existencia.

Yo no era así, yo…en la pared opuesta a mi cama cuelga el retrato del antiguo propietario de la habitación. En una de las esquinas de la imagen se recorta mi asquerosa silueta del color de la obsidiana, puesta sobre una pútrida manzana. El cuadro me muestra como una pequeña, insignificante, cucaracha. Tocado por los recuerdos como repugnante e infecto insecto y aún así me envuelve una extraña melancolía de cuando, erguida, esgrimía mi valentía ocultándome entre las sombras de la sucia y desordenada pequeña habitación.

Miro mis seis patitas negras, ahora raíces, equivalentes a las de un cadáver que esta repiqueteando su propia marcha fúnebre. No siento como mío ni mi único extremo vivo. Pienso, sigo ofuscado, sin olvidar cuando yo era un algo autónomo. Pero tengo dormido el cerebro, secas las neuronas, no se me permite adoptar las soluciones precisas, adecuadas. Por mucho que me esfuerzo siempre me vuelvo a quedar fuera de mi realidad.

Intentare cerrar mis siete chacras, tengo que verme en paz de alguna manera, cesar la pesadilla. Siento la fútil inutilidad de mis actos, el universo ha elegido un mal día para esta angustia. Quiero decirle al mundo que vivo pero es trabajar en balde. El esfuerzo de hablar no cambia la posición de mis finos labios agrietados por el frío. Estoy… ya no llego a ser yo, tengo la muerte pegada y siento la helada palma de su mano estirando de mi quebradizo pelo ralo. Si sólo pudiese alzarme, ver dónde está la salida a este insoportable dolor que tanto pica.

Intento rascar de mis entrañas todas mis ideas, tengo que retirar las superfluas. Produzco un sonido gutural hasta que la fricción con la estúpida realidad me dice que estoy sumamente loco, desquiciado, desequilibrado, lunático,… ido. Tal vez si duermo viviré de otra manera en el sueño, dentro de otra pesadilla infinita. Pero no hay salida. Anoto mentalmente: regresar a mi otro yo, encontrar la felicidad, sentado, desayunando… para no tener que hacer de este sufrimiento mi mundo… despedir a la negra dama para siempre.

Podría pasarme algo así. Sería genial, como si fuese un recién nacido marchando por un nuevo y excitante planeta. Iría de norte a sur, mandando sobre mi camino y me diría: ¡Piensa un poco malnacido! Me he caído, ni tan si quiera me sentare. Hablar de posibilidades, acercarme a una fantasía improbable es perder todo mi precioso tiempo. Reunir el valor, no pagar por ilusiones.

Oiréis mis silenciosos gritos, no tenéis que hacer nada, no conseguiríais absolutamente nada. ¿Levantarme siendo un ridículo y grotesco vegetal, un insecto, un humano? No saldrá nada bien.

LaRataGris

Más insectos comunes que aceptaron el reto (clica sobre los nombres):

Manu LF

Benjamín Recacha

Toni

José Bocanegra

Esther Magar

Jean Rush

En breve os ire añadiendo al resto de compañeros de viaje y si os quereis apuntar al experimento avisadme.


Las siete diferencias

12 enero 2015

Una hoja en blanco junto a otra idéntica. Tan iguales, tan perfectas en su vacío: busca las siete diferencias, unicamente siete. El hombre inmejorable analiza cada pequeña imperfección, el gramaje, que si una se ha doblado más que la otra al sacarla del paquete, en cual se ha detenido una mota más de polvo, las impurezas, el…toquetea, resopla y vuelve a empezar. Lupa en mano, enciende una luz, se despeja y justo en su lecho de muerte ríe al descubrir las siete diferencias de golpe: no vivir, no sentir, no pensar, no comer, obsesionarse, perderse, no encontrarse e, incluso, morir antes de tiempo, la octava por la tardanza, como compensación.

