18 mayo 2011
Los días pasaron de largo, se perdieron sin darnos cuenta y ya eramos ancianos recordando las batallas perdidas, los momentos fugaces en la inercia.
Ya no quedan rebeldes de más de treinta, consumieron su efímera profesión en gritar consignas heredadas. Las mismas palabras que jamas derrotaron la violencia de piedras fueron nuestras armas, idéntica desilusión e ineficacia. La derrota que explicaban nuestros padres actualizada a los tiempos modernos, con actores amateurs improvisando un dialogo mil veces representado.
Y, sin embargo, las palabras, los actos que son más importantes que un hablar por hablar, hervían. Quemaban al salir de las bocas, se dejaban arrastrar suavemente por el viento y prendían en el cielo, donde todos podían verlas, incluso los que no querían. La vida teñida de rabia, de no querer esperar promesas de nunca llegar.
Empezaron a juntarse voces, se hicieron confusión, se pisaron unas a otras y el mensaje pareció perderse.
Uno y uno son dos desde el colegio, cuando te enseñan a restar imaginación, sueños, ilusiones… Las ecuaciones cuadran, se resuelven recordando una solución, el final de los cuentos es siempre el mismo y aprendes a encajar en el único resultado al problema. Eres uno y uno y uno y uno… sumando arquetipos, siendo un número de personas equis, haciendo lo que se espera.
Todos los gritos coincidieron en pedir silencio, en borrar la suma y juntarse. Ser sólo uno más potente e imparable hecho de personas. resolverían la misma ecuación de siempre, con un significado diferente, un error en los libros, una nueva forma de ser. La incógnita actualizada necesitaba ingenio e improvisación, ausencia de lideres y de conclusiones impuestas… algo de lo que el poder prefiere carecer. Uno y uno tenía que dejar de ser dos- somos individuos viviendo en sociedad, no conjuntos de esclavos consentidos.- Ya no podían seguir ignorando con la excusa de no entender el mensaje.
LaRataGris
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16 mayo 2011
Sacaron a la venta una democracia. Una subasta, el mejor postor y rentabilidad asegurada. Invitaron a poderosos jeques, dictadores dispuestos a lavar su imagen, políticuchos de los que suben a golpes de talón, amiguismo y mentiras. Todos sonreían pensando en su negocio del siglo: empresa barata, con mano de obra gratuita que si no funciona es fácilmente recortada por aquí y por allí.
Empezaron las pujas. Apenas ofrecían unos céntimos, un euro, dos…no pensaban gastarse mucho más cuando de repente dieron miles, millones…todos los brazos de un país, unidos, juntando fuerzas y actitud para no tener que vivir una democracia de compra-venta.
LaRataGris.

Diran que era cola para comprar el pan.
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14 mayo 2011
He construido mi vida de pasos pequeños, de sentarme a escuchar el vaivén de la luna en el cielo, de reírme de las cosquillas del viento y soñar siempre despierto. Me he fabricado un yo ideal al que siempre querré por no haberme traicionado nunca, ni siquiera cuando tuvo que venderme. Se acercó hasta mi y me dijo lo que ya sabía- Añorare todos los futuros perdidos, las posibilidades que el miedo borrara- Ese día empecé a correr, desdibuje todas las torres de mi ciudad y deje de tener rincones en los que esconderme de la no-vida. Mis futuros fueron una tenue línea de presente, un sobrevivir al pánico a base de sentirme aterrorizado.
Mi yo ideal se transformo en una sombra discreta, un aparentar insignificancia mientras se pudría mi carcasa. Protegido en la penumbra me susurraba canciones de esperanza cada noche, no me abandonaba.
Decidí que ya no tenía vida en el instante en el que los libros de autoayuda empezaron a tararear la misma canción, pero diferente. Yo quede relegado a algo menos que una nada, me sentía a la deriva, vacio y sin fuerzas. Me arranque la sombra por que el libro me explicó como me mordía, el daño y la tristeza que me inyectaba. Tenía un presente perfecto, nada me preocupaba y había dejado de añorar los futuros perdidos. La ignorancia del silencio ahora me protegía.
LaRataGris.
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13 mayo 2011
Había escrito su nombre, un nombre sonoro y pegadizo. Debajo se ordenaban todos los años de su vida, sus logros, las aventuras y desventuras más inverosímiles. Cada historia empezaba con un sobresalto, un encoger el corazón que te mantenía en tensión hasta que escuchabas la palabra fin, era un nuevo comienzo. El siguiente año parecía más intenso que el anterior, más suave que el próximo.
Se había conseguido rodear de gente que escuchaba su curriculum, que le reía las gracias y no cuestionaba la imposibilidad de todo lo que le pasaba, aunque cada cuento sonase a televisión y series sin argumento. El artista vivía de su momento, de cuando papa le pagaba las borracheras y era fácil arriesgarse y vivir límites seguros. Ahora sólo podía recordar batallitas mientras mendigaba fortunas que le mantuviesen vivo, que le permitiesen seguir pensando que era un transgresor por no tener que preocuparse de comer.
