Los falsos finales:

5 octubre 2015

Lagartija Loser

-¿Cómo me describirías?- Respira hondo y pone su mejor pose fotográfica: El cuerpo tan rígido como puede, la cabeza altiva pero ladeada hacía la izquierda, los ojos entornados y la boca del pato más serio de la bandada.

Man la mira exhalando algo de desgana- Estas gorda- y lejos de detenerse suelta como una metralleta que no necesita respirar- Evidentemente no lo sabes, por eso te pones esa ropita de niña de quince años anoréxica con la que te es imposible contener toda tu masa corporal. Claro esta, no tienes quince abriles a tus espaldas y se nota. Además te has puesto ese nick absurdo que promete cosas que no cumples, Lagartija Loser, ¿qué clase de nombre es ese?

– Vale,- intenta recuperarse del varapalo- reconozco que no me esperaba esa respuesta, mamón, y no puedo decirte que es la mejor cita a ciegas que he tenido así que- se levanta haciendo que todo se tambalee con el ímpetu- espero que no te atragantes con el resto de comida o, bueno, ¿por qué no?

– Espera.- es una petición seca, casi no se mueve al pronunciarla- Me excitan las gordas. He estado cachondo durante toda la cena y eso no pretendía ser un insulto.

-¿De verdad?- ríe escéptica sin volver a sentarse- ¿He de suponer que era un piropo?

-Claro que no.-Le señala un asiento que ella rechaza- Me has pedido una descripción, que podría haber suavizado, pero es lo que eres y me siento atraído.- hace una pausa y sonríe intentando parecer simpático- Eso si, tu nombre me parece una mierda. Tendrías que llamarte Big Mama o algo parecido, un nombre de guerra que describa lo poderosa y bonita que eres.

– ¿De verdad esto te funciona?- Lagartija se apoya frente a el, sus pechos se mueven como gelatina que no puede dejar de mirar.

– No mucho. Hace quince años que no salía.

– Y yo acabo de llegar ahora que tu mujer te acaba de mandar a freír espárragos. Mucho te ha tenido que aguantar.

-No, bueno- duda sin dudarlo para conseguir un efecto dramático- soy escritor.

– Se nota por lo bien que escoges las palabras.- modula su voz para que sea un cuchillo afilado.

– ¿Puedes darme otra oportunidad?- es su primera súplica

– ¿Qué mierda escribiste?¿algo que pueda conocer sin vivir en tu rellano?-apuñala sin compasión.

– «Pasión y cinco historias de los exquisitos»- sin fanfarrias ni pomporrutas imperiales, unicamente una carcajada rompe el silencio.

– joder, si me lo leí por pena, bueno yo y tu madre supongo. Me dio por buscar el peor libro de la historia y allí estaba el tuyo, encabezando la lista.

– En algo tenía que ser el primero- sonríe por compromiso

-No, en serio- Vuelve a sentarse para olvidar la discusión anterior- Cómo es posible que salga un libro con vocación de bestseller, que la editorial lo promociona a saco y no le interesa a absolutamente a nadie.

– Tampoco creo que fuese tan desastroso- intenta defenderse.

– Vamos,- asfixiada no deja de reír.- ¿Cuantos te dejaron escribir después de ese?

– Diez

– Vale,¿y publicados?

– La buena literatura no siempre es la que te publican

– En tu caso esta claro- sentencia de forma tajante.

….

-Fíjate bien- Lagartija coge cinco aceitunas- tu quinteto exquisito. ¿De verdad piensas que unas olivas representan la delicadeza, la élite que entraña la palabra exquisito?- Se echa una en la boca y la mordisquea hasta acabar jugando con la lengua y las rugosidades del hueso. Sin carne la vuelve a dejar sobre la mesa- podría ser que tus protagonistas escondiesen algo bajo la piel. ¿Sabías que hay gente que talla figuritas con estos huesos? Yo alucino, aunque evidentemente no es tu caso

– Veo que sigues dolida por lo de llamarte gorda

– Y yo veo que no quieres que olvidemos el tema y acabemos la cita sin que te clave el tenedor en un ojo- durante un segundo eterno lo mira directamente a las pupilas y luego sonríe- tu libro de mierda, ese si sería un título adecuado: los exquisitos deciden probarse trabajando en una fábrica, un pesquero, las cloacas, el metro y el mercado de un barrio marginal. Escuchan pop melódico a escondidas para no perder su fama de tíos duros- se come otra oliva- aquello no tiene ni pies ni cabeza, aburre y carece de sexo explicito, tu público objetivo no entiende las ironías ¿lo sabías?

