«Descritores» de ajenos

4 marzo 2013

A nadie le importaba mucho, pero ya sabes como son estas cosas, los que estaban fuera necesitaban darnos un nombre. De esa forma, todos aquellos a los que no le gustábamos, fingían conocernos para poder demonizarnos o, los que querían estar dentro, nos llamaban y podían notarse formando parte del movimiento.

Generaron dos comisiones de estudio: los Pro y los Contra. Se reunían dos jueves alternos de cada mes y los viernes de numeración impar de cada semana. Ponían en común todas sus disputas mientras, nosotros, sin identidad pública ni acciones corporativas, seguíamos avanzando por donde nos daba la gana.

Somos conscientes que la historia la escribiran las formas legales que ellos han inventado, las que modifican constantemente para que la vida gire en la dirección correcta. Enderezaran nuestras bellas sinuosidades para que cuadre con la definición que quieren darnos mientras, nosotros, sin pensarnos demasiado, dejaremos nuestros recuerdos en el camino más largo que podamos trazar. No serán sus grandilocuencias si no nuestras pequeñas acciones las que cambiaran la forma de entender otra realidad, ellos nos describirán cuando nosotros escribamos las sendas con la suela de nuestros pies desnudos.

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Imitatatar imperfecciones

26 febrero 2013

Un día le dije a mi niña que tenia que ser mucho mejor persona que yo, no exactamente con esas palabras. En realidad lo que hice fue prohibirle odiar, le exigí no pegar, que no insultara, que no dijese palabrotas y le dije que siempre sonriera, que cantase, que desaprendiera llorar, que a estudiar, que si mujer de provecho, eso era fundamental. Superpersona, especial, divertida, inteligente, adecuada en cada momento. Vamos, un primor como yo nunca fui ni pretendí ser. Igual que todas esas personas de mentira que viven entre el papel y el celuloide.

Quería su perfección a pesar de mi. Olvidando que ella es mi reflejo en el espejo mas incisivo. Que aprende de lo que escondo más que de lo que digo, que imita mis imperfecciones para que yo aprenda a ser de tal astilla tal mejor palo.

Yo quiero ser como ella para que ella sea como yo.

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Ojo de gato

18 febrero 2013

El sábado, tras unas palabras de más, empezó a arderle su ojo de gato. Cerró su puerta a la realidad para quedarse unicamente con el otro ojo, el aprendido. Con el lo vio todo como se lo habían descrito en el colegio. Los puntos acababan con cada frase, dando mucha seguridad pero poco arte e improvisación.

Tras el parpado clausurado empezó a palpitar la pus, pudriendo todo su organismo. Se extendía bajo la piel así que comenzó a poner en cuarentena todas las partes de su cuerpo hasta convertirse en una estatua sin vida. Si, seguía caminando, iba a trabajar pero sin su ojo de gato la vida parecía aburrida y carente de sentido. Con su sistema contaminado de aquel ardor los movimientos parecían torpes y espasmódicos hasta que, finalmente, un catorce de febrero murió sin que nadie se diese cuenta.

Quedó tirado en la calle, como un coche abandonado, carne para sin escrúpulos dispuestos a despiezarlo por un buen sueldo.- Mira, Flux- reía mientras se encaramaba a las piernas recién arrancadas- soy un gigante.

– Joder, Poseidon, todo lo que tienes de grande lo tienes de estúpido- le recriminó con una mal disimulada sonrisa- No estropees el material.- La rapidez era vital si tenias la suerte de encontrar un cadáver tan cerca de tu guarida. Pronto llegarían bandas mas numerosas y mejor preparadas.- Ostia,- palpo bajo la inflamación del parpado- nos ha tocado el gordo. Mira que ojo izquierdo mas guapo. Esta algo deteriorado pero nos pagaran una fortuna por el.

Flux no quiso vender aquel ojo de gato. Asesino a Poseidon que no veía más allá del dinero inmediato y se lo colgó como un trofeo al cuello, un reflejo de lo que podía ser, un tipo con recursos. Poco importaba que solo hubiese sido un golpe de suerte, que desde entonces no se hubiese repetido y que no supiese para que servia algo así, se lo había arrancado a un hombre afortunado- Aunque este muerto su vida fue mejor. Mi vida también sera mejor con el ojo.- Pero para Laura era muy diferente.

