Crear dinero

11 febrero 2013

La pequeña empresaria, pero de ideas grandes, pensó que –la verdad, para lo que vendo, para lo poco que gano- que apenas le llegaba para las casas, los coches, las fiestas y el resto de plurales- quizá es mejor dejarlo todo, puede que buscar otra cuota de mercado.

Ya tenía los pisos, la infraestructura y- los profesionales tendrán que reeducarse.- Solo le fallaban los compradores que se habían venido abajo por no saberse adaptar al nuevo mercado. Ella encontraría la forma de encauzar sus limosnas. – Tal vez pueda ganar un poco, menos de lo que conseguía, pero ganar al fin y al cabo.

Invirtió en anuncios, paseo por las calles voceros y prometió, por muy poco, el recuerdo de los antiguos lujos: No creas que por vivir en la calle no puedes gozar los privilegios perdidos. Solo te costara un euro revivir el pasado, un euro y medio la visita guiada. Ven a nuestros pisos-museo y respira la opulencia que te quitaron.

En apenas media hora repartiría apariencia de felicidad a precios de risa.- A los emprendedores jamas nos faltara nada-. Acarició la idea y abrió su negocio al hambre ajena.

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Cuentos por escribir

7 febrero 2013

-¿ Qué haces? – y Jo lo despierta del sueño de describir sin papel.

– Nada,- vuelve a respirar hondo la realidad- estaba a años luz, justificando la obra.- y la respuesta es un tramite para estar conectados un momento, igual que lo fue la pregunta primero. Empiezan a divagar sobre cualquier otra cosa antes de que él vuelva a dormirse sobre la hoja blanca y ella regrese a su mundo de pinceles manchados de miedos y esperanzas.

– Erase una vez- en su cabeza resuenan los principios de siempre necesitados de un final propio- un rey, la desgraciada de su mujer y tres hijos estúpidos con tres fortunas por nacer donde nacieron, con nada por demostrar y todo por recoger…

-¿ Como piensas explicar todo eso

– No tengo ni idea muchacho- se separa de la otra realidad.

– Es muy real,- se ríe- te meterás en un problema.

– claro, ja ja ja, son reyes, por eso son reales.- y los dos estallan por jugar con las palabras como niños pequeños.

– Caca, culo, pedo, pis. ¿ Quieres una birra?- y Eugenio abre las dos sabiendo que, el casi abstemio, le dirá que no. Que se las tendrá que tomar solo por no desperdiciarlas- Me encanta ofrecerte por que darte es recibir el doble. Pero no te desvíes,¿ como piensas justificarlo?

– Yo que se,- se despierta con cada acento- la realidad funciona a golpe de imposibles y la gente se alegra, lo ve normal.

– La suerte que llaman- levanta la botella- brindemos por ella.

– Si, pero en literatura no funciona. Si no atas todos los cabos el relato se va a la mierda.

-¿ Jo?- llama entre trago y trago- estas escuchando las milongas de este muermo.

– No, pero traigo ganchitos.

– Pues casi mejor, acércate y tráete unas cervecitas.

– Erre, Eu- Les avisa desde el sofá-¿ Queréis ver los cuentos dormideros? Empiezan ahora.

Eugenio espanta las pulgas del sueño y le echa un vistazo a la tele- Uff, Jo, solo son políticos en campaña.

– Acaso no hay mejor cuento. Explican todo lo importante que no piensan cumplir.

– Y no te olvides que aburren hasta dormirnos- puntualiza el tercero.- Estos si que saben contar cuentos ¿ Como conseguirán que siga picando tanta gente?

– La mayoría ya ni les cree- Se aleja Jo- que se ha cansado al empezar el mitin- Lo tienen montado para que los cambios parezcan imposibles si no juegas con sus reglas y si participas, en realidad, sigue sin transformarse la realidad. Sabéis, mejor me voy a colorear el mundo.

– ¿ Para eso me levantas, Majo?- y Eugenio tampoco se para dispuesto a definir las cosas en la siguiente aventura- la próxima por algo importante, ¿ ok?