LaRataGris


La importancia del número

1 septiembre 2014

Siendo una población de un millón doscientos treinta y seis mil habitantes, contabilizados a dedo, choca el pensar que sólo dos están censados, debidamente marcados y archivados en los libros de registro. Ambos se pasean orgullosos, sabiéndose ciudadanos, conocedores del sentido de su vida: formar parte de la masa numerada. El uno y el dos con nombre y apellido sobre una hoja debidamente sellada.

El resto, no vinculante por su inexactitud, bastaba con que pasara una segunda vez con distinto caminar para volver a ser contabilizado. Su número era aproximado y variable con muertes y nacimientos simples o múltiples. Los gemelos, los trillizos destrozaban toda estadística al no fichar cada día, por negarse a llevar un uniforme en el que se pudiese leer el número adecuado. Por eso el ayuntamiento, presidido por el señor uno, se preocupaba y lanzaba campañas para el correcto censado de la población autóctona y foránea. Prometía la no molestia una vez muerto, la perfecta identificación en vida ante multas que no le pertenecían y morir con todas las ventajas que ofrece el sistema de salud: camilla esterilizada y la atenta supervisión del personal cualificado para tal menester.

Para dos fue suficiente un pequeño sustillo del corazón. Un médico no numerado se apiado de ella y, aún sin saber su cuantificación, la atendió y salvó la vida. Lo primero que vio fue un póster oficial en el que incitaban al censo- deja de morir como un perro sin collar-. La combinación de morfina y superstición hicieron el resto. El censo lo empezaba a ordenar todo, la existencia misma cobraba otro sentido y número uno podría planificar una estrategia para dos. Un millón doscientos treinta y cuatro mil habitantes estaban perdidos.

LaRataGris


Odios de verano

21 julio 2014

Odio el verano por que la gente sale en bicicleta, desempolva los patinetes y se transforman en domingueros de entre semana. No son los mismos ciclistas que viajan en invierno y saben no usar el coche, respetar y convivir. Son una cantidad ingente de locos que quedan al calor del buen tiempo para competir entre ellos, llenar las aceras y los vientos como si el verano fuese suyo.

Odio el verano por las playas llenas de cuerpos muertos sobre sus toallas de arena. Las mentes vacías, con el único eco de si la piel, la barriga, las tetas, los culos y la erosión muscular. Odio el olvido de las calas que colonizan, ensucian y olvidan otra vez. Volver a casa cansado, con el sol machacando y el alma pidiendo dormir, nada mas tras un día de no hacer, apelotonado entre sudores ajenos y una enoclofobia creciente.

Odio el verano por que los que nos quedamos trabajando tenemos que cubrir a los que tienen vacaciones. Más horas con más clientes preguntándote, por cobrar el mismo salario de esclavo. Más correr con más calor y menos vida. Viendo como mis cachorros con todo el tiempo del mundo para nada y yo nada de tiempo para ellos que dicen papa no te vayas a trabajar y papa se marcha.

Odio, odio el verano de una forma que no te imaginas, que no puedes entender, que no quieres por que el verano esta lleno de una alegría que yo, personalmente, desconozco.

LaRataGris


Zombies intelectuales

2 julio 2014

Zombies intelectuales


Desexistencialismo

30 junio 2014

Desexistencialismo


Un corazón de alambre

2 junio 2014

El artesano

De alambres y plástico, le pintó unos ojitos tiernos y labios de fresa con un pincel fino. El artesano abrazó a su amada sintética y le susurro un te quiero al oído. Pero ella no le quería, no de la misma manera.

Cerró los ojos tumbado a su lado y la dejo descansar, había sido un día demasiado largo y la pega aun no estaba seca, las grapas no se habían absorbido, así que la beso en sueños mientras esperaba que ella, la física, se acostumbrase de la misma manera.

Pasaban los días y seguía ignorando sus caricias. El desprecio se palpaba en su no hacer nada, había tal desdén en su inmovilidad que no necesitaba ni girarle la cara y, eso, lo estaba volviendo loco.

Una noche, harto de que sus caricias fueran como cicatrices, desnudo su cuerpo de plástico y la empujo contra el suelo donde la poseyó. – esto,- le susurro- si que te va a doler, zorra-. Cuando acabo con ella su amor parecía un frio cadáver que dejo en el container, camino de la ferretería donde compraría más alambre.

