Hoy no quiero perderme en palabras. Las arengas, los discursitos, te descargan sin solucionarte.
Hoy quiero encender revoluciones. Prenderle fuego a lo retrogrado y, si es necesario, quedarme solo sobre la faz de la tierra, como ahora pero por algo decente.
Hoy que tengo mi jaula, mis grilletes y, a duras penas, mi forma de pensar y moverme en la prisión del mundo, hoy grito pero no para que me escuches. Hoy me jaleo, me insuflo fuerzas e intento no mirar hacia atrás sin perder el pasado de vista. Hoy me estoy forjando, futuro desde las raíces, las entrañas hoy, hoy y hoy no quiero que solo sean palabras…
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Más allá del escaparate la tarde parecía apacible. El sol, soberbio, se entretenía en el cielo azul, calentando los nítidos cristales. La gente que vivía en aquella tienda se empeñaban en absurdos, tareas que mantuviesen contento al cacique. Limpiaban lo limpio mientras soportaban la tensión por si algún dragón rugía.
– Alto- susurro el amo- yo soy bueno. No os levanto la voz, sonrió,… debéis quererme- y al unisono aplaudieron su elocuencia por que, si bien era suficientemente amable, su contrariedad podía ser nefasta.
Inmediatamente volvieron a sus quehaceres hasta que el dueño se marcho. Un estruendoso suspiro escapo de cada cuerpo y los esclavos organizaron distintas brigadas. Con una agilidad desconocida deshacían lo mismo que se habían esforzado por realizar, hasta que el desorden fue exacto al del día anterior y pudieron descansar. Cuando volviesen a abrir seguirían siendo necesarios. Eran cenicientas sin sueños de príncipes, era suficiente con sobrevivir, existía el presente y su falsa promesa de seguridad.
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Allí donde cayó muerta de hambre un cartel pide una ayudita. Es su forma de ser recordada, una especie de homenaje, su lapida y también un olvido anterior.
Pasando cada día, viendo su piel pegada a los huesos que ya no respiran, los caminantes entristecidos, le echan la calderilla que les pesa y aligeran monedero y conciencia.- No,- tartamudea su calavera- que ya no puedo ni moverme. Me cuesta una vida pedirte esto pero, tráeme la comida, dame de comer, resucitame o déjame desaparecer.- Y un papel lleno de palabras suplicantes la recuerdan allí donde ya no hay mas que polvo, donde la dejaron desaparecer.
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Jamas aprendí a lanzar el trompo, peonza, baldufa o galdufa- según escribas o sea-. En mi época- cuando los niños no eran como yo ni tampoco como los de ahora, que me son tan distintos como los primeros- estaban hechas de madera maciza y, a mi, lo que me perdía era decorarlas, armarme de rotuladores y mancharlas. – No lo negare- me hubiese encantado hacer todos los trucos que les veía a mis compañeros: girarlas a velocidades de vértigo, que salten, arrastrarlas como perros, que bailen en la palma de mi mano y hacerle cosquillas a la piel del mundo. Había trucos para liar la cuerda, la mejor inclinación para tirar, como recoger … un poco igual que hoy pero en diferente material.
Hoy- siguen las de madera pero parecen ser para niños poco funkis, de poco cache- las fabrican de polímeros ligeros y fibra de carbono- plásticos-. Una anilla marca el recorrido de la cuerda y- no se por qué- tienen mas soltura, con un truco que han memorizado por su espectacularidad- la hacen volar y aterriza girando sobre la mano-. No se si resistirían nuestra brutalidad de lanzarlas unas contra otras, con las puntas afiladas, sobre otras danzarinas, cubiertas con armaduras de chinchetas. Su carcasa impoluta, sin ningún dibujo manchando el logotipo original, no invita al salvajismo o a la creatividad. Sin alternativa para el pintamonas, o la sabes lanzar o estas fuera.
– Puntualizare- Hay copisteras en las que- ¿ a cuanto el kilo?- añaden tus fotos, escudos de equipos o mil emoticonos varios. Como si los nuevos artistas solo tuvieran que hacer un cortapega del producto manufacturado. Tal vez, ahora, tenga que aprender a lanzarla- ¿ no crees mainstream?.
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Hoy, desde hace quince días, pero especialmente hoy, me cuesta mucho escribir algo que no sea triste. Y creo que no es justo por que todo este tiempo he sido muy feliz. Me marcho con mi cajita de recuerdos llena, con el corazón roto en miguitas de pan que he ido soltando por todo el camino. Os voy a echar mucho de menos y eso me hace sentir un poquito solo e indefenso.
Que grande y frio se ve este mundo de monstruos con corbatas sin saberos cerca.
De golpe se me han caído diez años, cinco meses y quince días encima y, mirando hacia atrás, no parecía tanto, no ha sido suficiente. Como me gustaría empezar de nuevo para repetirlo todo, incluso los malos momentos o… mejor esos me los salto y nos reímos, cantamos, jugamos como siempre hacíamos y, si es necesario, que se den de nuevo, que prefiero vivirlos si el resto es la mitad de lo que me ha pasado.
Sólo me alegro de que no haya estado Silvia; por que de ella me hubiese costado despedirme tanto como me ha costado de Montse. De todas las Musas, las Pipi Madalenas, las mamis, el Comeratas, ojitos … pero sobretodo de mi Sargento y mi Madam.
Besos para todas
LaRataGris