LaRataGris
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10 mayo 2011
El sol seguía sus propias normas. Bailaba en el firmamento al compás de las leyes naturales. Iluminando, dando calor según le convenía. Cuando el ser humano se entero de que no servia a sus intereses se cabreo. Jamás había adelantado su salida o se había escondido antes de lo que el quisiera. Lo denunciaron ante la ley, pidieron su destitución, que pagase, que se doblegase a sus normas y siguiese estrictamente los horarios impuestos por las palabras del hombre. El día se alargaría, acortarían la noche y, de producirse cualquier cambio, el sol tendría que avisar con tres días de antelación.
Los jueces, también humanos, valoraron lo justo de la demanda, la aprobaron y enviaron a un grupo de personas a la montaña más alta del mundo. Desde ella le dirían al sol que es lo que tendría que hacer a partir de aquel instante. Subieron con megáfonos, pancartas y le gritaron bien fuerte. Cuando el sol paso de largo decidieron esperarle toda la noche. Al día siguiente, el resto de días que estuvieron allí, se repetía la escena. Constantemente el sol iba y venía y, si se enteraba de que estaban allí, los ignoraba muy bien.
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10 mayo 2011
Desde que nació su habitación se había convertido en un almacén de juguetes. Le regalaban peluches, sonajeros, coches, princesas y, sobretodo, cacharros que hacían mucho ruido. Todos tenían un botón y una frase típica, una canción o se tiraban pedos sin parar. Ocupaban tanto espacio que ella siempre los miraba desde la puerta.
Cada mes, su madre, lo recogía todo en bolsas de plástico, se las llevaba y ponía en su lugar nuevas diversiones que jamás utilizaba.
Un día alguien se equivoco y, donde tendría que haber habido un castillo con luces y sonidos, aparecieron unos bloques de construcción de formas simples y abstractas. Empezó a apilarlas mientras les buscaba el interruptor, la gracia, la cualidad de aquel juguete que parecía inventado para nada. No le encontraba las tripas pero, sin darse cuenta, las montañas de piezas fueron dibujando el contorno de una ciudad. Cansada de rebuscar volvió a la seguridad de su puerta y, fue entonces cuando, desde allí, consiguió ver los edificios que había construido.
Desde entonces, cada tarde, después de su hora de teleducacativa, se perdía por calles inventadas, corría por solitarias plazas y disfrutaba de sentarse sobre algún edificio mientras la urbe se iba haciendo más grande. Era tan divertido estar allí que cuando paso un mes le suplico a su madre que no tirase la villa hasta que hubiese podido trazar un mapa de sus rincones. Esta aceptó aunque no entendía que tenían de especial aquellos trozos de madera pintados de colores llamativos, se los dejaría treinta días más.
Para entonces su ciudad de futuro había ocupado toda la habitación. Se había empezado a nutrir de todo lo que encontraba a su paso. Reclutaba a los peluches, les daba un trabajo a los dragones y los coches se lanzaban en todas las direcciones, todos con las pilas quitadas para que no estropeasen la diversión con historias que no venían a cuento.
No lloró cuando vinieron a quitárselo. No sintió pena, ni tristeza. Ella ya había memorizado todas y cada una de las piezas y podía seguir construyendo en su cabeza, dando vida a un mundo en el que sólo le faltaría encontrar a sus amigos invisibles para que no le faltase de nada.
LaRataGris
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9 mayo 2011
Sin darse cuenta sus dibujos se habían llenado de demasiadas tristezas, de colores apagados, ciudades caníbales y personas que sobrevivían para arrastrarse. No podía ni mirarlos sin encogerse, comenzaba a faltarle el aire y tenía que sentarse, parar y olvidar.
Volvió a coger los pinceles y le pidió a su mano que trazase una sonrisa, que dibujase una estrella…un corazón. Esta tembló provocando una mueca, un cielo oscuro…una línea recta, sin pulso, que se iba apagando. Histérico borró todos los cuadros, apagó las luces con un rodillo de pintura blanca y se prometió felicidad.
Un autorretrato pequeño, sobre servilleta manchada con boli de color rojo, se escondió ayudado por las ráfagas de viento. Cayó debajo del sofá y allí siguió llorando.
Pasaron los años y el pintor había dejado de serlo. Vendía puerta a puerta rollos de papel higiénico. -El más largo, extra suave y con diferentes motivos. Baratísimo-. Se había quedado los cuadros decolorados, las pinturas se habían secado en un rincón del estudio sin que tuviera fuerzas para tirarlas. Poco a poco iba olvidando sus penas, se acostumbraba a no perseguir sueños y a sobrevivir igual que hacía la gente de sus antiguos cuadros. Un día olvido completamente su pasado, recogió todo lo que quedaba de el y lo empezó a meter en bolsas de basura. En una de ellas iba su autorretrato. Un alguien que no conocía, que lloraba por todo lo que veía mientras se le notaba más feliz de lo que Antonio sería jamás.