– Es para que tenga distintas lecturas- interrumpe y se vuelve a encontrar otra mirada clavada en la suya

– La única conclusión que saque del libro es que cinco amigotes se juntan en el bar a contarse batallitas de abuelete y a ver partidos del osasuna- de un bocado acaba con el resto de protagonistas- unicamente salvo el primer capítulo, escrito en estado de gracia, parece de otro libro.

-Lo escribí antes de ser escritor- se arriesga a otra mirada fulminante que no llega- lo presente a una editorial y como gusto tuve que añadir quinientas páginas más de relleno

– En tu defensa diré que me pareces mejor escritor que cita

– Genial- sonríe sin ganas con el último sorbo de café- El camarero empieza a mirarnos mal.

– Sera que estoy demasiado gorda para su fino criterio estético.

– O puede que quiera cerrar- Man mira a su alrededor- somos las únicas personas en el local, cada semana nos pasa lo mismo.

….

El reescritor

Ceferino se enciende un cigarro mientras recoge la última mesa. Tenía prisa por que se marchasen pero ahora él no corre demasiado. Aprovecha cada calada después de una larga noche. Incluso se sienta un poco a darse un masaje en los pies- Vamos Cefe- Manu si que tiene prisa por ver a sus hijos dormidos, darle el beso de buenas noches- No te encantes ahora, tío.

– Es que no puedo con estos, necesito descansar

– ¿Hoy qué eran?- se enciende un cigarro sin dejar de barrer

– Una jodida cita a ciegas. Ella se ofendía por que la llamaba gorda. Joder si es una raspilla.- se vuelve a poner los zapatos y sigue recogiendo sin dejar de parlotear- te acuerdas cuando vinieron disfrazados de astronautas.

-Ostia, ¿cómo lo voy a olvidar?, le hicieron triturar las bravas y los pinchitos a Eusebio para que pasaran por aquel tubo aspirador que traían- se seca el sudor- la gente no dejaba de mirarles.

– Normal. Estos viven en la luna de Valencia.

– Y ¿cómo han acabado el libro hoy?- Se detiene Manu

– Jajaja, tu curiosidad de gato necesita saberlo ¿verdad?- Ceferino, que no necesita una invitación a parar, encuentra una excusa perfecta para detenerse- hoy me ha gustado. Un poco pasado de vueltas: Los cinco exquisitos tocaban cada uno su canción. De repente el camión que conducía Pus O Cara Sueño tropieza con un bicho en la carretera y da tres volteretas en el aire, a cámara lenta. Pero, él, en ningún momento deja de cantar, mientras sujeta el volante: no puede fallarle al resto de compañeros. A pesar de intentar mantener la calma, y estar a miles de kilómetros, los otros notan una alteración y modifican su melodía para vibrar en el mismo plano. Entonces desaparecen; como si el mundo implosionase para tragárselos y escupirlos en una tierra paralela, todos en un mismo punto. Caminan de forma lenta mientras sobre sus cabezas, que nunca sabes si están arriba o abajo, flota una mujer.

– Pero eso,- le corta Manu que hasta ahora escuchaba ensimismado- no tiene nada que ver con el resto del libro.

– Lo se- Ríe Ceferino- Es que ella no paraba de insistirle en que el libro es una mierda y que tenía que cambiarlo. ¿continuo?

– Claro, no me dejes en ascuas.

– Ella es pasión. La loca le ha dicho que es la única forma de ver una mujer en su obra de supermacho misógino…

– Y tiene razón

– No jodas- se sobresalta el camarero-¿al final te la has leído?

