Nuevo «oren»

22 noviembre 2011

Nuevo orden, seguimos a la deriva de los mercados, la culpa… la abstención. Para los perdedores es más fácil asumir algo así antes de tener que admitir que cada vez son menos los que creen las mentiras que cuentan. Ahora sustituiremos caras y acentos para que todo siga exactamente igual. La derecha no es cambio ni alternativa. Sus ideas, las del capitalismo salvaje, ya habían sido adoptadas por la falsa izquierda. La diferencia estriba en que los unos tenían que intentar justificarse ante sus electores y los otros tienen carta blanca para hacer sin tener que dar explicaciones.

Ahora se lamentan quienes no escogieron el mal menor, se ven atrapados entre siglas poco agradecidas y lloran el castigo. Yo no me arrepiento de no haber votado, hace demasiado que creo en la abstención activa, en tener toda una vida para reflexionar y no sólo un día en el que únicamente parece pensar el que tiene las neuronas atrofiadas por el desuso y claro, pasa lo que pasa. Si hubiese participado en su farsa me sentiría como todos aquellos del voto in-útil, estafado.

La verdadera izquierda ha de ser capaz de transformar su entorno y expandirlo hacía el mundo, no deja que culos ajenos piensen por ella. Necesita construir y embellecer todo lo que toca, dejar de aparentar para poder ser.

La abstención, el voto nulo, en blanco son alternativas políticas que no les interesa reconocer. Se sienten mejor, aparentan de una forma más convincente si nos creen engañados. Por eso hay que decirlo bien alto:

YO NO VOTO POR QUE NO CREO EN UNA DEMOCRACIA QUE HA CONSEGUIDO QUE LAS PALABRAS NO SIGNIFIQUEN NADA, QUE CUALQUIER ACTO CONTRA EL RÉGIMEN SUENE A TERRORISMO.

Todos los que se presentaban hablan de libertad mientras nos aprietan las invisibles cadenas. Si no participas estas jodido, si lo haces también.

LaRataGris



La ilusión del señor anónimo

19 noviembre 2011

El pequeño señor anónimo cree que es una persona muy importante. Todos le saludan, quieren estrecharle la mano y le piden un voto- tu opinión nos preocupa-. Cada cuatro años la tele le habla, le envían cartas, le regalan globitos por la calle,… quieren que vaya a todas las fiestas que organizan los partidos y eso le hace sentirse extremadamente bien.

Archiva la propaganda electoral en cajitas de colores. A cada partido le asigna la más adecuada y allí va guardando sus tesoros. Están los políticos de la caja verde, los de la roja, la inmensa caja azul… y durante las elecciones va revisando su contenido, muchas veces acaba reubicándolos entre los contrarios.

Como el señor anónimo es un hombre informado la gente le pregunta por sus gustos, sus aficiones y su preferido. Sus palabras siempre coinciden con las del mejor orador de la última tertulia televisiva que haya visto y, su opinión, suele ser la de la mayoría, pocas veces se equivoca en el resultado final.

Cuando sale su candidato el se llena de orgullo, lo ensalza, grita que el lo eligió y sonríe durante todo un año del placer de sentirse parte del poder. El señor anónimo lo tiene claro; hace apología de la democracia, te invita a votar para que tu, mindundi, también te piense que puedes ser alguien cambiando el rumbo de tu país- ¡Vota!- los mercados te agradecen esa entelequia, tu pasividad.

LaRataGris


«Intergrados…»

12 noviembre 2011

Hasta ahora la ciudad triste nos apagaba en matices de negro y gris. Cada edificio era el tono de una misma escala cromática, homogeneizando un abrazo sombrío y desalentador. La roca y el cemento se habían convertido en prisiones para nuestros espíritus libres. Sólo eramos bichos muertos sobre el arcén. Nos movíamos pero eran estertores, reflejos de una vida consumida. Me asfixiaba aquel sobrevivir de la manada. – ¿Te gustaría salir corriendo?- y siempre era la misma pregunta a la que me aterraba contestar. Agachaba la cabeza y hacía como si no escuchase las voces en mi interior- ¿Te gustaría?.-

Todo aquello formaba parte de una fórmula que yo desconocía. Una ecuación que alguien había calculado para saber cuanto tenía que aplastarnos para que siguiésemos trabajando sin que el descontento nos levantase. No eramos felices pero tampoco sabíamos que hacer para cambiarlo, aquella era la única existencia que habíamos conocido. Pintábamos el interior de nuestras casas de colores pero la realidad que nos construían en el exterior seguía enquistándose sin remedio.