LaRataGris.
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8 mayo 2011
Apenas juntaron un poco de nada, un algo de insignificancia, menudencias y boberias, una montañita minúscula. Llegaba a la altura de un tobillo y en ella estaban los ahorros de todo el pueblo, su promesa de comida, las semillas de mañana.
Cada cual cogió con mimo la proporción adecuada para su familia, la plantó, cultivó y esperó… cada persona se sentó a verlas crecer. Todos menos el usurero. Contaba sus ganancias, sus castillos de dinero no cabían en una sola habitación, se multiplicaban hasta donde alcanzaba la vista. Que listo había sido al cambiar cuatro puñados de granos por todas aquellas riquezas que jamas se agotarían.
Llego el tiempo de la vida, del florecer y las semillas se habían extendido por todo el valle. Sus plantas colonizaban cada rincón, daban frutas, verduras y nuevo simiente para la siguiente cosecha. Dejaron de depender del avaro, construían sus vidas del esfuerzo propio, intercambiaban lo que les sobraba y sólo les faltaba dinero, aunque ya no era necesario para tristeza del prestamista.
LaRataGris
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6 mayo 2011

Me llamo Raúl Sánchez y yo no voto. No lo hago por que no creo en esta democracia de castas, por que necesito un mundo mejor y eso es algo que ningún político puede ofrecerme-en realidad ofrecermelo si, conseguirmelo no.- Ellos tienen otras prioridades: libran batallas de poder contra sus reflejos del partido contrario, besan niños y sonríen sin parar una vez cada cuatro años. Viven de la retórica, de las apariencias y la demagogia, también de insultar y acabar con su contrario.
Son perros salvajes lanzando dentelladas a derecha e izquierda, según les comunique el partido. Enseñan sus dientes mientras nos explican un cuento chino de por que hacen todo esto por nosotros, pobres mortales.
Su verdad es la absoluta, sólo ellos pueden hablar de política, en menor medida el que les vota y, yo, como no les sigo el juego, soy descalificado e invalidado en cualquier discusión que pueda tener sobre ellos.- como no voto mi opinión no cuenta-.
Así que volveré a repetirme: Me llamo Raúl y no voto. Por eso precisamente puedo quejarme de todos, por que no voy a sus comicios después de haberles escuchado, aunque ellos no han hecho lo propio conmigo, por qué por encima de las palabras les he visto hacer nada, o lo que es peor, haciendo demasiadas tonterías con los peones que tienen a su cargo, por qué no votar no destruye lo que pienso, en todo caso hace más fuertes mis ideas y convicciones.
Hoy ya no importa al que vas a votar, es mucho más determinante al que dejas de elegir. Sabes que ninguno de ellos va a cumplir tus expectativas. Se construyen de mentiras y si vas a votar lo haces para evitar el avance de terrores mayores. Cada vez parece haber más votantes de esos del voto útil y absurdo que nos condena a pendular sobre la misma propuesta-la mala y la peor-. Ese voto inútil come de nuestros miedos, lo alimentan los mismos que deberían buscar argumentos para nuestra movilización. Incapaces de articular un discurso convincente y coherente prefieren concentrar sus ínfimos esfuerzos en invocar al coco, al hombre del saco o cualquier monstruo que nos quiera quitar el dinero. Ya no somos unos niños, deberíamos espantar a todos nuestros males de la infancia y seguir con nuestras vidas pero…preferimos que salga el menor de los males y no tener que preocuparnos demasiado. Yo quiero algo mejor, por eso no les votare a ninguno.
Cuando alguien les dice algo así acaban por llenarse la boca con lo de- con lo que luchamos para que tu hoy pudieses votar-. Es verdad, pero se han quedado a medio camino y prefieren dormitar a seguir peleando, yo seguiré caminando un poquito más.
LaRataGris
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29 abril 2011
Plantaron huesos en el jardín, cabezas, brazos y pies. Cuerpos enteros desmembrados, mezclados buscando la belleza de solapar lo mejor de cada uno. El fuego volatilizó los deshechos, hizo nubes de humo que llorarían la masacre desde el cielo. Los carniceros regaban el improvisado huerto, abonaban la tierra mientras esperaban ver crecer las plantas de los muertos.
Los primeros árboles dieron fruta de corazón. Bombeaban su sabia roja y espesa. Luego el resto de órganos, respirando acompasados, caminando las piernas, los dedos haciendo cosquillas al recolectarlos. De aquella cosecha salieron siete individuos aptos, adaptados a las necesidades del patrón.
Alentados por el éxito, los matarifes, compraron más terreno, más materia prima, más de todo. Escogieron mejores especímenes, aclimataron los campos, construyeron invernaderos para no tener que depender de los caprichos de la gente real, sus verduras eran más dóciles y baratas.
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