– Desde que tienes ese ojo no haces nada. Te pasas el día tumbado, soñando lo que no eres- y eso le jodía de mala manera. El era especial, el tenia un ojo de gato. Esos días tenia que marcharse por no hacerle lo mismo que a Poseidon. Solía esconderse en cualquier tugurio en el que aun le fiasen y bebía hasta morir lo suficiente como para no tener fuerzas de arrepentirse al despertar.

Aún le faltaba una copa de más cuando el camarero dejo de apuntarle y tuvo que mal vender su tesoro para poder pagarse un buen coma. Cuando volvió a abrir sus ojos no reconoció al fulano que había vuelto a hundirlo. Unicamente tendría el recuerdo del ojo del comprador, que rodaba por el suelo, después de que se lo arrancase para colocar en la cuenca vacía su gran adquisición.

El desconocido se marcho soñando otra realidad. Siguió la fiesta de garito en garito hasta que, después de seis días sin parar de beber, el fin de semana cayó rendido. Se había emborrachado, había enloquecido y había discutido antes de querer volver a casa. El sábado, tras unas palabras de más, empezó a arderle su ojo de gato.

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Crear dinero

11 febrero 2013

La pequeña empresaria, pero de ideas grandes, pensó que –la verdad, para lo que vendo, para lo poco que gano- que apenas le llegaba para las casas, los coches, las fiestas y el resto de plurales- quizá es mejor dejarlo todo, puede que buscar otra cuota de mercado.

Ya tenía los pisos, la infraestructura y- los profesionales tendrán que reeducarse.- Solo le fallaban los compradores que se habían venido abajo por no saberse adaptar al nuevo mercado. Ella encontraría la forma de encauzar sus limosnas. – Tal vez pueda ganar un poco, menos de lo que conseguía, pero ganar al fin y al cabo.

Invirtió en anuncios, paseo por las calles voceros y prometió, por muy poco, el recuerdo de los antiguos lujos: No creas que por vivir en la calle no puedes gozar los privilegios perdidos. Solo te costara un euro revivir el pasado, un euro y medio la visita guiada. Ven a nuestros pisos-museo y respira la opulencia que te quitaron.

En apenas media hora repartiría apariencia de felicidad a precios de risa.- A los emprendedores jamas nos faltara nada-. Acarició la idea y abrió su negocio al hambre ajena.

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Cuentos por escribir

7 febrero 2013

-¿ Qué haces? – y Jo lo despierta del sueño de describir sin papel.

– Nada,- vuelve a respirar hondo la realidad- estaba a años luz, justificando la obra.- y la respuesta es un tramite para estar conectados un momento, igual que lo fue la pregunta primero. Empiezan a divagar sobre cualquier otra cosa antes de que él vuelva a dormirse sobre la hoja blanca y ella regrese a su mundo de pinceles manchados de miedos y esperanzas.

– Erase una vez- en su cabeza resuenan los principios de siempre necesitados de un final propio- un rey, la desgraciada de su mujer y tres hijos estúpidos con tres fortunas por nacer donde nacieron, con nada por demostrar y todo por recoger…

-¿ Como piensas explicar todo eso

– No tengo ni idea muchacho- se separa de la otra realidad.

– Es muy real,- se ríe- te meterás en un problema.

– claro, ja ja ja, son reyes, por eso son reales.- y los dos estallan por jugar con las palabras como niños pequeños.

– Caca, culo, pedo, pis. ¿ Quieres una birra?- y Eugenio abre las dos sabiendo que, el casi abstemio, le dirá que no. Que se las tendrá que tomar solo por no desperdiciarlas- Me encanta ofrecerte por que darte es recibir el doble. Pero no te desvíes,¿ como piensas justificarlo?

– Yo que se,- se despierta con cada acento- la realidad funciona a golpe de imposibles y la gente se alegra, lo ve normal.

– La suerte que llaman- levanta la botella- brindemos por ella.

– Si, pero en literatura no funciona. Si no atas todos los cabos el relato se va a la mierda.

-¿ Jo?- llama entre trago y trago- estas escuchando las milongas de este muermo.

– No, pero traigo ganchitos.

– Pues casi mejor, acércate y tráete unas cervecitas.