– Tras un año escuchando cada semana un final alternativo no pude resistirme. Me lo descargue el otro día

– ¿Y que tal?- se enciende otro cigarrito

– A la altura del codigo Da Vinci

– ¿Tanto?- Ríe antes de continuar- Pues ellos, esta vez, acaban en una especie de orgía mágica entre la chica y los cinco. Pero ella es como una directora, no participa del sexo. Dibuja los signos en el aire, trazando un portal místico. Lo hace coincidir con el clímax de los exquisitos. Yo creo que es otro falso final, como ahora hacen estas cosas en trilogía

– ¿¡Vosotros!?- La voz sale de la cocina rígida y penetrante- menos cháchara y más limpiar. Que me juntáis la cena con la comida.

– A sus ordenes don Eusebio- obedecen inmediatamente.

-Sabes- disimula Manu- creo que escribiré un final distinto.

– Tu alma de poeta necesita reescribir todo eso. No puedes soportar que el mundo sea un lugar tan feo.

– Si, pero mi final sera uno tan abierto que acabara igual que empieza. Con la Lagartija diciendo: -¿Cómo me describirías?-

-Vale, pero pon muchas mujeres.

– Joder, acabas de cargarte la magia.

LaRataGris

Y este falso final requiere una pequeña explicación:

Hace unos días, con el grupo literario Insectos Comunes, decidimos escribir el primer capítulo de un bestseller. Al hacerlo nos encontramos varios principios sin final. Por eso nos propusimos una doble cita a ciegas. Por orden de llegada cada autor cogió un principio ajeno para darle una conclusión, pero no tendría que ser su voz si no la de un fan que habiendo quedado con el autor le recriminaría el final de su obra y le propondría uno alternativo.

Yo tuve el privilegio de mancillar el principio de Manu: Pasión y cinco historias de los exquisitos, espero que me disculpe.

Otros finales que puedes disfrutar son los de:

Cita a ciegas con un escritor de Esther Magar, acabando un texto de Chukes Rivers

Cita a Ciegas con LaRataGris de Luis Ernesto Molina Carrillo, acabando un texto de LaRataGris

Matando el tiempo de Chukes Rivers, acabando un texto de Daniel Centeno

Basura espacial de Manu LF, acabando un texto de Benjamín Recacha

Y conforme vayan surgiendo os añado el resto


Algo que comer

9 julio 2015

Algo que comer


El rincón del poeta

30 junio 2015

El poeta vivía un sueño de palabras delicadas, con las que construía frágiles fortalezas de resistencia. Pintaba la realidad con plastidecores y tinta china pero, siempre el hambre, acababa guiando sus pasos por los caminos de la condena. Tenía un trabajo prisión en el que debía producir grises.

Cada día, el amo, contaba los excedentes que tenía que destruir-¡Tiene que sobrar más- gritaba cuando se sentía un pobre que no derrochaba, que malgastaba menos que su competidor- ¡Tenéis que ir más deprisa vamos, vagos, producid!

– Uno más- se decía el rapsoda- sólo uno más para poder comer.

Si nadie miraba escribía un verso apresurado, apenas un haiku, al que robarle el olor durante el resto de la jornada. Una esperanza.

-¡Señor Eme!- Su dueño estaba formado por los peores clichés de un tirano. Transmutado en cerdo sudoroso, de sonrisa parca y palabras ofensas- existe un rasgar de lápiz inapropiado en esta oficina, como si alguien escribiese versos para no estar trabajando ¿Sabe usted algo?

-Fue,- la hoja arrugada de palabras se pierde en el bolsillo- fue sólo un instante.

– Ha de producir, esclavo. No le pago para holgazanear. Que no se repita.

Una cámara comenzó a seguir sus pasos de poeta, alguien contaba las veces que respiraba, si perdía algún segundo en un movimiento innecesario.

Me duele el hambre. Yo que sólo necesito un punto pequeñito donde caerme muerto, beber el aire de forma suave y pausada. Me obligan a la inmediatez, a lo mundano.

Me duele el hambre, amigo mio, de una forma que sólo puede ser sentida, me es imposible explicarte como me esta pudriendo por dentro esta sin razón que es el trabajo.