Un día cualquiera mi amigo un millón doscientos veintisiete mil cuarenta y tres se dibujó un corazón verde sobre la piel del pecho. Salió a la calle siendo el mismo número de siempre, con la plomiza camisa tapando la rebeldía, se le intuía distinto. Era una forma de caminar, una media sonrisa ocultando algo… parecía uno de esos niños a los que la escuela aún no ha podido enseñar a no divertirse. No podíamos dejar de mirarlo y no sabíamos por que. Antes de llevárselo preso me confeso su pecado y sentí miedo al saberlo, que no se me notase la rareza, que no empezase a comportarme como si no hubiese perdido la esperanza…

Borré mis huellas de todos los colores felices de casa. Pinté las habitaciones de tristeza, quemé mis ideas y empecé a pensar igual que me comportaba, todo fue inútil. Los perros siguieron su rastro hasta dar conmigo.- señor tres billones setecientos seis mil, se le acusa de intentar ser diferente.- y acabé atrapado en una prisión más pequeña. Yo no había hecho nada pero era tarde para defenderme.

Le pusieron precio a mi libertad; cada idea revolucionaria que entregase, cada cachito de inteligencia que les diera equivaldría a diez minutos menos de condena. Cumplí siete de los ocho años y pude salir a un mundo muy distinto al que abandoné. Nos habíamos sacrificado y la ciudad parecía haberse contagiado de nuestro esfuerzo. Todo se había llenado de color y ya no era la tumba que abandoné. Helicópteros de limpieza lanzaban cubas de pintura allí donde empezaba a deslucir. Ríos de colorante impregnaban cada calle, arrastrando a los transeúntes que también quedaban teñidos en la operación. Los responsables de la ciudad la habían pintado de optimismo y los perros velaban por que nadie manchase las paredes de verdad. Nuestro incidente les sirvió para darse cuenta de que la ilusión de libertad nos tendría mejor controlados que el desánimo, el sistema nos había integrado a su manera, habían transformado la ecuación para un mismo resultado.

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Mi país

6 noviembre 2011

Mi país me necesita, con la boca grande y el orgullo patriótico. Mi país que se justifica y mira para otro lado cuando yo lo necesito a el. Mi país… Debes querer la tierra sobre la que la suerte te nace, debes sacrificarte por ella, sentir una especie de color en el corazón, un himno en el alma y mi estomago pasando hambre tiene que callarse.

No soy de aquí, ni pertenezco a sus calles. Recorro espacios y mis amigos son viento, volátiles que siempre regresan y por los que suicido ideales si se están muriendo. No soy de aquí ni de sus leyes. Me guía el corazón y la razón, cosas que no pertenecen a un pueblo. De la patria son las cárceles del estado, los que la exprimen y ordenan al resto, la cultura oficial que prefiere dinero, estatus, poder, tranquilidad… la gente se duele y les prohíben sanidad, la gente se queja y borran las clases, los maestros, las palabras que los puedan enardecer. Todo esta mal, tu país te necesita, quieren volver a ser la mierda que era. Piden complicidad para que no busquemos relaciones entre personas independientes. Somos lo que quieren y nos dejamos hacer para no tener que construir nuestras realidades y mantenerlas con el calor de la ilusión… somos como ellos mientras no hagamos nada.

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El hombre sin principio

1 noviembre 2011

No recuerda. Camina por que es lo único que ha hecho siempre y si empezó mejor o peor no tiene importancia. El hombre sin principio intentó buscarse en su cabeza, gritó por si alguien sabía quien era y encontró la historia de personas importantes, de leyendas y habladurías. El sólo es un don nadie del que nadie dejó constancia.

Libre de memorias que lo arrastren decide cometer los mismos errores una y otra vez. Sin suponer un resultado se queda en un ahora de olvido, sin futuro ni previsión de tenerlo. Vive cómo si no le afectase la realidad.

La gente pasa de largo con las mismas derrotas, idénticas lagunas. No se hablan perdidos en la fugacidad y los contactos son rápidos y poco duraderos.