– Erre, Eu- Les avisa desde el sofá-¿ Queréis ver los cuentos dormideros? Empiezan ahora.

Eugenio espanta las pulgas del sueño y le echa un vistazo a la tele- Uff, Jo, solo son políticos en campaña.

– Acaso no hay mejor cuento. Explican todo lo importante que no piensan cumplir.

– Y no te olvides que aburren hasta dormirnos- puntualiza el tercero.- Estos si que saben contar cuentos ¿ Como conseguirán que siga picando tanta gente?

– La mayoría ya ni les cree- Se aleja Jo- que se ha cansado al empezar el mitin- Lo tienen montado para que los cambios parezcan imposibles si no juegas con sus reglas y si participas, en realidad, sigue sin transformarse la realidad. Sabéis, mejor me voy a colorear el mundo.

– ¿ Para eso me levantas, Majo?- y Eugenio tampoco se para dispuesto a definir las cosas en la siguiente aventura- la próxima por algo importante, ¿ ok?

Coge el borrador de lo que lleva escrito- Menuda mierda- piensa intentando que ni Jo ni Eugenio le lean la mente. Dibuja un final feliz alternativo, arruga el papel y lo tira al cajón de proyectos inacabados.

-¿ Que pasa, roedor?- se acerca Eugenio.

– si,- deja de manchar el lienzo Jo- Espera a que otro lo destroce.

– No, gracias.- Intenta justificarse- me habían quedado unos personajes muy raros, un final sin sentido. Como cuando entra un dragón por la ventana.

– No te sigo, Rata.

– Si, hombre. Cuando un bicho que no debería estar aparece en escena, y segun el tamaño mas, ¿ que seria lo lógico?

– Salir por patas- dicen los tres a la vez.

– Pues los personajes, en los cuentos, se quedan, quieren saber por qué apareció la bestia. Como si no les importase sobrevivir.

– Sabéis,- se escucha a Jo sobre los grititos de Eugenio- esta genial que habléis de esto por que un enorme hipogrifo viene directo hacia nosotros. Así que ¿ que hacemos? ¿ huimos o ser súbditos de una mala comedia?

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El increíble espectáculo de las terribles serpientes voladoras

28 enero 2013

Llegaron a la ciudad anunciándose a bombo y platillo. Hacían tanto ruido que era imposible no saber que: LAS TERRIBLES SERPIENTES VOLADORAS DE ACAMUTAP HAN LLEGADO. Iban a ofrecer el mayor y más salvaje espectáculo del mundo; no apto para niños, que eran los que estaban en primera fila cuando las fanfarrias anunciaron que iba a comenzar el show.

Las palabras se quedaban cortas. Era una conmoción que, más tarde, la Adrenalina se encargaría de exagerar. La fama crecería hasta la siguiente ciudad, donde llegarían con el camino hecho. En cada representación se tenía que ir un poquito más allá para que nadie dejase de sorprenderse. Cada vez se desencajaban mas mandíbulas; mas ouchs, uffs y ughs entre un público ansioso de morbo rápido y directo. La satisfacción tenía que durar hasta la siguiente carnicería, hasta que las prohibiesen por falta de interés económico, así es la compasión del dinero.

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Eléctrico

21 enero 2013

Vivían pequeños seres eléctricos en rincones oscuros. Iluminando con sus ojos leds las estáticas del aire que les sirven de aperitivo. Sobreviven entre sombras, atrapados por el cable que lo conecta a una comida mucho más nutritiva pero menos gustosa.

Caminan en círculos reducidos, pinchando, a cada paso, con sus patitas arácnidas; corren, saltan en su centímetro cuadrado sin atreverse a intentar escapar lejos del enchufe.

Un día, solo uno, tropezó tensando el cable que le ataba. Sonó un click y continuo vivo. Se casi descargo del susto. Caminó lentamente mientras atrapaba toda la estática que quedase a su alcance. Masticaba, un pasito, volvía a morder mientras pensaba en cómo, a pesar de la debilidad, se alejaba, sin problema, de su principal fuente de energía, sintiéndose libre de no dar carreras alrededor de un punto vacio. Allí donde iba llegaría más lento y más feliz.