Coge el borrador de lo que lleva escrito- Menuda mierda- piensa intentando que ni Jo ni Eugenio le lean la mente. Dibuja un final feliz alternativo, arruga el papel y lo tira al cajón de proyectos inacabados.

-¿ Que pasa, roedor?- se acerca Eugenio.

– si,- deja de manchar el lienzo Jo- Espera a que otro lo destroce.

– No, gracias.- Intenta justificarse- me habían quedado unos personajes muy raros, un final sin sentido. Como cuando entra un dragón por la ventana.

– No te sigo, Rata.

– Si, hombre. Cuando un bicho que no debería estar aparece en escena, y segun el tamaño mas, ¿ que seria lo lógico?

– Salir por patas- dicen los tres a la vez.

– Pues los personajes, en los cuentos, se quedan, quieren saber por qué apareció la bestia. Como si no les importase sobrevivir.

– Sabéis,- se escucha a Jo sobre los grititos de Eugenio- esta genial que habléis de esto por que un enorme hipogrifo viene directo hacia nosotros. Así que ¿ que hacemos? ¿ huimos o ser súbditos de una mala comedia?

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El increíble espectáculo de las terribles serpientes voladoras

28 enero 2013

Llegaron a la ciudad anunciándose a bombo y platillo. Hacían tanto ruido que era imposible no saber que: LAS TERRIBLES SERPIENTES VOLADORAS DE ACAMUTAP HAN LLEGADO. Iban a ofrecer el mayor y más salvaje espectáculo del mundo; no apto para niños, que eran los que estaban en primera fila cuando las fanfarrias anunciaron que iba a comenzar el show.

Las palabras se quedaban cortas. Era una conmoción que, más tarde, la Adrenalina se encargaría de exagerar. La fama crecería hasta la siguiente ciudad, donde llegarían con el camino hecho. En cada representación se tenía que ir un poquito más allá para que nadie dejase de sorprenderse. Cada vez se desencajaban mas mandíbulas; mas ouchs, uffs y ughs entre un público ansioso de morbo rápido y directo. La satisfacción tenía que durar hasta la siguiente carnicería, hasta que las prohibiesen por falta de interés económico, así es la compasión del dinero.

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Eléctrico

21 enero 2013

Vivían pequeños seres eléctricos en rincones oscuros. Iluminando con sus ojos leds las estáticas del aire que les sirven de aperitivo. Sobreviven entre sombras, atrapados por el cable que lo conecta a una comida mucho más nutritiva pero menos gustosa.

Caminan en círculos reducidos, pinchando, a cada paso, con sus patitas arácnidas; corren, saltan en su centímetro cuadrado sin atreverse a intentar escapar lejos del enchufe.

Un día, solo uno, tropezó tensando el cable que le ataba. Sonó un click y continuo vivo. Se casi descargo del susto. Caminó lentamente mientras atrapaba toda la estática que quedase a su alcance. Masticaba, un pasito, volvía a morder mientras pensaba en cómo, a pesar de la debilidad, se alejaba, sin problema, de su principal fuente de energía, sintiéndose libre de no dar carreras alrededor de un punto vacio. Allí donde iba llegaría más lento y más feliz.

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El hombre de dos corazones

18 enero 2013
ilustración de Maria Jose Daffunchio.

ilustración de Maria Jose Daffunchio

Hay una historia, tal vez dos, que hablan de ella. El resto, los enlaces con otros seres vivos, se han ido borrando en el mar de la poca importancia. En su vida se había cruzado con demasiadas personas irrelevantes, casi tan insignificantes como ella misma, y nadie había guardado algún recuerdo de sus encuentros. Así, si alguien se  interesaba, tenía que leer la historia en su viva voz, escuchar todos los laberintos recorridos hasta llegar al momento de su no muerte. Pero, ¿quién sabía de ella? ¿Quien le preguntaría por su no existencia?

