27 febrero 2017
Al amanecer el ruido metálico y constante nos despierta. Su incesante Ring y las agujas, en su tic tac, no sonríen por esta vez, a esta hora.
Nos cruzamos y saludamos con ganas de tumbarnos de nuevo. Hace frio y se fabrica el sueño sin poder parar a detenerse, estarse quieto, stop, para, detente, stop, quiet
-Buenos días, mundo – lo desprecia en la forma de hablarle, con su tono apático y petulante.
-Buenos días- le responde en los mismos términos- Y venga, corre a trabajar- le sentencia, de forma burlona.
«Un día de estos”, piensa enfurecido,»algún día te cambiare»
» Será domingo y luego lunes otra vez» le responde telepáticamente,» así que, ahora corre a trabajar, corre hasta la muerte».
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18 enero 2016
Dejó los pinceles sobre la mesa y su mundo desapareció. La realidad era tan aburrida, carente de reinterpretaciones que la hicieran crecer. Allí, fuera de su infinito de colores, no era más que un humano pequeño, una mota de polvo.
Sus manos empezaron a temblar asustadas, sus ojos, empañados, le suplicaron que recuperase sus herramientas- y, -sus labios agrietados intentaban ordenar el torrente de ideas que golpeaban su cabeza- y si mientras nos alejamos destruyen nuestro interior.
El pincel volvía a bailar entre sus dedos- yo- era una palabra tan difícil de sacar. El exterior rugía hambre, existían compromisos previos- yo- obligaciones, trabajo, sumisión- Yo- se pintó una sonrisa de color verde- yo….ya comeré. Ahora quiero pintar, estar vivo en el desorden de trazos mal dados. Mi mundo necesita crecer- y de un portazo abrió la puerta al país donde quería ser enterrado.
LaRataGris
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3 agosto 2015
Según la cabalística el día catorce del mes catorce de dos mil quince, una conjunción de veintitrés estrellas, conspirara para que siete hechos asombrosos se sucedan en quince países prósperos, durante los treinta días consecutivos a dicha fecha. Más de siete mil doscientos catorce miles de millones de seres humanos se maravillaran y el único cielo que conocemos se romperá con el peso de la lluvia que descargara; cuatro trillones de gotas rojas como la sangre caerán como balas perdidas. Después la humanidad perecerá.
Esther se soltó de la barra del metro. Se había parado de golpe, dándole un tirón seco en el brazo que se le había extendido por todo el cuerpo. Fuera el túnel oscuro parecía engullir la esperanza.
El resto de pasajeros, como parte del mobiliario, permanecían tranquilos en su sitio- tal vez soy yo la que se pone nerviosa innecesariamente.
Tras estar una eternidad parados comprobó la hora en su reloj, sin darse cuenta que se habían detenido las manecillas, pensó que aún no llegaba demasiado tarde.
De pronto el metro se puso en marcha y ella corrió a sujetarse a su barra, la abrazó mucho más segura- ¿catorce del catorce?¿quince países prósperos?- se dijo- eso es imposible. Nada puede destruirnos.
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6 enero 2015
– Lo principal- se tranquiliza a si mismo- es no perder la calma.- La habitación en penumbras tras el nuevo apagón y, si es como siempre, serán mínimo tres días con sus tres noches. Ha empezado a ser tan habitual que la nevera guarda poco que se estropee y en la mesa, siempre, crepita una vela a punto de apagarse.
– ¿Estas…ahí?- Juno suele llegar arrullada por las sombras, demasiado tímida para cualquier lugar bien iluminado. Apoya la cabeza en la pared del rellano, la balancea dándose pequeños golpecitos contra ella. No son los golpes lo que atraen a Oliver, sabía que ella bajaría, siempre lo hace. Se acerca hasta la puerta y sin abrirla apoya la oreja para escuchar- No funciona la tele- nunca se da cuenta de lo que le rodea, la tele funciona o no funciona, el mundo no necesita nada más.
– Tranquila- intenta calmarla- tenemos que estar tranquilos.
Oliver jamas le abre la puerta, atraviesan la pared con palabras de consuelo, con los gestos invisibles. Tiene demasiado miedo a que ella entre y ella calla por que le asusta que el quiera invitarla a vivir.- Tengo una vela- le dice- quieres que te lea la guía de la tele mientras se apaga la llama, puedo intentar poner las voces.- y ella asiente por que sabe, que aunque no la vea, el se la acabara leyendo, convirtiendo el teatro del contacto en algo real.