El artista

-Como lloran los cuerpos inertes- el artista camina entre los desechos de los artesanos buscando alguna pieza, aun viva, que rescatar. Recoge los mecanismos desahuciados, las carcasas por contener, los alientos que aún no se han volatilizado. Los guarda con mimo en tarros de conservas donde esperaran la reencarnación. Protege sus pulmones con una máscara de pintor, telas destrozadas son sus corazas contra el frio y sus manos agrietadas, desnudas, aman lo que toca.- ¿ por qué los artesanos siguen estos patrones? Esta perfección que niega la belleza de la casualidad, del error acertado…- de repente el tacto helado de ella acelera su respiración. Siente el tormento del dolor en un cuerpo al que jamas se le otorgo la vida. Lo carga a su espalda y se aleja sabiendo que lo que jamas ha vivido tiene que nacer.

En casa busca entre la basura de sus tarros y con alambre de espino dibuja un motor para su pecho vacío. Las espinas penetran su carne de plástico, el corazón comienza a latir y, con un estertor, traga el aliento necesario.- ¿ donde estoy?- y el artista guarda silencio mientras ella lo mira todo- ¿ quien eres?- pero por un motivo que desconoce son preguntas que no tienen importancia, de repente siente la necesidad de abrazarle. El calor y la presión hace que, finalmente, se reabsorban todas las espinas que salen en forma de lágrimas por sus ojos pintados y expulsando el dolor comienza a vivir.

LaRataGris


La casa de Gato Viejo

19 mayo 2014

-¿ Gato Viejo?- me paso el día atenta a sus sigilos, siento como sus patitas flotan sobre mi suelo frío y suspiro si me hace cosquillas al respirar. A veces pasa como un rayo para acurrucarse sobre un ronroneo, seguro de que yo le protegeré.

Jamas me habla de sus saltos y caídas, tengo que leerlos en sus heridas. Cuento sus huesos rotos y los días que tarda en levantarse para imaginar su vida.

Cuando viene con la tripita caliente y el pelo lustroso, siempre a mediados de enero, se que ha estado en otra casa que lo ha mimado y querido tanto como yo. Ese día se que su sonrisa me es infiel y no lo puedo soportar- Gato Viejo es mio- Le quito su otro olor y le borro la risa dibujandole una aún más feliz.

De repente deja de venir y lo quiero matar, lo necesito abrazar y encarcelar entre mis cuatro paredes.-Gato Viejo- pero es como si alguien lo hubiese matado ya. Sin costillas por numerar, sin días por venir. ¿ en que tumba soñara esta noche?

LaRataGris

Guia de lectura


Las fotos del móvil

7 abril 2014

Era raro verla besar su móvil. Se acercaba a la pantalla sonreía, lloraba. Mezclaba felicidad y tristeza. Hilaba un nombre en el caudal de sus lágrimas, echaba de menos a su hijo. Vivía lejos, crecía con el dinero que conseguía enviarle, se volvía un hombrecito sin ella.
Se volvía tan guapo que cada nueva imagen aceleraba su pulso y le rasgaba el corazón sin remedio. Cuando ya no podía más apagaba y se iba a vender el pescado. Tanto si era fresco como de confianza, tenía que sacárselo todo de encima, era su billete de vuelta, los nutrientes de su tesoro. Haría cualquier cosa aunque se le cayese el mundo después, nada podría detenerla mientras su recompensa fuera sobrevivir, mientras su razón de ser estuviese protegido con los escudos de la distancia. -Has venido a robarnos, extranjera.- le dolía cada centímetro de su cuerpo para defenderse de las mentiras, necesitaba dormir, volver a su casa y sentirse de nuevo una persona. No tenía fuerzas para ninguna batalla, aunque tuviese la razón, podría escuchar cualquier cosa mientras los suyos estuviesen bien, como cualquiera, provenga del país que provenga.

LaRataGris