Solo él. Tal vez recordase un algo, una anécdota, un beso furtivo que aun no ha malgastado, o caricias que no se confundan con otras caricias. Si es así no lo demuestra; baila sobre el mundo como si nunca hubiese coincidido con aquella sombra. Tiene dos corazones pero que importa quién se lo regalo o si aquellos besos son de otro, le alegra en los días grises y eso es suficiente. El nombre de la que fuera su dueña tanto da si ya no le pertenece, si puede venderlo por otro cualquiera más joven y fresco.

A veces, ella, fingía ser un alguien que no habitaba en su interior. Se daba importancia para que la mirasen y escribía capítulos que podían ser vagamente recordados. Pero no era su historia, era una obra de teatro en la que aparentaba conservar un corazón latiendo la misma pesadumbre, marcando los mismos silencios y amarguras. Esos días era poca la realidad que se le escapaba de entre los labios. Dibujaba un corazón sobre cartón grueso y lo pintaba de fuego antes de colgarlo bien visible en la solapa, que todos pudiesen respirar su personaje y lo quisieran aún sin conocerla. Cuando terminaba la pantomima quemaba su disfraz sobre el viento, para que una de las dos pudiese paladear la libertad, luego se condenaba a media vida de no coger las llamadas, enviar el spam a la papelera y a escribir una y mil veces » Jamás volveré a salir de mi mundo». Cuando vuelven a olvidarla construye otro pequeño poema sobre el cómo hacer llevadero lo insoportable. – Estas loca- por eso se fue. Se marchó llevándose hasta el hueco de su dolor. Llegó tan lejos que, a tanta distancia, solo podía odiarle- No me busques.

Las noches de luna llena el hombre lobo era amable- Ven- y ella rechazaba sus, para los tiempos que corren, buenas intenciones.  Solo quería comer un poco pero ella era demasiado complicada. Tenía que esperar la dulce muerte y no tenía tiempo de llorar otros huesos. Siempre que la segadora llamaba a su puerta era buscando a alguien con un corazón prendido a la solapa.- Los fantasmas- solía explicarle- no me pertenecéis.- De nada servía que insistiera en ser la misma chica, la muerte se iba sola, sin encontrar a la difunta adecuada.

Alguna vez estuvo tentada de no borrar el disfraz, dejarse atrapar por el frío toque. Pero no soportaba la idea de que alguien reconociese el cadáver de quien no era o, más bien, que no supiese el hombre de dos corazones a quien pertenecía. Aun esperaba que entrasen sus dos latidos para poder fundirse, jamás regresaba. – Sabes- un día la muerte tuvo un ratito- Llevo siglos viniendo a por tus extraños compañeros de piso. Nacen y desaparecen por arte de magia. Nunca puedo matarlos y tu quieres que te coja a ti por ellos, eres muy rara. No creo que vuelva nunca más por aquí a perder el tiempo.- También se fue el hombre lobo enamorado de la libertad. No le Prohibió seguirle pero ella tenía la cabeza perdida y no se dio cuenta. Tampoco le prometió no regresar. Se llevo la mano al pecho agujereado y sintió el recuerdo de una palpitación que pugnaba por volver a llenarla. Cogió tijeras, cartón, pintura y un imperdible. Escondió su vacio tras la manualidad y miro a su alrededor, no había nadie. En la calle la gente parecía ignorarla- son ciegos- le dijo el viento.

– Entonces, tu- pero se marcho deprisa por que no quería cuentas con ella. Había visto demasiadas veces como se había dejado amar con un capricho y luego había desaparecido, todos los ciegos lo habían visto. Nadie se le acerco y aquella noche durmió sola. Lo intento un par de veces más antes de escribir su nombre con cuchillas por todo el cuerpo. Pero ella cumplió su palabra, no apareció.- Llamas a la muerte equivocada- le dijo la puerta cerrada- ella no vendrá. Ni ella ni al que deseas- luego perdió un poco más la cabeza y se sentó a no esperar nada.