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El hombre de dos corazones

18 enero 2013
ilustración de Maria Jose Daffunchio.

ilustración de Maria Jose Daffunchio

Hay una historia, tal vez dos, que hablan de ella. El resto, los enlaces con otros seres vivos, se han ido borrando en el mar de la poca importancia. En su vida se había cruzado con demasiadas personas irrelevantes, casi tan insignificantes como ella misma, y nadie había guardado algún recuerdo de sus encuentros. Así, si alguien se  interesaba, tenía que leer la historia en su viva voz, escuchar todos los laberintos recorridos hasta llegar al momento de su no muerte. Pero, ¿quién sabía de ella? ¿Quien le preguntaría por su no existencia?

Solo él. Tal vez recordase un algo, una anécdota, un beso furtivo que aun no ha malgastado, o caricias que no se confundan con otras caricias. Si es así no lo demuestra; baila sobre el mundo como si nunca hubiese coincidido con aquella sombra. Tiene dos corazones pero que importa quién se lo regalo o si aquellos besos son de otro, le alegra en los días grises y eso es suficiente. El nombre de la que fuera su dueña tanto da si ya no le pertenece, si puede venderlo por otro cualquiera más joven y fresco.

A veces, ella, fingía ser un alguien que no habitaba en su interior. Se daba importancia para que la mirasen y escribía capítulos que podían ser vagamente recordados. Pero no era su historia, era una obra de teatro en la que aparentaba conservar un corazón latiendo la misma pesadumbre, marcando los mismos silencios y amarguras. Esos días era poca la realidad que se le escapaba de entre los labios. Dibujaba un corazón sobre cartón grueso y lo pintaba de fuego antes de colgarlo bien visible en la solapa, que todos pudiesen respirar su personaje y lo quisieran aún sin conocerla. Cuando terminaba la pantomima quemaba su disfraz sobre el viento, para que una de las dos pudiese paladear la libertad, luego se condenaba a media vida de no coger las llamadas, enviar el spam a la papelera y a escribir una y mil veces » Jamás volveré a salir de mi mundo». Cuando vuelven a olvidarla construye otro pequeño poema sobre el cómo hacer llevadero lo insoportable. – Estas loca- por eso se fue. Se marchó llevándose hasta el hueco de su dolor. Llegó tan lejos que, a tanta distancia, solo podía odiarle- No me busques.

Las noches de luna llena el hombre lobo era amable- Ven- y ella rechazaba sus, para los tiempos que corren, buenas intenciones.  Solo quería comer un poco pero ella era demasiado complicada. Tenía que esperar la dulce muerte y no tenía tiempo de llorar otros huesos. Siempre que la segadora llamaba a su puerta era buscando a alguien con un corazón prendido a la solapa.- Los fantasmas- solía explicarle- no me pertenecéis.- De nada servía que insistiera en ser la misma chica, la muerte se iba sola, sin encontrar a la difunta adecuada.

Alguna vez estuvo tentada de no borrar el disfraz, dejarse atrapar por el frío toque. Pero no soportaba la idea de que alguien reconociese el cadáver de quien no era o, más bien, que no supiese el hombre de dos corazones a quien pertenecía. Aun esperaba que entrasen sus dos latidos para poder fundirse, jamás regresaba. – Sabes- un día la muerte tuvo un ratito- Llevo siglos viniendo a por tus extraños compañeros de piso. Nacen y desaparecen por arte de magia. Nunca puedo matarlos y tu quieres que te coja a ti por ellos, eres muy rara. No creo que vuelva nunca más por aquí a perder el tiempo.- También se fue el hombre lobo enamorado de la libertad. No le Prohibió seguirle pero ella tenía la cabeza perdida y no se dio cuenta. Tampoco le prometió no regresar. Se llevo la mano al pecho agujereado y sintió el recuerdo de una palpitación que pugnaba por volver a llenarla. Cogió tijeras, cartón, pintura y un imperdible. Escondió su vacio tras la manualidad y miro a su alrededor, no había nadie. En la calle la gente parecía ignorarla- son ciegos- le dijo el viento.

– Entonces, tu- pero se marcho deprisa por que no quería cuentas con ella. Había visto demasiadas veces como se había dejado amar con un capricho y luego había desaparecido, todos los ciegos lo habían visto. Nadie se le acerco y aquella noche durmió sola. Lo intento un par de veces más antes de escribir su nombre con cuchillas por todo el cuerpo. Pero ella cumplió su palabra, no apareció.- Llamas a la muerte equivocada- le dijo la puerta cerrada- ella no vendrá. Ni ella ni al que deseas- luego perdió un poco más la cabeza y se sentó a no esperar nada.