Me duele y se me corta el aliento con lo que quieren que haga y hago. Me sienta tan sucio este traje de obligaciones que me desnudaría para no necesitar sus telas infectadas. Quedaría a la vista, igual que en esta carta que te mando, comería vientos si no me doliese tanto este hambre que me destroza.

-¡Señor Eme!- siempre otro grito- salga del lavabo, ya lleva demasiados segundos sin hacerme ganar más dinero- pero Eme se había marchado.

LaRataGris


Cuestión de clase

23 abril 2015

Cuestión de clase


Promesas

30 marzo 2015

El peso de su realidad: hambre. Crisis, hambre, paro, hambre, día, hambre, noche, hambre, hambre, hambre, hambre. – Trabajo garantizado, paraíso, alegría- lee las promesas del tiempo de prometer demasiado y es de un precio imposible. No puede pagar el cursillo que después le dará de comer y, que demonios, el tiene hambre. Hambre ahora y durante y tras el curso. Tampoco sera por trabajar, o por dejar de hacerlo, es que el quiere comer y se come las uñas nervioso, pero no le alimenta.- ¿dónde se prostituye uno?- pero en cualquier lado ya no tiene el cuerpo para tantos bailes. Unicamente le queda releer el panfleto en el que busca como llegar a ese paro cero, sin tener que pagar por ello, sin no tener que morir en el intento.

LaRataGris


Morir de madrugada

16 marzo 2015

Murió en carretera, igual que había malvivido el último año. Con el sueño de un lugar que se acerque a las estrellas, ¿De qué sirve soñar ahora? Caminó por las ciudades perdidas, donde cada edificio ocupa su lugar para que todo sea un caos controlado. Durmió junto a los parias, al lado de los mejores y los mucho mejor, que hasta el enemigo da calor en un invierno de calle.

Adiós amigos, escribió sobre sus labios fríos y, su compañero de cama de aquella noche, le robo un beso de palabras antes que vinieran a recogerlo: para los días de congelarnos, le abrazó, chao bohemio, buen viaje. Dejó sobre sus parpados entornados, escrito suavemente con las ásperas yemas de los dedos: Es de los que vagaban en vida, uno de los nuestros, permítele pasar, para que así el barquero supiese que si iba sin paga era por que se la habían robado para comer, nada más.

LaRataGris


Presenteción, nudo y final feliz

8 enero 2015

Presenteción, nudo y final feliz


Las edades del reencuentro

27 octubre 2014

Ácrata no se había dado cuenta pero era un poquito más grande. No por haber crecido o madurado, simplemente habían pasado los años y eso era motivo suficiente como para catalogarlo en su generación. Sus coetáneos eran conocidos como la quinta del robot.

Un día se cruzó en una autopista virtual con Lalo. Habían jugado de pequeños, explicado sueños y esperanzas de adolescentes, luego se separaron sin saber el uno del otro y, ahora, su amigo estaba muy mayor. Sus fotos reflejaban años y daños inexcusables.

Ácrata se preguntó si le habría pasado lo mismo. Se fotografía sobre un espejo y la miró durante trescientos sesenta y dos días y una mañana, hasta que al final admitió lo mucho que había cambiado. -¿ soy un hombre? ¿acaso, eso, varía en algo mi vida?- Con desgana comprobó la hora, llegaba tarde a trabajar.

…

– Lo siento,- palmeó Jefe su espalda- no eres mal chico pero llegas tarde.

Ácrata respiró hondo- Necesito el trabajo, no podrías pasarlo por alto.- Como nadie escuchó esto último, Jefe se había puesto a firmar albaranes y sellar comunicados, levantó la voz para no desaparecer- Te juro que te lo recuperare.

– Mira,- deja su rutina- no es sólo que llegues tarde es que vienes obsoleto.

– Puedo hacerlo tan bien como cualquier niñato. Me reciclare.

Sin levantar esta vez la vista del papeleo despreció la súplica- Siempre supe que traicionarías tu nombre, que el mal vicio de la comida acabaría con tus convicciones. Yo en cambio puedo honrar el mio. Los nuevos modelos de trabajador no son mejores que tu, no hacen nada nuevo.- esquiva fugazmente los documentos- yo ya estaba contento con como le dabas al botón de tu máquina.- por un instante se pierde en el techo para poder retomar el discurso con más ímpetu- No es nada que tu puedas aprender, es que ellos cobran menos.