Cuando volvió el hombre lobo solo fue una pequeña visita por los viejos tiempos.- sigh, niña mía, que hambre me vas a hacer pasar, que bonito corazón de papel se te pudre a los pies. ¿Me lo dejaras comer esta vez?- con una risita juguetona le dijo que no- Bueno,- se conformo el animal- tampoco sería suficiente para saciarme, es pequeño como el de verdad. Busque a tu amigo para ver si él me dejaba arrancárselo.- De repente ella comprendió el horror y escribió el pánico de lo que pensaba en su rostro- oh, no te preocupes. Fui a matarle pero ya estaba muerto cuando llegue, ha pasado demasiado tiempo para únicamente dos corazones. Yo quería liberarte de su carga pero tú ya eras libre, no te hacía falta.

De repente ella había contado todas sus arrugas, había sumado los años, la espera y, todo, pareció demasiado para este final.- ¿está muerto?- susurro. Pero eso ya no iba a cambiar nada.

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Así habló…

9 enero 2013

Habló el erudito y sus palabras fueron ornamentos de delicada belleza. Pronunció su discurso y lo transcribieron, corrió como pólvora, se hizo eco en bocas simias que articulaban como podían las, para ellos, hermosas extrañezas del diccionario.

-Estoy aprendiendo- se sonreían orgullosos mientras gorjeaban todas las palabras que estaban memorizando. Nadie se había molestado en traducirse el texto al lenguaje monosilábico que dominaban, no habían entendido nada pero pronunciar era más que suficiente para aquel club de impresionables.

Habló el erudito para que callasen los vientos, para que el que el que el cielo fuese azul y el agua del mar salada. Habló el sabio reconocido y no sentí nada ni cuando sabía lo que decía, ni cuando lo supe yo. Jamas estuve a su nivel, preferí escuchar una realidad que viaja triste a mi lado, que agoniza y canta en el mismo idioma que los ojos que no se apartan a otras arquitecturas más elegantes. De palabras sencillas y complejas, acorde al observador y no a los libros de referencia o las estructuras aprendidas, inculcadas.

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Salvaje rock ‘n’ roll

4 enero 2013

Astro, ¿qué clase de nombre es ese? ¿en qué estaban pensando mis padres mientras vivían en la cresta de todas aquellas olas?

Tenía suerte si un día no recibía alguna colleja por llamarme de una forma tan estúpida. Después, cuando creces, la cosa cambia: los insultos se escuchan en susurros por la espalda y todos nos queremos muchísimo. Tanto daba, ya estaba acostumbrado a esconderme, era un bicho raro al que nadie se acercaba y, la verdad, es que eso ya me iba bien. Mi vida era estar recluido sin conocer el salvaje rock ‘n’ roll. Podía lanzarme desde lo alto de la cama, agitando los brazos al rasgar una guitarra invisible, sujetando un mástil imaginario, lleno de acordes inventados para un público de peluches y muñecos articulados que admiraban mi cara de chico problemático, eso era todo. Tampoco necesitaba mas, me bastaba con mis libros y mis teorías mecánico cuánticas. Pero al Doctor Cifu, papa, y a Mc Luz Solar, mama, no les parecía cuelgue suficiente- menudo bajón, Astro desastroso total- me decían entre colocon y colocon- lo que mola…- y si lograban articular algo coherente me lanzaban la contracharla, me pedían desmadre y rock’n’roll, me pedían verse reflejados aunque luego no se acordasen de la juerga. A veces les repetía algunas de sus aventuras, como si fuese propia, y ellos sonreían por que es lo que querían oír. Ahora, mirándolo desde la distancia, se que fue difícil para ellos verme metido en revoluciones, luchando por libertades, haciéndome mas enemigos de los que su colegueo podía aceptar. Me consuela el pensar que no fueron demasiados minutos los que la cordura les permitió ver que era hijo suyo, era uno mas y me dejaron por imposible igual que yo a ellos, incluso cuando se ahogaron en su propio vomito por una estúpida apuesta, eran sus vidas.

 

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Reflexión navideña

25 diciembre 2012

Después de dos semanas trabajando, sin tan siquiera un día de descanso, llega el lunes y no lo reconozco. Es como un domingo laborable. No discuto que pueda ser un lunes, incluso un martes, tal vez miércoles o jueves no estoy seguro del nombre, tanto da si es viernes o sábado, que importa como lo llame si es más de lo mismo.