Cuando volvió el hombre lobo solo fue una pequeña visita por los viejos tiempos.- sigh, niña mía, que hambre me vas a hacer pasar, que bonito corazón de papel se te pudre a los pies. ¿Me lo dejaras comer esta vez?- con una risita juguetona le dijo que no- Bueno,- se conformo el animal- tampoco sería suficiente para saciarme, es pequeño como el de verdad. Busque a tu amigo para ver si él me dejaba arrancárselo.- De repente ella comprendió el horror y escribió el pánico de lo que pensaba en su rostro- oh, no te preocupes. Fui a matarle pero ya estaba muerto cuando llegue, ha pasado demasiado tiempo para únicamente dos corazones. Yo quería liberarte de su carga pero tú ya eras libre, no te hacía falta.

De repente ella había contado todas sus arrugas, había sumado los años, la espera y, todo, pareció demasiado para este final.- ¿está muerto?- susurro. Pero eso ya no iba a cambiar nada.

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Así habló…

9 enero 2013

Habló el erudito y sus palabras fueron ornamentos de delicada belleza. Pronunció su discurso y lo transcribieron, corrió como pólvora, se hizo eco en bocas simias que articulaban como podían las, para ellos, hermosas extrañezas del diccionario.

-Estoy aprendiendo- se sonreían orgullosos mientras gorjeaban todas las palabras que estaban memorizando. Nadie se había molestado en traducirse el texto al lenguaje monosilábico que dominaban, no habían entendido nada pero pronunciar era más que suficiente para aquel club de impresionables.

Habló el erudito para que callasen los vientos, para que el que el que el cielo fuese azul y el agua del mar salada. Habló el sabio reconocido y no sentí nada ni cuando sabía lo que decía, ni cuando lo supe yo. Jamas estuve a su nivel, preferí escuchar una realidad que viaja triste a mi lado, que agoniza y canta en el mismo idioma que los ojos que no se apartan a otras arquitecturas más elegantes. De palabras sencillas y complejas, acorde al observador y no a los libros de referencia o las estructuras aprendidas, inculcadas.

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Salvaje rock ‘n’ roll

4 enero 2013

Astro, ¿qué clase de nombre es ese? ¿en qué estaban pensando mis padres mientras vivían en la cresta de todas aquellas olas?

Tenía suerte si un día no recibía alguna colleja por llamarme de una forma tan estúpida. Después, cuando creces, la cosa cambia: los insultos se escuchan en susurros por la espalda y todos nos queremos muchísimo. Tanto daba, ya estaba acostumbrado a esconderme, era un bicho raro al que nadie se acercaba y, la verdad, es que eso ya me iba bien. Mi vida era estar recluido sin conocer el salvaje rock ‘n’ roll. Podía lanzarme desde lo alto de la cama, agitando los brazos al rasgar una guitarra invisible, sujetando un mástil imaginario, lleno de acordes inventados para un público de peluches y muñecos articulados que admiraban mi cara de chico problemático, eso era todo. Tampoco necesitaba mas, me bastaba con mis libros y mis teorías mecánico cuánticas. Pero al Doctor Cifu, papa, y a Mc Luz Solar, mama, no les parecía cuelgue suficiente- menudo bajón, Astro desastroso total- me decían entre colocon y colocon- lo que mola…- y si lograban articular algo coherente me lanzaban la contracharla, me pedían desmadre y rock’n’roll, me pedían verse reflejados aunque luego no se acordasen de la juerga. A veces les repetía algunas de sus aventuras, como si fuese propia, y ellos sonreían por que es lo que querían oír. Ahora, mirándolo desde la distancia, se que fue difícil para ellos verme metido en revoluciones, luchando por libertades, haciéndome mas enemigos de los que su colegueo podía aceptar. Me consuela el pensar que no fueron demasiados minutos los que la cordura les permitió ver que era hijo suyo, era uno mas y me dejaron por imposible igual que yo a ellos, incluso cuando se ahogaron en su propio vomito por una estúpida apuesta, eran sus vidas.

 

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