– Soy la una y cinco de uno de noviembre de dos mil once y me extiendo durante media hora- le responde la chica del bar. El la mira perplejo de que no le de un nombre, de que no quiera sexo pasajero y le explique una historia de treinta minutos.- Fue ahí cuando se decidió que no queríamos ser tan poca cosa, que queríamos ser parte de la historia y si no la reescribían para nosotros… nosotros mismos hablaríamos de ella. Yo explico lo de ese intervalo y por eso he adoptado el nombre más descriptivo posible. Si quieres puedes ser uno de nuestra memoria colectiva, escoge tus principios para que no sigamos tropezando con las mismas piedras.

En ese instante, el hombre sin principio, recordó algo importante y escogió un buen momento para ser una pieza de algo muy grande.

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Celebrando otoño

29 octubre 2011

En otoño veías aparecer a mi padre cargado con dos enormes sacos de hojas secas, intentando no hacer demasiado ruido para que mi madre no le echase el sermón antes de tiempo y así poder alfombrar el suelo de casa con toda aquella hojarasca. En cuanto lo veíamos aparecer con su cara de sospechoso mi hermano y yo cubríamos todos sus pasos y la casa cogía olor a bosque, las habitaciones se llenaban de ocres y mama empezaba a gritar cosas sobre madurar y ensuciarlo todo. La escena acababa con un beso, con la promesa de recoger cuando el reloj de cenicienta anunciase el final y nuestros ojillos suplicando que permitiera la locura. Siempre nos dejaba perdernos entre los arboles pero le gustaba que pensásemos que sin su permiso nada de aquello tenía lugar.

Cuando ella daba su si cogíamos nuestros anoraks y la verdadera magia empezaba a brotar. Nos íbamos de picnic al balcón, junto a un pequeño río y allí celebrábamos que la mejor estación del año es en la que te sientes feliz.

Un día, cuando mi padre estaba tan mayor como para no traer hojas secas, cuando yo ya era lo suficientemente aburrido como para no seguir con el juego, le pregunte por que hacía todo aquello. El se limito a señalar la ciudad que se extendía tras la ventana y a susurrar como si fuese el viento- yo ya estoy viejo- me dijo después- pero pase lo que pase fuera yo traigo el viento de mi casa.

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Que hablen

26 octubre 2011

Ahora que por fin he muerto dicen que no hice todo lo que pude, que mis palabras sumaron más que mis pasos y que llegando a la mitad de mi camino seguía viviendo su mundo decadente. Es cierto que primero me lloraron, que cumplieron con todos los rituales de venerarme y alabar hasta la más insignificante de mis pequeñeces pero, la vida continua y los estáticos tienen que aprovechar a los muertos recientes para poder comer algo de carne fresca. Yo, poco a poco, me voy desvinculando de todo lo que fue, dejo que llenen sus polémicas y mientras tanto me dedico a seguir con lo mio, escapar con rumbo y sin esperanza.

Hace frío en el infierno y nadie ha venido a decirme que programación siguen los autómatas autóctonos. No es que me importe, en mi nueva no-vida quería continuar con los errores de siempre, los que hasta ahora me han hecho feliz a pesar de las críticas y alabanzas. Como única herencia cuatro lineas desgastadas de tanto haberlas dicho- seguid quedándoos donde os guíen vuestros pasos, llegar a ninguna parte es mejor que asumir sus prisiones y, lo que en realidad son, sus revoluciones para justificarse.

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Soy libertad

23 octubre 2011

En todo momento fue un hombre vulgar. Producía suficiente como para no levantar sospechas y se le permitía tener las ideas de tantos, las versiones oficiales,… las palabras del régimen. Opinaba como cualquiera y hacía propio el autoengaño para poder sentirse libre sin que la pena de no poder hablar sinceramente hiciese mella en el. Pero tenía un secreto.

De noche dejaba durmiendo a su yo libre, transformaba su casa en prisión y modulaba la voz a un susurro suave y silencioso. Moría el hombre sensato y ocupaba su lugar una pequeña y asustadiza versión de el mismo, alguien que no podría sobrevivir a plena luz del día aquejado de curiosidad por lo que realmente sucede a su alrededor. Sería injusto decir que era la misma persona, de conocer su lado oscuro el señor Jekill se hubiese denunciado a las autoridades competentes. Por eso insisto en que era un ser de lo más corriente, el extraordinario, la revolución, pertenecían a su alter ego.