Ayer compró mucha gente, se hicieron números en época de crisis, cuadraban las cuentas del empresario: felices fiestas y una sonrisa. Luego se extrañan de que no quiera formar parte del circo: consume, compra, vende, compra… es por los críos, angelitos, no sabes la ilusión que les hace. Somos incapaces de atrapar su felicidad con una magia mas benigna. Este es el cáncer de los tiempos que corren, asume la enfermedad o suicídate. No hay mas solución y aun así quiero cambiarlo, no me importa perder el tiempo por una buena causa. Se que no aceptar la visión oficial me convierte en un mal niño: el tió me cagara mierda, papa Noel no traerá nada y los reyes solo carbón junto al resto de sucursales autonómicas… no deberías engañar así a tus hijos, todos los pequeños deben recibir sus regalos o acaso los de padres pobres son peores niños, si eres rico ya se tu respuesta, no me importa. Los adultos que manejan el cotarro son los despreciables, a esos habría que regalarles una hoguera, al resto una sonrisa, sonría, y si quieres feliz mierdidad.

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Los lobos de Luna

17 diciembre 2012

cuando nacio luna

El año en el que nació Luna, sus papás le compraron una cuna, un carrito, un parque de juegos, humidificador, walkies, videocámara, ropa, mucha ropa, más ropa de la que se podría poner en toda una vida, cuarenta y tres pares de zapatos, peluches, mantitas, un amigo imaginario, chupetes, biberones y un millón de trastos que en aquel momento no podían llegar a imaginar lo inútiles que eran. Guardaron todo aquello en la que sería su habitación y, como ya no cabía nada más, ni tan siquiera la pequeñísima niña, se la llevaron a dormir a su cama, dónde podían abrazarla mientras descansaban y ella tomaba tetita.

la_puerta_oscura_madre

Para Luna aquella era una habitación oscura, llena de sombras terribles y danzarinas. Cuando tenía que entrar su suelo crujía como aullidos de lobos tristes y su aliento era de miedo y gritos. le gustaba tan poco que siempre le pedía a su papá que la cerrase con muchos cerrojos, que le pusiera un candado y la llave se la llevase cualquier viento de paso. Sobre todo, no quería que aquel cuarto continuase mirándola fijamente mientras se relamía de hambre, quería que se lo llevasen de su casa para siempre.- Pero- le dijo un día su papá- esa es tu habitación, no podemos deshacernos de ella.-

La pobre niña se asustó tanto que dió un bote hasta los brazos de mamá y, llorando desconsoladamente, le pidió que no la dejase dormir allí solita nunca jamás.- Tranquila- la besó suavemente- no hace falta que duermas ahí si no quieres.

luz_de_lunaLuna dibujó un Sol enorme sobre una cajita de cartón, lo recortó con papá y lo pegaron en la habitación mas triste de la casa, para que nunca lloviese en ella. Mamá no dejaba decirles que no hacía falta, que con o sin Sol jamás llovería allí dentro. Y lo cierto es que desde entonces no ha caído ni una sola gota de agua sobre aquel suelo. Así que, a pesar de las reticencias, aún no ha podido decir que no haya funcionado, aunque la habitación siga estando triste.

el rapto de luna

Una noche los lobos que crujían el suelo salieron por el pasillo hasta la habitación de los padres, cogieron con delicadeza un bracito entre sus grandes colmillos y arrastraron suavemente a la niña hasta su cuarto.

Cuando la pobre se despertó sola, rodeada de aquellos ojos amarillos, lloró tanto que se dibujó un río sobre el suelo, gritó tantísimo que se hizo un rumor de viento entre las cuatro paredes y se cansó de tal manera que volvió a quedarse dormida a pesar del miedo que estaba pasando.

Cuando llegaron sus papás, asustados por el llanto, dormía inquieta sobre una cama de lobos gruñones.

-Ella nos pertenece- dentelleó el viejo lobo que vigilaba la puerta- No podéis venir a raptarla de su cuarto.- Acto seguido les enseñó unos dientes feos y sucios mientras les señalaba con el hocico el lugar por el que habían llegado y por el que podían marcharse.