Juno cierra los ojos y respira hondo- te quiero
– ¿Qué?- pero ella ya ha atrapado su osadía en jaulas de silencio. Al rato el hace por olvidar y comienza a leer.
– programa de las mañanas, líder de audiencia, seguro que hay mucha gente viéndolo con nosotros, creo que la presentadora ha metido la pata hasta el fondo…- y los dos ríen con alguna desproposito.
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22 septiembre 2014
Se le intuía la polla en cada palabra, la pose de hombría y la bravuconada- ¡ Soy el puto amo!- y así trataba a la gente que lo rodeaba. El macho arrastraba los brazos al caminar, se tambaleaba con la sempiterna penúltima y pegaba con los puños cerrados, sin pensar. Una vida sencilla y sin complicaciones hasta que se le murió el punching ball. Empezaron las preguntas y los reproches- ¿por qué cojones te has separado de ella que todo te lo consentía?, solo tenías que haber parado un segundo antes-, y él, que jamas la había querido, lloraba por que le dolían los nudillos de tanto odiarla-¿ por qué te has tenido que morir?.
Aquel fue el primer día, y último, en el que limpio algo: hizo desaparecer la sangre para que no hubiese delito y fingió su mejor sonrisa para las autoridades. – No te preocupes,- le tranquilizó el señor agente- mi jefe te entenderá perfectamente, es hombre igual que tu, que yo y el amo del universo. A todos los machos se nos va de tanto en tanto la mano sobre la carne blanda, es comprensible- y le dio la tarjeta de un abogado -cojonudo, es el que llevo mi divorcio.
– Seguro- le dijo su mejor amigo- que se ha muerto para meterte en un problema. Pero al final, a la muy zorra, le ha salido el tiro por la culata»
– ¿ Tu crees? Yo me siento un poco sólo.
– Mira, una buena compañía- le dijo mientras fingía una mamada- es cada vez más barata e internacional. No tienes por que aguantarle los gritos a esa histérica. Vamos, yo invito.
– Dime que el juez fue una jueza,- se exaltó una lectora- que le aplicaron garrote vil a el y a todos los cromañones que lo acompañaban.- Pero jamas fue juzgado. No pude tranquilizarla ni escribirle un final feliz. En el mundo de los hombres el sol se apagó para que nadie viese lo que no debía ser visto y después la vida continuo en silencio, interrumpido por algún grito desesperado. El siguió viviendo.
LaRataGris
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15 julio 2013
Hoy no quiero perderme en palabras. Las arengas, los discursitos, te descargan sin solucionarte.
Hoy quiero encender revoluciones. Prenderle fuego a lo retrogrado y, si es necesario, quedarme solo sobre la faz de la tierra, como ahora pero por algo decente.
Hoy que tengo mi jaula, mis grilletes y, a duras penas, mi forma de pensar y moverme en la prisión del mundo, hoy grito pero no para que me escuches. Hoy me jaleo, me insuflo fuerzas e intento no mirar hacia atrás sin perder el pasado de vista. Hoy me estoy forjando, futuro desde las raíces, las entrañas hoy, hoy y hoy no quiero que solo sean palabras…
LaRataGris
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15 abril 2013
Su mundo, su ir y venir al trabajo, empezaba a ser insuficiente. Se le antojaba pequeño y decidió ampliarlo con las sobras de lo que ganaba. Junto los restos de cuatro salarios con la paga extra de navidad y se compró una bicicleta para el fin de semana.
Al principio pedaleaba, luego volaba de un lado a otro, sin rumbo fijo, dejando atrás el tedio semanal con la rutina del fin de semana: levantarse temprano, apurar hasta que el cielo se cerraba y volver a casa sabiendo que aún tenia cosas por ver.
Un domingo se dio cuenta de que empezaba a repetir las zonas. Nunca podía ir mas allá de según que punto sin tener que volver corriendo por que llegaba tarde a trabajar. Se compró un coche, engancho la bicicleta a un remolque del cual ya no la bajo e hizo todos los kilómetros que le permitió la nueva libertad. Siempre a más distancia pasaba como una exhalación para regresar mas deprisa, más rápido, más y más por que siempre se le faltaba aliento por vivir. Conocía las carreteras por las que viajaba de una forma monótona y maquinal, se perdió en ellas hasta que el espacio se le volvió a antojar imposible y necesito cambiar de nuevo. A saltos de avión se escapó por todo el mundo, de aeropuerto en aeropuerto y regresar. Abarcaba la realidad sin llegar donde necesitaba.