– Yo- dudó- también puedo cobrar menos.

-Déjalo estar, sera mejor que no lo liemos, las cosas ya son lo que son.

Reloj marcó las nueve y media, siempre llegaba a esta hora cuando iba al trabajo.- Quizá se le halla pasado. Casi ha estado un año con nos…

– Si, claro- se retorció el señor Sofa- después de todos estos meses mirando la foto se ha quedado lelo, por favor.

– No peleéis chicos- puso paz la luz apagada y la habitación quedó en la penumbra del silencio, esperando a Ácrata. Un murmullo invisible se fue adueñando de la estática del aire.

…

Reloj marcó la una y treinta y seis minutos.

– Es culpa mía.

– Evidentemente- gruñó Sofa- de haber sido una buena foto no tendrías esas marcas de expresión y hubieses oscurecido su pelo- de repente puerta retumbó asustandolos a todos. Dieron un respingo inapreciable a ojos de Ácrata que entraba arrastrando una bolsa de hambre infinita.

El espejo del recibidor intento que viera su cara más amable, la nevera se escondió sin nada que ofrecerle y la fotografía, como el espejo, igual que le había sugerido Sofa, se retocó para que se sintiese más joven.- Jamás he sido tan niño- conspiró con ellos su vision sin que eso tuviese demasiada importancia. La luz continuo apagada, la puerta se cerró por siempre y Ácrata se diluyo entre las quejas de Sofa.

LaRataGris


La casa de Gato Viejo

19 mayo 2014

-¿ Gato Viejo?- me paso el día atenta a sus sigilos, siento como sus patitas flotan sobre mi suelo frío y suspiro si me hace cosquillas al respirar. A veces pasa como un rayo para acurrucarse sobre un ronroneo, seguro de que yo le protegeré.

Jamas me habla de sus saltos y caídas, tengo que leerlos en sus heridas. Cuento sus huesos rotos y los días que tarda en levantarse para imaginar su vida.

Cuando viene con la tripita caliente y el pelo lustroso, siempre a mediados de enero, se que ha estado en otra casa que lo ha mimado y querido tanto como yo. Ese día se que su sonrisa me es infiel y no lo puedo soportar- Gato Viejo es mio- Le quito su otro olor y le borro la risa dibujandole una aún más feliz.

De repente deja de venir y lo quiero matar, lo necesito abrazar y encarcelar entre mis cuatro paredes.-Gato Viejo- pero es como si alguien lo hubiese matado ya. Sin costillas por numerar, sin días por venir. ¿ en que tumba soñara esta noche?

LaRataGris

Guia de lectura


Las fotos del móvil

7 abril 2014

Era raro verla besar su móvil. Se acercaba a la pantalla sonreía, lloraba. Mezclaba felicidad y tristeza. Hilaba un nombre en el caudal de sus lágrimas, echaba de menos a su hijo. Vivía lejos, crecía con el dinero que conseguía enviarle, se volvía un hombrecito sin ella.
Se volvía tan guapo que cada nueva imagen aceleraba su pulso y le rasgaba el corazón sin remedio. Cuando ya no podía más apagaba y se iba a vender el pescado. Tanto si era fresco como de confianza, tenía que sacárselo todo de encima, era su billete de vuelta, los nutrientes de su tesoro. Haría cualquier cosa aunque se le cayese el mundo después, nada podría detenerla mientras su recompensa fuera sobrevivir, mientras su razón de ser estuviese protegido con los escudos de la distancia. -Has venido a robarnos, extranjera.- le dolía cada centímetro de su cuerpo para defenderse de las mentiras, necesitaba dormir, volver a su casa y sentirse de nuevo una persona. No tenía fuerzas para ninguna batalla, aunque tuviese la razón, podría escuchar cualquier cosa mientras los suyos estuviesen bien, como cualquiera, provenga del país que provenga.

LaRataGris