Sin asustarse, sus papás, hincharon el pecho para parecer algo más grandes de lo que se sentían en ese momento. Con la voz mas firme que pudieron le dijeron a los lobos si le habían preguntado a ella dónde quería dormir- Puede que vosotros seáis los ladrones y no nosotros.-

la_mejor_sonrisa_del_lobo

Los lobos se miraron extrañados. Llevaban tanto tiempo autocompadeciéndose que se habían olvidado de los sentimientos de la niña. Se sentaron a esperar que despertase y, con la mejor sonrisa que puede tener un lobo, le preguntaron por lo que quería hacer ella.

-Me dáis miedo y quiero estar con papá y mamá- Los lobos, más tristes de lo que jamás habían estado, agacharon la cabeza y escondieron el rabo entre las piernas. Ellos nunca habían querido asustarla, sólo necesitaban jugar con Luna porque se aburrían. Pero, ahora, creían que eran demasiado malvados como para estar con ella.- Pero- dijo Luna- si dejáis de asustarme vendré a jugar con vosotros.

el_bosque_de_los_lobos

Los lobos no podían creérselo, abrazaron con sus patitas peludas a la niña que no quería verlos tristes y le prometieron que jamás volverían a asustarla. Entonces, entre todos sacaron los trastos inútiles que ensombrecían la habitación. Dejaron el río que había llorado Luna para no olvidar lo sucedido, el viento murmurado para siempre sentirse acompañados y el Sol de cartón para que no lloviese nunca. Pintaron árboles en las paredes, lanzaron confeti verde por el suelo y la habitación de Luna se convirtió en el bosque de los lobos felices. Tan contentos se pusieron que cantaron una canción y toda la familia se puso a bailar con aquellos aullidos a Luna, hasta que fue muy tarde y cayeron rendidos al suelo, donde durmieron toda la noche.

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El hombre afortunado capítulo 2: Prisionero

11 diciembre 2012

-resumen del capítulo anterior –

En el mundo sólo ha quedado un trabajador,

el hombre afortunado.

Ha resistido crisis y recortes

a cambio de cobrar un poco menos,

de hacer las tareas de todos los demás.

Prisionero

 

Ya clareaba el día cuando Javier quiso apagar el televisor con un proyectil directo desde su cama. Su casa era un cuartucho de apenas cuatro metros cuadrados en el que se las habían ingeniado para meter un ridículo camastro en el que encogía las piernas al chocar con una de las paredes, un sucio orinal y, eso si, una enorme pantalla ocupando el muro en el que tendría que haber habido una ventana al mundo real. La tele suplía en ese momento el pequeño respiradero y, por eso, se encendía sola cada mañana, invariablemente, con un mensaje directo para su único y posible espectador- Buenos días Javier-. Educadamente molesta le ofrecía el parte meteorológico. Le aconsejaba sobre que ropa llevar durante las olas de calor, comprar un paraguas para las lluvias constantes o cualquier otro objeto que la pantalla pensase que podría necesitar. El hombre afortunado se había acostumbrado a todas aquellas predicciones acertadas. Sin preocuparse demasiado adquiría una bufanda, una taza para te helado o bombones de ñu por que el televisor conocía todas sus necesidades o por que las palabras hacían florecer el deseo positivo de una forma sutil e imperceptible, en realidad nunca se lo había planteado.

Toda la programación estaba dirigida para el y ese día salió vestido con un precioso gorro de explorador verde, camisa de manga corta hawaiana, guantes de piel de tortuga, pantalones strawberry, calzoncillos olor a frambuesa y chanclas a juego- aunque se podría haber vestido de cualquier otra manera.- Fuera los guardabots hacían un pasillo entre el tumulto de parados que habían venido a suplicar comida. Tenía que pasar como una exhalación, asustado de que los mendigos le quisieran robar su insignificante fortuna. Por eso jamas vivía: iba del trabajo a casa, de casa al trabajo y si necesitaba comprar lo hacía por la pantalla… el hombre afortunado era prisionero de su propia suerte y nada presagiaba que esta pudiese cambiar.

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