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27 marzo 2013
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12 abril 2012

ilustración de Maria Jose Daffunchio.
A Nella le gustaba escuchar los hechizos amables que habitan en los cuentos de hadas. Perderse en el leve crepitar de las palabras felices y soñar que son sus manos las que tejen conjuros de aire y sonido. Cuando cogían un libro nuevo papa siempre jugaba a que era la llave a una realidad distinta.- Tus ojos- le decía mientras se los cerraba con una pequeña caricia- son la puerta a todos tus mundos. Por ellos- continuaba en un susurro- entran los caminos de palabras entrelazadas, se abren paso si apagas tu mirada impuesta y dibujas sobre los parpados unos ojos distintos, más pequeños y penetrantes.- Después, con un beso en la frente, dejaba caer algo de magia sobre la piel de la niña y, mientras esta inundaba cada poro, una ciudad se construía en su cabeza. Habitada por todas sus fantasías. Nella llegaba acompañada de la voz suave de su padre, pisando por una senda de letras en la que se leía- Erase una vez, en un lugar muy lejano… una niña creció.
Se había hecho tan mayor que ya no tenía tiempo para la imaginación. Deconstruyo los edificios, borró todos y cada una de los caminos y cerró las puertas para abrir los ojos a un mundo que quería describir sin que los hechizos nublasen su visión. Empezó a perderse en ciencias más ordenadas y lo definía todo en lenguas muertas mientras buscaba la aprobación de sus iguales; gente normal siguiendo carreteras normales en una realidad extremadamente normal. Al mismo tiempo su padre hacía un hueco en una cajita de olvidos para todos los cuentos que ya no iban a leer. – No sueñes,- le quería decir- mantente pegada al suelo para que no quieran derribarte.- Pero cada vez se le atragantaban más ideas en la garganta, haciéndole un nudo que no le dejaba respirar.
El día en el que se le pudrieron las entrañas el doctor fue franco- Tendremos que seguir un rutinario protocolo para dejarlo morir en una fría habitación de hospital- Así que lo dieron por muerto antes de tiempo y se sentaron a esperar su entierro a los pies de la cama. Se iban turnando las visitas hasta el momento en que ya no pudieron y, solo Nella, lo venía a ver algún atardecer. Le gustaba estudiar las lenguas universitarias en aquel silencio tranquilizador.
Una noche, cansada de todo el día, tumbó su cabeza sobre la respiración entrecortada de su padre y se quedo dormida en el olor de sus recuerdos. El bumbum del corazón era una deliciosa nana pero, había un ronroneo diferente, el ruido sordo de algo desacompasado. De repente despertó en aquel murmullo prácticamente inaudible y, sin saber por que, le hundió la mano en le pecho de donde saco su cajita de olvidos, llena de libros infantiles. Escritos en un idioma que jamás había aprendido, cada cuento incomprensible le venía a la memoria con el aroma de los sueños prometidos y, Nella, recordó que los había olvidado.- Papa- dijó como si la pudiese escuchar- he encontrado las llaves pero no las entiendo.- Revisó cada jeroglífico intentando adivinar las palabras sin suerte. Le habían enseñado a leer lo que todos dejando de entender lo esencial. No podía recitarle los conjuros como el había hecho y, derrotada, cerró sus ojos de gata-luna para sin saberlo abrir otros más pequeños. La habitación fue una tiniebla en la que comenzó a girar sin rumbo, arqueo su cuerpo hasta la vertical y, sobre los relatos sin sentido, creció su pelo hasta deslizarse sobre cada uno de los signos que conformaban las palabras. El tacto de las puntas sobre las páginas fue transmitiéndole a sus labios las frases amables, acompañadas de hechizos que abren puertas y dibujan caminos a mundos secretos en la mente de Nella. Allí construye una casita para ella y papa. Lo visita cada noche y le lee historias que no describen el mundo pero lo modifican, por muy mayor que seas, aunque te quiera vencer lo imposible.
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3 enero 2012
– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.
LaRataGris
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