Su otro yo se había dedicado a desmontar todas las supersticiones y prejuicios. Argumentaba palabras prohibidas y en su celda de papel sentía como se aflojaban las cadenas de la libertad. Al principio se conformaba con hablarse. Era un loco debatiéndose entre el colectivo y lo individual, entre lo real y lo correcto. Más tarde no fue suficiente. Necesitaba expresarse en voz alta, gritar los fallos que no parecían querer arreglar. Urdió un plan absurdo, un dejarse atrapar por nada, pero su cuerpo necesitaba ser libre más allá de las apariencias de su mundo. Apagó el despertador, roció de cloroformo la cama donde dormía su parte más conservadora y se lanzó a la realidad voceando que no se sentían sometidos por que los carceleros pintaban los techos de azul cada mañana. El sol era falso, las nubes una patraña y cuando llovía desviaban la atención de las calles.

De repente diluvió. Todo el que podía escucharle corrió a un lugar seguro y se quedo el rodeado de agentes de paisano, de sordos entrenados. Los golpes lo despertaron del cloroformo, lo hicieron recapacitar. Quería volver a su tranquila libertad.

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El turista selenita

21 octubre 2011

Un día el señor que vive en la cara oculta de la luna, que controla las mareas y come porciones del satélite para luego volver a pintarlo, dijo que estaba un poco cansado, que la naturaleza era muy pesada y necesitaba sentarse a no hacer nada. Pidió las vacaciones acumuladas de todos estos años de no poder parar, de seguir todos los ciclos y le dijeron que el mundo tendría que hacer un alto con el. La actual crisis no permitía un sustituto y, si insistía, la luna no funcionaría correctamente esos meses, tendrían que detenerla antes de permitir que fuese a la deriva y causase algún daño.

Sus vacaciones se convirtieron en un día muy largo en el que siempre brillaba el sol. La gente paseaba cansada sin saber cuando irse a dormir y al final, el selenita, tuvo que volver antes de que se pusiera el astro para que la vida continuase su curso. Con los ojos aún muertos, destrozado y sin fuerzas empezó de nuevo su rutina de subir, bajar e iluminar la noche.

Su inmediato superior comunicó el sacrificio a una cadena de jefes que siguió transmitiendo hasta llegar al más alto mando. Este escuchó emocionado como el operario lunar renunciaba a sus vacaciones por el bien común. Por unanimidad decidieron recompensar sus esfuerzos y, ese año, por cesta de navidad recibiría diez fotografías con los lugares más hermosos de la tierra, que cuando se sintiese desfallecer pudiese mirarlas e imaginar que estaba descansando en ellos.

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Transmutación de los miedos

17 octubre 2011

Nos aterrorizaba el silencio, también el ruido o el color azul, los olores, las fichas de ajedrez, los peces y cualquier cosa. Nos habían enseñado a sentir pánico por lo que no considerasen normal, por las excepciones y las palabras capaces de cambiar la mente. De repente una barra de pan era peligrosa, se había descubierto, habían decidido y todos teníamos que comprar un novedoso producto más fiable y nutritivo, al menos hasta el próximo cambio de mercado. Con el miedo llegaron los vendedores de valor. Lo vendían en cualquier esquina a precios desorbitados, comerciantes autorizados con todos los permisos en regla. En el barrio se consumía rápido, se necesitaba mucho y se agotaba deprisa. Vivíamos para sentirnos seguros.

Medianoche murió de un exceso de valentía. Se derramó mi frasco de coraje y el gato lamió las baldosas hasta sentirse tan poderoso que quiso volar. En seguida me prepare una infusión de alegría pero la felicidad no pudo enmascarar mi nuevo espanto. ¿Cuanta dosis podría aguantar antes de pasarme lo mismo?¿ cómo sobreviviría el resto de mes sin dinero para sustituir el arrojo perdido?

Ansioso me escondí en un rincón mientras cada segundo se me echaba encima para aplastarme. Me dolía el roce del aire y las paredes encogidas.- Jordi- improvise excusas a mi proveedor habitual- sabes que te pagare.- Pero ya nadie se fía, la vida puede ser extremadamente corta después de un instante. Mis amigos tenían las dosis justas, la familia la cantidad exacta y no querían sacrificar ni uno sólo de sus días por mi torpeza. Me obligué a bajar por el cadáver del minino, cociné su cuerpo para recuperar algo de lo perdido y me lo comí sin más. Me empecé a sentir raro, distinto. Le maullé a la luna desde el tejado de casa, saboreé una nueva sensación de tener siete vidas y quise gastar una de ellas antes de volver a sentirme atrapado en mi cuerpo de cobardías.

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